Segundo Domingo de Pascua Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Segundo Domingo de Pascua Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.


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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 8 de Abril.



La liturgia de este domingo gira en torno a la experiencia del Resucitado. Esta experiencia está ligada a transformación, comunidad, fraternidad, proceso, inquietudes, fe…


“Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!”“Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”



Veamos las lecturas


Hechos de los Apóstoles 4,32-35

Todos pensaban y sentían lo mismo

 

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

 

 

I Juan 5,1-6

Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo

 

Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser, ama también al que ha nacido de Él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.



Juan 20,19-31

Porque me has visto, Tomás, has creído, -dice el Señor-. Dichosos los que crean sin haber visto.

 

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos." Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo." A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto." Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

 

 

Algunas reflexiones:

 

1.     Cuidado con quedarnos con una resurrección sin efectos, es decir, con una mera idea: Si la resurrección de Jesús no tuviera efecto alguno en la vida del discípulo, entonces ella no habría pasado de ser un caso aislado, un asunto particular entre Él y Dios Padre. Pero esto no es lo que cree y afirma la fe de la Iglesia. La resurrección de Jesús abre la posibilidad a todos de resucitar, de acceder a una vida plena, de superar el drama del absurdo que sobrevendría con el acabamiento absoluto de cada uno y de todos por acción de la muerte.  Por otro lado, de la resurrección de Jesús nacen los primeros testigos (hombres y mujeres transformados interiormente y dispuestos a vivir una vida nueva); de la resurrección de Jesús y del encuentro con Él nace la Iglesia. Sin resurrección de Jesús no habría Iglesia con todo lo que la constituye: su fe, su misión, su liturgia, su credo, sus prácticas, su teología. Sin resurrección todo esto desparecería de tajo.  De hecho, lo que creemos es que la resurrección de Jesús tiene unos efectos reales y concretos que la constituyen en el fundamento de la existencia de la Iglesia. Por eso san Pablo llegó a escribir: “si Cristo no resucitó, el mensaje que predicamos no vale para nada, ni tampoco vale para nada la fe que ustedes tienen. 15 Si esto fuera así, nosotros resultaríamos ser testigos falsos de Dios, puesto que estaríamos afirmando en contra de Dios que Él resucitó a Cristo, cuando en realidad no lo habría resucitado si fuera verdad que los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, entonces tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes no vale para nada: todavía siguen en sus pecados. “ (1ª Cor 15, 14-17)

 

2.     La resurrección introduce a los creyentes en el horizonte de construcción de una comunidad fraterna y justa.  El centro del mensaje de Jesús, en el desarrollo de su misión, fue el Reino de Dios, es decir, la presencia y la acción de Dios que transforma al ser humano y lo lleva a su plenitud.  Componente esencial de esa transformación es la capacidad de superar el egoísmo y de construir una humanidad en la que el rasgo distintivo sea la fraternidad humana, expresada en honestidad, solidaridad, respeto, justicia y compasión. Para recordarnos esto, la liturgia nos propone el texto del libro de los Hechos de los Apóstoles (la primera lectura), en el que se nos habla del ideal de comunidad que debe brotar de la experiencia de encuentro con el resucitado. En efecto, en este texto aparecen algunos de los rasgos de la “comunidad cristiana ideal”, aquella que podemos y debemos construir si dejamos al Resucitado habitar en ella: 1) pensaban y sentían lo mismo; 2) poseían en común; 3) nadie se apropiaba indebidamente de nada; 4) todos están centrados en la experiencia pascual y dan testimonio de Jesús resucitado; 5) ninguno pasaba necesidad, porque había comunicación de bienes (solidaridad); 6) los recursos se distribuían según las necesidades. Esos rasgos, esas experiencias deben orientar y alimentar la vida de todos los cristianos, en todas las épocas. Pero esto dependerá de la creatividad de la misma iglesia y del compromiso de cada uno en ella. En esta radiografía se nos orienta claramente hacia el ideal, hacia la utopía. Obvio, la Iglesia camina hacia la utopía sin conseguirla totalmente. Así, la tarea permanece abierta en la historia. Nunca podemos decir ‘ya llegamos a la perfección’.

   

3.     La Iglesia debe estar espiritualmente despierta: Las fallas, los tropiezos y las caídas en el proceso de construcción de una comunidad fraterna y justa no hay que interpretarlos como la demostración de que la utopía es inalcanzable, sino más bien como el signo de que no es fácil y de que existen, en la historia, fuerzas contrarias a este proyecto.  Todas las dificultades y errores nos muestran sencillamente que somos seres históricos, que la Iglesia está atravesada también por esta dimensión de historicidad y fragilidad y que ella debe permanecer atenta espiritualmente: la atención a Dios es su primera y principal responsabilidad. Es por eso que en la liturgia se nos propone también la segunda lectura (2ª Carta de san Juan), que nos insiste en la práctica del amor y la construcción de la fraternidad: En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.”

 

4.      El evangelio nos permite entender que el descubrimiento de los efectos y alcances de la resurrección de Jesús no se comprenden rápidamente. A veces nos hacemos la ilusión de que la Iglesia fue un proceso exprés: en el Viernes de Pasión la esperanza se había prácticamente acabado; el Sábado Santo todos esperan un milagro; el Domingo de Resurrección el milagro se produjo y el Lunes de Pascua (casi por arte de magia) ya tenemos Iglesia con todo y ministerios y libros litúrgicos listos. No falta, igualmente, quien llegue a pensar que la Iglesia de ese momento tenía las mismas características de la actual. Se nos olvidan con frecuencia los procesos ocurridos a lo largo de XXI siglos de historia. Las cosas fueron lentas, los procesos fueron complejos y diversos.   Los discípulos debieron vivir un proceso (que no fue meramente racional, sino complejamente existencial) de asimilación, de relectura, de interiorización, de transformación, de re-posicionamiento y de progresivo compromiso que despuntó en la misión, que fue – en definitiva- de la que surgió la Iglesia, tanto en su unidad como en su diversidad. Los discípulos de la primera etapa tuvieron que pasar por un proceso existencial hondo, una experiencia vital de encuentro con Jesús resucitado, que les posibilitó llegar a la comprensión de lo que había ocurrido y de la identidad profunda de Jesús de Nazaret. Fue esta comprensión la que permitió la elaboración de los textos que llamamos evangelios.

 

5.     No debemos “echar pestes” contra Tomás. Tenemos tendencia a juzgar duramente al apóstol Tomás. Lo tratamos de incrédulo, de lento, de duro de corazón, de escéptico, etc., pero se nos olvida que en cada creyente hay un Tomás (es el mensaje del evangelio); un Tomás que debe madurar, que necesita más explicaciones, que le cuesta creer, que quiere comprender mejor, que necesita situarse en el verdadero horizonte, que se cuestiona permanentemente, que debe aprender a entrar en la pasión de su maestro. Eso es lo que se quiere decir con la expresión: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado”). Tomás quiere acoger la Buena Noticia, pero necesita comprender, ser llenado por la presencia del Señor resucitado.

 

6.     Seguramente nos hace falta madurar en la fe: tal vez nuestros conceptos tradicionales sobre Jesús y su evangelio (aprendidos con buena voluntad pero tal vez de manera poco reflexiva y con poco asidero existencial) no nos permiten ver con claridad cuál es el verdadero alcance de la fe cristiana que confesamos. La superficialidad hace que la experiencia de fe no impacte nuestra vida y la vida de los que nos rodean. Nos caería bien hacer el ejercicio de des-aprender para re-aprender; un ejercicio de distanciamiento crítico de lo aprendido para revisarlo y re-aprender el evangelio con una nueva conciencia. Tal vez, necesitemos hacer lo que hizo el apóstol Tomás: integrarnos a la comunidad (pasar de no-estar a estar) y – con ella - entrar en la pasión de Jesús. No pensemos que para los discípulos, que acompañaron a Jesús antes de su muerte en cruz, fue más fácil creer. Quizá fue más difícil dadas las muchas expectativas sobre el Mesías y la revelación concreta que del Mesías aconteció en Jesús de Nazaret.

 

7.     Nos queda la tarea de ser portadores y constructores de paz desde la experiencia del Espíritu Santo. Este podría ser, por ahora, el punto de llegada de nuestra reflexión. En el evangelio Jesús resucitado saluda a sus discípulos de una manera particular: “La paz esté con Ustedes”. Sí, pero no se trata de cualquier paz, sino de la paz de Dios, aquella que se alcanza por la comunión con su Espíritu. Por eso Jesús comunica a sus discípulos su Espíritu ("Reciban el Espíritu Santo”). Espíritu para amar, para perdonar, para construir, para crear, para cuidar la vida, para humanizar las sociedades. Esto es la resurrección.

 

Algunas preguntas para nuestra reflexión:

 

  •         ¿Hemos vivido experiencias de duda dentro de la fe?

 

  •         ¿Hemos logrado conectarnos existencialmente con la pasión de Jesús?

 

  •         ¿Qué puedo decir de mi experiencia de Iglesia?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 118

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

 

Diga la casa de Israel: / eterna es su misericordia. / Diga la casa de Aarón: / eterna es su misericordia. / Digan los fieles del Señor: / eterna es su misericordia. R.

 

La diestra del Señor es poderosa, / la diestra del Señor es excelsa. / No he de morir, viviré / para contar las hazañas del Señor. / Me castigó, me castigó el Señor, / pero no me entregó a la muerte. R.

 

 La piedra que desecharon los arquitectos / es ahora la piedra angular. / Es el Señor quien lo ha hecho, / ha sido un milagro patente. / Éste es el día en que actuó el Señor: / sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

 


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