Domingo 20 del Tiempo Ordinario Ciclo B

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 20 del  Tiempo Ordinario Ciclo B, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2015, corresponde al Domingo 16 de Agosto.




Dios quiere ofrecer a la humanidad el pan de vida plena y definitiva. En la perspectiva cristiana ese pan de vida es Jesús. Se trata de una propuesta de Dios para todos. Las personas deberán hacer su opción y, quien haya optado por Jesús, deberá buscar ser congruente con su decisión.



Proverbios 9,1-6

Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado



La sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: "Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia.""

 

 

Te comparto algunas reflexiones acerca de la lectura anterior:


El libro de los Proverbios es una colección de dichos, sentencias y proverbios que expresan la experiencia de algunos sabios del antiguo pueblo de Israel.  Esa experiencia, trabajada desde la reflexión y la fe, produjo una sabiduría especial. Esta capacidad de reflexionar sobre lo vivido y extraer de allí lecciones de vida que se formulan en frases cortas es una experiencia común a todos los pueblos. El libro de los Proverbios es una muestra de la sabiduría del pueblo de la Biblia. Preguntémonos: ¿Hemos creado en nosotros el hábito de reflexionar sobre lo vivido y aprender de ello?

 

El objetivo de esa sabiduría es ayudar a la(s) persona(s) y al pueblo a caminar en la vida, siempre en comunión con Dios y en armonía con los demás humanos y con toda la creación.   Por tanto, la sabiduría tiene una finalidad práctica: contribuir a la adecuada convivencia entre las personas y al logro de la felicidad y la realización personal. ¿No estamos necesitados todos de la sabiduría? ¿Hemos pensado en la calidad de nuestras relaciones con Dios, con las personas y con la naturaleza? ¿No es necesario, acaso, expandir la espiritualidad para que abarque – en la vida práctica – la preocupación ecológica?

 

La sabiduría debe ayudar a la persona a vivir sin traumatismos ni sobresaltos que destruyan su armonía interior y la incapaciten para vivir con los demás. La sabiduría ayudará, sin duda, a cada persona a descubrir, interiorizar y consolidar los criterios, valores y actitudes necesarios para orientar su vida y para convivir de manera creativa en la comunidad de la cual forma parte.

 

En el texto propuesto, la Sabiduría es presentada como si fuese una mujer que construye una casa y prepara un banquete para unos invitados. Notemos que, nuevamente, aparece en la liturgia el tema de la comida y, ligado a él, el problema del hambre. Los invitados al banquete, preparado por doña Sabiduría, deben tener hambre. Pero esta vez se trata de hambre de Dios, de vida, de amor, de aprender a vivir y a convivir. Ya no se trata de comida material (como el maná que fue dado al pueblo de Israel, en el desierto,  durante su peregrinación hacia la tierra prometida, para evitar que sucumbiera en la travesía). Ahora de lo que se trata es de comida espiritual, que se transforma en Sabiduría. ¿Buscamos la sabiduría? ¿Qué idea tenemos de la Sabiduría? ¿Dónde la buscamos? ¿Hay una sabiduría espiritual? ¿En qué consiste eso que llamamos “Sabiduría Divina”?

 

El libro nos presenta una especie de antítesis entre la Sabiduría y la Necedad (o Insensatez). La Señora Sabiduría invita a todos (pero particularmente a los insensatos) al banquete que ha preparado. Recordemos que la comida es una experiencia y un lugar de encuentro y de convivencia. Por tanto, esta invitación es una experiencia de aprendizaje. La vida es – al mismo tiempo – aprendizaje para quien está despierto, para quien está atento, para quien quiere aprender. Quien vive dormido y/o distraído camina sin aprender. Ahora bien, es clave no confundir Sabiduría con Conocimiento. Se puede tener muchos conocimientos sobre algo (sobre una disciplina científica, por ejemplo), pero no tener la sabiduría para usar esos conocimientos adecuadamente. El conocimiento sin sabiduría mata.

 

La verdadera sabiduría ayuda al ser humano a tomar decisiones acertadas. En la vida la toma de decisiones es una experiencia fundamental. Es necesario aprender a decidir, a tomar una decisión, a fundamentarla, a ser coherente con la decisión tomada, a revisar la decisión y su ejecución. Nadie puede vivir sin decidir y decidir exige formar la conciencia, educarnos en el discernimiento, estructurar una adecuada y razonable escala de valores. Siempre estamos llamados a decidir. Con frecuencia nos enfrentamos al problema: Debemos decidir, hay varias posibilidades, pero ¿cuál es la opción correcta? No nos referimos aquí a las opciones menudas, sino a las decisiones de fondo, las que dan una orientación y un sentido a la existencia. 

 

Según lo dicho anteriormente, el ser humano puede optar por la Sabiduría (ella lo llevará a la felicidad, le asegurará armonía y paz interior, le ayudará a tener una dirección) o por la Insensatez (que lo llevará al fracaso, que le traerá muchas desgracias, que lo destruirá). Pero cada uno debe tomar su propia decisión y correr con las consecuencias de la misma. En eso cada persona es irremplazable.

 

Notemos que en el texto, a través de un lenguaje simbólico, la señora Sabiduría construye una casa que tiene 7 columnas. No es casualidad. Recordemos que en la Biblia el número 7 es símbolo de plenitud y de perfección (recordemos que en el relato de multiplicación de la comida se trata de 5 panes y 2 peces = 7). Al aplicar esto a la Sabiduría entendemos que ella tiene la capacidad de conducir al ser humano a su perfección, a la plenitud de su realización. Recordemos que - siglos más tarde - san Pablo dirá de Jesucristo que él es Fuerza de Dios y Sabiduría de Dios (para los que creen).

 

Ahora bien, ¿quiénes son los destinatarios de la invitación de Doña Sabiduría? Todos. Nadie debe sentirse excluido del banquete.  Nadie debe – llevado por su orgullo, por su soberbia y por su autosuficiencia – pensar que no necesita aprender, que no está necesitado de Sabiduría.  De hecho, pensar de esta manera es una insensatez.  Por tanto, se espera que estos invitados tengan tres actitudes fundamentales: confianza, humildad y deseo de aprender. Una persona con estas actitudes es lo que la Biblia llama “pobre”: son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios, que confían en Él y que se acercan a Él para “aprender”.  Esto es lo que Jesús plantea a sus discípulos cuando los llama a seguirlo. ¿Mantengo ante Dios una actitud de confianza, de humildad y de deseo de aprender?

 



Efesios 5,15-20

Daos cuenta de lo que el Señor quiere



Hermanos: Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.



Te comparto algunas reflexiones acerca de la lectura anterior:

 

Continuamos leyendo la Carta de san Pablo a los Efesios. Recordemos que se trata de una carta que el apóstol envió desde la prisión (muy probablemente en Roma) a diversas comunidades de Asia menor. Pablo exhorta a los bautizados a vivir según la vocación que recibieron: ser bautizado es recibir una vocación, un llamado a vivir a la manera de Jesús y a realizar en la vida una misión).

 

En el lenguaje propio de Pablo, los cristianos han sido sellados con el Espíritu Santo para vivir un proceso de transformación: se trata de abandonar el ser humano viejo (es decir, llevado por el egoísmo) y revestirse del ser humano nuevo (que es aquel que habitado por el Espíritu se pone al servicio del amor).

 

San Pablo percibió que en las comunidades fundadas por él se habían instalado la monotonía, la tendencia a la comodidad y un cierto espíritu de “componenda” con el ambiente. Quizá nos suceda lo mismo hoy. San Pablo reacciona y advierte a todos que el cristiano debe estar “despierto” espiritualmente, para no dejarse arrastrar por estas realidades y permanecer fiel a Cristo y a su propuesta. Esta lectura es, sin duda, un llamado a examinar y a evaluar nuestra manera de comprender el bautismo: ¿Qué significa ser cristiano? ¿Qué significa ser de Cristo?

 

Pablo sabe que el cristiano puede perder su camino, puede extraviarse, puede enfriarse, puede volverse superficial, puede acomodarse, por eso advierte: “No se embriaguen bebiendo vino, que es causa de lujuria. Mejor, llénense de Espíritu Santo”. El texto termina con una invitación a la oración, a la alabanza, a la acción de gracias. Sin duda, esta lectura es una buena ocasión para examinar nuestra experiencia personal de oración y nuestra gratitud hacia Dios.

 

Como vemos, esta segunda lectura está conectada con la primera, pues para vivir de acuerdo a la vocación que hemos recibido, los cristianos necesitamos sabiduría. Sin sabiduría no se puede cuidar lo que se ha recibido, es decir, el amor de Dios en Jesucristo.


Igualmente, el tema de la OPCIÓN  está muy presente. Pablo insiste en que cristiano es aquel que ha optado por Jesucristo y vive de manera consciente y responsable esta opción de vida.  El texto se centra en la calidad del comportamiento del cristiano. Por eso Pablo puntualiza: “Miren bien como proceden”. El comportamiento de la persona está íntimamente ligado a la presencia o ausencia de sabiduría. Y Pablo se refiere a la Sabiduría que procede de Dios, aquella que sólo procede del Espíritu Santo. (Quien quiera profundizar en este tema puede leer los capítulos 6 a 8 de la carta a los Romanos).

 

Esta comunión con el Espíritu Santo es clave, pues sólo quien está en comunión con este Espíritu y se deja conducir por Él podrá comprender lo que Dios quiere. Por eso Pablo escribe: “…procuren comprender cuál es la Voluntad del Señor”. Esta orientación es también para nosotros.

 



Juan 6,51-58

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida



En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo." Disputaban los judíos entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Entonces Jesús les dijo: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre."



Te comparto algunas reflexiones acerca de la lectura anterior:

 

El texto que nos ocupa es continuación del texto que hemos venido meditando los últimos dos domingos. Jesús está – según el evangelista – en la sinagoga de Cafarnaum, enseñando. Su enseñanza se hace a través de un largo discurso (discursos largos que son una característica del evangelio de Juan). Se trata del “Discurso del Pan de Vida”.

 

En esta parte del discurso el evangelista invita a los oyentes a comer su carne y beber su sangre. Recordemos que carne y sangre simbolizan la totalidad de la existencia (así como cielo y tierra simbolizan la totalidad de lo creado). Por tanto, para el discípulo, comer la carne y beber la sangre (Eucaristía) significa acoger la existencia de Jesús, interiorizarla y comprometerse con ella, al punto de transformarse en continuador de la vida de su Maestro. Esto es lo que, en realidad, hacemos en la Eucaristía. Pero hay que ser cada vez más concientes de ello. Comer y beber son dos acciones que indican un movimiento de fuera hacia dentro (se trata, entonces, de la interiorización de la existencia de Jesús por parte del creyente).

 

El discurso sobre el Pan de Vida pronunciado por Jesús se sitúa en el contexto de una multitud que busca a Jesús, pero lo buscan porque lo han visto multiplicar los panes y pescados (es decir, lo han visto hacer algo especial con la comida material). Pero la gente se ha quedado en este nivel. Por eso Jesús les dice: “Ustedes me buscan porque les he dado pan (material). Busquen el alimento que no perece…”

 

Lo más importante de esta parte del discurso es que Jesús – que ha hablado de un Pan de Vida que Dios ofrece – da un paso más: se presenta Él mismo como ese pan: “Yo soy el Pan de Vida, que ha bajado del Cielo”. Acto seguido, Jesús comienza a decir qué sucederá a quien coma (interiorice) ese pan (esa existencia), es decir, lo que sucederá con el verdadero discípulo:

 

  • Vivirá eternamente,
  •  Tendrá vida en él,
  • Tendrá la vida eterna,
  • Resucitará el último día,
  • Permanecerá en mí,
  • Vivirá por mí.  

 

En el texto aparece la palabra carne. La palabra “carne” designa la realidad humana, la condición humana, incluso afectada por su fragilidad y su caducidad. Ahora bien, fue precisamente en la “carne” (es decir, en su condición humana), que Jesús se manifestó y reveló el amor de Dios. Fue en y desde su condición humana que Jesús amó hasta el extremo, hasta entregar su vida (en la cruz). Desde esta perspectiva, uno de los principales retos que tenemos (como seres humanos y como creyentes) es acoger nuestra condición humana de manera creativa y, desde ella, ser reveladores y comunicadores del amor de Dios.

 

Es en esta carne (es decir, en su propia condición humana) que Jesús se entregó (y alimentó) a la humanidad, para que el mundo tenga vida. Así lo expresa en el mismo Evangelio: “Yo he venido para que tengan vida en abundancia” (Jn 10,10). Eso es lo que Jesús promete dar (presentándose como Aquel que da “su carne por la vida del mundo”).


Los interlocutores de Jesús dejan notar su incomprensión: “¿Cómo podrá este darnos a comer su carne?”. De hecho, no han entendido bien (lo mismo puede sucedernos también a nosotros). Al no saber interpretar las palabras de Jesús, ellos (y también nosotros) corren (corremos) el riesgo de pensar que se trata de un acto de antropofagia, pero Jesús está hablando (metafóricamente) desde un horizonte espiritual, trascendente y existencial.  Es esta perspectiva trascendente la que permite captar el verdadero sentido de la Eucaristía en la que se nos da a Jesús a través del pan (del que se dice que es su cuerpo) y del vino (del que se dice que es su sangre). ¿Cómo celebramos la Eucaristía? ¿Comprendemos lo que celebramos?

 

 

Terminemos nuestra reflexión, orando con el…




Salmo 34 (33)

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

 

Bendigo al Señor en todo momento, / su alabanza está siempre en mi boca; / mi alma se gloría en el Señor: / que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

 

Todos sus santos, temed al Señor, / porque nada les falta a los que le temen; / los ricos empobrecen y pasan hambre, / los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

 

Venid, hijos, escuchadme: / os instruiré en el temor del Señor; / ¿hay alguien que ame la vida / y desee días de prosperidad? R.

 

Guarda tu lengua del mal, / tus labios de la falsedad; / apártate del mal, obra el bien, / busca la paz y corre tras ella. R.




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