Domingo 29 del Tiempo Ordinario Ciclo C

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 29 del  Tiempo Ordinario Ciclo C, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2016, corresponde al Domingo 16 de Octubre.



El amor sólo es posible en relación, pues sin relación no hay vínculo, no hay nada que pueda unirnos a otro(s). Alimentar la relación es fortalecer el vínculo. Esto es válido no sólo para nuestras relaciones humanas, sino para nuestra relación con Dios.

 

Por eso el tema de la liturgia de este domingo está centrado en nuestra relación de comunión con Dios y en nuestra oración.

 

La fuerza, la intimidad, la profundidad y la transparencia de la relación nos permiten comprenderlo y comprendernos a nosotros mismos. Sólo desde la intimidad con Él podemos comprender su palabra, sus silencios, el tiempo y la forma en que Él nos responde. Es claro que esta intimidad debe estar alimentada por el diálogo, es decir, por la oración.

 

Si no hablamos con Aquel en quien decimos creer ¿Podemos afirmar que verdaderamente creemos en Él?

 

 

Si no hablamos con Aquel en quien decimos creer ¿Podemos afirmar que verdaderamente creemos en Él?Si no hablamos con Aquel en quien decimos creer ¿Podemos afirmar que verdaderamente creemos en Él?




Éxodo 17,8-13

Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel

  

En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué: "Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano." Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras tanto Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Y Josué derrotó a Amalec y a su tropa.

 

Palabra de Dios

 

 

En la primera lectura se nos habla de Dios que se hace presente en la historia del pueblo de la Biblia. Dios – actuando en esta historia – va ejerciendo su acción salvífica. No podemos pretender ayudar a otros si no entramos en su historia, pero, para entrar, se requiere que ellos nos lo permitan. ¿Permitimos a Dios entrar en nuestras vidas? ¿Qué tipo de trabas o de resistencias puedo estar poniendo?

 

Este relato nos invita a entender que el ser humano está sumergido en un mundo complejo y que muchas de las situaciones en que se ve envuelto son duras. Se trata de duras ‘batallas’, que sólo pueden ser ganadas con la ayuda de Dios y, por supuesto, con el apoyo de otros.

 

Quien piense que todo lo va resolver solo y propias sus propias fuerzas está muy equivocado. Existimos inter-dependiente-mente.  En el fondo, el relato es una advertencia contra la autosuficiencia.  

 

La primera lectura nos recuerda aquel tiempo en que el grupo que había salido de Egipto, dirigido por Moisés, se dirigía hacia la llamada Tierra Prometida. Estando en camino, son atacados por los amalecitas [una especie de tribu nómada, que se opuso a la entrada de los hebreos a la Tierra Prometida. De hecho, volvemos a encontrar a estos amalecitas siglos más tarde en confrontación con los primeros reyes del antiguo pueblo de Israel (es decir, Saúl y David)].

 

En el relato, se nos dice que Moisés ordenó una acción de defensa. No conocemos todos los detalles sociales, políticos y bélicos de lo que – en realidad – aconteció, pero no debemos olvidar que lo que se nos propone en la Biblia, a través de estos relatos, es una catequesis sobre la libertad y la liberación que Dios hizo del pueblo de Israel, y que marcó el origen de dicho pueblo. Sin duda, esta experiencia sirvió como base para construir la identidad de este pueblo. La reflexión teológica sacará de allí algunas enseñanzas sobre la acción de Dios y sobre su proyecto. Lo que estas catequesis, contenidas en los libros de Éxodo, Número y Deuteronomio, nos quieren enseñar se sintetiza en:

 

  • 1.   Dios no quiere  al ser humano en condición de esclavo, sino libre.

 

  • 2.   La verdadera libertad sólo es posible como acción de Dios y en comunión con Él.

 

  • 3.   Hay en el ser humano una cierta tendencia al facilismo, a la pasividad,  a la seguridad. Ser libre es algo muy exigente, por eso aparece la tentación de volver a la esclavitud.

 

  • 4.   Dios no sólo le propone al ser humano un proyecto de liberación/libertad, sino que lo acompaña en el camino.

 

  • 5.   Ningún camino es fácil, tiene sus riesgos, sus peligros, sus violencias, sus ‘amalecitas’.

 

  • 6.   Para superar las dificultades del camino y llegar a la meta es importante orar (es lo que significa, en el relato de la primera lectura, el hecho de ‘mantener los brazos levantados’).  Si nos cansamos de orar, el horizonte comienza a enturbiarse; empezamos a actuar sin Dios y corremos el riesgo de perder el rumbo.

 

En últimas, lo que se quiere subrayar es que – aunque los esfuerzos del pueblo (y de cada persona) son necesarios,  la libertad y la llegada a la meta se deben especialmente a la acción de Dios.

 

Para vencer en las duras batallas de la vida es necesaria la ayuda de Dios… Hay que subir al monte (recordemos que el subir la montaña, en la Biblia, simboliza ir al encuentro de Dios) y mantener los brazos levantados (es decir, orar).

 

 


II Timoteo 3, 14-4, 2

El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena

 

Querido hermano: Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

 

Palabra de Dios

 

 

 

En la segunda lectura se nos sigue proponiendo la Carta de San Pablo a Timoteo. En ella se nos invita, de manera especial, a reconocer la importancia de la Sagrada Escritura.

 

Ella (La Biblia) nos ayuda alimentar nuestra relación con Dios y a purificar nuestros esquemas mentales y afectivos, para poder estar también en comunión con los demás y con la naturaleza.  A través de los textos sagrados, Dios muestra al ser humano el camino que conduce hacia la verdadera vida.

 

Recordemos que – en la tradición espiritual de Israel – los textos sagrados son asumidos como lámpara que alumbra el camino del pueblo (es decir, su historia).

 

 ¿Quién no necesita luz para caminar? Este pueblo, necesitado de luz, la recibe de Dios, pero debe interiorizarla a tal punto que él mismo llegue a ser luz para los otros pueblos: “Serás luz de las naciones”. Esto mismo es lo que Jesús les propuso a todos los que quisieran ser sus discípulos: “Ustedes son la luz del mundo”.

 

Pero la lámpara se pone en un lugar en el que las personas puedan aprovechar la luz que da. ¿Eres luz? ¿Dónde te ubicas para que esa luz llegue a otros? ¿En qué espacios y/o ambientes ejerces la función de ‘lámpara’?

 

La Biblia (que es el conjunto de los libros considerados sagrados por la comunidad creyente) es para los cristianos esa lámpara. En ella, el cristiano busca sabiduría, luz. Esto nos lleva a entender que una Biblia de adorno no sirve para nada. La Biblia no se hizo para adornar, sino para ser leída. Pero hay que saberla leer, entender su mensaje e interpretarla.  

 

El texto propuesto nos dice algo importante: la Biblia es el resultado de una trabajo conjunto entre Dios y los hombres. De hecho, estos textos tuvieron que haber sido escritos por personas concretas, en circunstancias concretas y con intencionalidades específicas.

 

Pero lo que se nos dice es que, además de las personas que escribieron, Dios estaba actuando (y sigue actuando en las personas que se aproximan a estos textos con fe).  Más aún, lo que se nos dice es que Dios estaba actuando en lo más profundo de estas personas, de tal modo que su trabajo de reflexión y de redacción de estos textos pudiera ser vehículo de su voluntad, de su sabiduría, de su luz.

 

Es esto lo que quiere la teología cristiana al hablar de ‘inspiración de los textos sagrados’. Notemos que el autor de la carta afirma: “Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. “  Entonces, de lo que se trata es de leer la Biblia, para entrar en un proceso de transformación de la mente y del corazón, que nos lleva a obrar bien.

 

Preguntémonos:

 

  • a.   ¿Podemos decir que nuestra lectura y meditación de la Biblia nos ha ayudado a entrar en un proceso de transformación?

 

  • b.   ¿Cómo leemos la Biblia?

 

Lo que queda claro, a partir de este texto, es que la Biblia es la fuente fundamental de la formación espiritual del creyente. Aprovechémosla; no la tengamos de adorno:

 

Leámosla, meditémosla, estudiémosla, vivámosla.





Lucas 18, 1-8

Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan

  

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: "Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."" Y el Señor añadió: "Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"

 

 

El texto del evangelio nos invita  a descubrir la fidelidad de Dios: Él no está ausente de nuestra vida, de lo que nos sucede  de lo que nos afecta (positiva o negativamente).  

 

Recordemos que Jesús continúa su camino hacia Jerusalén, acompañado de sus discípulos y que, en el viaje, los va educando. No hay muchas asignaturas para estos discípulos, sólo una: El Reino de Dios (es decir, la presencia amorosa y transformadora de Dios en nuestra vida y la respuesta que estamos llamados a darle).

 

El texto propuesto se sitúa en el contexto del discurso escatológico (es decir, del discurso sobre los últimos tiempos), que anuncia la venida del gran enviado de Dios: el Hijo del Hombre.

 

Recordemos que el evangelista Lucas escribe su evangelio hacia el año 80 del siglo I d. C., tiempo en el que las comunidades cristianas se han separado de la comunidad judía y vienen siendo hostilizadas por ella. Son, pues, comunidades que se encuentran en situación de persecución, de angustia, de sufrimiento. En este contexto, algunos tienden a desanimarse, a vivir una fe superficial, a enfriarse espiritualmente.

 

Podemos ver que este texto está compuesto por una parábola, que tiene aplicaciones de carácter teológico. La mujer puede simbolizar todo ser humano o grupo humano que sufre injusticia y busca respuesta. Todo el planeta está lleno de estos casos. Interesante notar que el juez, a pesar de su insensibilidad y dureza, termina haciendo su trabajo. Claro, el juez lo hace para librarse de ‘la cantaleta de la señora´. Precisamente, la parábola es usada para afirmar algo diferente: Dios es justo y hará justicia, pero no para descansar de nosotros o para ‘salir de nosotros’, sino porque nos ama y porque se indigna ante la injusticia.  El texto nos puede llevar a pensar en muchas cosas:

 

  • a.   ¿Qué es la justicia?

 

  • b.   ¿Qué concepto de justicia manejamos en la vida cotidiana?

 

  • c.   ¿Cómo funciona la justicia en nuestra sociedad?

 

  • d.   ¿Qué es lo propio de la justicia de Dios?

 

Lucas es taxativo: si un juez humano prepotente fue capaz de ayudar a la señora, atendiendo a su necesidad, Dios (que es la fuente misma de todo amor) ¿qué no hará para que haya justicia?  

 

Seguramente, la pregunta por la justicia estaba ligada (en la época en que Lucas escribe) a las persecuciones, al sufrimiento de los cristianos y a un aparente silencio de Dios. ¿Por qué Dios no nos escucha? ¿Por qué demora tanto en hacer justicia?

 

Pero Lucas quiere dejar claro que Dios no olvida a sus hijos e intervendrá en el momento dispuesto por Él en su sabiduría. Lo que pretende Lucas es hacer un llamado a la paciencia, y  a la perseverancia.

 

¿No está la humanidad entera en la misma situación? A pesar del aparente silencio de Dios no debemos dejar de hablar con Él, de orar, de poner en sus manos nuestras preocupaciones, de alimentar en Él nuestra esperanza. Es en ese diálogo orante con Él que aprendemos a confiar, a abandonarnos, a seguir luchando, a sostenernos los unos a los otros.  

 

Debemos, además, entender que la oración no es una acción mágica ni podemos pretender con ella obligar a Dios a hacer nuestros deseos (que – entre otras cosas – deben ser revisados, para ver si están en sintonía con la Voluntad de Dios). Tampoco nuestra oración debe pretender que Dios haga lo que nos corresponde hacer a nosotros.    No solamente debemos orar… es importante aprender a hacerlo.

 

 

Terminemos nuestra reflexión, orando con el…

 


Salmo 120

El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

 

Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.

 

 No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.

  

El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R.

  

El Señor te guarda de todo mal, Él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. R.




 

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