Domingo 16 del Tiempo Ordinario Ciclo B

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 16 del  Tiempo Ordinario Ciclo B, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2015, corresponde al Domingo 19 de Julio.



El objetivo de Dios con su acción salvadora es llevar a toda la creación hacia su plenitud, es decir, hacia la realización total de sus capacidades. En el lenguaje común y también en el ámbito de la educación usamos la palabra DESARROLLO para referirnos al proceso por el cual una realidad evoluciona con miras a alcanzar su plenitud. Es claro que en esta vida terrenal todo está en constante cambio y que – en el terreno del devenir humano – la plenitud permanece como un ideal que nos mueve, que buscamos, pero que no alcanzamos… Caminamos sin llegar a la meta TOTAL.

 

La liturgia de este domingo 16º está centrada en la preocupación de Dios por la humanidad (que Él considera su rebaño). Una humanidad que busca, que se mueve – a veces a tientas -, que anhela. Una humanidad que, con frecuencia, se queda sin pastor o que tiene unos pastores que no le sirven, que no le convienen, que no le responden.  Dios aparece profundamente preocupado por suscitar pastores dignos, que sean capaces de darse generosa y honestamente al pueblo (la humanidad). Esta donación de los pastores es clave, porque ella contribuye al DESARROLLO, al logro de la PLENITUD. En últimas, es para esto que existen los pastores (recordemos que la imagen del PASTOR en la Biblia, hace referencia a los líderes y responsables del pueblo. Líderes políticos, sociales, religiosos).   Ninguno de ellos se debe sentir dispensado de hacer su propia reflexión.

 

 

Jeremías 23,1-6

Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores

 

Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño -oráculo del Señor-. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: "A los pastores que pastorean mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones -oráculo del Señor-. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá -oráculo del Señor-. Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia."

 

 

Algunas reflexiones

 

En esta primera lectura, a través del profeta Jeremías, Dios denuncia y condena la actitud de los pastores indignos, que usan su cargo (que es un encargo), para aprovecharse del rebaño (de la gente). Denuncia a estos pastores porque están centrados en satisfacer sus propios intereses y en realizar sus proyectos personales, aunque para ello tengan que acabar con el pueblo. No buscan que el pueblo se DESARROLLE y  llegue a su PLENITUD sino su COMODIDAD.

 

Cuando hay escasez de pastores Dios mismo asume la tarea de serlo y se pone al frente del rebaño. Claro, no desplaza al ser humano de esta responsabilidad, simplemente suscita la aparición de nuevos pastores, de pastores verdaderos… Claro, en la historia no faltarán los OTROS PASTORES, que se buscan a sí mismos.

 

Pues esto fue lo que sucedió en la época del profeta Jeremías (es simplemente un espejo de lo que continúa sucediendo en muchos lugares del planeta).

 

Hay ausencia de VERDADEROS PASTORES. El vacío es grande. En los periódicos debería publicarse un aviso clasificado en el que se diga: “CONVOCATORIA: Se necesitan líderes auténticos, capaces de vivir y actuar en sintonía con el corazón de Dios y que encarnen en sus vidas los valores del Reino. Quien esté interesado en este puesto, buscar y hablar con Jesús de Nazaret.”

 

El profeta Jeremías nació en Anatot, hacia el año 650 a.C., y ejerció su servicio profético en el reino de Judá, desde el año 627 a.C., hasta – más o menos – el año 586 a.C., después de la destrucción de la ciudad de Jerusalén a manos de los babilonios. Reinaba en Judá el rey Josías, del cual la Biblia habla muy bien, pues quiso defender la identidad política y religiosa del pueblo y organizó una reforma religiosa profunda.

 

El profeta Jeremías, en su predicación, insistió en la conversión (del pueblo) y en la fidelidad a Dios mediante la vivencia seria de la Alianza.  La experiencia de fe es – en últimas – una alianza de amor. Después de la muerte del rey Josías subió al poder el rey Joaquín, que reinó entre los años 609 y 597 a.C. Fue un tiempo de olvido de Dios por parte del pueblo (comenzando por muchos de sus pastores). La consecuencia – según Jeremías – de este distanciamiento de Dios fue la proliferación de la desigualdad, de la injusticia, de la violencia contra el pobre. En este contexto,  el imperio babilónico, que extendía sus dominios, llegó a Judá, invadió el reino y sometió política, militar y económicamente lo que quedaba del antiguo reino de Israel. Esta desgracia fue anticipada, anunciada e interpretada por Jeremías como consecuencia del pecado del pueblo.

 

Babilonia invadió a Judá y deportó una buena parte de la población de Jerusalén (la clase dirigente). Al terminar el periodo del rey Joaquín, el reino de Judá (muy frágil ya) quedó en manos de Sedecías, que reinó muy poco (del 597 al 586 a.C.). Jeremías llamó al pueblo a la conversión, pero este (comenzando por sus dirigentes) no escuchó. Al contrario, lo persiguieron e intentaron matarlo.  Entre tanto, Nabucodonosor (rey de babilonia) invadió nuevamente la ciudad de Jerusalén (capital del reino de Judá),  destruyó el templo y deportó otra parte considerable de la población, la cual tuvo que acomodarse como pudo en Babilonia. Así comenzó una época de destierro que duró casi 40 años.

 

El texto propuesto como primera lectura hace referencia a esa etapa de confusión y desorientación nacional, en la cual el vacío de los pastores se siente (no hay líderes que respondan por el país y la corrupción de los líderes que tenían el poder es flagrante… La historia parece repetirse). Los líderes perdieron su rumbo, se corrompieron. Es por eso que – a través del profeta – Dios condena a los pastores corruptos, que no supieron cuidar al pueblo, que no respetaron la alianza y que – por causa de su proceder anti-ético – terminaron aprovechándose del rebaño y dispersándolo. El relato no es otra cosa sino una radiografía de la historia humana.

 

Algunos aspectos pueden ser meditados a partir de esta lectura:

 

1)          La alianza que tenemos con Dios,

2)          El perfil de líderes que necesita nuestro país y el mundo,

3)          La necesidad de profetas,

4)          La corrupción como fenómeno constante en la historia humana,

5)          La urgencia de la ética y de la reflexión ética,

6)          La necesaria experiencia de la conversión,

7)          La tensión entre el interés personal y el bien común,

8)          La relación entre la fe y la tarea de construir la sociedad,

9)          La revisión de los procesos de formación de los pastores, de los líderes (de todo orden),

 

La lectura contiene el anunció de la aparición de un líder – enviado por Dios – que colmará las expectativas del pueblo y que traerá la salvación. Siglos después de Jeremías, los primeros cristianos identificaron en Jesús de Nazaret a este líder, a este pastor.  




Efesios 2,13-18

Él es nuestra paz, Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa

 

Hermanos: Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en Él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en Él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

 

 

Algunas reflexiones

 

En la segunda lectura, san Pablo escribe a los cristianos de la comunidad fundada en la ciudad de Éfeso. En su carta Pablo insiste en la solicitud amorosa de Dios por la humanidad.  Esa solicitud lo llevó a revelarse plenamente en la persona de Jesús de Nazaret.  La entrega que hizo Jesús de su vida tuvo como objetivo salvar, reunir a la humanidad (rebaño) dispersa, unir lo que estaba separado irreconciliablemente por causa del egoísmo, reconstruir lo que había sido desfigurado por el pecado.

 

La carta a los Efesios parece haber sido una especie de Carta Circular que Pablo envió a varias iglesias de Asia Menor. Fue escrita cerca del año 58 d.C., cuando Pablo estaba encarcelado por causa de Jesucristo, es decir, por su compromiso con la evangelización.

 

El tema central de la Carta a los Efesios es lo que el mismo Pablo llama EL MISTERIO SALVADOR DE DIOS. Recordemos que la palabra MISTERIO significa – en las cartas de Pablo – EL PROYECTO QUE DIOS PROPONE A LA HUMANIDAD. Según Pablo, este proyecto fue manifestado (revelado) en la persona de Jesús, que es el TESTIGO FIEL del misterio y de su autor, es decir, DIOS.

 

Se destacan – en el texto - varios aspectos que pueden ayudarnos en nuestra meditación:

 

1)     Nadie está lejos del amor de Dios. En Jesús Dios se hace totalmente próximo, para que los humanos se aproximen entre sí y para que se acerquen a Dios.

2)     El paso de la idolatría a una experiencia de encuentro existencial con el verdadero Dios, revelado en Jesucristo.

3)     La pertenencia a la familia de Dios. Toda la humanidad es la familia de Dios, pero no todos los humanos toman conciencia de esa “familiaridad”, de ese vínculo.

4)     La entrega de Jesús como acontecimiento amoroso en el que Dios muestra su “metodología”: amar para acercar, amar para derribar barreras.

5)     El amor como criterio fundamental de la experiencia de fe. Ya no se trata de mirar qué religión, raza, color, condición social o afiliación política tiene el otro… Se trata de preguntarnos si somos capaces de amar.

6)     La capacidad de comprendernos como CUERPO: más allá de las diferencias todos los humanos constituimos una única familia y hacemos un solo cuerpo con la creación. El colapso de unos supone una pérdida para todos. Por eso debemos pensar y actuar más desde lo que nos une que desde lo que nos separa.




Marcos 6,30-34

Andaban como ovejas sin pastor

 

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: "Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco." Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

 

 

Algunas reflexiones

 

El Evangelio afirma con claridad que – desde la perspectiva cristiana – no hay vida sin misión. Nuestro paso por este mundo es para hacer algo constructivo.  Ahora bien, para el cristiano, la misión (cualquiera que sea) debe tener como referencia fundamental a Jesucristo.  Por eso los Evangelios (y en concreto este Evangelio de Marcos) nos habla del interesante proceso de formación que Jesús realiza con sus discípulos: los llama, para que estén con él, para que aprendan de él y para enviarlos en misión.

 

Lo primero que debe aprender el discípulo es que no debe apartarse del mundo ni considerarlo como una realidad inocua, por la cual no vale la pena trabajar.  El ser humano es el primer responsable del mundo (Dios se lo entregó), ya que él es el campo donde se realiza la misión. Es preciso amarlo, observarlo con agudeza, cuidarlo con delicadeza y transformarlo con respeto.

 

El Evangelio nos presenta el regreso de los discípulos (que habían sido enviados por Jesús en misión) para dar cuenta de lo que habían vivido y hecho. Es importante aprender a dar cuenta de lo que vivimos y hacemos…. No siempre se nos forma para esto.  Los apóstoles están entusiasmados, pero – al mismo tiempo – están cansados. ¿Quién piensa en el cansancio de los misioneros, de los evangelizadores, de los buenos pastores? Jesús los invita a descansar, a buscar un lugar solitario, a salir del “mundanal ruido”.  La búsqueda de la soledad, del silencio, de la calma es algo muy importante para el ser humano ¿Qué lugar ocupan estas realidades en nuestra vida?  ¿Buscamos estas realidades para descansar y para alimentar nuestro espíritu? ¿Sabemos descansar? 

 

En el texto, el evangelista nos dice que las multitudes descubren hacia dónde se dirige Jesús con su grupo. Lo cierto es que no pueden descansar. A través de este planteamiento el evangelista quiere insistir en la necesidad apremiante de la misión (y, por lo tanto, en la necesidad de misioneros): el pueblo tiene hambre espiritual, debe ser acompañando… Debe haber “pastores”. Claro, se espera que no sean como aquellos a los que se hace referencia en la primera lectura. Hoy también la humanidad tiene hambre y sed (no sólo de alimento y bebida física sino de alimento y bebida espiritual). Para dejar todo claro, el evangelista Marcos centra sus ojos en Jesús y nos dice, a través de Él, lo que se espera que aparezca: pastores capaces de sacrificar cuando sea necesario su posibilidad de descanso para alimentar al rebaño. Por eso el texto termina diciendo que: a esta multitud que parecía como “ovejas que no tienen pastor”, Jesús se dedica a enseñarles.

 

Varios aspectos de este evangelio pueden ayudarnos en nuestra meditación:

 

1)      Los cristianos deben continuar la misión de Jesús.

2)      La misión consiste en comprender el Reino de Dios, esforzarse por encarnarlo en la propia vida y anunciarlo a los demás.

3)      Parte de la misión es la lucha contra el mal. Por eso se habla de expulsar los espíritus inmundos y curar a los enfermos.

4)      La necesidad del justo y merecido descanso. Hay que tener cuidado para no transformar la misión en activismo (Hacer y hacer sin saber por qué ni para dónde apunta toda esta actividad).

5)      La relación que existe entre el cristiano (el evangelizador) y la multitud (la humanidad, la sociedad, la gente).

6)      La compasión: sentir compasión es un problema que nos afecta emocional y afectivamente, pero debemos ir más allá: debe despuntar en una acción de ayuda a favor de otros.

7)      La necesidad de pastores auténticos a ejemplo de Jesús.

8)      La enseñanza de Jesús. ¿Hemos sacado el tiempo necesario para acoger, escuchar, meditar, interiorizar y vivir esta enseñanza?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el …




 Salmo 22

El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar; / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

 

Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término. R.




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