Domingo 26 del Tiempo Ordinario Ciclo C

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 26 del  Tiempo Ordinario Ciclo C, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2016, corresponde al Domingo 25 de Septiembre.



La liturgia de este domingo 26 del tiempo ordinario está centrada en 2 temas claves: la justicia social y la sensibilidad ante la necesidad del (de los) otro(s). Vuelve a aparecer el tema de la relación con los bienes de este mundo. Hay que ver los bienes de este mundo no como algo que nos pertenece en forma exclusiva, sino como ayudas que Dios pone en nuestras manos, para que llevemos una vida digna y para que los compartamos solidariamente con los demás, especialmente con quienes necesitan más de ellos. Por tal razón, hay que saberlos administrar y administrarlos dentro de un horizonte espiritual que nos pide ver varios criterios: caridad, solidaridad, equidad, necesidad. Lo anterior no será posible si no somos capaces de convivir con los demás en un espíritu fraterno.




¿Nuestra sensibilidad ante la necesidad de los demás nos hace conscientes de que es perentorio luchar contra toda forma de corrupción, la cual hace más difícil libertar a los débiles de la opresión?¿Nuestra sensibilidad ante la necesidad de los demás nos hace conscientes de que es perentorio luchar contra toda forma de corrupción, la cual hace más difícil libertar a los débiles de la opresión?




Amós 6, 1. 4-7

Los disolutos encabezarán la cuerda de cautivos

 

Así dice el Señor todopoderoso: "¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria! Os acostáis en lechos de marfil; arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos."

 

 

Volvemos a encontrar al profeta Amós, un profeta con un enorme sentido social que vivió en el siglo VIII a.C., tiempo de prosperidad económica al interior del pueblo de Israel, pero – al mismo tiempo – de una enorme desigualdad social y corrupción política. Esta vez, el profeta Amós hace algunas denuncias fuertes y nos deja algunas enseñanzas:

 

Las denuncias:

 

  • 1.    El lujo con que una minoría vive se ha logrado a costa de la explotación y del sufrimiento de los pobres.

 

  • 2.    La clase dirigente no es sensible al sufrimiento de los pobres y a sus gritos de auxilio.

 

La enseñanza:

 

  1. Hay una incompatibilidad extrema entre la injusticia y la fe en Dios. Si alguien hace alianza con Dios debe aprender a practicar la justicia.

 

El texto de Amós es prácticamente una lamentación.  Los profetas usan esta palabra (Ay) como introducción a un oráculo que anuncia un castigo por una situación radicalmente contraria a la Alianza con Dios y que pone al pueblo o a una parte de él en peligro de muerte espiritual.

 

Lo que se denuncia aquí no es sólo el pecado de las personas a nivel individual, sino la existencia de un pecado social: estructuras injustas que generan inequidad y sufrimiento para muchos. Aún hoy estas situaciones de pecado social existen, e incluso situaciones de pecado contra la creación (contra los ecosistemas). Es lo que denuncia el Papa Francisco en su encíclica LAUDATO SI. Muchos filósofos y teólogos hablan, hoy, de ecocidio y geocidio. El texto nos invita a identificar estas situaciones y a trabajar decididamente por un mundo más justo y fraterno.



 

I Timoteo 6,11-16

Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor

 

Tú, que eres hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él honor e imperio eterno. Amén.

 

 

Seguimos reflexionando el contenido de la 1ª carta a Timoteo, cristiano de la ciudad de Listra, que acompañó a san Pablo en algunos de sus viajes misioneros y a quien el Apóstol le confió la responsabilidad de dirigir algunas de las iglesias de Asia Menor.

 

Según la tradición Timoteo fue el primer obispo de la iglesia de Éfeso. El contexto en el que se escriben las cartas pastorales (las cartas a Timoteo y Tito, que encontramos en el Nuevo Testamento) es el final del siglo I d.C., cuando comienzan a aparecer algunas herejías de tipo gnóstico y, por causa de esto, las comunidades cristianas se ven confundidas. El autor de la carta denuncia la presencia de algunos falsos maestros que -en medio de las comunidades- hacen estragos con unas doctrinas que no son auténticamente cristianas.

 

El objetivo de la carta es dar unas orientaciones precisas a quien está al frente de estas comunidades (en este caso, a Timoteo) y trazar el perfil (es decir, las características) del verdadero discípulo de Cristo.

 

El autor de la carta se dirige a Timoteo llamándolo de un modo particular: ‘hombre de Dios’. Pablo le dice: Tú, que eres hombre de Dios. Esto nos debe hacer pensar, pues todos los bautizados hemos sido consagrados a Dios en el bautismo, por tanto, somos hombres y mujeres de Dios.

Pero ¿cómo es (o debería ser) una persona consagrada a Dios? Esta pregunta sigue siendo actual y la respuesta a ella es el mensaje central de la carta. ¿Cómo debe ser el cristiano?:

 

  • 1.    Debe tener una viva conciencia de ser de Dios, de pertenecerle a Él, de estar unido a Él. Y de tal unión se deriva un estilo de vida.  

 

  • 2.    Ese estilo de vida se caracteriza por la vivencia cotidiana de unos valores: justicia, piedad, fe, amor, paciencia y delicadeza (mansedumbre).

 

  • 3.    Esto mismo es lo que se espera de los pastores de la iglesia (que antes de ser pastores deben ser cristianos. O, mejor, pueden ser pastores, porque han mostrado que son cristianos). A ellos se les pide ser constantes y pacientes ante las dificultades que aparecen como consecuencia del ejercicio de su ministerio (de su servicio), entusiastas por su misión y capaces de comunicar y enseñar la verdadera doctrina (la sana doctrina).  

 

El texto termina con una especie de himno litúrgico, que presenta a Dios como Señor de señores, Aquel que posee la inmortalidad, es decir, Aquel que puede realmente salvar al ser humano. ¿No nos debe hacer pensar este texto en la calidad de nuestra vida cristiana y en la calidad de los pastores de la Iglesia?



 

Lucas 16,19-31

Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: "Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en la región de los muertos, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. " Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.""

 

 

El texto del evangelio de san Lucas, entra de lleno en el tema de la justicia, la solidaridad, la compasión y la atención a los pobres. La parábola del rico que banquetea y el mendigo Lázaro es un fuerte llamado de atención sobre un tema clave, que – últimamente - ha recordado el Papa Francisco: la fraternidad humana en la casa común.

 

Recordemos que Jesús está viajando con sus discípulos hacia Jerusalén y, en el transcurso de este itinerario, los va formando. A través de la parábola del rico y del mendigo Jesús les ofrece una interesante catequesis en la que se aborda el tema de la justicia, la solidaridad, la sensibilidad hacia las necesidades de los demás y la relación con los bienes materiales.

 

Recordemos que no se trata de diabolizar los bienes materiales, sino de darles su justo valor y sentido. Tales bienes son necesarios, pero ¿cómo deben ser administrados y usados? Es importante, además, que quede claro que el rico no es malo por ser rico, ni el pobre bueno por ser pobre. Hay muchas variantes (hay ricos muy justos y bondadosos y pobres muy egoístas y resentidos, por ejemplo).

 

La parábola – recordemos – es una pequeña narración, a manera de cuento- que busca confrontar a los oyentes con una situación que obliga a una revisión personal. Claro, la parábola no puede decirlo todo ni tratar exhaustivamente todos los aspectos de un problema, es –apenas- un pretexto para la reflexión.

 

De esta parábola nos quedan varias enseñanzas:

 

  • 1.    No hay que desconectar el “más allá” (la resurrección y la vida eterna) del “más acá” (nuestra manera de vivir y nuestro compromiso en la construcción responsable de la historia).

 

  • 2.    El verdadero hombre de Dios, el verdadero creyente, no puede desentenderse de lo que ocurre a su alrededor, especialmente de lo que ocurre con las personas y los grupos humanos más desfavorecidos.

 

  • 3.    Hay un abismo entre el amor misericordioso de Dios y el egoísmo al que ha llegado la humanidad. Hay que trabajar por disminuir ese abismo mientras estamos en este mundo.

 

  • 4.    Los bienes son dones de Dios, puestos a disposición de todos, para que – en un clima de corresponsabilidad y solidaridad – todos puedan llevar una vida digna.

 

  • 5.    Quien no sea capaz de compartir, está defraudando el plan de Dios, el cual pide tener en el centro de las preocupaciones a los necesitados. El egoísmo rompe la fraternidad querida por Dios.

 

  • 6.    La adquisición legítima de los bienes no justifica el egoísmo.

 

  • 7.    No basta con escuchar la Palabra de Dios (esto lo hacemos frecuentemente, por lo menos cada domingo en la misa). Es necesario dejarnos transformar por ella. Por eso el tema de la escucha de la Ley y los Profetas – en la parábola – es clave. Los judíos de la época de Jesús tenían los escritos del Antiguo Testamento (representados por la Ley y los Profetas). Los cristianos tenemos también los textos del Antiguo Testamento, pero contamos con los textos del Nuevo testamento (que marcan nuestra identidad cristiana). ¿Los leemos? ¿Los meditamos? ¿Los guardamos en el corazón? ¿Nos esforzamos por practicarlos?

 

Deseamos un mundo diferente: un mundo justo, reconciliado y en paz… Pero sin compartir, sin solidaridad, sin sensibilidad, la construcción de este mundo será imposible. Dicho mundo no aparecerá por un acto mágico, sino por el compromiso de todos y cada uno. La fe no es magia.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 


Salmo 145

Alaba, alma mía, al Señor.

 

Él mantiene su fidelidad perpetuamente, Él hace justicia a los oprimidos, Él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R.

 

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R.

 

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R.



 

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