Tercer Domingo de Pascua Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Tercer Domingo de Pascua Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 5 de Mayo.



El kerigma cristiano nos invita a centrarnos en Jesús resucitado.  La experiencia de encuentro con Jesús nos conduce a la misión. La misión (en las formas que ella pueda revestir) es la experiencia desde la cual damos testimonio de Jesús. El testimonio pide fidelidad, pero la vida nos muestra que somos muy frágiles. Acojamos el perdón de Dios y renovemos nuestro amor a Jesús.



Jesús les dice:Muchachos, ¿tenéis pescado? Ellos contestaron: No. Él les dice:Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron y no tenían fuerzas para sacarla por la multitud de pecesJesús les dice:Muchachos, ¿tenéis pescado? Ellos contestaron: No. Él les dice:Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron y no tenían fuerzas para sacarla por la multitud de peces



Veamos las lecturas:



Hechos de los Apóstoles 5, 27b-32. 40b-41

Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo

 

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: "¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre." Pedro y los apóstoles replicaron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen." Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

 

 

La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles está centrada en el tema del testimonio. Quien ha vivido la experiencia pascual, es decir, quien se ha encontrado con Jesús resucitado no puede (ni debe) guardar para sí esta experiencia.

 

La experiencia pascual es para ser vivida (mediante un nuevo modo de estar en el mundo) y para ser compartida con otros. Pidámosle la gracia de ser auténticos testigos de Cristo resucitado. Nosotros también podemos decir hoy: Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

   

Pero, el relato nos advierte algo: seguir a Jesús resucitado, ser su testigo en el mundo y continuar su proyecto no es fácil. Habrá dificultades, problemas y oposiciones. Hay que contar con esto y vivir con realismo y serenidad estas adversidades. Es en la dificultad que se va probando, fortaleciendo y acrisolando la fidelidad. No pensemos ni busquemos una ‘vida cristiana’ light, sin dificultades.

 

Los primeros discípulos tuvieron que enfrentar muchas cosas: ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese?   La atención que se le preste a Jesús y al proyecto del Reino de Dios, dependerá del ardor espiritual de los cristianos, de su lucidez, de su constancia y de su coherencia. En ese proceso tendrán que decidir, muchísimas veces, si van a obedecer a las presiones humanas o si, a pesar de todo, permanecerán fieles al mandato de Jesús. En esta perspectiva, la respuesta de Pedro a las autoridades judías sigue marcando con claridad el horizonte: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

 

En el texto propuesto es clara la oposición prisión/liberación. Aparecen unas fuerzas que operan con el objetivo de silenciar el anuncio que los apóstoles hacen de Jesús.  En el relato se nos dice que los discípulos son liberados.

 

Habrá otros episodios (en el libro de los Hechos) en los que los cristianos son encarcelados y, por la acción de Dios, son liberados. Jesús libera, pero no para que el discípulo liberado busque su comodidad y se desentienda del Reino de Dios.

 

Esta liberación que Dios da es para que la misión pueda continuar. Es lo que quiere subrayar el autor del libro cuando nos cuenta: …los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

 

De hecho, si seguimos leyendo el libro nos daremos cuenta que los apóstoles siguen anunciando la Buena Noticia, que es el kerigma fundamental: La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador.

 

Este primer anuncio buscaba suscitar la fe de los oyentes y ponía el acento en los aspectos fundamentales de la fe en Jesucristo: 1) La muerte de Jesús en la cruz como consecuencia de su misión, 2) La resurrección de Jesús por obra de Dios Padre, 3) La exaltación de Jesús a una nueva dimensión de vida, 4) La presentación de Jesús como Señor y Salvador, 5) La labor misionera de los discípulos como testigos de Jesús y continuadores de su obra, 6) La responsabilidad de las autoridades judías en la muerte de Jesús, 7) La acción del Espíritu Santo en la Iglesia como cuerpo y en cada uno de los seguidores de Jesús (es el Espíritu Santo el que capacita al creyente para dar testimonio).

 

Pidamos el don del Espíritu; pidamos la gracia de tomar conciencia de este don; pidamos la humildad necesaria para dejarnos guiar por este Espíritu.




Apocalipsis 5, 11-14

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza

 

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: "Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza." Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos-, que decían: "Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos." Y los cuatro vivientes respondían: "Amén." Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

 

 

La segunda lectura viene a reforzar el mensaje dado en la primera. Para que la Iglesia (y cada creyente en Jesús) no pierda su rumbo, para que permanezca fiel en medio de las adversidades, para que no se deje devorar por las distracciones y los antivalores, para que no pierda su ardor y su ‘identidad cristiana’, para que sea un excelente testigo de Jesucristo   es necesario que se tome el tiempo de contemplar cada día a Jesucristo.

 

Si se pierde de vista a Jesús, la Iglesia comenzará a desatinar, a tergiversar la experiencia pascual, a hacer componendas, a torcerse, a perder su espíritu. Por eso, la lectura tomada del libro del Apocalipsis nos presenta esta visión en la que Jesús es el centro: Él es el Cordero degollado (Aquel que muere en sacrificio por la humanidad), pero en su nueva condición de resucitado (por eso está de pie).

 

Ese Jesús que fue rechazado, incomprendido y torturado, Dios lo ha rehabilitado resucitándolo y por eso es digno: Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Este cordero glorioso recibe honor y reconocimiento de parte de muchos. Esos muchos son los cristianos que - a pesar de las dificultades – se mantienen firmes en su seguimiento.

 

No se trata de los cristianos que lo son solo de nombre o por costumbre, sino de aquellos que han tomado conciencia de su unión con Cristo y de las implicaciones de esta relación. Son estos sentimientos de reconocimiento, adoración y compromiso los que la liturgia de este domingo quiere despertar en todos los creyentes.

 

No hemos venido simplemente a escuchar pasivamente unas lecturas, sino a inspirarnos en ellas para ser mejores cristianos, para ser mejores seres humanos y para reconocer la grandeza de Aquel a quien amamos y en quien creemos.

 

Tenemos en este texto una lectura teológico-profética de la historia humana: el autor quiere enfatizar el papel de la esperanza en la historia. La historia humana pasa por innumerables crisis, que pueden hacer pensar que todo va a acabar mal. Sin embargo, al contemplar al Resucitado la esperanza brota y podemos comprender que es Dios quien tiene la última palabra, por tanto, hay que seguir trabajando con ahínco por construir la historia desde los valores de Dios y por seguir aspirando (como nos ha invitado san Pablo) ‘a las cosas de arriba’, a la vida plena.

 

Recordemos que el CORDERO es un símbolo usado por el autor para hablar de Jesús. El símbolo del cordero tiene, en la Biblia, una gran densidad teológica. Concentra en sí mismo tres figuras claves: 1) el SIERVO DE DIOS de que habla el profeta Isaías y que simboliza la fidelidad a Dios, 2) el CORDERO PASCUAL que simboliza la liberación de la esclavitud, 3)  el CORDERO APOCALÍPTICO que simboliza el poder divino que triunfa sobre el mal.

 

El autor del libro del Apocalipsis presenta, por tanto, de manera sintética, la plenitud del misterio de Dios revelado a la humanidad en Cristo Jesús.




Juan 21, 1-19

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

 

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar." Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo." Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?" Ellos contestaron: "No." Él les dice: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis." La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor." Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traed de los peces que acabáis de coger." Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almorzad." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

 

 

Para completar la propuesta que la liturgia nos trae el día de hoy, se nos propone este texto de ‘Aparición del Resucitado’ extraído del evangelio según san Juan. El texto quiere subrayar algo fundamental: la misión no acaba jamás; es por eso que la narración nos pone ante la experiencia del encuentro con el Resucitado.

 

Él se hace presente en la cotidianidad de la vida (en aquel tiempo se presentó en las faenas propias de sus primeros discípulos, que eran pescadores. Hoy se hace presente en nuestra cotidianidad y la transforma, dándole un nuevo sentido). En el relato todo se centra en la experiencia pascual de los apóstoles (es decir, en su encuentro con Jesús resucitado), y en la actividad misionera que se desprende de este encuentro.

 

De manera muy sutil el relato joánico nos señala las condiciones para que la misión de los apóstoles (que es la misión de la Iglesia de todos los tiempos) dé auténticos frutos: 

 

1.      La comunidad cristiana debe acoger la presencia amorosa, misteriosa y desbordante de Jesús resucitado.

 

2.      La comunidad cristiana debe creer en Jesús y creer en su Palabra.

 

3.      La comunidad cristiana debe ser signo de Jesús allí donde está, pues es allí donde debe ejercer su misión transformadora.

 

4.      La misión se debe realizar en la cotidianidad: no se trata ni de salirse del mundo, ni de esconderse para no tener contacto con el mundo, sino de transformar el mundo desde dentro. Recordemos las palabras que Jesús pronunció en su oración: No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno (…) Como tú me enviaste al mundo, yo los envié al mundo.   (Jn 17, 15.18)

 

5.      Es necesario confiar en la Palabra de Jesús.

 

6.      La propuesta salvadora de Jesús es para todos y debe llegar a todos (esos todos están simbolizados en los 153 peces que entraron en la red: peces de todas las especies conocidas. La red es el amor de Dios, su proyecto salvador).

 

7.      Cuando la misión (simbolizada por la pesca) se hace con amor siempre habrá capacidad para acoger a todos (por eso, aunque eran tantos peces, no se rompió la red.)  

 

8.      La misión es realizada con mayor entrega cuando hemos experimentado en nuestra propia vida la misericordia de Jesús: misericordia que es perdón y, al mismo tiempo, renovación de la confianza por parte de Dios: Apacienta mis ovejas”.  

 

Misericordia, confianza, renovación de la fe, dedicación a la misión….Eso es lo que debemos vivir. Para alimentar todo esto se nos ofrece esta liturgia del tiempo pascual.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…




Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

 

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R.

 

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R



 

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