En Defensa de la Fe


Diversidad de penas en el Purgatorio, El joven Blasio resucitado por San Bernardino, La Venerable Francisca de Pamplona y la pluma de fuego, San Corpreo  y el Rey Malaquías

Soy Malaquías y fui rey de Irlanda. Podría haber hecho mucho bien y no lo hice; por eso estoy siendo castigado. En vida no reparé suficientemente por culpa de la debilidad de mi confesor; a este lo plegué a mis caprichos ofreciéndole un anillo de oro. Es por eso que ahora llevo este collar de llamas alrededor de mi cuello…

 

 Llevado al Purgatorio, Blasio también vio espantosos suplicios, según los pecados de los que allí eran castigados. Reconoció un gran número de almas, y muchas le señalaron los sufragios y las buenas obras que necesitaban para su liberación.

 

En el infierno Blasio vio horrores indecibles, y los diferentes tormentos con los que los orgullosos, los avaros, los desvergonzados y otros pecadores eran atormentados. Entre ellos reconoció a muchos que había visto en vida, e incluso vio a dos que acababan de morir, Buccerelli y Frascha.

 

Blasio también habló del cielo al que había sido llevado al final, Habló de él de manera muy parecida a San Pablo, quien, habiendo sido llevado al tercer cielo, con su cuerpo o sin él, había oído allí palabras misteriosas que una boca mortal no podía repetir. Lo que impresionó a Blasio fue sobre todo la inmensa multitud de ángeles que rodeaban el trono de Dios, y la incomparable belleza de la Santísima Virgen María, elevada por encima de todos los coros de ángeles.




Soy Malaquías y fui rey de Irlanda. Podría haber hecho mucho bien y no lo hice; por eso estoy siendo castigado. En vida no reparé suficientemente por culpa de la debilidad de mi confesor.Soy Malaquías y fui rey de Irlanda. Podría haber hecho mucho bien y no lo hice; por eso estoy siendo castigado. En vida no reparé suficientemente por culpa de la debilidad de mi confesor.



(Esta página está pendiente de una revisión final, la cual se hará a la mayor brevedad posible. La publicamos sin embargo en su estado actual, para que ayude desde ya a la salvación de la mayor cantidad posible de almas)



Capítulo 21 - Diversidad de penas - El joven Blasio resucitado por San Bernardino - La Venerable Francisca de Pamplona y la pluma de fuego - San Corpreo  y el Rey Malaquías

El famoso BLASIO MASSEI, resucitado por San Bernardino de Siena (20 de mayo), también vive en el Purgatorio una gran diversidad de penas. Este milagro se expone ampliamente en el Acta Sanctorum, apéndice del 20 de mayo.

 

Poco después de la canonización de San Bernardino de Siena, un niño de once años llamado Blasio Massei murió en Cascia en el Reino de Nápoles. Sus padres habían inspirado en él la devoción que ellos mismos tenían por este nuevo Santo, y él sabía cómo recompensarlos por ello.

 

Al día siguiente de su muerte, cuando estaba a punto de ser enterrado, Blasio se despertó como de un sueño profundo, y dijo que San Bernardino lo trajo de vuelta a la vida para contar las maravillas que le había mostrado en el otro mundo.

 

Uno puede entender el asombro y la curiosidad que este evento produjo. Durante todo un mes el joven Blasio sólo habló de lo que había visto, y respondió a las preguntas que le hicieron los visitantes.

 

Hablaba con una ingenuidad infantil, pero al mismo tiempo con una exactitud de expresión, un conocimiento de las cosas de la vida futura, que estaba muy por encima de su edad.

 

En el momento de su muerte, dijo que San Bernardino había venido ante él y lo había tomado de la mano y le dijo: “No tengas miedo, pero mira cuidadosamente todo lo que te mostraré, para que lo recuerdes y lo cuentes después”.

 

Ahora, el santo llevó a su joven protegido sucesivamente a las regiones del infierno, el purgatorio y el limbo, y por fin le mostró el cielo.

 

En el infierno Blasio vio horrores indecibles, y los varios tormentos por los que los orgullosos, los avaros, los desvergonzados y otros pecadores eran atormentados. Entre ellos reconoció a muchos que había visto en vida, e incluso vio a dos que acababan de morir, Buccerelli y Frascha.

 

Este último fue condenado por haber poseído ganancias mal habidas. El hijo de Frascha, impresionado por esta revelación que cayó como un rayo, conociendo la verdad de las cosas, se apresuró a hacer una restitución completa; y no contento con este acto de justicia, no queriendo compartir un día el triste destino de su padre, distribuyó el resto de su fortuna a los pobres y abrazó la vida monástica.

 

Llevado de allí al purgatorio, Blasio también vio espantosos suplicios, diversificados según los pecados de los que eran allí castigados. Reconoció allí un gran número de almas, y muchas de ellas le pidieron que informara a sus padres y parientes de su dolorosa situación, e incluso le señalaron los sufragios y las buenas obras que necesitaban.

 

- Cuando se le preguntó sobre el estado de una persona fallecida, respondió sin dudarlo y dio los detalles más precisos. “Tu padre -dijo a uno de sus visitantes- ha estado en el purgatorio durante tal o cual tiempo; te encargó que distribuyeras tal o cual suma de limosnas, y no lo hiciste”.

 

- “Tu hermano -dijo a otro- te había pedido que se celebraran tantas misas y habías aceptado; pero no has cumplido tu compromiso: todavía hay tantas misas por pagar”.

 

Blasio también habló del cielo al que había sido llevado por última vez; pero habló de él de manera muy parecida a San Pablo, que, habiendo sido llevado al tercer cielo, con su cuerpo o sin su cuerpo, que no conocía, había oído allí palabras misteriosas que una boca mortal no podía repetir.

 

- Lo que impresionó a los ojos del niño fue sobre todo la inmensa multitud de ángeles que rodeaban el trono de Dios, y la incomparable belleza de la Santísima Virgen María, elevada por encima de todos los coros de ángeles.

 

La vida de la Venerable Madre FRANCISCA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO, monja de Pamplona (Merv. 26), presenta varios hechos que demuestran lo apropiado del castigo para expiar las faltas.

 

Esta venerable sierva de Dios tenía las más íntimas comunicaciones con las almas del purgatorio, hasta que llegaron en gran número y llenaron su celda, esperando humildemente, cada uno por su lado, su ayuda con sus oraciones.

 

A menudo, para excitar mejor su compasión, se le aparecían con los instrumentos de sus pecados, que en la otra vida se habían convertido en instrumentos de tortura. Un día vio a un hombre religioso, rodeado de objetos preciosos, pinturas y sillones ardientes.

 

Había acumulado este tipo de cosas en su celda, en contra de la pobreza religiosa; después de su muerte, fueron su tormento. - Otras veces eran sacerdotes, con sus adornos en llamas: la estola se convertía en una cadena ardiente, con las manos cubiertas de horribles úlceras. De esta manera fueron castigados por haber celebrado irrespetuosamente los Misterios Divinos.

 

Un día un notario se le apareció con todas las insignias de su profesión, que se quemaban y se acumulaban a su alrededor, haciéndole sufrir horriblemente. “He usado esta pluma, esta tinta, este papel", le dijo, "para redactar actos ilícitos. También me apasionaba el juego, y estas cartas ardientes, que me obligan a tener en la mano continuamente, son mi castigo. Esta bolsa ardiente contiene mis ganancias ilícitas y me hace expiarlas”.

 

De todo esto surge una gran y saludable enseñanza. Las criaturas son dadas al hombre como medios para servir a Dios: debe hacer de ellas instrumentos de virtud y de buenas obras; si abusa de ellas y las convierte en instrumentos de pecado, es justo que se vuelvan contra él y se conviertan en instrumentos de su castigo.

 

La vida de SAN CORPREO, Obispo de Irlanda, encontrada en los Bolandistas para el 6 de marzo, nos proporciona otro ejemplo del mismo tipo. Un día, cuando este santo Prelado estaba en oración después del servicio divino, vio una figura horrible de pie ante él, con una cara pálida, un collar de fuego alrededor de su cuello, y una miserable capa rasgada sobre sus hombros.

 

- “¿Quién eres?" preguntó el santo, sin confundirse. - “Soy un alma pasada a la otra vida.” - “¿De dónde viene el triste estado en el que te veo?” - “De mis faltas, que me trajeron estos castigos. A pesar de la miseria en la que estoy ahora reducido, soy Malaquías, que una vez fue rey de Irlanda. Podía hacer mucho bien en este alto cargo, y era mi deber; lo he descuidado: por eso estoy siendo castigado”.

 

- “¿No has hecho penitencia por tus faltas?” - “No he hecho lo suficiente, a cause de la culpable debilidad de mi confesor, a quien incliné a mis caprichos ofreciéndole un anillo de oro. Es por eso que ahora llevo este collar de llamas alrededor de mi cuello”.

 

- “Me gustaría saber, dijo el Obispo, por qué está cubierto con estos trapos.” - “Este es otro castigo: no he vestido a los desnudos, no he ayudado a los pobres con la caridad, el respeto y la liberalidad que mi dignidad de rey y mi título de cristiano me ordenaron. Por eso me ves vestido como pobre y cubierto con una prenda de confusión”.

 

La historia continúa diciendo que San Corpreo, habiendo rezado con todo su Capítulo, obtuvo después de seis meses, una relajación de su sentencia y, un poco más tarde, la liberación completa del rey Malaquías.




Ir al capítulo anterior




Ir al capítulo siguiente




Regresar al índice de capítulos del libro sobre el Purgatorio




Regresar a Ayudas para mi Conversión




 

 

And How Can I Help?

You may wonder, 'how can I be part of the solution', 'how can I contribute?'. Learn more...