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Alivio de las almas del Purgatorio - Indulgencias - Madre Francisca de Pamplona y el Obispo Ribera - Santa Magdalena de Pazzi - Santa Teresa

El Señor le hizo saber a Magdalena que esta alma solo había permanecido quince horas en el Purgatorio, porque había sufrido mucho durante su vida y había tenido cuidado de ganar las indulgencias que la Iglesia concede a sus hijos en virtud de los méritos de Jesucristo.






El Señor le hizo saber a Magdalena que esta alma solo había permanecido quince horas en el Purgatorio, porque había sufrido mucho durante su vida y había tenido cuidado de ganar muchas indulgencias.El Señor le hizo saber a Magdalena que esta alma solo había permanecido quince horas en el Purgatorio, porque había sufrido mucho durante su vida y había tenido cuidado de ganar las indulgencias que la Iglesia concede a sus hijos en virtud de los méritos de Jesucristo.




SEGUNDA PARTE



Capítulo 27 - Alivio de las almas - Indulgencias - Madre Francisca de Pamplona y el Obispo Ribera - Santa Magdalena de Pazzi - Santa Teresa

La venerable Madre Francisca del Santísimo Sacramento, monja de Pamplona, cuya caridad hacia las almas ya hemos dado a conocer, también tuvo el mayor celo para ayudarlas mediante las indulgencias.

 

Un día, Dios le mostró las almas de tres prelados que anteriormente habían ocupado la sede episcopal de Pamplona y que aún padecían los sufrimientos del Purgatorio.

 

La sierva de Dios comprendió que debía hacer todo lo posible para obtener su liberación.

 

Como la Santa Sede había concedido entonces a España las llamadas Bulas de la Cruzada, que permitían ganar la indulgencia plenaria bajo ciertas condiciones, pensó que la mejor manera de ayudar a estas almas sería obtener para cada una de ellas la gracia de la indulgencia plenaria.

 

Por ello, habló con su obispo, Cristóbal de Ribera; le hizo saber el triste estado de los tres prelados y le pidió el favor de tres indulgencias asociadas con la cruzada. Este, al saber que tres de sus predecesores seguían en el Purgatorio, se apresuró a extender las bulas que conceden indulgencia, a la sierva de Dios.

 

Ella de inmediato cumplió con todas las condiciones exigidas y aplicó la indulgencia plenaria a cada uno de los tres obispos.

 

La noche siguiente, los tres se aparecieron a la Madre Francisca liberados de todos sus tormentos: le agradecieron su caridad, y le pidieron que agradeciera también al obispo Ribera por las indulgencias que finalmente les habían abierto las puertas del Cielo (Vida de Francisca del Santo Sacramento Maravilla 26).

 

El siguiente es el relato del padre Cepari en la Vida de Santa Magdalena de Pazzi.

 

Una monja profesa, que había recibido los más solícitos cuidados de parte de Magdalena durante su enfermedad, finalmente murió. Su cuerpo fue expuesto en la iglesia según la costumbre y Magdalena se sintió inspirada a ir a contemplarla una vez más.

 

Se dirigió a la puerta del cabildo desde donde podía verla; pero en cuanto llegó, quedó en éxtasis y vio que el alma de la monja emprendía el vuelo hacia el Cielo.

 

Llevada por alegría ante este espectáculo, se le oyó decir: "¡Adiós, hermana mía, adiós, alma bendita! Como una paloma muy pura, estás volando hacia la morada celestial y nos dejas en este lugar de miseria. ¡Oh, qué hermosa y gloriosa eres! ¿Quién puede explicar la gloria con la que Dios ha coronado tus virtudes? ¡Qué poco tiempo has pasado en las llamas purgantes! Tu cuerpo aún no ha sido devuelto a la Tierra, ¡y he aquí que tu alma ya es recibida en el Palacio Sagrado! Ahora conoces la verdad de aquellas palabras que te dije hace poco: "Todas las penas de esta vida son poca cosa comparadas con los inmensos bienes que Dios guarda para sus amigos".

 

- En esta misma visión, el Señor le hizo saber a Magdalena que esta alma solo había permanecido quince horas en el Purgatorio, porque había sufrido mucho durante su vida y había tenido cuidado de ganar las indulgencias que la Iglesia concede a sus hijos en virtud de los méritos de Jesucristo.

 

Santa Teresa, en una de sus obras, habla de una monja que aprovechaba al máximo las más pequeñas indulgencias concedidas por la Iglesia, y se esmeraba en ganar todas las que podía. Su conducta no era más que ordinaria y su virtud era muy común.

 

Murió, y la santa la vio, para su gran sorpresa, ascender al Cielo casi inmediatamente después de su muerte, lo que indica que no tuvo que pasar por el Purgatorio.

 

Como Teresa expresó a Nuestro Señor su asombro por este hecho, el Salvador le dijo que era el fruto del esmero que la monja había tenido por ganar el mayor número de indulgencias posible durante su vida: "Fue por este medio –añadió el Señor- que ella pagó casi por completo sus deudas - a pesar de lo numerosas - antes de morir, y que presentó una pureza muy grande al tribunal de Dios”.







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