Domingo 14 del Tiempo Ordinario Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 14 del  Tiempo Ordinario Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 9 de Julio.



El ser humano vive de proyectos: los imagina, los diseña, los ejecuta, los evalúa. Construir un país es un gran proyecto, pero se requiere de metodologías adecuadas. La palabra metodología (que viene del griego) significa ‘a través del camino’. Adoptar una metodología es adoptar un camino para lograr un objetivo, una meta, un proyecto. Nuestra vida familiar, personal, laboral etc., es también proyecto (en permanente construcción) que requiere que adoptemos una(s) metodología(s).



“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviar锓Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”



Zacarías 9,9-10

Mira a tu rey que viene a ti humilde

 

Así dice el Señor: "Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; humilde y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra."

 

 

Algunas reflexiones

 

El libro del profeta Zacarías está compuesto de dos partes. Los primeros 8 capítulos (que tienen un tono claramente profético) hablan mucho del templo y de la actividad humana. La segunda, que tiene un tono más apocalíptico) (capítulos 9-14) está centrada en la acción de Dios: lo que Dios hace y, sobre todo, lo que Dios hará.

 

El profeta Zacarías aparece citado en el libro de Esdras, junto con el profeta Ageo.  Parece haber sido uno de los grandes inspiradores de la reconstrucción del templo de Jerusalén, que había sido arrasado con ocasión de la invasión babilónica Hacia el siglo VI a.C.

 

Ante el panorama de un pueblo destruido y desanimado, Zacarías es portador de un mensaje de esperanza: hay que reconstruir la nación; pero para ello, el pueblo debe dar el primer lugar a Dios (lo primero que debe ser reconstruido es el templo) y, desde Dios, darle nuevo rumbo al país, a la vida de todos, a la vida de cada persona. ¿No tenemos acaso una tarea de construcción de país por delante? Y, frente a esta tarea ¿estamos animados o desanimados? Y, ¿qué tiene que ver nuestra fe en Dios con este gran proyecto? Desde esta perspectiva de destrucción-reconstrucción, entendemos los acentos del mensaje del profeta Zacarías:

 

  •         Volver a Dios (es decir, Conversión)

 

  •         Transparencia, honestidad y justicia (es decir, Ética)

 

  •         Auténtica piedad (es decir, Espiritualidad profunda)

 

Y, estos tres aspectos, ¿no son, acaso, de una tremenda actualidad?

 

El tono del profeta es claramente mesiánico (recordemos que el pueblo va construyendo, en el horizonte de sus expectativas, el anhelo de la llegada de un Ungido de Dios enviado para salvar = Mesías). Este tono mesiánico de Zacarías explica – entre otras cosas – por qué se le cita tanto en los escritos del Nuevo Testamento. Los cristianos se apoyan en el libro de Zacarías para presentar a Jesús como ese Mesías anunciado. Pero ¿qué tipo de Mesías nos presenta Zacarías?

 

  •         Un Mesías humilde,

 

  •         Un Mesías apoyado no en la fuerza de un ejército, sino en la fuerza del amor,

 

  •         Un Mesías, cuyo proyecto histórico es traer la paz, como único bien que respeta la vida y favorece su desarrollo.

 

Humildad, amor y cuidado de la vida en lógica de paz ¿No es este, acaso, el horizonte que necesitamos para avanzar en el proyecto de sociedad que queremos?

 

Se habla, en el texto, de los jóvenes y de las doncellas: con ellos se alude a las nuevas generaciones que estarán marcadas por el horizonte de paz. ¿No hay, acaso, una responsabilidad enorme de las generaciones actuales hacia las nuevas? Es un problema de responsabilidad histórica.

 

Claro, en la época de Jesús, muchos esperaban un Mesías guerrero, triunfante, nacionalista, que acabara con la opresión del imperio invasor (Roma), pero los discípulos anunciaban un Mesías diferente, que basaba su proyecto en el amor de Dios, en la fraternidad, en el perdón.

 

Un tal Mesías era inaceptable para los fanáticos nacionalistas. Esto es interesante, pues quizás Zacarías y, algunos siglos después, los cristianos, habían ya percibido que los modelos militaristas y la metodología de la violencia no eran el camino para resolver los problemas. Al contrario, el armamentismo y la legitimación de la violencia pueden llevar a la humanidad a niveles inimaginables de degradación.

 

Por eso, para el profeta Zacarías, el Mesías (que debería ser el nuevo gobernante de un país en construcción permanente) debía distinguirse por la humildad, la justicia y su carácter pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad, no como sumisión y conformismo. La justicia como fundamento de una sociedad que debe velar por la vida de las personas y por favorecer las condiciones de una vida digna. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que en toda sociedad se presentan. ¿Tienen, estos tres criterios, algo que decirnos hoy?



Mateo 11,25-30

Soy manso y humilde de corazón

 

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera."

 

 

Algunas reflexiones

 

Recordemos que el evangelio de Mateo fue redactado hacia la 2ª generación de cristianos, alrededor del año 80 d.C., en Antioquía, (antigua capital de Siria). Para esta época, los cristianos vienen viviendo un proceso de consolidación de su identidad y – por causa de los conflictos que se presentaron - van distanciándose cada vez más del judaísmo (especialmente del judaísmo radical).

 

Con todo, tales cristianos son muy conscientes de que las raíces de su experiencia religiosa se hunden en el judaísmo. Esto se evidencia en la manera como el evangelio fue escrito; usando permanentemente referencias a escritos del Antiguo Testamento, especialmente los escritos de los profetas. Hay pues una especie de continuidad y discontinuidad en relación con la experiencia del judaísmo.

 

En el texto que se nos propone, volvemos al tema del Mesías. Aquí Jesús (ya presentado por el evangelista Mateo como ‘El Mesías’) vuelve a poner el acento sobre:

 

  •         La humildad: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.” (…) “… aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”

 

  •         La unión íntima que hay entre Él y Dios Padre: “Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo”

 

  •         La revelación de Dios como don del Hijo: Nadie conoce al Padre sino “… aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

 

  •         La confianza en Jesús, pues Él es quien nos acoge, nos conforta y nos da fuerza para continuar el camino: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.”

 

Jesús, tal como nos lo presenta Mateo, no se identifica con los ideales nacionalistas y militaristas que algunos tienen (en su época) acerca del Mesías. “Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, valores como el pacifismo y la humildad eran urgentes y necesarios.” (Servicio Koinonía)

 

Una manera alternativa de construir sociedad es una idea que nos debe hacer pensar. ¿Estamos contentos con la sociedad que tenemos? ¿Cuál es la sociedad que queremos? ¿Cómo pensamos llegar a ella? ¿Qué puedo (podemos) hacer para contribuir en esta construcción?

 

Jesús sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ poseyera atributos excepcionales. Esto no garantiza que la situación cambie. Es necesario crear un ethos, un ambiente, una manera de vivir que sea capaz de vencer el egoísmo, la violencia, la exclusión, la insensibilidad, etc.

 

Por eso plantea el amor como horizonte fundamental, el perdón como ejercicio permanente, la fraternidad como tarea diaria, la verdad y la justicia como criterios de vida… En este horizonte la sociedad podrá cambiar, ser diferente.  Es desde este horizonte que podemos comprender la expresión usada por Jesús en relación con el yugo: Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”

 

Sin duda, este texto del evangelio, interpretado desde este proyecto de transformación social y cultural, nos pide meditar sobre nuestra capacidad para transformar la fe en vida, para aterrizar, en la cotidianidad, nuestros actos de piedad.



Romanos 8,9.11-13

Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis

 

Hermanos: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

 

 

Algunas reflexiones

 

Para trabajar en este proyecto de transformación social y cultural (que no debe confundirse con el Reino de Dios, sino con frutos históricos de la presencia del Reino) es necesario que hagamos un camino espiritual consciente, pues – según Pablo- sólo la persona que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios es capaz de vivir los sentimientos y los valores de Cristo Jesús.  Es en este sentido que hay que entender la oposición que hace Pablo (usando el lenguaje de la época) entre espíritu y carne:

 

  •         Pablo habla del Espíritu como de una fuerza y una dimensión opuesta al egoísmo.

 

  •         Sostiene que la persona abandonada a sus propias fuerzas no es capaz de vencer el egoísmo y situarse en la dimensión del amor-donación.

 

  •         Afirma que las fuerzas egoístas permanecen en acción al interior del sujeto (en su corazón) y al interior de las relaciones humanas, pero sostiene que Dios nos ha dado su Espíritu y – con Él – es posible entrar en la lógica del amor y acceder a otro nivel de vida, a otro horizonte.

 

  •         Por eso la vida cristiana es un camino de cultivo de la vida y de esperanza que moviliza.

 

Es esta la invitación de la liturgia de este domingo. Acojamos a Jesús (Mesías de Dios), entremos en comunión con Él, aprendamos de Él, vinculémonos a su proyecto de transformación, trabajemos en nuestra propia transformación.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…



Salmo 145

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; / bendeciré tu nombre por siempre jamás.

 

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; / bendeciré tu nombre por siempre jamás. / Día tras día, te bendeciré / y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

 

El Señor es clemente y misericordioso, / lento a la cólera y rico en piedad; / el Señor es bueno con todos, / es cariñoso con todas sus criaturas. R.

 

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, / que te bendigan tus fieles; / que proclamen la gloria de tu reinado, / que hablen de tus hazañas. R.

 

El Señor es fiel a sus palabras, / bondadoso en todas sus acciones. / El Señor sostiene a los que van a caer, / endereza a los que ya se doblan. R.



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