En Defensa de la Fe


Alivio de las almas del Purgatorio - El Acto Heroico de caridad hacia los difuntos - Padre Munford - Denis el cartujo y Santa Gertrudis

Sabed que la generosa cesión que habéis hecho a las almas de todas vuestras obras Me ha sido especialmente grata; y para daros un testimonio de ello, os declaro que todas las penas que hubieses tenido que sufrir en la otra vida os son ahora borradas. Además, para recompensaros por vuestra caridad tan generosa, elevaré el precio y el mérito de vuestras obras para daros en el Cielo una sobreabundancia de gloria".






Sabed que la cesión que habéis hecho a las almas de todas vuestras obras Me ha sido especialmente grata; por ello, todas las penas que hubieses tenido que sufrir en la otra vida os son ahora borradas.Sabed que la generosa cesión que habéis hecho a las almas de todas vuestras obras Me ha sido especialmente grata; y para daros un testimonio de ello, os declaro que todas las penas que hubieses tenido que sufrir en la otra vida os son ahora borradas. Además, para recompensaros por vuestra caridad tan generosa, elevaré el precio y el mérito de vuestras obras para daros en el Cielo una sobreabundancia de gloria".




SEGUNDA PARTE



Capítulo 31 - Alivio de las almas - El Acto Heroico de caridad hacia los difuntos - Padre Munford - Denis el cartujo y Santa Gertrudis

Hasta ahora hemos hablado de los distintos tipos de obras buenas que podemos ofrecer a Dios como sufragios por los difuntos. Nos queda por dar a conocer un acto que contiene todas las obras y los medios adecuados para aliviar a las almas: es el voto heroico, o como otros lo llaman, el Acto Heroico de caridad hacia las almas del Purgatorio.

 

Este acto consiste en ceder a las almas todas nuestras expiaciones, es decir, el valor reparador de todas las obras de nuestra vida y de todos los sufragios que nos sean concedidos después de nuestra muerte, sin conservar ninguno de ellos para sí o para saldar nuestras propias deudas. Los ponemos en manos de la Santísima Virgen para que los distribuya, según su voluntad, entre las almas que ella quiera liberar de las penas del Purgatorio.

 

Es una donación total, en favor de las almas, de todo lo que uno pueda darles: se ofrece a Dios por ellas todo el bien que uno haga en todos los aspectos, pensamientos, palabras, obras, todo el mal que uno sufra meritoriamente en el transcurso de la vida, sin excluir nada de lo que razonablemente pudiésemos ofrecerles, y añadiendo además los sufragios que uno mismo fuese a recibir después de la muerte.

 

Hay que tener en cuenta que el objeto de esta santa donación es el valor reparador de las obras (véase más atrás, cap. IX), y no el mérito al que corresponde el grado de gloria en el Cielo, pues el mérito es estrictamente personal e intransferible.

 

Fórmula del Acto Heroico: "Oh santa y adorable Trinidad, deseando cooperar en la liberación de las almas del Purgatorio y testimoniar mi devoción a la santísima Virgen María, cedo y renuncio, en beneficio de estas almas sufrientes, a la parte reparadora de todas mis obras y a todos los sufragios que me fuesen concedidos después de mi muerte, abandonándolos en las manos de la Santísima Virgen, para que ella los aplique, según su voluntad, a las almas de los fieles difuntos que quiera liberar de sus penas. Que Tú, oh Dios, aceptes y bendigas la ofrenda que te hago en este momento. Que así sea”.

 

Los Papas Benedicto XIII, Pío VI y Pío IX, aprobaron este Acto Heroico y lo enriquecieron con indulgencias y privilegios, de los cuales los siguientes son los principales 1. Los sacerdotes que hayan hecho esta ofrenda podrán disfrutar del altar personal privilegiado todos los días del año. 2. Los simples fieles pueden obtener la indulgencia plenaria, aplicable solo a las almas del Purgatorio, cada vez que reciban la Sagrada Comunión, siempre que visiten una iglesia u oratorio público y recen allí según la intención de Su Santidad. 3. Podrán aplicar a los difuntos todas las indulgencias que no les sean aplicables en virtud de las concesiones, y que le hayan sido concedidas hasta la fecha o que le sean concedidas en el futuro (Pío IX, Decreto 30 de septiembre de 1852).

 

Aconsejo a todo verdadero cristiano -dice el padre Munford (Caridad para con los difuntos)- que ceda, con santo desinterés, a las almas de los difuntos todo el fruto de las buenas obras de que pueda disponer. No creo que pueda hacer mejor uso de ellas, ya que así las hace más meritorias y eficaces, tanto para obtener las gracias de Dios, como para expiar los pecados propios, acortar su propio Purgatorio e incluso lograr ser  eximido del mismo.

 

Estas palabras resumen las preciadas ventajas del Acto Heroico; y para disipar cualquier temor de inconveniencia que pudiese surgir en la mente, añadiremos tres hechos más:

 

- 1° Este Acto nos deja la plena libertad de orar por aquellas almas que son más importantes para nosotros. La aplicación de estas plegarias queda subordinada a las disposiciones de la adorable Voluntad de Dios, la cual es siempre infinitamente perfecta e infinitamente amorosa.

 

- 2° El Acto no obliga bajo pena de pecado y es siempre revocable. Se puede hacer sin pronunciar ninguna fórmula; basta con desearlo y hacerlo de corazón. Sin embargo, es útil recitar la fórmula de ofrenda de vez en cuando, para estimular nuestro celo por aliviar a las almas mediante la práctica de la oración, la penitencia y las buenas obras.

 

- 3° El acto heroico no nos expone en absoluto a la desafortunada consecuencia de tener que sufrir nosotros mismos un Purgatorio más largo; por el contrario, nos permite contar con mayor confianza en la Misericordia de Dios respecto de nosotros mismos, como lo demuestra el ejemplo de Santa Gertrudis.

 

El venerable Denis el Cartujo (12 de marzo) relata que la Virgen Santa Gertrudis había hecho una donación completa de todas sus obras reparadoras en favor de los difuntos, sin reservar nada para ella, ni siquiera para reparar sus propias deudas ante Dios.

 

Estando próxima a su muerte, y por una parte considerando con gran dolor, como lo hacen los santos, el gran número de sus pecados, y por la otra, recordando que todas sus obras reparadoras habían servido para expiar los pecados de los demás y no los suyos propios, comenzó a afligirse con el temor de que, habiéndolo dado todo a los demás y no habiendo reservado nada para sí misma, su alma, al dejar el cuerpo, fuese a estar condenada a horribles penas.

 

En medio de tales preocupaciones, Nuestro Señor se le apareció y la consoló diciéndole: "Ten por seguro, hija mía, que tu caridad hacia los muertos no te traerá ninguna pena. Sabed que la generosa cesión que habéis hecho a las almas de todas vuestras obras Me ha sido especialmente grata; y para daros un testimonio de ello, os declaro que todas las penas que hubieses tenido que sufrir en la otra vida os son ahora borradas. Además, para recompensaros por vuestra caridad tan generosa, elevaré el precio y el mérito de vuestras obras para daros en el Cielo una sobreabundancia de gloria".







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