Domingo 21 del Tiempo Ordinario Ciclo B

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 21 del  Tiempo Ordinario Ciclo B, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2015, corresponde al Domingo 23 de Agosto.



La liturgia de este domingo nos habla de OPCIONES trascendentales. Nuestra existencia está marcada por el tiempo: “El tiempo pasa y se nos va la vida” – dice una canción. Pero, desde el punto de vista de la fe, se trata de un tiempo que es un regalo que Dios da. Ese tiempo es una oportunidad para hacer de la vida dada (eso es lo que Dios hace) algo valioso, una construcción interesante (esa es nuestra tarea). Don y tarea se tienen que integrar.

 

Tomamos decisiones todos los días, pero lo realmente importante es la relación y la coherencia que estas decisiones cotidianas tienen con nuestra OPCION FUNDAMENTAL DE VIDA.

 

Ser cristiano es una OPCION FUNDAMENTAL que da una dirección y propone un horizonte a toda nuestra existencia. Con todo, nuestras decisiones diarias pueden confirmar o negar, fortalecer o desestructurar esa OPCION FUNDAMENTAL.




Josué 24, 1-2a. 15-17.18b

Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!

 

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquem. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: "Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor." El pueblo respondió: "¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; Él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; Él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!"

 

 

Algunas reflexiones:

 

La narración contenida en el libro de Josué abarca una parte del siglo XII a.C., desde la época en que –según la narración bíblica- las tribus que conformarán el pueblo de Israel entran a la Tierra Prometida hasta la muerte de Josué.

 

El libro nos ofrece, claro está, una versión teológica de la entrada de estas tribus a la región de Canaán (que ya estaba habitada por los llamados pueblos cananeos), conducidos por el jefe militar Josué. Según esta versión, Josué organizó varias expediciones militares y exitosamente logró la conquista de estas tierras. Pero el autor deja claro que esto sólo fue posible gracias a la presencia y a la acción de Dios que había elegido al pueblo y estaba con él.  Recordemos que se trata de una presentación teológica. Es importante reconocer que este proceso fue lento y complicado y que la presentación que hace el libro de Josué tiene claras intenciones teológicas, a saber:

 

a)       Destacar el poder de Dios,

 

b)       Presentar al pueblo de Israel como pueblo elegido por Dios (tema bastante espinoso según como se entienda),

 

c)       Destacar la fidelidad de Dios para con los Patriarcas (a quienes les prometió tierra y descendencia) y mostrar que cumple su palabra: “Sal de tu tierra y vete a la tierra que yo te indicaré” (Gen 12,1ss)

 

d)      Mantener al pueblo en una actitud de humildad recordándole que fue por la acción de Dios y no por sus propias capacidades que el pueblo llegó a la tierra y se pudo establecer en ella. Se trata de que se sitúe en el lugar del que recibe y no en el lugar del que conquista.

 

e)       Insistir al pueblo en la necesidad de entrar en una lógica de CUIDADO DEL DON, pues este se puede perder, dependiendo del comportamiento del pueblo, de su fidelidad a Dios. Por eso el pueblo es llamado a cumplir los mandamientos. 

 

Josué, cerca ya de su muerte y preocupado con el futuro del pueblo, convoca las tribus y las confronta (desde el punto de vista de las opciones) a fin de establecer el grado de compromiso real con Dios: “Escojan, hoy, a quien quieren servir…”. Al mismo tiempo, Josué asume su propia postura: “Yo y mi casa serviremos a Dios”.

 

Se ha discutido mucho sobre la historicidad de esta reunión de las Doce tribus en el santuario de Siquem. Muchos especialistas tienen serias dudas sobre el hecho de que para esta época ya estuvieran las Doce tribus formando un único pueblo. Parece tratarse de un anacronismo con fines teológicos: motivar y fortalecer la unidad de las tribus existentes en torno a una opción religiosa: la fe en Yahveh y fortalecer esta fe que reclama fidelidad a Dios.

 

La unidad de las Doce tribus fue, en realidad, un proceso lento, que sólo se completó mucho tiempo después de Josué. El autor del texto (que se sitúa en un tiempo posterior) tomó la noticia histórica de la realización de esta asamblea de Siquem y la adoptó (dándole dimensiones de totalidad con las Doce tribus) para fabricar una excelente catequesis sobre el compromiso de Israel con Dios a través de la alianza.  El objetivo, entonces, es claro: exhortar a los israelitas (de aquella época) a no dejarse seducir por otras religiones y conservar la identidad como pueblo.

 

Josué procura que el pueblo de Israel (las tribus reunidas) asuma seriamente su decisión: o sirven a Dios (que los sacó de Egipto) o sirven a los “otros dioses”, pero no pueden estar “caminando en la cuerda floja” sirviendo a varios señores, porque terminarán cayendo en la incoherencia.

 

El texto nos dice que las tribus reunidas son conscientes del camino que (con Dios) han recorrido desde antaño; que han percibido la presencia amorosa y protectora de Dios y, teniendo en cuenta estas señales, deciden COMO UN SOLO PUEBLO seguir a Dios.

 

Algunos aspectos – aplicados a nuestra vida de fe y de iglesia - pueden ayudarnos en nuestra meditación:

 

1)       La unidad de la Iglesia. ¿Existe tal unidad? ¿Está fracturada? ¿Por qué? ¿Qué estamos haciendo para reconstituir la unidad?

 

2)       ¿Comprendo la fe en Jesucristo como una opción fundamental o simplemente como una de muchas decisiones que afectan sólo un área específica de la vida, es decir, el área religiosa?

  

3)       Mis decisiones cotidianas ¿confirman o niegan mi opción fundamental?

 

4)      ¿Cómo estoy viviendo la alianza que hice con Jesús en el bautismo?




Efesios 5, 21 - 32

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

 

Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; Él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne." Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

 

 

Algunas reflexiones:

 

Continuamos con la lectura de la Carta de san Pablo a los Efesios. En el texto propuesto para este domingo, el Apóstol recuerda a los creyentes que han hecho una opción por Jesucristo y que se trata de una opción que compromete la vida e imprime una dirección particular a la existencia.  Dicha opción, expresada en el bautismo, consiste en vivir como seres humanos nuevos (guiados por el Espíritu Santo para ponerse al servicio del bien).

 

La vida nueva del cristiano (del bautizado) deberá, entonces, traducirse en comportamientos y actitudes concretos. Tales actitudes deben impregnar su vida cotidiana, todos los ámbitos de la existencia y, en especial, el ámbito de las relaciones familiares (el texto se concentra de manera especial en este registro de lo familiar). Es por eso que Pablo empieza a hablar de los deberes de los esposos: la pareja – dice – debe ser signo de la unión que existe entre Cristo y la Iglesia.

 

Pablo pide a la pareja: “Sean sumisos uno a otro en el temor de Cristo”. La expresión ser sumiso, en el texto paulino, se refiere a la condición de aquella persona que permanece en actitud de disponibilidad, mansedumbre, servicio y humildad, buscando lo mejor para el otro (recordemos que la relación de pareja es recíproca). Quedan, entonces, por fuera de la relación (de la pareja) la violencia, la prepotencia, el orgullo. Desafortunadamente, en nuestra cultura, la idea de sumisión está – actualmente – marcada por el espíritu de dominación. Si este texto de Pablo es leído en esa lógica de dominación la interpretación será errónea y servirá para legitimar la violencia y la desigualdad en la relación de pareja.

 

Notemos que así como Pablo pide a la mujer ser sumisa al marido (en el sentido ya explicado) también pide al hombre amar a su mujer “como Cristo amó a su Iglesia”, es decir, hasta la entrega total de su vida, hasta el sacrificio total. Con frecuencia solo leemos la primera parte del texto sin fijarnos en la segunda.

 

Además, al hombre se le pide que sea capaz de presentar ante Dios a su mujer, sin mancha ni arruga (obvio que se trata de una metáfora, pues todos envejecemos). Esta presentación en estas condiciones no será posible si el hombre no asume una lógica del CUIDADO en el trato y convivencia con su mujer. Recordemos que esta lógica es de reciprocidad.

 

Después de hablar de la relación entre esposos (es el contenido de la lectura de hoy) Pablo hablará de las relaciones entre padres e hijos.  Es necesario tener en cuenta que las afirmaciones hechas por el Apóstol deben ser contextualizadas, especialmente en términos de cultura: Pablo es deudor de la cultura de su tiempo y dicha cultura influye en él y en la manera de formular su pensamiento teológico.  En el contexto socio-cultural de Pablo el hombre (varón) aparece como la referencia suprema de la organización familiar. Por eso habla del hombre como cabeza.

 

Encontramos en el texto la expresión una sola carne, que alude no sólo a la dimensión sexual de la relación sino a la totalidad de la relación y de las personas comprometidas en ella.

 

Finalmente, Pablo establece un paralelismo entre la vida de pareja y la unión de Cristo con su Iglesia. Esto da un significado especial a la relación entre los esposos: la vocación de los esposos es anunciar – por su manera de vivir y de ser pareja – la unidad de Cristo y la Iglesia y el amor de Cristo por la Iglesia.

 

Algunos aspectos de esta lectura pueden ser retomados para guiar nuestra meditación:

 

1)       Entender el bautismo como una opción que supone un estilo de vida especial, que sólo es posible por la acción del Espíritu Santo.

 

2)       Examinar la calidad de la experiencia de familia y trabajar por ella.

  

3)       Asumir la familia como fundamento de la vida social y emocional.

 

4)       Reflexionar sobre la experiencia de violencia intrafamiliar y, en particular, la violencia contra la mujer. 

 

 

 

Juan 6, 60-69

¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

 

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: "Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?" Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: "¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. "Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: "Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede." Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También vosotros queréis marcharos?" Simón Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios."

 

 

Algunas reflexiones:

 

Estamos llegando al final del discurso del Pan de Vida, pronunciado por Jesús. Recordemos que este discurso se desprendió del episodio de la multiplicación de los panes y pescados.

 

Es un discurso de un contenido teológico (cristológico) bastante denso. En él van apareciendo reflexiones y posturas muy profundas; también encontramos momentos de incomprensión, de cuestionamiento y de confrontación.  Muy seguramente estas incomprensiones y confrontaciones estaban relacionadas con las ideas que, en la época de Jesús, los diversos grupos religiosos de Israel se habían fabricado sobre el Mesías. Para unos debía ser un rey poderoso; para otros, tendría que ser una especie de monje; otros pensaban que debería ser un Sacerdote al estilo judío; otros más pensaban que debería ser un revolucionario, capaz de enfrentarse a la dominación romana; no faltaba quien pensara que debía ser un político. Pero ¿por qué no un taumaturgo poderoso? Así sería más fácil resolver rápida y maravillosamente todos los problemas. Como vemos, eran muchas las ideas (y diversas) alrededor de un solo personaje, el Mesías. Pero Jesús no entra en ninguno de estos perfiles. Es un hombre difícil de clasificar.  

 

Poco a poco, los interlocutores de Jesús perciben que en Él hay algo diferente, que no es encasillable y que está proponiendo un nuevo horizonte de comprensión de lo espiritual que funda un modo diverso de vivir.

 

Cuando pronuncia el discurso del Pan de Vida, los interlocutores se sienten cuestionados por sus palabras y confrontados a revisar sus opciones. Jesús los insta a tomar postura: o continuar viviendo en una lógica legalista o entrar en la lógica del Reino de Dios (que es una lógica de amor, expresado en el servicio, la práctica de la misericordia y el cuidado de la justicia).

 

El texto propuesto para este domingo nos muestra la reacción negativa de un grupo de seguidores de Jesús al sentirse confrontados por sus palabras (su propuesta les parece muy dura, muy exigente).  Esto revela que no todos los discípulos están dispuestos a “comer su carne y beber su sangre”, es decir, a asumir como propios los valores, las opciones, las actitudes de Jesús. No todos están dispuestos a gastar su vida al servicio de los demás.

 

Es de suponer que esta situación que se presentó en tiempo del mismo Jesús, se presentó también al final del siglo I, que es cuando se escribe el evangelio de Juan. Se sabe que, al final del primer siglo de nuestra era, algunas comunidades cristianas (entre ellas aquella a la que se dirige el evangelio) eran discriminadas y perseguidas. En este clima difícil muchos seguidores de Jesús (cristianos) caían en el desánimo y se retiraban de las comunidades, para asumir otros estilos de vida. Les parecía que en ese clima, seguir a Jesús no era posible, sentían que la propuesta de Jesús era demasiado exigente, muy radical (Aún hoy, buscamos – al interior de la iglesia – un cristianismo más light, más “flexible”, pero confundimos flexibilidad con incoherencia y con falsa negociación). En ese contexto entendemos la reacción de algunos de los oyentes de Jesús en el episodio narrado: “Estas palabras son duras, ¿quién puede escucharlas?”

 

Sin embargo, hay otras personas (otro grupo de seguidores) que – a pesar de sus limitaciones y fragilidades – están dispuestas a seguir a Jesús hasta las últimas consecuencias. Este grupo – representado por Pedro en el relato – ha percibido que en Jesús hay algo especial, que en Él se revela el verdadero amor de Dios, que su testimonio y su praxis son coherentes con la propuesta que les hace, que sus palabras tienen un poder transformador. Ellos responden (a través de Pedro): “¿A quién iremos, Señor? Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”

 

Algunas preguntas pueden ayudarnos en nuestra meditación:

 

1)         ¿Estoy dispuesto a confrontar mis proyectos, deseos y búsquedas con la propuesta del Reino de Dios que me hace Jesús?

 

2)         ¿He meditado seriamente sobre la propuesta que Jesús me hace de transformarme en servidor de los demás?

 

3)         ¿En cuáles aspectos considero que la propuesta de Jesús es demasiado exigente para mí?

 

4)         ¿Cuáles son los miedos que tengo de dejarme habitar por el Espíritu de Jesús?

 

5)         Decir: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna” supone que conozco las palabras de Jesús (sus enseñanzas) y las he sopesado. ¿Lo he hecho realmente?

 

6)         ¿He percibido el profundo respeto que Jesús tiene por la libertad de sus interlocutores y al mismo tiempo la claridad con la que les habla?

 

7)         Algunos se apartan de Él; otros continúan con Él. ¿Qué razones fundamentan mi permanencia con Jesús?

 

La decisión de seguir a Jesús no es algo que funcione de manera automática y tampoco depende de una especie de inercia espiritual. Una vez tomada la decisión de seguirlo, ella debe ser cultivada, alimentada, revisada periódicamente y reforzada permanentemente.  Esta es la propuesta de este domingo. 

 

 

 Terminemos nuestra reflexión orando con el…


 

Salmo 33

Rta: Gustad y ved qué bueno es el Señor

 

Bendigo al Señor en todo momento, / su alabanza está siempre en mi boca; / mi alma se gloría en el Señor; / que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

 

Los ojos del Señor miran a los justos, / sus oídos escuchan sus gritos; / pero el Señor se enfrenta con los malhechores, / para borrar de la tierra su memoria. R.

 

Cuando uno grita, el Señor lo escucha / y lo libra de sus angustias; / el Señor está cerca de los atribulados, / salva a los abatidos. R.

 

Aunque el justo sufra muchos males, / de todos lo libra el Señor; / Él cuida de todos sus huesos, / y ni uno solo se quebrará. R.

 

La maldad da muerte al malvado, / y los que odian al justo serán castigados. / El Señor redime a sus siervos, / no será castigado quien se acoge a Él. R.




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