Domingo 26 del Tiempo Ordinario Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 26 del  Tiempo Ordinario Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 1° de Octubre.



En la Biblia encontramos con frecuencia la palabra conversión, para expresar un cambio de fondo, un giro decisivo, una opción que orienta la totalidad de la vida de una persona en una dirección nueva.

 

En el horizonte de la vida espiritual la conversión es un cambio de dirección hacia Dios (lo cual supone que se estaba lejos de Él, que se caminaba por un camino diferente al propuesto por Él). La conversión de otras personas debe ser un signo para la comunidad creyente, un llamado para vivir la propia conversión, una muestra de que la vida puede ser diferente y, sobre todo, una revelación del inmenso amor de Dios que nos capacita para cambiar.

 

Uno de los grandes dramas vividos por los profetas (en la Biblia) es que llamaban al pueblo a la conversión y el pueblo no se convertía, al contrario, endurecía su corazón y confirmaba su alejamiento de Dios (de la Alianza).

 

Tanto el profeta Ezequiel como el texto del evangelio se refieren a esta realidad: algunos se consideran a sí mismos perfectos, no necesitados de salvación y no llamados a convertirse. El profeta Ezequiel y Jesús (cada uno en su época) denunciaron una cierta soberbia religiosa (que sigue siendo uno de los grandes peligros en el ámbito de la experiencia espiritual y de los universos religiosos).

 

San Pablo también nos presenta, en la carta a los Filipenses este drama y este llamado. Él nos llama la atención sobre los elementos de discernimiento que nos permiten evaluar nuestras prácticas cotidianas, a fin de identificar si estamos o no en el horizonte de Cristo.  La conversión no es un asunto de proclamas solemnes, de discursos elaborados y de muchos ‘golpes de pecho’. Es un proceso serio de discernimiento que conduce a la claridad interior, a la justicia y a la acción misericordiosa.

 

Nadie se salva por el cargo que tiene, ni por el apellido que ostenta, ni por la supuesta sangre real que corre por sus venas. Notemos que las prostitutas y publicanos eran personas profundamente despreciadas por su profesión; eran consideradas inadmisibles en la asamblea religiosa (en la comunidad de fe). Sin embargo, Jesús ridiculiza todas esas valoraciones lanzadas desde la seguridad de los cargos religiosos y muestra que la transformación profunda del corazón sí es posible. Esta sigue siendo la propuesta para todos nosotros.



“Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: - Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Él le contestó: No quiero. Pero después recapacitó y fue”“Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: - Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Él le contestó: No quiero. Pero después recapacitó y fue”



Ezequiel 18,25-28

Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida

 

Así dice el Señor: "Comentáis: "No es justo el proceder del Señor." Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá."

 

 

Este texto del profeta Ezequiel nos invita a abordar, por lo menos, dos puntos claves:

 

Preguntarnos por el proceder justo: Hay una cierta tendencia a echarle a Dios la culpa de las desgracias que nos sobrevienen, pero nos cuesta asumir que tales desgracias son la(s) consecuencia(s) de nuestras decisiones y acciones, de nuestros desatinos reiterativos. Pero ¿Qué es la justicia? ¿Desde cuál horizonte intentamos definir la justicia? ¿Qué es lo que caracteriza el comportamiento justo? Cuando hablamos de justicia divina ¿de qué estamos hablando? ¿Por qué la ‘administración de justicia’ es una necesidad social? ¿Cómo lograr una administración transparente, ética y eficiente de justicia?   

 

Preguntarnos por nuestros mecanismos de evaluación, reflexión y corrección: Si comparamos este texto con el texto del evangelio notaremos que en ambos aparece como tema clave la experiencia de recapacitar:

 

  •          En la primera lectura se nos dice: Si el malvado “recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.”

 

  •          En el evangelio se nos cuenta: El hijo “recapacitó y fue”.

 

Recapacitar pide memoria (¿qué fue lo que ocurrió?), reflexión (volver sobre lo vivido [literalmente flexionar nuevamente sobre… lo vivido] y ver cómo las cosas se dieron, cómo se relacionan los distintos aspectos, a fin de entender), toma de conciencia (comprender las cosas en conjunto, captar las implicaciones, las consecuencias, las nuevas posibilidades), decisión (optar por lo mejor, por lo adecuado, por lo que realmente conviene para nuestro bien y el bien de los demás) y acción (es la actividad coherente. consciente e intencionada que expresa la decisión, que hace concreta históricamente la decisión tomada): el hijo fue.



Filipenses 2,1-11

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús

 

Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todo el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. [Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.]

 

 

En esta parte de la carta, San Pablo se centra en tres ideas fundamentales:

 

1.      La unidad que debe existir en una comunidad cristiana. Si reproducimos las mismas divisiones, contiendas e injusticias al interior de la Iglesia ¿Qué diferencia hay con lo que sucede en otro tipo de comunidades?

 

 

2.      La necesidad de superar el espíritu de rivalidad y de ostentación (¿quién es el más importante? ¿Quién es el mejor? ¿Quién está sobre los demás?): lo que se espera de los cristianos es humildad y ‘sentido del otro’: “No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todo el interés de los demás.”

 

 

3.      El esfuerzo por mantenerse en lo esencial del evangelio, es decir, en hacer de la propia vida una ‘continuación de la vida de Jesucristo’: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.” Acoger las características de Jesús y hacerlas propias:

 

  •          Humildad: No hizo alarde de su categoría divina.

 

  •          Desprendimiento: se despojó de su rango.

 

  •          Servicio: tomó la condición de esclavo.

 

  •          Entrega total: hasta someterse incluso a la muerte.

 

Nos gustan los misterios gloriosos (deseamos llegar a la plenitud, a la vida plena, a la resurrección, al encuentro pleno con Dios… pero, no hay misterios gloriosos sin misterios luminosos y dolorosos)



Mateo 21,28-32

Recapacitó y fue

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre? Contestaron: "El primero." Jesús les dijo: "Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis."

 

 

La parábola contada por Jesús se centra en tres cosas:

 

1.      La capacidad de recapacitar: No siempre obramos bien; no siempre tomamos las mejores decisiones; no siempre nos comprometemos a fondo. Pero la vida no es una fatalidad. Podemos ‘recapacitar’. Es importante aprender a volver sobre las decisiones, sobre la experiencia vivida y sobre los caminos andados, para reconsiderar, si es necesario, y plantearnos una dirección diferente, acorde con los sentimientos de Cristo Jesús y con los valores del Reino de Dios.   

 

2.      La necesidad de pasar de la palabra al acto; del deseo al compromiso: estamos llenos de discursos vacíos, de promesas incumplidas, de buenas intenciones. Pero las buenas intenciones no bastan. En cuanto seguidores de Jesucristo debemos asegurarnos de pasar de la palabra a la acción y que esta acción corresponda al horizonte de vida propuesto por Cristo, que tuvo siempre presente la Voluntad de Dios: “No vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió”.  (Juan 6,38)

 

3.      La urgencia de tener personas que enseñen el camino de la justicia: Constatamos, a lo largo y ancho del mundo, los casos de corrupción que forman una lista interminable. Lo que está en juego es la justicia. Pero lo más dramático del problema se revela cuando las instancias encargadas de administrar justicia terminan siendo un caso más de la lista. Cuando esto sucede ¿Qué puede esperar una sociedad? Es urgente el reordenamiento ético del país. Ética, justicia y transparencia van de la mano.

 

 

Terminemos nuestra meditación orando con el…

 

 

Salmo 25

Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

 

Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, / y todo el día te estoy esperando. R.

 

Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas; / no te acuerdes de los pecados / ni de las maldades de mi juventud; / acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor. R.

 

El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.



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