Domingo 17 del Tiempo Ordinario Ciclo B

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 17 del  Tiempo Ordinario Ciclo B, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2015, corresponde al Domingo 26 de Julio.




La liturgia  de este domingo insiste en la preocupación de Dios por saciar el hambre que afecta la vida de la humanidad. Hambre material, pero también hambre espiritual. Los textos subrayan la importancia de aprender a compartir, a distribuir, a llevar en el corazón a aquellos que no tienen. El profeta Eliseo, al compartir el pan que le fue ofrecido nos sugiere que Dios viene al encuentro de los necesitados a través de nuestras acciones animadas por la generosidad. El Evangelio repite el mismo tema situándonos en medio de una multitud hambrienta que necesita ser alimentada. Esta situación exige de nosotros voluntad para compartir y estrategia para organizarnos en nuestra acción solidaria. Jesús espera que sus discípulos abandonen la lógica del egoísmo y asuman la lógica de la compasión, la solidaridad y el compartir efectivo. Para completar esta visión de generosidad que debe acompañar la vida del cristiano, san Pablo, en la segunda lectura, recuerda a los cristianos algunas exigencias de la vida cristiana.  Nos recuerda la importancia de la humildad, la mansedumbre y la paciencia.




2 Reyes 4,42-44

Comerán y sobrará

 

En aquellos días, uno de Baal-Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo: "Dáselos a la gente, que coman." El criado replicó: "¿Qué hago yo con esto para cien personas?" Eliseo insistió: "Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará." Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor.

 

 

Algunas reflexiones

 

Las tradiciones proféticas sobre Elías y Eliseo se refieren a un periodo bastante conturbado de la vida del reino del Norte (Israel).

 

El profeta Elías ejerció su misión durante los reinados de Acab y Acazías. Estamos en el siglo IX antes de Jesucristo. El profeta Eliseo sucedió a Elías y ejerció su misión en la segunda mitad del siglo IX y los primeros años del siglo VIII antes de Cristo, durante los reinados de Jorán, Jehú y Joacaz.

 

Como es normal, los reyes de Israel buscaron siempre establecer relaciones comerciales, políticas y militares con los pueblos vecinos. Sin embargo, estas relaciones tuvieron algunas consecuencias negativas a nivel religioso y social: sincretismo religioso, infidelidad a Dios, olvido de la alianza con Dios, aumento en la cantidad de pobres y maltrato contra el pobre. Es una época de relajamiento y negligencia espiritual. Algunos cultos (especialmente a los dioses Baal y Astarté) se apoderaron del corazón de muchos Israelitas.

 

A nivel social se multiplicaron las injusticias contra los pobres, que en la tradición religiosa israelita son muy importantes, ya que ellos están en el centro de las preocupaciones de Dios.

 

Es contra este cuadro de injusticia social y de superficialidad religiosa que los profetas Elías y Eliseo protestan. Elías está interesado en que el pueblo no pierda sus valores religiosos tradicionales: la pureza de la religión Yahvista (que no admite culto a otros dioses) y la solidaridad que debe existir en una sociedad que se quiere igualitaria.

 

El profeta Eliseo continúa la misión de Elías. Eliseo –que aparece en la primera lectura- hacía parte de una comunidad profética que vivía pobremente (2 Re 4, 1-7) y seguían fielmente a Yahvé. Parece que el pueblo consultaba esta comunidad de profetas y buscaba su apoyo para resolver las situaciones de abuso de los poderosos.

 

Del texto propuesto en la primera lectura podemos destacar los siguientes aspectos:

 

1.     La generosidad: este hombre campesino del que habla la lectura no piensa en sí mismo. Cuando obtiene su primera cosecha y fabrica pan, lleva una parte del mismo (20 panes de cebada) al profeta Eliseo. Este campesino piensa en los otros, sabe que no existe solo en el mundo. Es claro que estos 20 panes no acabarán con el problema del hambre del pueblo, pero es un símbolo de la solidaridad que puede haber en la sociedad donde el pobre es maltratado.

 

2.     El profeta recibe el don (de manos del campesino), pero piensa inmediatamente en la gente (el pueblo): él sabe que ésta donación no es para su provecho personal. Es para compartirla y por eso piensa en aquellos que como él también tienen hambre. La generosidad se transforma así en una especie de movimiento en expansión.

 

3.     Si hay disposición para compartir, entonces siempre habrá algo que se pueda dar y nadie quedará sin su parte, aunque sea pequeño. Nadie quedará con las manos vacías. Dicho de otra manera: el amor no tiene límite y no se acaba.

 

4.     Debemos preguntarnos: ¿Cómo es que Dios actúa para saciar el hambre presente en la vida de los hombres? Una cosa es clara: no es haciendo magia. Dios actúa de una forma mucho más simple y clara: a través de la mediación humana. Dios procura tocar la conciencia y el corazón de las personas para que actúen solidariamente. Algunas personas perciben esta acción de Dios y se dejan arrastrar por ella. Otras, viven encerradas en su egoísmo y no perciben ni siquiera la necesidad de los otros. No esperemos gestos mágicos o espectaculares. El gesto debe salir de nosotros mismos. Se trata del movimiento de nuestro corazón y de nuestras manos. Eso es lo maravilloso que debe suceder. El problema no es de magia sino de compartir.

 

Este relato nos sitúa delante de una sucesión de gestos que revelan generosidad y voluntad de compartir. Y nosotros, ¿somos capaces de hacerlo?

 

La milagrosa multiplicación de los panes sugiere que cuando el ser humano es capaz de salir de su egoísmo y tiene disponibilidad para compartir los dones recibidos de Dios, esos dones llegan a todos y hasta sobran. Es esta expansión de solidaridad lo que debemos construir permanentemente en el mundo. Si vivimos en un mundo donde hay personas que ganan en un año lo que otras no podrían ganar en toda su vida es porque algo anda muy mal en el funcionamiento de nuestra sociedad.

 

Debemos comprender que la generosidad, el compartir y la solidaridad no nos empobrecen, sino que son generadores de vida y de auténtica convivencia humana.

 

Sin duda, este relato del Antiguo Testamento sirvió de inspiración a los autores del Nuevo Testamento para, a partir de la praxis de Jesús, redactar algunos relatos evangélicos que conocemos como relatos de multiplicación de panes (cf. Mc 6,34-44; 8,1-10; Mt 14,13-21; 15,32-38; Lc 9,10-17).

 



Efesios 4,1-6

Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo

 

Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

 

 

Algunas reflexiones

 

La carta a los Efesios fue una carta circular enviada por Pablo a varias comunidades cristianas de la parte occidental de Asia menor, de la cuál hacía parte la comunidad cristiana establecida en la ciudad de Éfeso.

 

Esta carta fue escrita en un tiempo en que Pablo estaba en prisión, posiblemente en Roma, entre los años 61 y 63 después de Cristo.

 

Es una hermosa catequesis sobre la vida cristiana y sus exigencias. Algunos autores consideran la carta a los Efesios como una especie de síntesis del pensamiento de san Pablo.

 

El texto de hoy es una exhortación a los bautizados, en la cual Pablo reflexiona sobre la edificación y el crecimiento de la iglesia, la cual es para el apóstol concebida como cuerpo de Cristo (que vendría a ser su cabeza). Usando un lenguaje concreto, Pablo da pistas a los cristianos acerca de cómo ellos deben vivir. Existe, pues, un modo cristiano de vivir, un estilo de vida cristiano.

 

San Pablo nos dice que está preso por causa de Jesucristo y del Evangelio. Esta indicación del apóstol expresa el compromiso total que él ha abrazado con Jesús. Pablo es alguien que vive seriamente la propuesta de Jesús y la alianza que ha hecho con Él, al punto de arriesgarlo todo. ¿Cómo es nuestro propio compromiso?

 

Algunos aspectos de este texto pueden ayudarnos a meditar:

 

1.     La seriedad con que vivimos la vida cristiana.

 

2.     Nuestra capacidad para asumir compromisos de larga duración.

 

3.     La necesidad de comprender que la vida cristiana no debe ser reducida a ritos mecánicos ni a prácticas litúrgicas desligadas de la vida. La vida cristiana pide un estilo de vida acorde con los valores de Jesús.

 

4.     Las tres actitudes recomendadas por Pablo son claves: Humildad, mansedumbre y paciencia. ¿Cuál es el lugar que ocupan ellas en nuestra vida? La humildad nos permite superar el egoísmo, el orgullo y la autosuficiencia. La mansedumbre derrumba las barreras que construimos y que impiden la comunión. Y la paciencia nos permite ser más tolerantes y comprensivos para con las fallas, fragilidades y diferencias (las propias y las de los otros). Se trata de que el amor presida las relaciones que establecemos con los demás. El amor debe ser siempre el fundamento.

 

5.     Es importante trabajar por la unidad y por la paz en todos los ambientes donde nos encontremos: familia, barrio, grupo, trabajo, etc. ¿Somos constructores de unidad o, por el contrario, somos instrumentos de división? ¿Cómo entendemos y actuamos la paz? La unidad y la paz son, al mismo tiempo, dones de Dios y tarea humana. Esta unidad que nos propone Pablo no está justificada solo desde el punto de vista antropológico, sino que tiene una fundamentación teológica. Por eso Pablo presenta un conjunto de elementos que fundamentan la obligatoriedad de la unidad: hay un solo cuerpo y un solo espíritu; una sola esperanza, un mismo bautismo, un solo espíritu, un solo Señor… un mismo Dios. ¿Qué podemos decir de al respecto de la unidad cuando constatamos, al interior de la Iglesia, tantas divisiones que ponen los intereses particulares por encima de la comunión del cuerpo que es la Iglesia?




Juan 6,1-15

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron

 

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Lo decía para tentarlo, pues bien sabía Él lo que iba a hacer. Felipe contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo." Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo." Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña Él solo.

 

 

Algunas reflexiones

 

El texto de hoy vuelve sobre el problema de la multitud hambrienta que busca a Jesús. Hambre física y hambre espiritual. La intención del evangelista es afirmar que Jesús es el verdadero Pan de Vida, porque es el pan que Dios da (el pan que ha bajado del cielo).

 

Alimentado con este pan que Dios da (pan que es Jesús) el ser humano puede ser restaurado, fortalecido, recreado. Con Jesús dentro puede nacer el hombre nuevo, liberado del egoísmo y del pecado.

 

Notemos que en la narración el evangelista Juan tiene una clara intención, pues –en términos cronológicos- la acción de Jesús es situada cerca de la Pascua, que es la fiesta más importante del calendario religioso judío y que celebra la liberación del pueblo de la opresión de Egipto.

 

Hay una relación estrecha entre este texto del evangelio de Juan y la liberación del pueblo de Israel narrado en el libro de Éxodo. Hay un paralelo entre Moisés (liberador del pueblo en el Antiguo Testamento) y Jesús (nuevo y supremo liberador).

 

Notemos que los dos (Moisés y Jesús) suben al monte. El monte nos sitúa en relación directa con la Alianza. De lo que se trata es de entrar en la nueva alianza que Dios nos propone en la persona de Jesús. Es una alianza de Amor, que pide fidelidad y compromiso personal.

 

El evangelista Juan quiere presentar la praxis de Jesús como una acción liberadora que busca hacer pasar al pueblo (la humanidad) de la esclavitud del egoísmo a la libertad de la donación. Por eso aparece la alusión a la Pascua, que es el paso de Dios que libera. Si Dios liberó antes al pueblo de Israel de la esclavitud del faraón, Dios libera hoy, de una manera más plena, a la humanidad del egoísmo.

 

El texto de Juan comienza con una referencia al paso del mar (atravesar el lago). Recordemos que el mar (o el lago) simbolizan el mal. Atravesar el lago es enfrentarse al mal para vencerlo. También en el Antiguo Testamento Moisés ayuda al pueblo a pasar el Mar Rojo para liberarse de las manos del faraón opresor (cf. Ex 14,15-31). Luchar contra el mal es una tarea históricamente inagotable.

 

Los dos personajes (Moisés y Jesús) son buscados por la multitud. No es solo este pueblo o aquél, sino toda la humanidad que es esclava, que está enferma y que necesita ser liberada.

 

La multitud que sigue a Jesús tiene hambre y no tiene qué comer. La referencia a esta hambre nos conecta nuevamente con el libro del Éxodo, pues en el desierto, el pueblo hambriento clamó a Moisés y Dios les concedió el Maná.

 

Es interesante la alusión que Juan hace de la actividad de Jesús como sanador. El término griego ASTHENÉS (enfermos) designa a alguien que está en una situación extrema de debilidad. ¿Quién no ha experimentado debilidad en su vida?  ¿No vivimos, acaso, en una sociedad y en un planeta enfermos?

 

Tanto Moisés en el Antiguo Testamento como Jesús en el Nuevo Testamento están atentos a percibir las necesidades de la gente. Percibir las necesidades de los demás, captar el sufrimiento de los otros (y no solo el propio) e intentar dar respuesta efectiva es un ejercicio que debe hacer parte de la vida de todos los seres humanos. ¿Nos educamos para ello?

 

Notemos que Jesús propone una pregunta a Felipe (que representa a los discípulos). La pregunta, tal como es propuesta, busca que los discípulos no se sientan ajenos ni ausentes del problema (del hambre de la gente).  Jesús quiere que sus discípulos (los cristianos, la Iglesia toda) asuman el problema como propio. Las cosas podrían formularse de la siguiente manera: ¿cómo es que los cristianos nos vamos a organizar para ayudar a aquellos que sufren y que pasan necesidades? Interesante cuestión. ¿No hablamos en la iglesia de Pastoral Social? ¿Cuántos cristianos están realmente comprometidos en ella?  ¿No estamos necesitando revisar urgentemente nuestros estilos de vida y los modelos económicos que rigen nuestra sociedad?

 

En el relato aparece la figura de un niño que tiene algunos panes y peces. ¿Por qué Juan insiste en hablar, en este relato, de un niño? La figura del niño es significativa: él representa la debilidad, pero también la capacidad de compartir.  En este contexto concreto del Evangelio de Juan el niño representa tanto la debilidad de los discípulos de Jesús (que deben asumir el problema pero que no tiene ni claridad ni recursos) y las enormes carencias de la multitud (de la humanidad).

 

Otro elemento clave es el número total que surge de la suma de panes y peces (que tiene el niño): se trata de 7. El número 7 significa totalidad y plenitud. Lo que Juan quiere decirnos a través de esté símbolo matemático es que la experiencia del compartir la totalidad de lo que hay la comunidad, puede dar respuesta a la carencia que ella misma experimenta y que otros (fuera de la comunidad) tienen. Si todos nosotros compartiéramos, la vida de todos (es decir, la humanidad) sería diferente.

 

Juan quiere, además, subrayar la actitud de Jesús (que debe ser la de todos los cristianos) al bendecir los alimentos. Con esta bendición (que es una acción de gracias) Jesús reconoce que los bienes son dones que provienen de Dios y que, por serlo, deben circular para que lleguen a todos. La idea es que nadie quede excluido. ¿No es la exclusión uno de los mayores problemas de la sociedad moderna?

 

Hay otro elemento importante: un primer grupo come y quedan muchas sobras. La orden de Jesús es clara: que nada se desperdicie. Estas sobras pueden ser el inicio de una nueva abundancia. Es preciso multiplicar nuevamente el amor para que el pan también se multiplique. Si el amor se apaga no se producirá el compartir, no habrá solidaridad, no habrá milagro. Las sobras se recogen y aparecen 12 canastos llenos. Recordemos que el número 12 significa totalidad (12 tribus, 12 apóstoles, 12 puertas del templo, etc.). Nadie debe quedar excluido. Todos tienen derecho a comer.

 

El texto termina con el reconocimiento que la multitud hace de Jesús. A través del gesto de la multiplicación de los panes y peces todos comprenden quién es Jesús: Él es el verdadero Mesías, aquel que Dios envió. Él es el pan vivo que bajó del cielo para alimentar a la humanidad, para saciar sus anhelos más profundos de realización, de amor.  Esto es lo que celebramos en cada Eucaristía. La invitación de esta liturgia es para renovar nuestra fe en Jesús y para confirmar nuestro compromiso solidario con la humanidad. No lo olvidemos.     

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el …




Salmo 144

Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

 

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, / que te bendigan tus fieles; / que proclamen la gloria de tu reinado, / que hablen de tus hazañas. R.

 

Los ojos de todos te están aguardando, / tú les das la comida a su tiempo; / abres tú la mano, / y sacias de favores a todo viviente. R.

 

El Señor es justo en todos sus caminos, / es bondadoso en todas sus acciones; / cerca está el Señor de los que lo invocan, / de los que lo invocan sinceramente. R.




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