Solemnidad de la Epifanía del Señor Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente a la Solemnidad de la Epifanía del Señor Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 6 de Enero.



La palabra epifanía significa "manifestación". Este domingo se celebra la manifestación de Jesús a toda la humanidad. En realidad, los cuatro evangelios nos hablan de varias manifestaciones de Jesús (varias epifanías) a través de las cuales Jesús se da a conocer o es presentado como el Mesías. Veamos:

 

  • su manifestación a los sabios de Oriente,

 

  • su manifestación a San Juan Bautista en el Jordán,

 

  • su manifestación a sus discípulos y al pueblo en las bodas de Caná,

 

  • su manifestación a tres de los discípulos (Pedro, Santiago y Juan) en el monte, en la Transfiguración,

 

  • su manifestación al soldado que termina reconociéndolo: “Este es, verdaderamente, el Hijo de Dios”.

 

La Epifanía que celebramos, hoy, es la primera. Esta fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia de Oriente. Hasta el siglo IV la Iglesia comenzó a celebrar en este día la Epifanía (o Manifestación) del Señor.

 

Al igual que la fiesta de Navidad en Occidente, la Epifanía nace contemporáneamente en Oriente como respuesta de la Iglesia a la celebración solar pagana que tratan de sustituir. Así se explica que la Epifanía se llama en oriente: la santa luz.

 

Lo que parece claro, según las diferentes tradiciones, es que mientras en Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente la Epifanía celebra la revelación de Jesús al mundo entero (abriendo así la propuesta de salvación a todos).



Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.




Veamos las lecturas:



Isaías 60, 1-6

La gloria del Señor amanece sobre ti

 

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.



Efesios 3, 2-6

Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos

 

Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

 


Mateo 2, 1-12

Venimos de Oriente para adorar al Rey

 

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel"". Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: "Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo". Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 

 

Algunas reflexiones:

 

La atención del creyente cristiano se centra, este día, en los tres magos venidos de Oriente y que se encuentran haciendo una búsqueda (evangelio): encontrar a un ‘rey de los judíos’, que ha nacido y en quien se les revelará algo especial, pues vienen a adorarlo. Aquí aparecen algunos de los primeros ejes espirituales de esta liturgia:

 

  • Arriesgarse a buscar, lo cual implica salir de las propias seguridades y desplazarse. También permitir que muchas cosas se desplacen en nuestro interior.

  

  • Encontrar algo especial (la presencia de Dios) en alguien especial (un niño).

 

  • Saber interpretar unos signos (en el caso de estos tres personajes, la estrella, un sueño). ¿Cuáles son los signos, hoy?

 

Pero los mismos tres personajes, los sabios de Oriente) nos enseñan que nuestra atención se debe centrar en Cristo. Estos ‘sabios’ representan a aquellos pueblos extranjeros de que habla el profeta Isaías (primera lectura): esos pueblos que van a adorar y ofrecer sus riquezas. Aquí aparecen otros ejes espirituales, que pueden orientar nuestra propia búsqueda:

 

  • Aprender a adorar.  Tener claridad sobre lo que el acto de adoración significa, a fin de no caer en una burda idolatría. ¿Tenemos claridad sobre lo que es la idolatría?

 

  • Ofrecer. El mismo Jesús de Nazaret nos enseña que no se trata tanto de ofrecer cosas externas, sino de ofrecernos nosotros mismos. Ser capaz de darse a los demás, de darse a Dios… ¿Qué significa esto en un mundo fuertemente marcado por el individualismo y el egoísmo?

 

Los magos vienen a adorar al rey de los judíos. Sin embargo, este título (rey) tiene una fuerte carga política, que debemos atravesar para llegar a la dimensión teológica, espiritual y amorosa que asume en la persona de Jesús, quien -ya en su adultez – reconoce ser rey, pero insiste en que su reino ‘no es de este mundo’, pues se trata no del uso de poder para dominar a los demás, sino de la presencia amorosa de Dios que transforma el corazón humano.

 

Por tanto, los sabios de Oriente vienen al encuentro de un reino, un rey y un reinado que acontece de maneras insospechadas.  No se trata entonces de un rey cualquiera, sino del rey esperado que inaugura y hace presente el Reino de Dios y que desenmascara las lógicas mezquinas del poder y del egoísmo.

 

Contrastando con la actitud de búsqueda, humildad y piedad de los magos de Oriente, encontramos la actitud arrogante, desconfiada, inescrupulosa y asesina del rey Herodes. Él representa a los reyes y reinos ‘de este mundo’. A través de este personaje se develan otros ejes sobre los cuales se nos invita a meditar:

 

  • El deseo de poder y el apego al poder hacen que los otros sean vistos como enemigos.

 

  • El deseo de poder y el apego al poder pueden conducirnos a actos crueles y desmedidos: Herodes (con el interés de librarse de un niño) mandó asesinar a todos.

 

  • La búsqueda de Dios nos pide transitar los caminos del mundo, de la vida. En ellos también encontramos personajes como Herodes: engañosos, oscuros, malintencionados…Hay que discernir, hay que saber ‘leer’ no solo los signos, sino las personas que encontramos en el camino.

    

Es interesante la alusión a la ciudad de Belén de Judá, que siendo una insignificante ciudad es el lugar de origen del Mesías. Dios hace salir algo grande de lo pequeño, de lo insignificante, de lo que no tiene valor para la gran mayoría. Es grande lo que sale de Belén de Judá como es grande el amor que puede brotar de cada corazón humano si se deja habitar y guiar por su Creador.

 

Recordemos que Belén fue la tierra natal del rey David, por eso, con esta alusión se conecta a Jesús con la historia del pueblo y con las expectativas de un nuevo rey como David. El Mesías – según la tradición – debía ser descendiente de David. Es una hábil construcción teológico-política.  De esta manera, recogiendo las expectativas y las tradiciones del antiguo Israel, el relato del evangelista Mateo nos presenta a Jesús como el jefe, el rey, el pastor que pastoreará al pueblo.

 

Recordemos que – después de la desaparición de David – el pueblo de Israel esperaba la llegada de un rey que fuera digno de ese nombre. Debería ser un rey justo, piadoso y sabio. El profeta Ezequiel había denunciado que los jefes, gobernantes y líderes del pueblo no habían cumplido adecuadamente su misión, por eso Dios mismo asumiría el ‘pastoreo’ de su pueblo (Recomendamos la lectura de todo el capítulo 34 del libro del profeta Ezequiel para tener una mejor visión de lo que está en juego).

 

Los Magos ven recompensada su búsqueda: lo encuentran, se alegran, lo adoran y regresan a su tierra “por otro camino”… Un camino que los aleja de Herodes, un camino que no es el de Herodes (el camino del odio, del deseo de poder, de la incapacidad de reconocer al Mesías).

 

Aquí se nos sugiere otro eje espiritual:

 

  • La gran recompensa no es una cosa, no es algo material, no es un escudo que nos blinde contra las dificultades y las incomodidades de la condición humana. La recompensa es un encuentro con Alguien en quien se hace posible el encuentro con Dios y con nosotros mismos. La recompensa es una relación que da sentido a la vida. La recompensa es un encuentro que le da una dirección interesante a la vida (otro camino).

  

Notemos que la estrella juega un papel clave en la narración: recordemos que la tradición judía anunciaba la llegada del Mesías como una estrella que surge de Jacob: "Lo veo; pero no por ahora, lo contemplo, pero no de cerca: un astro se levanta desde Jacob, un cetro se yergue en Israel."  (Números 24, 17). De esta manera, el evangelista Mateo quiere afirmar que Jesús es el Mesías (esto hace suponer que en la época de Mateo había tensión sobre la identidad teológica de Jesús).

 

Recordemos, finalmente, que no estamos delante de un reportaje televisivo, sino delante de una narración teológica, de una catequesis sobre Jesús. Dicha catequesis busca enfatizar varios aspectos:

 

1.    La búsqueda espiritual honesta del ser humano (simbolizada en los Magos).

 

2.    El reconocimiento de Jesucristo como Salvador (los Magos simbolizan al mundo conocido en la época).

 

3.    Los juegos de poder y de mentiras que pueden invadir el corazón humano y pervertir, en todas las épocas, la convivencia humana (simbolizado en la figura de Herodes).

 

4.   La muerte de los inocentes (los niños que Herodes manda asesinar) ¿Cuántos inocentes (no sólo niños) son asesinados a diario?

 

5.  La necesidad y la importancia de saber leer la historia, los acontecimientos, las tendencias…es lo que en los documentos de la Iglesia se alude con la expresión ‘leer los signos de los tiempos’. Los Magos son presentados como personas capaces de leer los signos. ¿Somos capaces de leer los signos de la presencia de Dios en el mundo actual? ¿Somos capaces de leer los engaños que pueden presentarse en el terreno de la vida espiritual?

 

Toda esta extraordinaria revelación del amor de Dios, en la persona de Cristo Jesús, es un don para todos…Todos estamos invitados y podemos hacer la experiencia del amor infinito, pues – así lo anuncia san Pablo (segunda lectura) – también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo.”

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 72

Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

 

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes: para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.

 

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.

 

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributos; que los reyes de Sabá y de Arabia le ofrezcan sus dones, que se postren ante Él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R.

 

Porque Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; Él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.




 

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