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Materia de la expiación - Infracciones a la justicia - El padre d'Espinoza y los pagos - Beata Margarita de Cortona y los comerciantes asesinados

Una gran cantidad de revelaciones nos muestran que Dios castiga con implacable rigor todos los pecados contrarios a la justicia y a la caridad.

 

Y en materia de justicia, Él parece exigir que haya  reparación antes de que la pena sea perdonada al igual que en la Iglesia militante sus ministros deben exigir la restitución antes de perdonar el pecado.





Una gran cantidad de revelaciones nos muestran que Dios castiga con implacable rigor todos los pecados contrarios a la justicia y a la caridad.Una gran cantidad de revelaciones nos muestran que Dios castiga con implacable rigor todos los pecados contrarios a la justicia y a la caridad. Y en materia de justicia, Él parece exigir que haya reparación antes de que la pena sea perdonada al igual que en la Iglesia militante sus ministros deben exigir la restitución antes de perdonar el pecado.




Capítulo 38 - Materia de la expiación - Infracciones a la justicia - El padre d'Espinoza y los pagos - Beata Margarita de Cortona y los comerciantes asesinados

Una gran cantidad de revelaciones nos muestran que Dios castiga con implacable rigor todos los pecados contrarios a la justicia y a la caridad.

 

Y en materia de justicia, Él parece exigir que haya  reparación antes de que la pena sea perdonada al igual que en la Iglesia militante sus ministros deben exigir la restitución antes de perdonar el pecado.

 

Como dice el axioma: Sin restitución no hay remisión.

 

El Padre Rossignoli habla de un religioso de su comunidad, llamado Agustín d’Espinoza, cuya santa vida fue un acto de continua devoción a las almas del Purgatorio.

 

Cuenta que a este se le apareció un hombre rico que había fallecido. El difunto le confesó que murió sin haber puesto suficientemente en regla sus asuntos. Pero primero le preguntó si le conocía...

 

– El Padre le respondió: Te administré el sacramento de la Penitencia unos días antes de tu muerte.

 

- Tienes que saber -añadió el difunto-, que he venido, por la especial gracia de Dios, a suplicaros que aplaquéis Su Justicia y hagáis por mí lo que ya no puedo hacer por mí mismo. Por favor, sígueme.

 

El Padre se dirige primero que todo a su superior y le da cuenta de lo que el difunto le solicitó; le pide además permiso para seguir a su extraño visitante.

 

Una vez el Padre obtuvo el permiso, salió y siguió al difunto quien, sin decir una palabra, le condujo a uno de los puentes de la ciudad. Allí le rogó al Padre que esperara un poco, se alejó y desapareció un momento; luego volvió con una bolsa de dinero que le pidió al Padre que la llevara; luego, ambos entraron en la celda del religioso.

 

Entonces el difunto le dio una nota escrita y mostrándole el dinero, le dijo: "Todo esto, está a tu disposición. Ten la caridad de pagar a mis acreedores (cuyos nombres están en esta nota) la cantidad que les debo.

 

Luego, por favor toma el dinero restante y utilízalo en hacer las buenas obras que tú elijas para lograr el descanso de mi alma.

 

Luego de pronunciar estas palabras, desapareció. Enseguida el Padre se dispuso a cumplir todas sus peticiones.

 

Apenas habían pasado ocho días cuando el difunto se le apareció de nuevo al Padre d'Espinoza.

Esta vez le agradeció efusivamente al Padre, diciéndole: "Gracias a la caritativa exactitud con la que pagasteis las deudas que tenía pendientes en la Tierra, y también gracias a las santas misas que celebrasteis por mí, estoy liberado de todas mis penas, y admitido en la Bienaventuranza Eterna".

 

Encontramos un ejemplo del mismo tipo en la Vida de la Beata Margarita de Cortona.

 

Esta ilustre penitente se distinguió también por su caridad hacia los muertos, los cuales se le aparecían en gran número para implorar la ayuda de sus sufragios.

 

Un buen día dos viajeros se le aparecieron y le rogaron que les ayudara a reparar por las injusticias que habían cometido.

 

Somos dos comerciantes - le dijeron - que fuimos asesinados por bandidos. No pudimos confesarnos ni recibir la absolución de nuestros pecados, pero por la misericordia del Salvador y la clemencia de su Santa Madre, tuvimos tiempo de hacer un acto de perfecta contrición y nos salvamos de la Condenación Eterna.

 

Pero nuestros tormentos son terribles en el Purgatorio, porque en el ejercicio de nuestra profesión cometimos muchas injusticias. Mientras que no se reparen estas injusticias, no tendremos ni descanso ni alivio. Por eso te rogamos, siervo de Dios, que vayas a buscar a tales o cuales de nuestros parientes y herederos, para advertirles que devuelvan cuanto antes todo el dinero que adquirimos indebidamente.

 

Dieron a la Beata las instrucciones necesarias y desaparecieron.





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