En Defensa de la Fe


Los castigos del Purgatorio, El hermano de Santa Magdalena de Pazzi, Estanislao Chocosca, La Beata Catalina de Racconiggi

“Si conociéramos la severidad de los castigos divinos, nunca cometeríamos el menor pecado, y nunca dejaríamos de hacer penitencia en esta vida, para no tener que hacerlo en la siguiente.”

  Hasta entonces Catalina había trabajado con caridad para aliviar las almas del Purgatorio; pero desde ese momento redobló su fervor y austeridad para acelerar su liberación, porque sabía por experiencia la gran necesidad que tienen de nuestra ayuda.




Si conociéramos la severidad de los castigos divinos, nunca cometeríamos el menor pecado, y nunca dejaríamos de hacer penitencia en esta vida, para no tener que hacerlo en la siguienteSi conociéramos la severidad de los castigos divinos, nunca cometeríamos el menor pecado, y nunca dejaríamos de hacer penitencia en esta vida, para no tener que hacerlo en la siguiente



Capítulo 15 - Penas del Purgatorio - El hermano de Santa Magdalena de Pazzi - Estanislao Chocosca - La Beata Catalina de Racconiggi

SANTA MAGDALENA DE PAZZI, en su famosa visión en la que se le mostraron las distintas prisiones del Purgatorio, vio el alma de su hermano, quien había muerto después de llevar una vida muy cristiana.

 

Sin embargo, esta alma estaba retenida en el sufrimiento por causa de ciertas faltas que no había expiado en la tierra. “Estos son, dijo la santa, sufrimientos intolerables, que sin embargo son soportados con alegría”.

 

¡Esto es lo que no quieren entender los que no tienen el valor de llevar su cruz aquí en la tierra!”  Desgarrada por el doloroso espectáculo que acababa de contemplar, corrió hacia su priora y se arrodilló. “Oh Madre", gritó, "¡qué terribles son los castigos en el Purgatorio!

 

Nunca los hubiera imaginado así, si el Señor no me los hubiera mostrado... Y sin embargo no puedo llamar crueles tales castigos; son por el contrario provechosos, ya que nos acercan a la inefable dicha del Paraíso”.

 

Para impresionar aún más nuestros sentidos, le agradó a Dios hacer sentir a algunas personas santas un ligero toque de expiación: como si fuera una gota de la copa amarga que las almas tienen que beber o como una chispa del fuego que las devora.

 

El historiador Bzovius, en su Historia de Polonia, en el año 1590, relata un hecho milagroso, que le sucedió al venerable ESTANISLAO CHOCOSCA, una de las luces de la Orden de Santo Domingo en Polonia (Cf. Rossign. Merv. 67). Un día, cuando este religioso, lleno de caridad hacia los difuntos, estaba recitando el Santo Rosario, vio aparecer cerca de él un alma devorada por las llamas.

 

Mientras esta alma le rogaba que se apiadara de ella y que suavizara el dolor intolerable que el fuego de la justicia divina le hacía soportar, el hombre santo le preguntó si este fuego era más doloroso que el de la tierra. - “Ah!" gritó esta alma, "todos los fuegos de la tierra comparados con el del purgatorio son como un aliento refrescante. Ignes alii levis aurae locum tenent, si cum ardore meo comparentur". - Estanislao apenas podía creerlo. –

 

"Me gustaría", dijo, "hacer la prueba. Si Dios quiere, para su alivio y para el bien de mi alma, estoy dispuesto a soportar algunas de sus penas”. – “Desgraciadamente”, dice el alma, “no tenéis idea. Sabed que un hombre mortal no podría, sin morir de inmediato, soportar tal tormento. Sin embargo, Dios os va a permitir que sientas un poco de dolor: extiende tu mano”.

 

Chocosca extendió su mano, y el difunto dejó caer una gota de su sudor, o al menos un líquido que se parecía a este. En ese momento el religioso, gritando con un grito penetrante, cayó al suelo inconsciente, tan terrible fue su dolor.

 

Sus hermanos corrieron hacia él y se apresuraron a darle los cuidados que su condición requería. Cuando volvió en sí, todavía lleno de terror, contó el terrible acontecimiento que le había sucedido, y del que todos podían ver la prueba. “Si conociéramos la severidad de los castigos divinos, nunca cometeríamos el menor pecado, y nunca dejaríamos de hacer penitencia en esta vida, para no tener que hacerlo en la siguiente”.

 

Estanislao cayó a cama a partir de ese momento; vivió un año más en medio de los crueles dolores causados por el ardor de su herida; luego, exhortando a sus hermanos por última vez a recordar los rigores de la justicia divina de los que había tenido tan terrible experiencia, expiró en la paz del Señor. - El historiador añade que este ejemplo reavivó el fervor en todos los monasterios de esa provincia.

 

Leímos un hecho similar en la vida de la Beata CATALINA DE RACCONIGI (Cf. Rossig Merv. 63). Un día, cuando estaba muy enferma, hasta el punto de necesitar la asistencia de sus hermanas, pensó en las almas del Purgatorio y, para calmar el ardor de sus llamas, ofreció a Dios el calor que la fiebre le hacía sentir.

 

En ese momento, al entrar en éxtasis, fue llevada en espíritu al lugar de expiación, donde vio las llamas y brasas donde las almas se purifican padeciendo inmensos dolores. Mientras contemplaba llena de compasión este lamentable espectáculo, oyó una voz que le decía: "Catalina, para que puedas lograr más eficazmente la liberación de estas almas, vas a experimentar sus tormentos de alguna manera y convertirlo en una experiencia sensible”.

 

- Una chispa estalló y la golpeó en la mejilla izquierda. Las hermanas presentes vieron muy bien esta chispa, y también vieron con terror el rostro de la enferma hinchándose enseguida de manera prodigiosa. Permaneció durante varios días en este estado y, tal como la Beata dijo a sus hermanas, los sufrimientos que esta simple chispa le habían causado superaron con creces todo lo que había sufrido en el transcurso de varias enfermedades muy dolorosas.

 

Hasta entonces Catalina había trabajado con caridad para aliviar las almas del Purgatorio; pero desde ese momento redobló su fervor y austeridad para acelerar su liberación, porque sabía por experiencia la gran necesidad que tienen de nuestra ayuda.




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