Domingo 13 del Tiempo Ordinario Ciclo C

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 13 del  Tiempo Ordinario Ciclo C, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2016, corresponde al Domingo 26 de Junio.



Una religión llena de magia… eso es precisamente lo que no es el Cristianismo. El mundo no cambia porque Dios hace un “pase” de “Abrakadabra”… Dios actúa, pero cuenta con la mediación humana, con la participación del ser humano. Esto es maravilloso: Dios cuenta con nosotros para transformar el mundo, para salvarlo, para salvarnos.

 

Es este el sentido que tienen – en la Biblia – los relatos de vocación.  Dios y el ser humano trabajando juntos, unidos en una comunión de amor que se transforma, en la historia, en una comunión de servicio.

 

Veamos las lecturas:

 

 

I Reyes 19,16b. 19-21

Eliseo se levantó y marchó tras Elías

 

En aquellos días, el Señor dijo a Elías: "Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén." Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: "Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo." Elías le dijo: "Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?" Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

 

 

La primera lectura (usando como ejemplo la persona del profeta Eliseo) insiste en el llamado de Dios, la escucha del ser humano y su respuesta a este llamado. 

 

  • 1)  Un profeta busca y deja su sucesor. La enseñanza es clara: la misión debe continuar y, para ello, hay que pensar en el relevo. ¿Lo estamos haciendo?

 

  • 2)  La búsqueda del relevo debe hacerse en el corazón mismo de la historia. En medio de las multitudes hay algunos que pueden asumir la continuidad de la misión. Pero hay que buscarlos, llamarlos, prepararlos, ofrecerles las herramientas que puedan necesitar. Para eso sirve una buena evangelización. El profeta (y la profetiza, porque las hay) no es alguien que cae del cielo (por arte de magia), sino que brota de la tierra y – dentro de ella – recibe el llamado. Es una persona normal que, en lo ordinario de su vida, percibe la extraordinaria presencia de Dios que la llama a trabajar en su proyecto. ¿Has sentido el llamado de Dios? ¿Te has preguntado en qué consiste el proyecto de Dios para ti y para la humanidad entera?

 

  • 3)  La acogida de la misión puede significar organizar la vida de otra manera, hacer ciertas rupturas, ciertos distanciamientos. Es un proceso. Hay que tener paciencia en el acompañamiento de estos procesos. ¿Tenemos la paciencia necesaria para acompañar estos procesos? ¿Logramos entender que cada persona tiene su ritmo?  ¿Qué tipo de rupturas hemos hecho a nivel personal?

 

  • 4)  El texto nos invita a reflexionar sobre el llamado que Dios nos hace y la respuesta que le damos. ¿Has pensado en ello? ¿Cómo acontece esto en tu vida?

 

Este texto, tomado del primer libro de los Reyes nos sitúa en el siglo IX a.C. El reino de Israel se ha dividido en dos (el Norte y el Sur). Esta división se prolongó a lo largo de la historia y trajo duras consecuencias para el pueblo de Israel.  Tanto Elías como Eliseo fueron dos profetas que desarrollaron su misión en el reino del Norte, en una época de turbulencia y desorientación religiosa. El pueblo fue invadido por cultos religiosos de otras naciones (cultos a los dioses Baal y Astarté) y la fe Yahvista se vio gravemente afectada. Mucho del esfuerzo de estos dos profetas se centró en luchar contra las diversas formas de idolatría.  Este fenómeno fue inevitable y se debió al contacto de Israel con otras culturas. Elías luchó por preservar los valores fundamentales del Yahvismo. Al terminar su misión, será el profeta Eliseo quien asuma esta difícil tarea. La lectura que nos es propuesta corresponde precisamente al llamado que Elías hace a Eliseo para constituirlo – según se lo había mandado Dios – en su sucesor.

 

Elías lanza sobre Eliseo su manto. Esta es una acción simbólica. En la cultura de la época se pensaba que las ropas o los objetos de una persona representaban a esa persona y contenían – de algún modo – su personalidad, su poder, sus características, su misión. Lanzar el manto sobre alguien equivale a comunicarle todo esto.

 

Eliseo, que ha comprendido bien este gesto de Elías y que se hace consciente del llamado que Dios le hizo, honra esta “vocación” y expresa su nuevo punto de partida ofreciendo un sacrificio, siguiendo la costumbre de la época (inmoló una junta de bueyes). Con este gesto queda sellado el cambio de vida y su compromiso de ponerse al servicio de Dios.

 

¿Cómo expresas tu deseo y tu opción de servir a Dios?



Gálatas 5, 1.13-18

Vuestra vocación es la libertad

 

Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo." Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.

 

 

La segunda lectura pone el acento en el amor como camino de liberación y de realización. Al seguir a Jesús, el creyente se hace más humano, más pleno. Por eso, seguir a Jesús no es una opción falsa o un absurdo. Al contrario, es una “apuesta” auténtica de vida.

 

Pablo subraya que todo lo que Jesús hizo fue para lograr nuestra liberación, nuestra libertad. Por tanto, debemos tener cuidado de cultivar esta libertad y de no perderla ¿Eres consciente de esto? ¿Cómo entiendes la libertad? ¿De qué eres esclavo? ¿Qué formas de esclavitud podrías identificar en la sociedad en la que te encuentras?

 

Pablo nos hace una advertencia: “No abuses de la libertad”. El adecuado uso de la libertad es algo que se aprende. Educarnos en la libertad y tener un adecuado concepto de ella es fundamental. Los pretextos y las justificaciones para abusar de la libertad abundan. Hay que discernir.   

 

Pero, además de advertirnos, Pablo nos da dos orientaciones claves:

 

  • A) Es en el horizonte de la caridad (del amor) que la libertad encuentra su verdadero rumbo, su verdadero camino. Fuera del amor, la libertad se pervierte, se extravía. Y el amor nos invita a prestar atención al otro, a los otros… Por eso nos transforma en servidores.

 

  • B) Hay que desterrar las relaciones y las lógicas de competición en las que el otro se transforma en enemigo. Si entramos en esa lógica “terminaremos devorándonos unos a otros”. Para no caer en esta lógica destructiva Pablo nos propone dejarnos guiar por el Espíritu Santo.

 

Recordemos que Pablo trata de dejar clara su posición ante la presencia de algunos predicadores judaizantes que confunden con sus enseñanzas a los cristianos que provienen del mundo helénico. Estos predicadores insisten en que los nuevos cristianos deben pasar primero por la Ley Mosaica, antes de poder ser cristianos. Pablo dirá que Jesús basta y que los nuevos cristianos deben centrarse en Él.   Cristo es el verdadero liberador.  Pero hay que tener claro que, para Pablo, la verdadera libertad consiste en vivir en el amor, pues lo que esclaviza al ser humano es el egoísmo, el orgullo y la autosuficiencia. Por eso, sólo es auténticamente libre aquella persona que se ha liberado del egoísmo y ha llegado a ser capaz de disponer de su vida para darse a los otros, para servirlos, para hacerse solidario con aquellos que sufren. Esta libertad nace en el creyente en la medida en que entra en comunión con Cristo.   Esta comunión genera en el creyente una enorme capacidad de amar.

 

En la actualidad se aprecia mucho la libertad, pero con frecuencia esta libertad es interpretada desde un horizonte demasiado marcado por la individualidad y se termina cayendo en egoísmo. El resultado es un concepto egoísta de la libertad, un cierto libertinaje voluntarista. Se cae, con ello, en una nueva esclavitud.


 

Lucas 9, 51-62

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

 

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: "Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?" Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas." Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza." A otro le dijo: "Sígueme." Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre." Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios." Otro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia." Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."

 

 

El evangelio nos habla de una propuesta de Jesús: ¡Sígueme! Y de un camino de seguimiento, que es exigente, pero profundo y realizador. Pero este seguimiento debe hacerse sin fanatismos de ningún tipo. El fanatismo termina transformando al creyente en un peligro.

 

Algunos aspectos claves de este texto:

 

  • 1)  Jesús, aun tomando conciencia del peligro que corre su vida, toma la decisión de avanzar hacia Jerusalén.

 

  • 2)  Tener un proyecto no significa que todos deban entrar en él o que haya que imponerlo por la fuerza. Algunos lo aceptan… Otros lo rechazan. La aceptación y el rechazo son dos caras de la moneda de la vida.  La tentación es querer dominar a los otros o vengarse de ellos porque no nos aceptan, porque no piensan como nosotros, porque nos contradicen. Pero la enseñanza del maestro Jesús es clara: no es “quemándolos” (eliminándolos) que resolvemos la situación, sino amándolos.  

 

  • 3)  Seguir a Jesús es el tema central de este texto, pero ese seguimiento – cuando se quiere asumir con seriedad – pide rupturas de esquemas mentales, desprendimientos, gratuidad, transformación interior.  

 

Según la narración de Lucas, aquí Jesús comienza la segunda parte de su itinerario: de GALILEA hacia JERUSALÉN. Recordemos que este itinerario, que aparece bajo un ropaje geográfico, es – en realidad – un camino y un proceso espiritual, a través del cual Jesús va mostrando a sus discípulos los valores del Reino de Dios y los va educando para ser testigos de dicho Reino en el mundo.

 

En el texto, Lucas presenta las exigencias de este camino con Jesús:

 

  • 1) hacer frente a fuerzas y lógicas hostiles (simbolizado por el rechazo en tierra samaritana): ¿Qué hacer ante un mundo que se cierra y que rechaza? Ante todo, no reaccionar con violencia. Mostrar que hay otros caminos,

 

  • 2) Poner los valores del Reino de Dios por encima de las preocupaciones materiales,

 

  • 3) Responder de manera radical y pronta al Reino de Dios. Hay que interpretar de manera adecuada estas exigencias. Lo que esta enseñanza quiere decir es que el discípulo es invitado a eliminar de su vida todo aquello que pueda ser un obstáculo en su relación con Dios.

 

Algunos aspectos que pueden orientar nuestra meditación:

 

1.   ¿Aceptas, en la vida cotidiana, las exigencias que se derivan de la opción de caminar con Jesús?

 

2.   ¿Qué lugar ocupa la no-violencia en tu vida?

 

3.   ¿Tienes claridad sobre los valores del Reino de Dios anunciado por Jesús?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…


 

Salmo 15

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

                   

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: "Tú eres mi bien." El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. R.

 

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré. R.

 

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

 

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.

 



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