Tercer Domingo de Pascua Ciclo C

Te comparto la reflexión correspondiente al Tercer Domingo de Pascua Ciclo C, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2016, corresponde al Domingo 10 de Abril.



Ser testigos de Jesucristo: este es el tema central de la liturgia de este tercer domingo y debe ser la preocupación de la Iglesia y de cada uno de los creyentes cristianos en particular. Pero ¿cuál debe ser el contenido de este testimonio? Al meditar los textos que nos son propuestos en el tiempo de Pascua, varios aspectos aparecen:

 

1.   La Resurrección de Jesús: el mundo debe saber que este Jesús que fue crucificado, vive por la acción amorosa de Dios Padre.

 

2.   El Proyecto de Jesús: es la gran propuesta que se nos hace: creer que el amor de Dios, cuando es acogido de manera consciente por la humanidad, tiene el poder de transformar la vida.

 

3.   La Fraternidad: que aparece como don de Dios y – al mismo tiempo – como tarea que cada persona puede realizar en su cotidianidad.




Hechos de los Apóstoles 5, 27-32. 40b-41

Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo

 

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: "¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre." Pedro y los apóstoles replicaron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen." Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

 

 

Este texto nos habla del testimonio que los primeros cristianos (establecidos en Jerusalén) daban de Jesucristo y de su proyecto. Claro, frente al proyecto de Jesús siempre habrá oposición. De hecho, no hay proyecto que – en la historia – no la tenga. La atención que se le preste a Jesús y al proyecto del Reino de Dios, dependerá – en no poco- del ardor espiritual de los cristianos, de su lucidez, de su constancia y de su coherencia. En ese proceso tendrán que decidir, muchísimas veces, si van a obedecer a las presiones humanas o si, a pesar de todo, permanecerán fieles al mandato de Jesús.

 

En el texto propuesto es clara la oposición prisión/liberación. Aparecen unas fuerzas que operan con el objetivo de acallar el anuncio que los apóstoles hacen de Jesús y la acción liberadora de Jesús. Jesús libera, pero para que la misión pueda continuar. De hecho, los apóstoles vuelven al templo para seguir anunciando la Buena Noticia sobre Jesús y la buena noticia, que es Jesús.  Pero más tardan en salir que en ser nuevamente encarcelados y allí, en este escenario hostil, los apóstoles siguen anunciando, teniendo claro que más vale obedecer a Dios que a los hombres.  

 

El tema principal gira alrededor de la confrontación entre el cristianismo naciente y las autoridades judías de la época (I siglo de nuestra era). Como tema secundario tenemos el kerigma (primer anuncio) de la iglesia naciente. Este primer anuncio que buscaba suscitar la fe de los oyentes pone el acento en algunos aspectos claves:

 

1) la muerte de Jesús en la cruz,

 

2) la Resurrección de Jesús por obra de Dios Padre,

 

3) la exaltación de Jesús a una nueva dimensión de vida y reconocimiento de su obra y de su señorío (“a la derecha del Padre”),

 

4) la presentación de Jesús como Señor y Salvador,

 

5) la identificación misionera de los discípulos como testigos,

 

6) la responsabilidad de las autoridades judías en la muerte de Jesús,

 

7) la acción del Espíritu Santo en esta nueva etapa (es el Espíritu el que capacita a los apóstoles y discípulos para dar testimonio).

 


Apocalipsis 5, 11-14

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza

 

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono, y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: "Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza." Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos-, que decían: "Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. "Y los cuatro vivientes respondían: "Amén." Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

 

 

Para no perder el rumbo de la misión ni su identidad de “testigo”, es necesario que la Iglesia (las iglesias) y cada creyente se tome el tiempo de contemplar cada día a Jesucristo, pues si se pierde de vista a Jesús la Iglesia comenzará a disparatar, a torcerse, a perder su rumbo, a perder su espíritu. Por eso, la segunda lectura, tomada del libro del Apocalipsis nos presenta esta visión en la que Jesús es el centro: Él es el Cordero degollado (Aquel que muere en sacrificio por la humanidad), pero en su nueva condición de resucitado (por eso está de pie). Este cordero glorioso recibe honor y reconocimiento de parte de muchos. Esos muchos son los cristianos que - a pesar de las dificultades – se mantienen firmes en su seguimiento.   Son estos sentimientos, actitudes y compromisos los que la liturgia de este domingo quiere despertar en quienes celebran la Eucaristía.  No hemos venido a la celebración eucarística simplemente a escuchar pasivamente unas lecturas, sino a inspirarnos en ellas para ser mejores cristianos, para ser mejores seres humanos y para reconocer la grandeza de Aquel a quien amamos y en quien creemos.

 

Tenemos en este texto una especie de lectura teológico-profética de la historia humana: el autor quiere enfatizar el papel de la esperanza en la historia (ella pasa por innumerables crisis, que pueden hacer pensar que todo va a acabar mal, pero no debemos caer en una actitud irresponsable o desesperanzada. Hay que seguir trabajando por construir la historia desde los valores de Dios, porque es Dios quien tiene la última palabra y esa palabra es de vida, de salvación, de realización, de superación del mal).

 

El texto propuesto hace parte de la visión inicial en la cual se nos presentan los personajes y aspectos centrales que intervienen en la historia de salvación (sugerimos leer todo el capítulo 5, para lograr una mejor comprensión):

 

1) Dios (siempre trascendente y poderoso en el amor),

 

2) la creación entera (es toda ella la que está en juego y no sólo la humanidad, que hace parte de ella),

 

3) el plan de Dios (lo que Dios quiere realizar. Este plan está simbolizado en el libro o rollo,

 

4) los seguidores de Jesús (los testigos),

 

5) Jesús, el Cordero degollado-resucitado. Él es el personaje central de esta lectura y de la fe de la iglesia.  Él tiene la totalidad del poder que vencerá al mal (ese poder está simbolizado en los 7 cuernos) y la sabiduría (del amor) con la cual el mal será vencido (esta sabiduría está simbolizada en los 7 ojos). Precisamente por ser el único con el poder y la sabiduría para vencer al mal se le reconoce como el auténtico salvador. Por eso la lectura de hoy termina diciendo que “los ancianos se postraron rindiendo homenaje.”   

 

Recordemos que el CORDERO es un símbolo usado por el autor para hablar de Jesús. El símbolo del cordero tiene, en la Biblia, una gran densidad teológica. Concentra en sí mismo tres figuras claves:

 

1) el SIERVO DE DIOS de que habla el profeta Isaías y que simboliza la fidelidad a Dios,

 

2) el CORDERO PASCUAL que simboliza la liberación de la esclavitud,

 

3)  el CORDERO APOCALÍPTICO que simboliza el poder divino que triunfa sobre el mal.   El autor del libro del Apocalipsis presenta, por tanto, de manera sintética, la plenitud del misterio de sacrificio, liberación y victoria del proyecto de Dios realizado a través de Jesús de Nazaret, que ahora es reconocido como Mesías, como Cristo y como Salvador. Es todo esto lo que celebramos en este 3º domingo de Pascua.




Juan 21, 1-19

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

 

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberiades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar." Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo." Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?" Ellos contestaron: "No." Él les dice: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis." La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor." Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven algunas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traed de los peces que acabáis de coger." Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almorzad." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

 

 

La misión no acaba jamás, por eso el texto del Evangelio presenta a los discípulos en pleno ejercicio misionero. Esos discípulos somos los creyentes de todos los tiempos, en la medida en que continuamos en y con nuestra vida la misión confiada por el Maestro Jesús.

 

En el capítulo 21 del evangelio ya no se nos habla sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús, sino que todo se centra en la experiencia pascual de los apóstoles (su encuentro con Jesús resucitado) y su actividad misionera. De manera muy sutil el relato nos señala las condiciones para que la misión de los apóstoles (que es la misión de la Iglesia de todos los tiempos) dé auténticos frutos: 

 

1.   La comunidad cristiana debe ser signo de Jesús allí donde este asentada.

 

2.   La misión se debe realizar en la cotidianidad (el lago de Tiberiades o de Galilea simboliza esta cotidianidad de los pescadores).

 

3.   Es necesario confiar en la Palabra de Jesús.

 

4.   La propuesta salvadora de Jesús es para todos y debe llegar a todos (esos todos están simbolizados en los 153 peces que entraron en la red).

 

5.   Cuando la misión (simbolizada por la pesca) se hace con amor siempre habrá capacidad para acoger a todos (por eso, aunque eran tantos, no se rompió la red.)  

 

6.   La misión es realizada con mayor entrega cuando hemos experimentado en nuestra propia vida la misericordia de Jesús: misericordia que es perdón y, al mismo tiempo, renovación de la confianza por parte de Dios al confiar nuevamente en nuestras manos la misión (por eso, la segunda parte del texto está centrada en el diálogo perdonador, rehabilitador de Jesús con Pedro y en la entrega de la misión: “Apacienta mis ovejas”).  

 

Misericordia, confianza, renovación de la fe, dedicación a la misión….Eso es lo que debemos vivir. Para alimentar todo esto se nos ofrece esta liturgia del tiempo pascual.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…




Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

 

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R.

 

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

 

 

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