Solemnidad de la Epifania Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente a la Solemnidad de la Epifania Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 8 de Enero.



La palabra epifanía quiere decir manifestación.  Celebramos hoy la manifestación que Dios ha hecho de su amor y de su salvación, a toda la humanidad, a través de su hijo Jesús, el Cristo.  Desde esta perspectiva, Cristo es – para los creyentes cristianos - la luz que viene a este mundo para iluminar a la humanidad. Ahora bien, lo propio de una fuente de luz es ponerla en un lugar en el que puede ‘alumbrarnos’, para ‘aclarar’ nuestro camino y permitirnos caminar en la dirección correcta, evitando los tropiezos. Esto deberá ser también, lo propio de los cristianos: según Jesús, sus discípulos deben ser luz, que debe iluminar allí donde estén: “Ustedes son la luz del mundo (…) Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean sus buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos” (Mt 5, 14.16)

 

En esta perspectiva han sido escogidas las lecturas de este domingo, llamado domingo de la epifanía del Señor.



“vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”“vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”




Isaías 60, 1-6

La gloria del Señor amanece sobre ti

 

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

 

 

La primera lectura anuncia la llegada de la luz. Será una luz que transfigurará Jerusalén y que atraerá a todos los pueblos de la tierra.

 

Recordemos que los capítulos 56-66 del libro del profeta Isaías forman un conjunto de textos, que datan del período posterior al exilio del antiguo pueblo de Israel en Babilonia (es decir, la época en que están en desarrollo las obras de restauración y reconstrucción del país). Los textos fueron redactados entre los siglos VI y V antes de Cristo.   Se nota que aún las marcas del pasado (la experiencia del pueblo en el exilio) están vivas; la reconstrucción avanza pero lentamente y la población ve – aún con pesimismo – la ansiada meta de lograr que el país llegue a tener el esplendor de antaño.

 

En ese contexto pesimista y con una tarea grande por delante, aparece la voz del profeta que – en nombre de Dios – busca animar al pueblo anunciándole algo positivo: ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!  Dios – anuncia el profeta- habitará para siempre en medio del pueblo, renovando su alianza, en la esperanza de que, esta vez, el pueblo permanezca FIEL.

 

El profeta sueña y propone una Jerusalén nueva, diferente, reconstruida, renovada.  Y esto sólo será posible no como acción meramente humana, sino como obra creadora de Dios, pues es Él quien dará a la ciudad su nuevo rostro.

 

Eso es lo que Dios hace con todos nosotros: nos renueva, nos reconstruye, nos da un nuevo rostro, una nueva identidad, una nueva perspectiva, una manera novedosa de ver y de construir la vida.

 

Esa renovación será de tal magnitud y profundidad que el pueblo de Israel se transformará en signo para otros y, por eso, todos los pueblos de la tierra vendrán a él: a descubrir los caminos de Dios, a gustar de su salvación, a aprender a caminar en alianza con Dios.  Israel se transformará así en luz de las naciones ¿No es esto mismo lo que se nos propone al seguir a Jesucristo? ¿Nos dejamos iluminar por Él? ¿Nos transformamos en signo de Dios en el mundo para los que nos rodean? ¿Qué ha sucedido con el símbolo de la luz que acompañó el rito de nuestro bautismo? 

 

Como consecuencia de esta renovación realizada por Dios vendrá la alegría, el optimismo, la esperanza y muchos que aún no se habían decidido a volver para participar en la reconstrucción lo harán: “… mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.” Por eso todos alabarán a Dios y le agradecerán.

 

¿Qué nos queda de este texto para nuestra meditación?

 

  • 1.     La necesidad de superar el pesimismo, de dejarnos habitar por la esperanza y ser portadores de luz para otros.

 

  • 2.     Entender que – en la vida de fe – no se trata sólo de nuestras fuerzas y capacidades humanas, sino de la acción de Dios en nosotros, contando con nuestra colaboración.

 

  • 3.     La posibilidad de ser signos vivos de Dios en el mundo y de compartir con otros la sabiduría que se desprende de la alianza con Dios.

 

  • 4.     La urgencia de superar la apatía para participar activamente en la construcción (o reconstrucción) de nuestro mundo, de nuestra sociedad.

 

  • 5.     La infinita bondad y fidelidad de Dios, que siempre está dispuesto a acompañar nuestros esfuerzos sinceros por un mundo mejor.

 

  • 6.     La atención necesaria por el cuidado de la Iglesia que – como una nueva Jerusalén – debe dejarse iluminar por la luz de Dios (que es Cristo), para poder realizar con autenticidad y credibilidad su misión. 




 

Mateo 2, 1-12

Venimos de Oriente para adorar al Rey

 

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel"". Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: "Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo". Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 

 

En el evangelio, vemos cómo los tres reyes magos (que simbolizan toda la humanidad) vienen buscando al niño nacido en Belén, a Jesucristo que es la luz de Dios no sólo para el pueblo de Israel, sino para todos los pueblos.

 

Se destaca, en este texto del evangelio de Mateo, la figura de estos tres hombres que son, ante todo, buscadores de Dios, hombres espirituales, atentos a las señales de Dios; personas capaces de discernir el bien del mal, de diferenciar lo que es de Dios y lo que no lo es.

 

En realidad, nosotros estamos llamados a ser como ellos: personas de esperanza, buscadores de Dios, buscadores de la verdad, auténticos adoradores (cada uno, ofreciendo con generosidad lo que, desde las propias capacidades y circunstancias, puede dar; personas capaces de discernir (de evitar los Herodes de este mundo, es decir, los focos y las fuerzas de maldad, odio, envidia y violencia) que aparecen en el camino de la vida.

 

El episodio tal como está narrado nos parece simpático y tierno, pero no olvidemos que se trata de una catequesis y que, el relato es portador de un mensaje teológico profundo, que es, en definitiva, con lo que debemos quedarnos.  Este relato pertenece a la parte conocida como los evangelios de la infancia de Jesús. El narrador no pretende hacer aquí una reconstrucción pormenorizada de los hechos, sino una instrucción que alimente la fe de los creyentes.

 

Lo que al evangelista le interesa subrayar es que:

 

  • 1.     Jesús es el Mesías, el enviado de Dios que trae la salvación al mundo.

 

  • 2.     Que este enviado (Jesucristo) y la propuesta que Él trae (la salvación) es para toda la humanidad (simbolizada en los tres reyes).

 

  • 3.     Qué hay, en el mundo, fuerzas hostiles a este proyecto de Dios (simbolizadas en Herodes y su decisión de mandar asesinar a los ‘inocentes’).

 

  • 4.     Que sólo quienes buscan a Dios con sincero corazón, perseverancia y humildad, lo encuentran.

 

  • 5.     Que en la persona de Jesús, el Cristo, Dios cumple las promesas que hizo al pueblo antiguo de Israel. Por eso, al presentar a Jesús como Mesías, establece la conexión entre Él, el rey David y Belén, el pueblito de la región de Judá en el que nació dicho rey.

 

  • 6.     Que Jesús es el verdadero libertador, pero esta vez no se trata de la libertad sociopolítica, sino de la liberación del mal, del egoísmo, del pecado que entorpece y desfigura la vida de la humanidad y de cada persona en particular.

 

  • 7.     Que en Jesús (en su humanidad) se revela Dios mismo, por eso este niño es objeto de adoración (de toda la humanidad representada por los tres reyes, con sus diferentes dones: oro, incienso y mirra).  

 

Volvamos sobre estos 7 puntos y meditemos con detenimiento cómo esto acontece en nuestra vida. 



 

Efesios 3, 2-6

Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos

 

Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

 

 

Esta lectura nos presenta el proyecto salvador de Dios, desplegado en la persona de Jesús. El autor nos dice que este proyecto llegará y abrazará a toda la humanidad, haciendo de todos los pueblos uno sólo, es decir una gran familia humana. Es una tarea que se viene haciendo, que está por hacerse, que debe continuar y en la que debemos comprometernos todos.

 

La carta a los efesios se presenta como una carta de la época del cautiverio paulino (es decir, cuando san Pablo está en prisión, seguramente en Roma).   La carta presenta una especie de síntesis del pensamiento de san Pablo.   El tema central de la carta es lo que Pablo llama ‘el misterio’, que no es otra cosa sino el proyecto salvador de Dios revelado y realizado en la persona de su Hijo Jesucristo.

 

Este proyecto ha sido revelado a los Apóstoles y ellos han dado testimonio del mismo con sus vidas y con su predicación y enseñanza. En la carta, Pablo pone de relieve que este proyecto salvador es posible por la acción conjunta, amorosa y coordinada del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  Igualmente, el autor insiste en el lugar preeminente de Jesucristo. Nos dice, además, que Jesucristo es la cabeza de la Iglesia (esta metáfora de la cabeza nos ayuda a comprender la unión entre Jesús y la Iglesia y la obediencia que esta (la Iglesia = cabeza) le debe a Jesucristo. Si ella se separa de Él o lo desobedece, pierde su naturaleza y la esencia de su misión). Entendemos por qué María (en el relato de las bodas de Caná) dijo: “Hagan lo que Él les diga” (Juan 2,5).  

 

En el pasaje de la carta que se nos propone, Pablo se presenta como testigo comprometido de este proyecto de salvación de Dios. Es testigo ante los judíos, pero también ante los no judíos (es decir, ante los paganos).  Pablo afirma que en Cristo ha llegado la salvación de Dios esperada; que esta salvación es para toda la humanidad (no se reduce a un pueblo o a una religión) y que uno de los objetivos de Dios es lograr la unidad de toda la humanidad con lazos de hermandad. Este objetivo aún está en construcción. ¡Cuán difícil es llegar a esta toma de conciencia y a comprometernos con esta unidad solidaria de la familia humana, un solo y único cuerpo!

 

¿Qué nos queda de esta lectura para nuestra reflexión?

 

  • 1.     La gran noticia de que Dios tiene un plan de salvación (no de destrucción ni de condenación) para toda la humanidad.

 

  • 2.     La conciencia de pertenecer todos a una única familia humana y ser corresponsables de ella.

 

  • 3.     La necesidad de crear lazos de fraternidad, que son los únicos que pueden ayudarnos a superar las tendencias de exclusión y violencia que afectan a la humanidad.

 

  • 4.     El llamado a no desperdiciar la gracia de Dios, que es distribuida a todos, pero que debe ser adecuadamente aprovechada por cada uno.    

 

 

Terminemos nuestra meditación orando con el…



 

Salmo 72

Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

 

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes: para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.

 

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.

 

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributos; que los reyes de Sabá y de Arabia le ofrezcan sus dones, que se postren ante Él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R.

 

Porque Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; Él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.

 


 

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