Domingo 27 del Tiempo Ordinario Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 27 del  Tiempo Ordinario Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.


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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 8 de Octubre.



El mensaje de la Palabra de Dios propuesto para este domingo se podría sintetizar en dos palabras, CONCIENCIA y RESPONSABILIDAD. Usando el lenguaje de la época, los autores de la Biblia nos hablan del ilimitado amor de Dios. No es un amor cualquiera, no es una caricatura del amor. Se trata de un amor misterioso, profundo, desbordante, generoso y, sobre todo, vivificador. 

 

Los autores de los textos bíblicos insisten en un punto fundamental: las personas no existen por casualidad. Desde el punto de vista de la fe la existencia de un ser humano no es fruto del azar. Las personas entran a este mundo porque Dios así lo quiere y son portadoras de una misión: entran al río de la historia humana para aportar en la construcción de la humanidad, para contribuir en el amoroso designio de Dios para todos. 

 

Obviamente, al nacer la persona no es consciente de esta tarea; pero con la experiencia de vida, con el proceso de crecimiento, de maduración integral y con la expansión progresiva de su conciencia, dicha misión se va haciendo clara y la persona se va comprometiendo con ella.

 

Algunos de los problemas que pueden presentarse son: 1) que la persona se distraiga y ni siquiera se dé cuenta de la presencia de Dios en su vida; 2) que la persona se ocupe en lo que no es y se le vaya la vida en otras ocupaciones; 3) que – de manera consciente – la persona decida no asumir la misión.  

 

En este sentido, la metáfora de la viña (que está muy presente en la Biblia) nos ayuda a entender algunos aspectos de este extraordinario plan de Dios. Un hombre – dice el profeta Isaías – tiene una viña y sabe que ella es de muy buena calidad: la tierra es fértil, la semilla es excelente y él mismo ha puesto todo su esfuerzo amoroso en cuidarla. Entonces, como consecuencia lógica, espera que la viña le dé excelentes frutos. Sin embargo, contrariamente a lo esperado, la viña produce uvas amargas. ¿De quién es la responsabilidad? Sin duda, no es del dueño de la viña. Algo pasó con ella.

 

Con todo, debe quedarnos claro que se trata de una metáfora.  El autor bíblico no pretende darnos una lección de agricultura ni de agroindustria, sino hacer – desde la metáfora de la viña- una reflexión teológica: 1) Dios ama intensamente a la humanidad (la viña); 2) el amor se hace concreto en el cuidado (amar implica cuidar); 3) Dios quiere establecer una relación con cada persona y dicha relación pide una respuesta por parte del ser humano, quien es bendecido por Dios con su cuidado; 4) lo que está en juego (y debe ser revisado) es la calidad de la respuesta humana al amor divino.  

 

La viña es la humanidad. El dueño es Dios, quien ha revelado todo su amor. Ese amor no se ha quedado en teoría ni en simples sentimientos, sino que se ha expresado en acciones concretas (siempre en la lógica del cuidado).

 

Dios espera de nosotros una respuesta acorde con este amor (son los buenos frutos de que se habla): conversión, justicia, gratitud, respeto, honestidad, etc. Sin embargo, no siempre es así, pues aparecen otras realidades en clara contradicción con lo esperado: injusticia, división, violencia, venganza, corrupción (la inexistencia de frutos o unos frutos amargos).

 

Algo preocupante sucede: la humanidad se enfermó y necesita de una terapia profunda, integral, que sea capaz de levantarla de su postración, es decir, que sea capaz de re-crearla. En definitiva, lo que el profeta Isaías está denunciando es la falta de gratitud, la ausencia de responsabilidad, el adormecimiento de la conciencia de la humanidad.

 

Ahora bien, parece ser que las cosas no cambiaron mucho de la época de Isaías a la época de Jesús. Pasaron varios siglos y las actitudes y comportamientos de muchos continuaron siendo los mismos.  Parece que también ocurre lo mismo hoy.  Si Isaías y Jesús pasaran por nuestras casas, calles, centros comerciales y buses nos volverían a decir lo mismo que dijeron a la gente de su tiempo.  Seguimos enfermos.

 

En el evangelio de Mateo, aparece Jesús enseñando. Esta vez el diálogo es con un grupo específico: los dirigentes del pueblo. No son todos, sino aquellos que tienen la responsabilidad de conducir al pueblo por los mejores caminos. Se supone que deben ser líderes honestos, incorruptibles, serviciales, atentos a las necesidades de las comunidades que les han sido confiadas.

 

En esta parte del evangelio, Jesús vuelve a usar la metáfora de la viña, pero esta vez el problema no está en la viña ni en sus frutos, sino en los administradores de la viña (es decir, en los responsables del pueblo, a los cuales se dirige Jesús). Aquí entran todos los dirigentes: políticos, sociales, religiosos, educativos, empresarios, etc. El mensaje es claro, aunque todos somos corresponsables del mundo, a los dirigentes –en virtud de su cargo- les cabe una responsabilidad mayor en el cuidado la humanidad (que es la viña).  

 

En este diálogo con los dirigentes, a través de la metáfora de la viña, Jesús deja claras varias cosas:

 

1)      La misión que están realizando no debe vivirse como un proyecto individual o un capricho personal, sino que es un encargo recibido de Dios (Padre). Vale la pena reflexionar sobre la necesidad de comprender la vida como la posibilidad para realizar la misión encomendada por Dios.

 

2)      La viña – que es símbolo de la humanidad, del pueblo de Dios, de la Iglesia, etc.  – necesita de cuidado. Si no se le cuida se deteriora. Vale la reflexionar sobre la necesidad de pasar de la lógica del consumismo depredador a una lógica del respeto y del cuidado hacia la vida, hacia la naturaleza.

 

3)      Dios se ha empeñado a fondo en favor de la viña. Lo ha dado todo. Él es capaz de traducir su amor (por la viña) en cuidado. Vale la pena examinar nuestra capacidad de pasar de las ideas y de las “buenas intenciones” a los hechos concretos.

 

4)      Algunas personas – de entre las comunidades, los pueblos, los países, etc. – han llegado a ocupar puestos de gran responsabilidad. Ejercen un liderazgo particular (son los ‘dirigentes’ de que se habla en el evangelio). Estas personas están llamadas a contribuir mucho para el bien de la viña (=humanidad), según sus competencias. No deben ser indiferentes ni aprovecharse de su puesto para saquear y favorecerse egoístamente con la viña. Vale la pena reflexionar sobre la calidad de nuestra respuesta y sobre el fenómeno de la corrupción.

 

5)      La respuesta de muchos de estos dirigentes ha sido muy pobre e incluso contraria a lo que Dios espera. Han defraudado la confianza de Dios y de la gente que puso su esperanza en la gestión que debían realizar. ¿Somos dignos de confianza?

 

6)      Dios no desiste de su proyecto, de su plan de lograr una viña excelente: una humanidad en la que la fraternidad reine. Dios permanece fiel en medio de la infidelidad humana. Perseverancia y fidelidad, son dos realidades sobre las que vale la pena reflexionar este domingo.

 

7)      La viña/humanidad deberá ser “retirada” de las manos de estos dirigentes irresponsables y entregada a otros que – realmente – asuman la tarea con altura, generosidad y honestidad. Y si aplicamos esto a los líderes religiosos, políticos y sociales de nuestro tiempo… ¿Qué pasaría?  

 

Conciencia y responsabilidad fueron las palabras con las que comenzamos y terminamos esta reflexión. Estas dos realidades deben estar presentes en todas las dimensiones de nuestra vida.   Pero, hablar de conciencia y responsabilidad, ¿no es, acaso, otra forma de hablar de espiritualidad?



“Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”“Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”



Isaías 5,1-7

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel

 

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.





Filipenses 4,6-9

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

 

Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.



Mateo 21,33-43

Arrendará la viña a otros labradores

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: "Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, envió a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?" Le contestaron: "Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos." Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…



Salmo 80

La viña del Señor es la casa de Israel.

 

Sacaste una vid de Egipto, / expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. / Extendió sus sarmientos hasta el mar, / y sus brotes hasta el Gran Río. R.

 

¿Por qué has derribado su cerca / para que la saqueen los viandantes, / la pisoteen los jabalíes / y se la coman las alimañas? R.

 

Dios de los ejércitos, vuélvete: / mira desde el cielo, fíjate, / ven a visitar tu viña, / la cepa que tu diestra plantó, / y que tú hiciste vigorosa. R.

 

No nos alejaremos de ti: / danos vida, para que invoquemos tu nombre. / Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, / que brille tu rostro y nos salve. R.



 

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