Domingo 26 del Tiempo Ordinario Ciclo B

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 26 del  Tiempo Ordinario Ciclo B, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2015, corresponde al Domingo 27 de Septiembre.




Números 11, 25-29

¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!

 

En aquellos días, el Señor bajó en la nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar enseguida. Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés: "Eldad y Medad están profetizando en el campamento." Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: "Señor mío, Moisés, prohíbeselo." Moisés le respondió: "¿Estás celoso de mí?"¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!".

 

 

Algunas reflexiones

 

El libro de los Números presenta un conjunto de tradiciones que narran la estadía de los antepasados del pueblo de Israel (es decir, el grupo dirigido por Moisés)  en el desierto, luego de la salida de Egipto. Son tradiciones en las cuales los teólogos que las elaboraron proponen al pueblo unas catequesis para formarlos, para educarlos en la fe (se trata de la fe Yahvista, que es la propia del Judaísmo).

 

Este libro está dividido en 3 partes:

 

Primera: narra los últimos días de la estadía del pueblo en el Sinaí (Nm 1,1-10,10).

 

Segunda: Presenta – en varias etapas – la peregrinación del pueblo por el desierto, desde el Sinaí hasta la planicie de Moab (Nm 10,11 – 21,35).

 

Tercera: Presenta a la comunidad (el pueblo) instalada en la planicie de Moab, preparando su entrada a la Tierra Prometida (Nm 22,1-36,13)

 

No olvidemos que los autores del libro no pretenden hacer una reconstrucción pormenorizada de los acontecimientos, sino mostrar – desde su intencionalidad teológica – que la esencia del pueblo de Israel consiste en ser un pueblo convocado por Dios (Dios es el centro ¿Es Dios nuestro centro?), para hacer alianza con Él. La alianza es una relación existencial profunda que reclama responsabilidad, transparencia y fidelidad. ¿Cómo vivimos nuestra relación con Dios?

 

Los autores del libro describen cómo, a medida que el pueblo va caminando histórica y espiritualmente, va creciendo su conciencia de ser un pueblo elegido, una nación  llamada a la santidad, una comunidad de fe (atención a estos tres aspectos, que también están presentes en la espiritualidad cristiana).

 

Notemos que a lo largo del camino recorrido por el desierto (el libro nos presenta al pueblo haciendo un desplazamiento geográfico), el pueblo va viviendo un proceso espiritual, en realidad, este desplazamiento geográfico es una manera de hablar de una transformación espiritual: pasa de la condición, de la mentalidad y de los hábitos de pueblo esclavo a la condición, mentalidad y hábitos de un pueblo libre (este desplazamiento debe operarse en cada creyente cristiano y en la iglesia toda. ¿Somos conscientes de ello?)

 

Sin embargo, el episodio propuesto en la  lectura nos permite descubrir que este proceso de transformación no fue fácil: hubo rebeldía, incomprensión, inmadurez, miedos, deseo de abandonar el proyecto emancipador, aunque sólo fuera para poder tener la “barriga llena”.

 

 El texto nos recuerda, además, que para poder conducir un proyecto liberador se requiere de mucho valor, de mucha sabiduría, de mucha paciencia y de una fe en el proyecto (creer en él). Esto es lo que representa la figura de Moisés. ¿Cuál es nuestro proyecto? ¿Creemos en él? 

 

Pero, además, para conducir una comunidad se necesita ayuda. Hay que ser humilde y  aprender a contar con la colaboración de otros, DE MUCHOS. La liberación y la transformación de un pueblo, de una comunidad, etc., no puede ser obra de una sola persona. Desde el punto de vista de la fe, quien libera es Dios, pero Él necesita que haya instrumentos históricos suyos (líderes) y que todos aquellos a los que se dirige el proyecto liberador asuman una actitud de disponibilidad (querer y hacer lo que les corresponde). En este contexto descubrimos que cuando se trata de la acción de Dios es ÉL, en su total libertad, el que decide a quien llamar y sobre quién derramar su Espíritu, su gracia, sus dones. La acción de Dios y sus dones no pueden estar hipotecados (presos) a una institución, a una raza, a un Credo religioso, a un grupo. En clave cristiana esto nos permite entender que Dios está presente en la Iglesia, pero no preso en ella; que el Espíritu Santo actúa en la Iglesia, pero que no se agota en ella; que fuera de la Iglesia no sólo puede haber salvación y experiencia espiritual auténtica, sino también personas que viven y actúan en la historia como “instrumentos” de Dios.

 

Esta primera lectura nos enseña a:

 

  • 1.No pretender ser dueños del bien y de la verdad.


  • 2.No pretender ser dueños de Dios.


  • 3.Ser capaces de reconocer y aceptar que la presencia del Espíritu divino se puede dar en todas las personas, en otras comunidades, en otras confesiones religiosas.


  • 4.Reconocer la presencia y la acción del Espíritu de Dios fuera de los límites de la propia iglesia.


  • 5.Superar las envidias que en lugar de contribuir al crecimiento de las personas y de la comunidad provocan divisiones, peleas y resentimientos.


  • 6.Entender que si nadie es dueño del Espíritu de Dios ni de la Verdad Absoluta es necesario asumir una actitud de discernimiento y de humildad, a fin de evitar la intolerancia y el  fanatismo.


  • 7.Aprender a buscar (siguiendo el ejemplo de Moisés) la ayuda que necesitamos, para nuestro bien y el bien de la comunidad. Nadie es capaz de hacer todo. Cuando – en una comunidad – una persona pretende hacer todo está revelando su autosuficiencia y está dando a entender que la comunidad le sobra. ¿Sucederá algo así en algunas de nuestras comunidades, al interior de la Iglesia?




Santiago 5, 1-6

Vuestra riqueza está corrompida.

 

Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego. ¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final! El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste.

 

 

Algunas reflexiones

 

El texto propuesto para este domingo es un grito profético. El autor denuncia el comportamiento y la actitud de los ricos que – explotando a los pobres – alimentan (apoyados en su poder económico) una actitud de orgullo y de autosuficiencia. El autor de la carta denuncia, además, la actitud de excesiva confianza en los bienes materiales (ellos por sí solos no aseguran la felicidad ni dan a la vida su verdadero sentido).

 

Este texto se comprende claramente si se tiene en cuenta que el autor dirige la carta a unas comunidades cristianas en las que tanto interna como externamente hay unas desigualdades profundas y mucha insensibilidad ante el sufrimiento de los pobres: la riqueza de unos pocos contrasta con la miseria de muchos. La humanidad no ha cambiado mucho… la explotación del pobre y la violencia contra los humildes eran, en aquella época, fenómenos frecuentes.  El autor invita a los cristianos a pensar y vivir de forma distinta; los insta a no confiar demasiado en la riqueza material, pues esta riqueza es efímera y no asegura el verdadero sentido de la vida.  Además, a través de la carta, el autor nos recuerda que la acumulación de los bienes es una injusticia, especialmente en un mundo lleno de necesitados. Lo que nos sobra en la despensa o en el armario le hace falta a otros. El texto nos ayuda a pensar en la función social de los bienes.

 

Estamos en la última parte de la Carta de Santiago. En esta parte el autor pone el acento en varios elementos, que vale la pena retomar para nuestra meditación:

 

  • 1.Eso que llamamos “más allá” (la vida después de la muerte) depende de la manera como vivamos el “más acá” (esta vida).


  • 2.El criterio fundamental de la evaluación final de nuestra vida es el amor, pero el amor debe ser concreto y pasa por la solidaridad con los pobres.


  • 3.El cristiano debe – en virtud de su vocación – estar acompañado de algunas características:


                a.     La prudencia en el hablar (St 4,11-12)


               b.     La humildad, que excluye de la vida la autosuficiencia y el orgullo (St 4,13-17)


                c.      Una adecuada relación con los bienes materiales: ellos son ayudas para lo necesario y también son para compartir (St 5,1-6)


               d.     Actitud de espera activa de la segunda venida de Jesucristo (paciencia, perseverancia, oración y esfuerzo por elegir el camino del bien y permanecer en él (St 5,1-20)




Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela

 

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros." Jesús respondió: "No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos la infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga."

 

 

Algunas reflexiones

 

Jesús está en Cafarnaúm, una ciudad de pescadores situada junto al lago de Tiberiades. El viaje hacia Jerusalén continua y los discípulos son cada vez más conscientes de que se aproximan momentos decisivos y difíciles para el proyecto de su Maestro. Es la hora de tomar decisiones de fondo: ¿seguir con Jesús o abandonarlo?; ¿buscar seguridad o arriesgarlo todo?   

 

Jesús está preocupado, pues percibe que los discípulos aún no consiguen asimilar la lógica y los valores del Reino de Dios: siguen pensando en un mesías de tipo político-nacionalista y siguen deseando ser importantes, estar por encima de los otros y tener la propiedad sobre el Reino de Dios (sobre la salvación). Algunos de ellos siguen a Jesús, pero en este seguimiento se esconden algunos deseos de grandeza… Buscan prestigio. Es por eso que sienten envidia y rechazan la posibilidad de que – por fuera del grupo – haya otro(s) que sea(n) también capaz(ces) de actuar en nombre de Jesús y de luchar contra el mal (expulsar demonios) con eficiencia. Si este tipo de actores externos abundan – piensan ellos – van a perder sus privilegios… ¿Quién quiere perder privilegios?

 

El esfuerzo de Jesús se centra, entonces, en formar a sus discípulos, en llamarles la atención, en retomar sus expresiones y las situaciones por las que pasan para hacerles entender que el Reino es otra cosa. La idea es sacarlos del egoísmo e introducirlos en la comprensión propia del amor. Si no se hace este proceso no podrán integrar la comunidad mesiánica.

 

El tema principal de este texto es, pues, la necesidad de tener una actitud abierta, acogedora, comprensiva, tolerante hacia el (los) otro(s) diferente(s). Es necesario reconocer que fuera de nuestro grupo (de nuestras iglesias) también hay gente extraordinaria, ideas profundas, procesos de transformación serios, esfuerzos de lucha contra el mal… Puesto que Dios es mayor que cualquier grupo siempre podemos encontrar manifestaciones suyas en cualquier latitud de nuestro planeta.

 

En el texto, la actitud de los discípulos revela arrogancia, sectarismo, intolerancia, envidia y deseo de monopolizar a Jesús y su propuesta. Tal vez ellos llegaron a pensar que eran dueños del Reino de Dios (y hasta de Dios). Todavía hoy encontramos – dentro y fuera de la Iglesia personas que piensan así.  Pero detrás de esta preocupación de los discípulos hay un apego profundo a los proyectos de prestigio y de grandeza. Los seres humanos frecuentemente sufrimos de esto, no sólo los discípulos de Jesús de aquella época.

 

El mensaje es claro:

 

  • 1.La comunidad de Jesús (sus discípulos, la Iglesia) debe ser una comunidad que pone, por encima de sus intereses, los intereses de Dios, su preocupación por el bien de la humanidad.


  • 2.La idea no es negar la bondad que hay en otros (aunque no sean de los nuestros) sino reconocerla y aunar esfuerzos para transformar positivamente el mundo.


  • 3.En la perspectiva cristiana, quien ama, quien lucha por la justicia, quien vive en la verdad, quien es capaz de servir, quien se preocupa por la humanidad es ya un signo del reino de Dios, no importa en qué religión “milite”.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…



Salmo 18

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

 

La ley del Señor es perfecta / y es descanso del alma; / el precepto del Señor es fiel / e instruye al ignorante. R.

 

La voluntad del Señor es pura / y eternamente estable; / los mandamientos del Señor son verdaderos / y enteramente justos. R.

 

Aunque tu siervo vigila / para guardarlos con cuidado, / ¿quién conoce sus faltas? / Absuélveme de lo que se me oculta. R.

 

Preserva a tu siervo de la arrogancia, / para que no me domine: / así quedaré libre e inocente / del gran pecado. R



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