Sexto Domingo de Pascua Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Sexto Domingo de Pascua Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 6 de Mayo.



La liturgia de este domingo articula diversos temas: la apertura, el reconocimiento de los otros, la piedad y la práctica de la justicia como criterios de cercanía a Dios, la experiencia del Espíritu Santo, el bautismo, la centralidad del amor en la experiencia cristiana, la unión con Cristo, los frutos de esta unión.



“Esto os mando: que os améis unos a otros“Esto os mando: que os améis unos a otros"



Veamos las lecturas:



Hechos de los Apóstoles 10,25-26.34-35.44-48

El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles

 

Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo: "Levántate, que soy un hombre como tú." Pedro tomó la palabra y dijo: "Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea." Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes de origen judío, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles. Pedro añadió: "¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?" Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

 

 

Algunas reflexiones:

 

El relato de la visita del apóstol Pedro al centurión Cornelio refleja, teológicamente, el crecimiento de la Iglesia en el primer siglo y un salto importante: pasar del mundo judío (representado por Pedro) al resto del mundo (representado por Cornelio, funcionario del imperio romano).

 

Recomendamos la lectura de todo el capítulo 10 del libro de los Hechos de los Apóstoles. Dejarnos conducir por Dios implica estar dispuestos a abrirnos, a romper falsos límites que hemos construido, a reconocer la riqueza de otros diferentes, a hacer que el mensaje de Jesús sea conocido por otros, por todos.

 

No podemos pretender hacer de la Iglesia un club cerrado de gente piadosa que excluye a ‘los otros’, a los que, supuestamente, están fuera. ¿Quién está fuera del amor de Dios?  

 

Recordemos que durante los primeros años de vida de la Iglesia, ni Pedro ni la comunidad creyente se llamaban o se hacían llamar «cristianos». Ellos se consideran a sí mismos simplemente como creyentes judíos tocados y transformados por la experiencia vivida con Jesús de Nazaret, a quien habían experimentado resucitado.

 

Esta experiencia les había dado una nueva perspectiva desde donde re-interpretaban su fe judía, pero no significó (al menos inicialmente) el abandono de la fe judía. Ellos continuaban observando las normas del judaísmo. De hecho el libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que seguían yendo – como de costumbre – al templo: “Pedro y Juan subían al templo a la hora de la oración, hacia las tres de la tarde.” (Hech. 3,1).

 

Dentro de las muchas leyes estaba la de no mezclarse con los no-judíos so pena de incurrir en impureza ritual. Por eso la entrada de Pedro en la casa de Cornelio es un relato interesante, pues nos enseña a romper barreras, a construir puentes, a entender que el amor de Dios no tiene límites, a examinar las propias creencias y normas.

 

¿Qué puede enseñarnos, hoy, esta lectura? ¿Qué aplicaciones concretas podemos encontrar? ¿Qué aplicaciones podría tener esto en lo que concierne a la convivencia multicultural y al diálogo interreligioso?

 

El Espíritu Santo es la fuerza que nos capacita para permanecer unidos a Dios, para comprender su ‘lógica misericordiosa’ y para cumplir la tarea de hacer presente a Dios allí donde estamos.  Sin Espíritu, la religión puede transformarse en magia… Por eso toda la reflexión del tiempo pascual y la orientación de las lecturas nos van llevando hacia la experiencia del Espíritu Santo…Pentecostés.

 

Como dato curioso de esta lectura: notemos cómo las personas primero reciben el Espíritu Santo y, luego, reconociendo esta experiencia, son bautizadas.

 

Podemos meditar sobre varios puntos:   

 

  • La reverencia de Cornelio y la humildad y claridad de Pedro: “Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo: "Levántate, que soy un hombre como tú."”

 

  • Un amor universal, que no excluye: “Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.”

 

  • En el Nuevo Testamento hay muchas experiencias de Pentecostés (lo que ocurre es que estamos acostumbrados a un único relato): Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.

 

  • Tener cuidado de no adueñarse del Espíritu de Dios: Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes de origen judío, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.



I Juan 4,7-10

Dios es amor

 

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

 

 

Algunas reflexiones:

 

En la época en que se escribe la carta parece haber una fuerte discusión sobre la autenticidad del discípulo de Cristo. ¿En qué consiste ser cristiano? El autor de la carta, desmarcándose de la tendencia ritualista de la comunidad judía, insistirá en la correcta relación entre fe y amor.  La fe verdadera y el amor a Dios y al prójimo deben caminar juntos y, juntos, son el criterio de base para verificar la autenticidad cristiana de la Iglesia.

 

Como vemos, el pasaje propuesto está centrado en el criterio del amor, y, para fundamentarlo, el autor recuerda a todos los cristianos que el ‘modelo’ (la referencia’) a seguir es el mismo Dios que – por ser amor – envió a su Hijo para revelarnos su amor y conducirnos a la comunión plena con Él.

 

Podemos meditar sobre varios puntos:    

 

  • La esencia de la experiencia cristiana es el amor: amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

 

  • El amor se expresa bajo el dinamismo de la donación, de la entrega y del rescate: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de Él.”

 



Juan 15,9-17

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros."

 

 

Algunas reflexiones:

 

En el relato del evangelio de san Juan, Jesús propone a sus interlocutores una alegoría. Se trata de la alegoría de la vid y los sarmientos.  Recordemos que una alegoría es una composición literaria (en este caso, de carácter teológico) que tiene sentido simbólico. La alegoría busca representar simbólicamente – a través de personajes, animales u objetos -algo profundo (en este caso la necesidad de permanecer unidos a Jesús).

 

Una vez propuesta la alegoría, Jesús plantea el núcleo fundamental de la espiritualidad cristiana, de la fe en Dios: el amor. Sin embargo, inmediatamente hace una precisión fundamental, a fin de evitar confundir el amor con ‘cualquier otra cosa’:

 

  • Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

 

  • Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

 

  • Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

  

De hecho, el amor es un motivo y un tema exageradamente usado en todos los ámbitos: la música, el arte, la literatura, etc. En un mundo de pensamiento plural hay muchas maneras de entender y vivir el amor. Entonces, las precisiones que hace Jesús sobre el amor que nos propone como don y tarea son importantes.

 

¿Nos aseguramos que el amor que intentamos se acerque al amor que Jesús nos ha revelado? Es imposible llegar a ese amor si no se vive la unidad, la comunión, la intimidad (por eso la alegoría plantea la unión que hay entre la rama y la planta. Esto para hablar de la unión del creyente con Cristo. Sin esa unión no podrán realizarse este amor ni las manifestaciones (frutos) que lo acompañan.

  

Podemos meditar sobre varios puntos:

   

  • Revisemos nuestro concepto de amor: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.” No se trata de cualquier tipo de amor. Se trata de aprender a amar como Dios ama y Jesús nos enseña perfectamente cómo es ese amor.

 

  • Dejemos que en nosotros habite la alegría de Dios: “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.”

 

  • Seamos amigo de Jesús: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.”

 

  • No nos olvidemos de dar fruto: “os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.”

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…




Salmo 98

El Señor revela a las naciones su salvación.

 

Cantad al Señor un cántico nuevo, / porque ha hecho maravillas; / su diestra le ha dado la victoria, / su santo brazo. R.

 

El Señor da a conocer su victoria, / revela a las naciones su justicia: / se acordó de su misericordia y si fidelidad / en favor de la casa de Israel. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de nuestro Dios. / Aclama al Señor, tierra entera; / gritad, vitoread, tocad. R.

 



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