Domingo 17 del Tiempo Ordinario Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 17 del  Tiempo Ordinario Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 30 de Julio.



El mensaje de las lecturas de la Biblia propuestas para este domingo ponen el acento en las actitudes, la orientación y las prácticas que deben acompañar a aquellos que han creído en Jesús, que han apropiado su mensaje y han optado por el Reino de Dios.

 

Recordemos que, cuando se habla de Reino de Dios, se alude a la presencia y acción amorosa de Dios en la vida de las personas. Ahora bien, el cambio de actitudes y de prácticas está ligado a los valores que nos habitan. Lo que se nos propone es dejarnos habitar por los valores de Jesús de Nazaret.



Padre, ¡Tu Reino, tu presencia y tu acción amorosa y transformadora han llegado a mi vida!Padre, ¡Tu Reino, tu presencia y tu acción amorosa y transformadora han llegado a mi vida!



I Reyes 3,5.7-12

Pediste discernimiento

 

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: "Pídeme lo que quieras." Respondió Salomón: "Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?" Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: "Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti."

 

 

Algunas reflexiones

 

El libro de los Reyes pretende, a través de su manera de presentar al rey Salomón, mostrarnos cuál es el ideal de Rey, visto desde la fe en Dios: un rey humilde que reconoce su pequeñez; un rey espiritualmente sabio que puede discernir lo que conviene para permanecer unido a Dios y para cumplir sus responsabilidades; un rey pendiente, en primer lugar, de los intereses de Dios y no de sí mismo.

 

Pero, en realidad, Salomón ¿fue así? No lo sabemos. Parece que ninguno de los reyes del antiguo pueblo de la Biblia fue así. Siempre hay una cierta distancia (poca o mucha) entre el ‘ideal’ y la ‘realidad’.  Lo mismo nos sucede en la vida cristiana: estamos llamados a la ‘santidad’, pero siempre nos quedamos cortos ante este proyecto. El totalmente santo es Dios. Pero podemos esforzarnos para vivir esta santidad; podemos apoyarnos en Jesús, en el Espíritu Santo y en el ejemplo de muchos ‘santos menores’ que han desfilado por la historia humana.  

 

Recordemos, además, que no hay que confundir las estructuras monárquicas humanas (como, por ejemplo, la monarquía en tiempo de Salomón u otras monarquías aún existentes) con el Reino (o Reinado) de Dios.

 

Recordemos que – con frecuencia- Jesús dijo que su Reino no era de este mundo. Con esto quiso decir dos cosas:

 

  • 1) Que no es que el Reino de Dios no estuviera presente en la historia humana, sino que no se originaba en las ansias de poder que frecuentemente anima los reinos políticos humanos (ansias de poder que son muy ‘de este mundo’;

 

  • 2) Que los criterios de funcionamiento de ese Reino-Reinado de Dios eran diferentes de las monarquías humanas. Estas (las monarquías humanas) funcionan movidas por la ambición; suele carecer de escrúpulos; padece de deficiencias éticas y suele recurrir a la violencia. Aquel (el Reino de Dios) funciona desde el amor… Y el amor es ético, tierno, desprendido, generoso, servicial.      

 

Veamos algunos aspectos:

 

  • 1.     Pídeme lo que quieras: ¿Qué pedimos? Si lo que pedimos está en el horizonte del verdadero amor, Dios nos lo concederá. Algunas veces pedimos desde nuestro egoísmo, desde nuestro resentimiento o desde nuestra ansia de poder… No es que Dios no nos escuche este tipo de peticiones, es que no está dispuesto a responderlas porque se salen del ámbito del amor… Y Dios es sólo y plenamente amor.

 

  • 2.     Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?: Debemos pedir aquello que nos permita madurar y ejercer adecuadamente la misión que debemos realizar. 




 

Mateo 13,44-52

Vende todo lo que tiene y compra el campo

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. [El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí." Él les dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo."]

 

 

Algunos comentarios

 

Al hablarnos del Reino de Dios (entendido como la presencia y acción de Dios que ama y transforma) Jesús nos presenta la utopía que alimentó su vida y su paso por este mundo. Al contarnos qué es y cómo funciona el Reino de Dios, Jesús no solo nos mostró quien es Dios y quién quiere ser para y con nosotros, sino que nos reveló lo que el ser humano podría llegar a ser.  

 

Una vez que se ha descubierto el valor que tiene el Reino es necesario tomar una decisión. A través de las palabras de Jesús, el evangelista Mateo quiere decirnos que ‘ningún precio es demasiado alto’, pues el Reino de Dios es lo único que puede salvar y dar pleno sentido a la vida humana.  El Reino predicado por Jesús no es otra cosa sino el encuentro afortunado del ser humano con Dios; encuentro que penetra en todas las dimensiones de la vida; encuentro que integra todo (lo que hacemos, lo que sentimos, lo que pensamos, lo que deseamos); encuentro que transforma y llena de alegría; encuentro que sitúa a la persona en un nuevo horizonte de vida, en un nuevo modo de vivir.

 

Pero, al mismo tiempo, este Reino trae consigo una exigencia, que genera una cierta inseguridad, pues hay que tomar postura; hay que ‘venderlo todo’; hay que arriesgarse a ser incomprendido.   

 

“Aunque las dos primeras parábolas están construidas sobre el esquema de vender y comprar, su mensaje central es, precisamente, que en la vida hay cosas que pueden valer mucho más que todo eso que se compra y se vende... El dinero solo no hace la felicidad. Para un rey sabio (Salomón) el don de saber gobernar es más importante que las riquezas... Y para todo ser humano hay algo que es “más importante que todo lo demás”.

 

Las dos parábolas iniciales (del tesoro escondido y de la perla) nos enseñan que el Reino de Dios es la mayor riqueza para aquel que ha seguido y comprendido la propuesta de Jesús.  La tercera parábola deja claro que la oferta de Dios es para todos. Veamos:

 

  • 1.     Lleno de alegría: El Reino de Dios (su presencia y su acción amorosa) es algo capaz de producir una alegría extraordinaria, desbordante, incomparable.

 

  • 2.     Se va a vender todo lo que tiene y la compra: El Reino de Dios (su presencia y su acción amorosa) merece que lo arriesguemos todo.

 

  • 3.     Recoge toda clase de peces: El Reino de Dios es para todos; todos son invitados; todos pueden entrar en él, pero hay que optar por él y caminar en esa dirección. La vida es el plazo (kairós) y el espacio que se nos da para tomar esta decisión. Por eso se habla de un ‘al final del tiempo’.



 

Romanos 8,28-30

Nos predestinó a ser imagen de su Hijo

 

Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que Él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

 

 

San Pablo está hablando explícitamente de la vida cristiana. En el capítulo 8 de la Carta a los romanos nos dice que sólo podremos ser hijos de Dios si nos dejamos conducir por el Espíritu Santo.  Pablo afirma también que podemos llegar a alcanzar la condición gloriosa de Cristo Jesús. Pero para eso hay que situarse en el mismo horizonte en que se situó Jesús: el amor, el bien, el servicio, la justicia y la verdad. En eso consiste lo que Pablo afirma: llegar a ser ‘imagen de su Hijo’.  

 

  • 1.     A los que aman a Dios todo les sirve para el bien: La orientación del amor es hacia el bien, por tanto, todo aquello que esté orientado hacia el mal es contrario a Dios.

 

  • 2.     Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo: La propuesta y el llamado que Dios hace al ser humano es ser como Jesús. Jesús es el proyecto de humanidad (de ser humano) que Dios quiere.  

 

Para ayudar nuestra reflexión

 

  • 1.     Somos bautizados, pero ¿Hemos comprendido que ser bautizados es vivir en sintonía con el Reino de Dios?

 

  • 2.     ¿Es el Reino de Dios nuestro mayor tesoro?

 

  • 3.     La presencia y la acción de Dios ¿Son nuestra mayor alegría?

 

  • 4.     ¿Podría afirmar que me esfuerzo por configurar mi vida desde los valores del Reino propuestos por Jesús?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 119

¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

 

Mi porción es el Señor; / he resuelto guardar tus palabras. / Más estimo yo los preceptos de tu boca / que miles de monedas de oro y plata. R.

 

Que tu bondad me consuele, / según la promesa hecha a tu siervo; / cuando me alcance tu compasión, viviré, / y mis delicias serán tu voluntad. R.

 

Yo amo tus mandatos / más que el oro purísimo; / por eso aprecio tus decretos / y detesto el camino de la mentira. R.

 

Tus preceptos son admirables, / por eso los guarda mi alma; / la explicación de tus palabras ilumina, / da inteligencia a los ignorantes. R.



 

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