Domingo 28 del Tiempo Ordinario Ciclo C

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 28 del  Tiempo Ordinario Ciclo C, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2016, corresponde al Domingo 9 de Octubre.


La palabra proyecto es una de las claves de la liturgia de este domingo. La palabra PROYECTAR significa lanzar (o lanzarse) hacia adelante. Se habla – con frecuencia – de la importancia de tener un PROYECTO DE VIDA. Pues bien, para el creyente cristiano seguir a Jesús es su proyecto de vida, es decir, una manera de comprender la vida, de asumirla y de construirla.

 

Cuando leemos la Biblia notamos que ella nos habla de Dios, de su presencia y de su acción. Los relatos bíblicos nos cuentan que Dios también tiene su propio PROYECTO DE SALVACIÓN INSPIRADO EN EL AMOR. Ese proyecto es la propuesta que Dios tiene para la humanidad.



 

¿Soy consciente de tantas manifestaciones del amor de Dios en mi vida?¿Soy consciente de tantas manifestaciones del amor de Dios en mi vida?




II libro de los Reyes 5, 14-17

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: "Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor." Eliseo contestó: "¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada." Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: "Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor." Palabra de Dios

 

 

Venimos diciendo que Dios tiene un proyecto amoroso de salvación. La acogida de este proyecto de Dios pide algunas actitudes fundamentales. La primera de ellas es la humildad, por eso, en la PRIMERA LECTURA, se nos propone la historia de Naamán de Siria, considerado uno de los héroes de la historia de este pueblo. Desafortunadamente, la lectura que se nos presenta en la liturgia dominical ha sido cortada y sólo encontramos la última parte del relato. Para una adecuada comprensión de esta hermosa catequesis recomiendo la lectura de todo el capítulo 5 del 2º libro de los Reyes.

 

El capítulo nos habla de Naamán, un militar de alto rango, hombre poderoso – desde la lógica militar – que tiene que vivir un proceso de comprensión y transformación. Este proceso lo llevará de la suficiencia a la humildad. El camino de la humildad le mostrará varias cosas:

 

  • 1) que sólo Dios ofrece la verdadera salvación (simbolizada en la curación);

 

  • 2) que todo ser humano es profundamente débil (debilidad simbolizada en la lepra);

 

  • 3) que hay que aprender a reconocer la presencia y la acción divinas a través de realidades sencillas (una esclava, un riachuelo, un profeta);

 

  • 4) que la salvación es para toda la humanidad (es lo que se quiere simbolizar al proponer como beneficiario de la salud a un sirio).

 

La lectura nos sitúa en el siglo IX antes de Cristo, en el reino del Norte (Israel). La complejidad de la política de aquella época llevó a Israel a mantener un flujo fuerte de intercambio con los otros pueblos del Medio Oriente Antiguo.  Pero ese intercambio lo expuso a la entrada de otras religiones, de otros valores, de otros dioses. Esto significó una grave amenaza para la religión del pueblo, es decir, para la fe en Yahvé.  Durante este período se extendió el culto al dios Baal.  En este contexto aparece el profeta Eliseo (sucesor del profeta Elías) como defensor de la fe Yahvista.

 

La narración es muy sencilla:

 

  • 1.   Un militar sirio (Naamán), muy poderoso, resulta enfermo de lepra.

 

  • 2.   Una esclava (de origen israelita) le informa que Dios lo puede ayudar, pero que debe ir a su país (Israel) para encontrarse con un hombre de Dios, con el profeta Eliseo.

 

  • 3.   Naamán, aun en medio de su incredulidad, va en busca del profeta.

 

  • 4.   El profeta no sale a su encuentro, pero le manda decir que debe bañarse 7 veces en el río Jordán.

 

  • 5.   Naamán se siente ofendido y se rehúsa a hacer lo que el profeta le ha prescrito.

 

  • 6.   Motivado por sus acompañantes, Naamán vence su orgullo, se baña en el Jordán y queda curado.

 

  • 7.   Naamán vuelve para agradecer al profeta, que no recibe paga alguna por su servicio.

 

  • 8.   El criado del profeta (Guejazí) quiere aprovecharse de la situación y va en busca de algunos bienes materiales con los que Naamán quería pagar al profeta.

 

  • 9.   Como consecuencia de este acto poco ético, Guejazí es invadido por la lepra.

 

El texto no pretende presentar una reconstrucción pormenorizada de un hecho histórico, sino usar una experiencia de sanación para dar unas enseñanzas, con el objetivo de nutrir la fe del pueblo de Israel.  ¿Cuáles son las principales enseñanzas del relato? El texto quiere insistir en que:

 

  • 1.    Dios es el Dios de La vida.

 

  • 2.    Dios puede curar al ser humano de todo aquello que pone en peligro su vida.

 

  • 3.    Dios se vale de seres humanos para actuar, para salvar.

 

  • 4.   Sólo en el camino de la humildad puede el ser humano comprender la acción de Dios.

 

  • 5.   La sanación que Dios realiza no es sólo física, sino que llega a lo más profundo del ser. Por eso produce una transformación radical de la persona.

 

  • 6.   Hay que distinguir entre el verdadero Dios y los ídolos.

 

  • 7.   La gratitud es una actitud fundamental en la experiencia de fe.

 

  • 8.   El servicio, para que sea auténtico, debe estar acompañado de gratuidad.

 

  • 9.   La avaricia termina pervirtiendo la lógica de gratuidad que debe acompañar el servicio.

  

Todos estos puntos pueden ayudarnos a meditar sobre nuestra manera de vivir la fe y el servicio.



 

Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros." Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes." Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?" Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado." Palabra del Señor.

 

 

Según el relato, Jesús - que camina con sus discípulos hacia Jerusalén - les ofrece una nueva enseñanza. El texto del evangelio nos recuerda que a la humildad hay que sumarle la gratitud. La gratitud expresa la conciencia que se tiene del amor de Dios y de sus dones.

 

El relato nos habla de 10 leprosos que fueron curados, pero sólo uno regresó para dar gracias a Dios: sólo uno fue capaz de descubrir, a partir del don, al donante y reconocerlo. Estos leprosos representan a la humanidad afectada por el sufrimiento. Sobre esta humanidad sufriente Dios derrama sin excepción su gracia, su amor sanador.

 

También estos leprosos simbolizan esa parte de la humanidad excluida: recordemos que –en aquella época- el enfermo de lepra debía salir de la vida familiar, religiosa y social. El leproso no podía ni vivir ni participar en la comunidad. Tenía que ser excluido (con esta medida se buscaba proteger a los sanos). Desde esta perspectiva, sanar al leproso era no sólo resolver su enfermedad física, sino (y sobre todo) devolverlo a la comunidad, a la vida social y familiar; era reconstruir la posibilidad de participar en la liturgia, en la vida religiosa del pueblo, vivir la comunión con Dios y con los demás.

 

Ahora bien, el relato del evangelio busca llamar nuestra atención sobre la calidad de nuestra respuesta ante Dios. ¿Somos capaces de reconocer la acción amorosa de Dios, de darle gracias y de comprometernos existencialmente con Él? 

 

Los diez leprosos nos conectan inmediatamente con la primera lectura (la del leproso Naamán). Se trata de 10 hombres (9 de Israel y 1 de Samaria). En realidad, ellos simbolizan la totalidad de la humanidad enferma y excluida. No olvidemos que, en la mentalidad de aquella época, se asociaba la enfermedad con el pecado. Entre más grave fuera la enfermedad mayor debía ser el pecado de la persona o del grupo.  Según la costumbre de la época, la cura de las enfermedades graves debía ser certificada por los sacerdotes.

 

Recordemos que, en la época de Jesús, los samaritanos (los que vivían en la región de Samaria) eran despreciados, considerados menos e indignos de Dios y de la salvación. El problema entre judíos y samaritanos había comenzado varios siglos atrás.  Había hacia ellos, por parte de los judíos, una actitud de desconfianza y rechazo. De hecho, estos samaritanos se habían construido otro templo en el monte Garizim, cosa inaceptable para los israelitas, para quienes sólo podía haber un templo, el de Jerusalén. La construcción de este templo alternativo profundizó la ruptura entre los dos pueblos. ¡Cómo cuesta a los seres humanos aprender a convivir en paz! Hacemos, incluso de Dios, motivo de disputas y divisiones.

 

El relato de los diez leprosos curados por Jesús pretende subrayar varios aspectos:

  

  • 1.   La praxis misericordiosa de Jesús, por medio de la cual el Maestro de Nazaret hace presente a Dios. Allí donde hay misericordia Dios está presente.

 

  • 2.   La salvación de Dios como don ofrecido a todos (los israelitas y los demás pueblos, representados en el relato por el samaritano). De hecho, el número 10 significa totalidad (pues según las normas del judaísmo se requiere de, por lo menos 10 hombres, para que haya quórum que permita celebrar la liturgia).

 

  • 3.   La lógica de Dios, que va más allá de la lógica humana, frecuentemente limitada por odios y divisiones.

 

  • 4.   La gratitud hacia Dios por parte del creyente. Esta es una actitud fundamental en la fe. La verdadera gratitud permite al creyente orientarse desde el don (en este caso, la salud) hacia el donante (Dios).

 

  • 5.   La necesaria transformación de nuestra mentalidad: Lo que hay que hacer no es cerrar las puertas a los demás (negar la salvación a alguien) sino abrirlas (Por eso debemos preguntarnos: ¿qué puedo hacer para que el otro encuentre a Dios y acoja su proyecto de amor salvador?).

 

Es claro que el texto quiere denunciar la autosuficiencia de los judíos, que - por sentirse elegidos por Dios – despreciaban a los demás pueblos.



 

II Timoteo 2, 8-13

Querido hermano: Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada: Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: si morimos con Él, viviremos con Él. Si perseveramos, reinaremos con Él. Si lo negamos, también Él nos negará. Si somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo. Palabra de Dios

 

 

Siguiendo la lógica de nuestra reflexión en torno al proyecto de Dios y la humildad, la segunda lectura busca dejar claro al creyente que ser cristiano es identificarse con Cristo, lo cual implica ‘vivir a la manera de Cristo’, asumir las actitudes, sentimientos, valores y prioridades de Jesús. Para ello, el cristiano debe permitir que Jesús viva y reine en su vida. Pablo, por propia experiencia, sabe que si el creyente se identifica con Cristo vivirá amorosamente la entrega a los demás y experimentará – en su vida – la resurrección de Jesús.

 

El texto propuesto es continuación de la Carta a Timoteo, que venimos leyendo los últimos domingos.  Esta carta fue escrita hacia finales del siglo I d.C., y comienzos del siglo II d.C. Es dirigida a unas comunidades que han perdido el ardor de la primera etapa, que han sido despistadas por las doctrinas de algunos ‘falsos maestros’ y que, además, están siendo perseguidas. El autor exhorta a Timoteo (jefe de estas comunidades) y a los creyentes a perseverar en la fe, a guardar la sana doctrina y a dedicarse a servir a Jesús, desde la fidelidad al evangelio.

 

De esta lectura destacamos los siguientes aspectos, que pueden orientar nuestra meditación:

 

  • 1.   Hay que dedicarse de manera seria al servicio.

 

  • 2.   No debemos perder de vista el ejemplo de Cristo, que llegó a la gloria pero pasando por la cruz.

 

  • 3.   El compromiso cristiano pasa por situaciones de dificultad y sufrimiento. Debemos ser capaces de asumir el sufrimiento que se desprende de nuestro sí a Jesús.

 

  • 4.   La Palabra de Dios debe ocupar un lugar central en nuestro camino de fe. Es en ella que encontramos la sabiduría, la luz y la inteligencia para ir sorteando la complejidad de la vida.

 

  • 5.   Ser cristiano es identificarse con Cristo y revestirse de sus sentimientos, valores y prioridades.

 

  • 6.   No debemos olvidar que el seguimiento de Cristo no termina en el fracaso, sino en la gloria de la resurrección.

  

Cada una de las lecturas y el conjunto de las tres nos proponen un proyecto de vida. Acoger, comprender y vivir este proyecto de vida es lo esencial de la fe.  Hagamos la experiencia.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 97

El Señor revela a las naciones su salvación.

 

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

  

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad. R.




 

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