Tercer Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Tercer Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 21 de Enero.



Las lecturas de este domingo están centradas en 3 temas:

 

1.    La misericordia de Dios, que supera las expectativas humanas.

 

2.    El llamado a la conversión: regreso a Dios y cambio de vida. Y,

 

3.    El discipulado con Jesús, para participar en la misión.

 

Estos tres temas nos sitúan claramente en el horizonte que – recientemente – señaló la Iglesia de América Latina, en Aparecida: somos discípulos y misioneros, en constante conversión.



“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”

Veamos las lecturas:



Jonás 3,1-5.10

Los ninivitas se convirtieron de su mala vida

 

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo." Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: "¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!" Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.



I Corintios 7,29-31

La representación de este mundo se termina

 

Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.



Marcos 1,14-20

Convertíos y creed en el Evangelio

 

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio." Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres." Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él.

 

 

Algunas reflexiones:

 

Nos encontramos ante dos claras situaciones de predicación: 1) La que debe hacer Jonás procurando la conversión de los habitantes de Nínive; y 2) la que hace Jesús en Galilea, centrada en el Reino de Dios y, también, con un llamado claro a la conversión. Esto nos lleva a meditar en la importancia de que haya auténticos evangelizadores, anunciadores responsables del Evangelio, es decir, personas que – con lucidez y responsabilidad espiritual- sirvan, con su palabra, de orientadores, para que las comunidades creyentes se constituyan, se consoliden y se transformen en ‘faros’ en medio de la sociedad.  

 

En la Iglesia pueden darse varias situaciones:

 

1) Ausencia de evangelizadores, de predicadores. San Pablo escribirá: “Y ¿Cómo oirán el evangelio si nadie les predica?”. No había evangelizadores. Los predicadores son necesarios. Oremos con esta intención; que haya buenos predicadores del evangelio de Cristo y que la Iglesia vele por su formación, por su envío y su adecuada distribución.

 

2) Abundancia de predicadores, pero vacíos, sin espíritu, sin contenido, sin compromiso: es una situación dramática, pues la gente va a los templos en busca de ‘palabras de vida’ y – con frecuencia – no las encuentra;

 

3) Embaucadores, que – mediante el uso de un lenguaje atractivo y una excelente capacidad de convicción – ‘lavan’ el cerebro de las personas y comunidades con las ideas más absurdas que podamos imaginar.  Se requiere, pues, en las iglesias, un enorme trabajo de formación, por un lado, y un trabajo de discernimiento, por el otro. El mismo Pablo escribía. “Quien hable, que pronuncie palabras de Dios”. Pero llegar a este nivel requiere un largo camino de escucha, de maduración, de compromiso, de profundización y de auténtico sentido eclesial.

 

Uno de los principales objetivos de la predicación es tocar la conciencia y mover los corazones de las personas, de modo que estas se encaminen al encuentro con Dios, al encuentro de sí mismas y a la construcción de un estilo de vida acorde con la propuesta de Jesús. Encender la llama del amor y de la fe en el corazón; provocar el deseo de Dios; generar inquietud por el bien; suscitar el interés por contribuir en la construcción de un mundo mejor.

 

La predicación está íntimamente relacionada con ‘cambiar vidas’. Es lo que vemos claramente tanto en el texto del libro de Jonás como en el texto del evangelio de Marcos:

 

  •          Jonás predica"¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!" y esta predicación tuvo un efecto extraordinario: Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida”.

 

  •          Jesús predica"Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio."  Y el efecto de su predicación también fue grande. Claro – al leer los evangelios – vemos que muchos lo siguieron y se convirtieron y que otros cerraron sus oídos e incluso se opusieron a su mensaje. No hay predicación sin riesgo.

 

Lo que debemos captar a través de estas lecturas es que todos estos temas no son realidades desconectadas, sino que ellas forman un conjunto dinámico: 1) El envío del predicador (por parte de Dios); 2) el anuncio que el predicador hace del Reino de Dios; 3) la actitud de la gente ante el predicador y ante el mensaje; 4) la disponibilidad interior de quien escucha, para dejarse ‘tocar por Dios’; 5) el proceso (permanente) de cambio de vida, y; 6) la transformación del evangelizado en predicador, anunciador y testigo… Todo esto es, en realidad, un único proceso en el que lo que está en juego es la vida y su sentido. Este proceso es la propuesta que se nos hace, hoy, a nosotros.

 

Estos textos no fueron escritos simplemente para recordar que Jonás existió hace muchos siglos y predicó en Nínive o que Jesús pasó (hace mucho tiempo también) por Galilea y habló de un Reino de Dios. Estos textos, tal como la Iglesia los entiende y asume, son un llamado actual a vivir este proceso de acogida (del evangelizador), de escucha (del mensaje), de meditación y comprensión (de su sentido), de transformación (en el modo de vivir) y de testimonio (en medio de la sociedad en que vivimos).

 

Pero esto no será posible sin evangelizadores honestos, dedicados, responsables, profundos y realmente comprometidos con Dios y no con ‘otras realidades’. Si te preguntan por los predicadores que has ido encontrando, a lo largo de tu vida cristiana, ¿qué podrías decir?  Al mismo tiempo, si te preguntan por tu actitud ante los predicadores y ante la Palabra de Dios proclamada y meditada cada domingo ¿qué podrías decir?  Hay que ser cuidadosos con los juicios y tener el valor de hacer rigurosamente un autoexamen.  Pasó Jonás y la gente de Nínive escuchó y se convirtió. Pasó Jesús (que es más que Jonás) y …

 

La segunda lectura nos recuerda que la decisión ante Dios y ante su mensaje es ‘hoy’; no hay que darle largas. San Pablo escribió: “Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante”. Claro, el contexto en el que escribió san Pablo (hace más de 20 siglos) era muy distinto del que tenemos en la actualidad. Sin embargo, la urgencia y la importancia de la decisión sigue siendo permanente.

 

¿He decidido ser cristian@? ¿Qué implica esta decisión? ¿hacia dónde me lleva la decisión de seguir a Jesús? ¿Estoy dispuest@ a renunciar a aquellas actitudes, proyectos, comportamientos que contradicen tal opción? Esta renuncia hace parte del proceso. Cuando escuchamos (o leemos), en el relato del evangelio, la frase: “Ellos (Simón y Andrés), inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” estamos en el ámbito de la renuncia: la red simboliza el estilo de vida que ellos tienen al llegar el llamado de Jesús. ‘Dejar las redes’ simboliza dejar este estilo de vida para entrar en el seguimiento de Jesús y adoptar ‘un nuevo estilo de vida’.

 

Pero no se trata de una renuncia vacía y caprichosa: es dejar algo (incluso valioso) para acoger otra realidad (mucho más valiosa y portadora de sentido). Es cambiar una vida sin el Reino de Dios a una vida en y desde el Reino, es decir, desde el horizonte de la presencia y la acción amorosa de Dios que puede transformarnos. Recordemos que no se trata de un ‘reinado de este mundo’ (de un reinado según los criterios de poder, violencia, egoísmo, dominación y exclusión de este mundo), sino del reinado del amor, de la misericordia, de la verdad y de la justicia. Valores estos con los que se construye la fraternidad.

 

No olvidemos las palabras del mismo Jesús: “Mi reino no es de este mundo”.  Y tú, ¿por cuál reino optas?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 


Salmo 25

Señor, enséñame tus caminos.

 

Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R. // Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas; / acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor. R. // El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.




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