Sexto Domingo de Pascua Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Sexto Domingo de Pascua Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 21 de Mayo.



Ya falta poco para que termine el tiempo litúrgico llamado de Pascua. Este tiempo se cierra con la gran fiesta de Pentecostés, que – en perspectiva cristiana – celebra la venida, la presencia y la acción del Espíritu Santo sobre los apóstoles y sobre la Iglesia. Por eso las lecturas, en este sexto domingo de Pascua, nos hablan del Espíritu, de la vida espiritual, de la fe, de la perseverancia, de la alegría espiritual, de la misión. Veamos:



“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”



Hechos de los Apóstoles 8,5-8.14-17

Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo

 

En aquellos días, Felipe bajo a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

 

 

La 1ª lectura es un trozo del libro de los Hechos de los Apóstoles. Nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos. Recordemos que hay una enemistad ancestral entre los judíos y los samaritanos. Este dato es interesante. Felipe es un cristiano que habla de Dios a aquellos que tradicionalmente son considerados enemigos. El cristiano Felipe prefigura lo que deberíamos hacer todos los cristianos: destruir los muros que separan a la humanidad y construir puentes de paz, de entendimiento, de diálogo, de ayuda, de solidaridad, de sana convivencia.

 

¿Cuál es el resultado de este encuentro? El relato nos lo cuenta: toda la ciudad se llenó de alegría.  Esto es lo que hace el Espíritu de Dios en las personas: las transforma, le ayuda a ver otras formas posibles de vivir y de convivir. Para el Espíritu Santo, la unidad y la paz son su ‘horizonte normal de funcionamiento’. Las barreras y los muros los ponemos los seres humanos. Hay que cambiar de paradigma. Hay que cambiar de chip.

 

  • 1.     Habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo. ¿Qué signos hacemos, hoy?

 

  • 2.     La ciudad se llenó de alegría. ¿Cuál es el tipo de alegría a que se refiere el texto? ¿Qué pseudo-alegrías abundan en el mundo?

 

  • 3.     Enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo. El Espíritu anima y sostiene la misión. El Espíritu se comunica de unos a otros. ¿Hemos tomado conciencia de que somos portadores del Espíritu de Dios? ¿Lo comunicamos?



 

I Pedro 3,15-18

Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida

 

Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran de vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

 

 

Continuamos leyendo la 1ª carta de Pedro. En el texto propuesto se nos pide algo que quizá no hemos ni meditado suficientemente, ni realizado adecuadamente: saber dar razón de nuestra esperanza, es decir, saber dar cuenta de por qué somos cristianos.

 

Esa es una extraordinaria pregunta ¿Por qué soy cristiano? ¿Por qué eres cristiano? Hay gente que – seguramente – se ha acercado (o se acercará) a los cristianos para preguntarles esto. ¿Estamos preparados para responder adecuadamente esta pregunta?

 

¿Por qué creemos? ¿Por qué nos empeñamos en confiar en Dios, aún en medio de las pruebas y de las situaciones difíciles de la existencia? San Pablo nos da algunas pistas para responder a estas preguntas. En sus cartas nos dice:

 

  • a.      Que en Jesucristo ha encontrado algo tan valioso que todo lo que antes consideraba de valor ha pasado a ser ‘basura’.

 

  • b.     Que ha logrado percibir que en Jesucristo se ha revelado un amor descomunal. Un amor que es capaz de entregar la vida.  

 

  • c.      Que sabe en Quién ha puesto su confianza. Que Jesucristo es digno de confianza.

 

  • d.     Que ha descubierto que – en cristo – Dios ha desplegado para él y para toda la humanidad, su misericordia.  

 

¿Qué has descubierto tú en cristo Jesús?

 

Estas y otras razones alimentaron la fe de los primeros cristianos (Pablo, Bernabé, Pedro, etc.), y por ello, el autor de la carta exhorta a los cristianos a ser pacientes en los sufrimientos, a conservar el norte y a ser fieles a Jesucristo, en quien Dios ha querido mostrar a todos lo que significa ser ‘perfecto’ en el amor.

 

Algunas ideas del texto para ayudarnos a meditar:

 

  • 1.     Estén siempre prontos para dar razón de su esperanza.

 

  • 2.     Cuando den razón de su fe, háganlo con mansedumbre, respeto y buena conciencia.

 

  • 3.     Que (por su integridad de vida) queden confundidos los que denigran su buena conducta en Cristo.

 

  • 4.     Cristo murió (…) para conducirnos a Dios.



 

Juan 14,15-21

Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él."

 

 

El texto del evangelio es una parte de uno de los discursos de Jesús. Se trata del discurso de despedida. Hay una gran preocupación en el corazón de Jesús: la suerte de sus discípulos, lo que sucederá cuando Él ya no esté físicamente con ellos. Es una preocupación legítima.  Pero hay una promesa (promesa que ya se ha cumplido y que debemos aprovechar). Jesús les promete que no los dejará solos, que les enviará otro PARÁCLITO (palabra griega que tiene muchos significados: consolador, defensor, abogado). Ese paráclito es el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo.

 

¿Qué dice de este Espíritu?

 

  •         Que estará permanentemente con los discípulos (es fiel).

 

  •         Que es el espíritu de la verdad (la verdad es el camino que hace libres a las personas)

 

A través de su Espíritu, Cristo permanece presente en la Iglesia; cuidándola, orientándola, fortaleciéndola y formándola. Pero ella debe permitirlo. Si el corazón de los miembros de la Iglesia se vuelve impermeable a la presencia y a la acción interior del Espíritu Santo, la Iglesia perderá su rumbo y la vida cristiana perderá su sabor.

 

El autor del evangelio les advierte que esto puede suceder. Por eso les dice que “El mundo no puede recibirlo”. Hay que saber interpretar. La palabra “mundo” usada aquí por el evangelista se refiere a aquellas fuerzas presentes en la historia humana que son refractarias al amor, al bien, a la verdad, a la solidaridad, al respeto por la vida. Por eso ‘ese mundo’ no puede recibir al Espíritu Santo; pero los discípulos de Cristo (que han abierto su corazón y su conciencia al evangelio) sí pueden hacerlo. Por eso Jesús les dice “Ustedes, en cambio, lo conocen, porque vive con ustedes y está con ustedes”.

 

El mundo del desamor, del egoísmo y de la violencia no puede recibir el Espíritu, no puede entenderlo. Pero cuando la gente opta por el amor empieza entender al Espíritu de Dios y a actuar según este Espíritu. Por eso san Pablo en la carta a los romanos afirma: “son hijos de Dios los que se dejan guiar por su Espíritu”.  En perspectiva cristiana, es esa sintonía y comunión con el Espíritu de Dios, la que hace que el seguidor de Cristo y la Iglesia sean dóciles a los valores del Evangelio. Cuando esto sucede, entonces puede afirmarse que la Iglesia y cada creyente en ella son ‘espirituales’.

  

En el evangelio de hoy Jesús nos promete la compañía del Espíritu. Sin embargo, en nuestra formación cristiana poco se nos ha orientado sobre la experiencia espiritual, sobre esta comunión con el Espíritu, sobre la vida en el Espíritu. Nos hemos concentrado más en hacer cosas, en practicar ritos, pero sin la claridad ‘espiritual’ que debiera alimentar estas experiencias. Lo que es claro, desde la teología cristiana, es que, sin Espíritu, la religión se transforma en magia. Por el contrario, con Espíritu se transforma en vida. Por eso Jesús dijo claramente: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

 

 Cuatro frases del evangelio para ayudarnos a meditar:

 

  • 1.     Si me aman, guardarán mis mandamientos.

 

  • 2.     Yo le pediré al Padre que les dé otro defensor, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad.

 

  • 3.     El mundo no puede recibir este Espíritu, porque no lo ve ni lo conoce; Ustedes, en cambio, sí lo conocen.

 

  • 4.     Al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.

 

 

Terminemos esta reflexión orando con el…

 


Salmo 66

Aclamad al Señor, tierra entera.

 

Aclamad al Señor, tierra entera; / tocad en honor de su nombre, / cantad himnos a su gloria. / Decid a Dios: "¡Qué temibles son tus obras!" R.

 

Que se postre ante ti la tierra entera, / que toquen en tu honor, / que toquen para tu nombre. / Venid a ver las obras de Dios, / sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

 

Transformó el mar en tierra firme, / a pie atravesaron el río. / Alegrémonos con Dios, / que con su poder gobierna eternamente. R.

 

Fieles de Dios, venid a escuchar, / os contaré lo que ha hecho conmigo. / Bendito sea Dios, que no rechazó mi suplica / ni me retiró su favor. R.

 


 

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