En Defensa de la Fe


Formas de evitar el Purgatorio - Los sacramentos - Recibirlos con prontitud - El efecto medicinal de la Extremaunción - San Alfonso María de Ligorio

El Amor de Dios por nosotros lo hace desear ardientemente que dejemos este mundo plenamente purificados, libres de toda deuda con la Justicia Divina, y que al comparecer ante Dios seamos encontrados dignos de ser admitidos entre los Elegidos, sin necesidad de pasar por el Purgatorio. Para ello, tenemos a nuestro alcance un cuarto medio de reparar nuestras faltas en este mundo: el uso de los sacramentos, y especialmente la recepción santa y cristiana de la Extremaunción cuando se acerca la muerte.





El Amor de Dios por nosotros lo hace desear ardientemente que dejemos esta vida plenamente purificados,libres de toda deuda con la Justicia Divina y que al comparecer ante Dios seamos dignos del CieloEl Amor de Dios por nosotros lo hace desear ardientemente que dejemos este mundo plenamente purificados, libres de toda deuda con la Justicia Divina, y que al comparecer ante Dios seamos encontrados dignos de ser admitidos entre los Elegidos, sin necesidad de pasar por el Purgatorio. Para ello, tenemos a nuestro alcance un cuarto medio de reparar nuestras faltas en este mundo: el uso de los sacramentos, y especialmente la recepción santa y cristiana de la Extremaunción cuando se acerca la muerte.





SEGUNDA PARTE



Capítulo 63 - Formas de evitar el Purgatorio - Los sacramentos - Recibirlos con prontitud - El efecto medicinal de la Extremaunción - San Alfonso María de Ligorio

Hemos indicado como cuarto medio de reparación de nuestras faltas en este mundo, el uso de los sacramentos, y especialmente la recepción santa y cristiana de los últimos sacramentos cuando se acerca la muerte.

 

El Divino Maestro nos advierte en el Evangelio que nos preparemos en la mejor forma para la muerte, con el fin de que sea preciosa a Sus Ojos y sea la digna coronación de una vida cristiana.

 

Su Amor por nosotros le hace desear ardientemente que dejemos este mundo plenamente purificados, libres de toda deuda con la Justicia Divina, y que al comparecer ante Dios seamos encontrados dignos de ser admitidos entre los Elegidos, sin necesidad de pasar por el Purgatorio.

 

Para ello, Él suele conceder los sufrimientos de una enfermedad antes de morir y ha instituido los sacramentos para ayudarnos a santificar dichos sufrimientos, y para que nos dispongamos de manera perfecta para comparecer ante Su Faz.

 

Hay tres sacramentos que se reciben en tiempos de enfermedad:


- la Confesión, que puede hacerse tan pronto como se desee;

- el Santo Viático;

- la Extremaunción, la cual puede recibirse en cuanto haya peligro de muerte.

 

Esta circunstancia de peligro de muerte debe entenderse de forma amplia y en el sentido de una valoración moral: no es necesario que exista un peligro inminente de muerte, ni que se pierda toda esperanza de recuperar la salud. Ni siquiera es necesario que el peligro de muerte sea confirmado; basta con que se asuma prudentemente como una posibilidad, aunque no haya más enfermedad que la vejez.

 

Los efectos de los sacramentos, cuando se reciben adecuadamente, satisfacen todas las necesidades y legítimos deseos de los enfermos.

 

Estos remedios divinos purifican el alma de sus pecados y aumentan su tesoro en cuanto a la Gracia Santificante. Fortalecen al enfermo y le ayudan a soportar sus males con paciencia, a triunfar sobre los asaltos del demonio en el Momento Supremo y a hacer un generoso sacrificio de su vida a Dios.

 

Por otra parte, además de los efectos que producen en el alma, los sacramentos ejercen la más saludable influencia sobre el cuerpo. La Extremaunción alivia especialmente al enfermo y suaviza sus dolores. Incluso le devuelve la salud, si Dios lo juzga conveniente para su salvación.

 

Los sacramentos son pues, una ayuda inmensa para los fieles, un beneficio inestimable.

 

No es de extrañar por tanto, que el enemigo de las almas haga todo lo posible por privarlas de un bien tan grande.  Como no puede quitarle los sacramentos a la Iglesia, intenta quitárselos a los enfermos, haciendo que no los reciban, o que los reciban tarde y pierdan todas sus ventajas.

 

¡Ay, cuántas almas caen en esta trampa! ¡Cuántas almas, por no haber recibido oportunamente los sacramentos, caen en el Infierno, o al menos en el abismo más profundo del Purgatorio!

 

Para evitar esta desgracia, el primer cuidado del cristiano, en caso de enfermedad, debe ser pedir la administración de los sacramentos y recibirlos lo antes posible.

 

Decimos que los sacramentos deben recibirse prontamente, mientras que el enfermo aún tiene el uso de sus facultades. Estas son las razones que apoyan tal afán:

 

1. Recibiendo los sacramentos prontamente, el enfermo que aún tiene fuerzas suficientes para prepararse bien para ellos, recogerá todos los frutos.

 

2. El enfermo necesita que estos Rescates Divinos le sean administrados lo más pronto posible, para ayudarlo a soportar los dolores, vencer las tentaciones y santificar el precioso tiempo de la enfermedad.

 

3. Solo recibiendo los Santos Óleos a tiempo, el enfermo puede sentir los beneficios con miras a su sanación corporal.

 

Sobre este último punto, es necesario señalar un hecho fundamental: el remedio sacramental de la Santa Unción produce su efecto sobre la enfermedad, a la manera de los remedios médicos. Como una exquisita medicina, asiste a la naturaleza siempre y cuando el enfermo tenga cierto vigor. En ese sentido, la Extremaunción no puede ejercer su virtud medicinal cuando la naturaleza está demasiado debilitada y la vida casi extinguida. Por lo tanto, muchos enfermos sucumben, debido a que se demoraron hasta el final para recibir dicho sacramento. De igual manera,  no es raro ver cómo se curan los enfermos que se han apresurado a solicitarlo.

 

San Alfonso habla de un enfermo que recibió la Extremaunción demasiado tarde, y que poco después murió.

 

Ahora bien, cuenta el santo Doctor que Dios le hizo saber por medio de una revelación, que si dicho enfermo hubiese recibido este sacramento antes, habría recuperado la salud.

 

No obstante, los efectos más preciosos de los últimos sacramentos son los que se producen sobre el alma: la purifican de las manchas del pecado y eliminan, o al menos disminuyen, las deudas que implican penas temporales en el Purgatorio; la fortalecen con el fin de soportar los sufrimientos de manera santa; la llenan de confianza en Dios y la ayudan a aceptar la muerte de la Mano de Dios, en unión con la de Jesucristo.





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