Segundo Domingo de Adviento

La siguiente es la reflexión correspondiente al Segundo Domingo de Adviento acerca las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía.

 



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Nota acerca de la fecha: En el 2013, corresponde al Domingo 8 de Diciembre.


Libro de Isaías 11,1-10

En aquel día, saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor -y lo inspirará el temor del Señor-. El no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas. El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá; la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey. El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora, meterá la mano el niño apenas destetado. No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morada.

 

Te comparto mis comentarios acerca de esta lectura del profeta Isaías a la luz del Segundo Domingo de Adviento:



  • El profeta Isaías nos habla metafóricamente y poéticamente de la «utopía» bíblica. La utopía es el gran ideal que nos mueve, aunque históricamente no lleguemos a él. La utopía es lo que aún no es, lo que está por hacerse o por suceder, lo que debe ser.

 



  • Esta utopía depende de la unión con Dios, pues la paz ideal, paradisiaca, sólo es posible si el conocimiento de Dios habita en los corazones… Y ese conocimiento se da en y por el Amor: de él vienen la justicia, la rectitud, la fidelidad de que hablan Isaías y el salmo 72.

  • El texto de Isaías nos dice que el proyecto de Dios, su amor transformador abarca no sólo las relaciones humanas sino la relación humana con la naturaleza. Cuánto bien nos haría rescatar esta dimensión eco-espiritual de la fe.

  • El profeta Isaías quiere avivar en los creyentes la esperanza: un mundo diferente es posible; hay que creer en esto, hay que colaborar con nuestro esfuerzo para que esto suceda, hay que construir las condiciones para que la transformación de este mundo enfermo en un mundo sano vaya sucediendo. El adviento es el tiempo litúrgico de la esperanza.
 
  • Notemos la conexión que hay entre la primera lectura y el evangelio de Mateo a través del tema del Espíritu de Dios (el Espíritu Santo) y la experiencia que el creyente puede hacer de este Espíritu.

 

 

Salmo 72(71)

Oh Dios, comunica al rey tu juicio,
y tu justicia a ese hijo de rey,
para que juzgue a tu pueblo con justicia
y a tus pobres en los juicios que reclaman.

Florecerá en sus días la justicia,
y una gran paz hasta el fin de las lunas.
Pues domina del uno al otro Mar,
del Río hasta el confín de las tierras.

Pues librará al mendigo que a él clama,
al pequeño que de nadie tiene apoyo;
él se apiada del débil y del pobre,
él salvará la vida de los pobres;

Que su nombre permanezca para siempre,
y perdure por siempre bajo el sol.
En él serán benditas todas las razas de la tierra,
le desearán felicidad todas las naciones.

 

 

Carta de San Pablo a los Romanos 15,4-9

Hermanos: Todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción, a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza. Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios. Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que él había hecho a nuestros padres, y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia. Así lo enseña la Escritura cuando dice: Yo te alabaré en medio de las naciones, Señor, y cantaré en honor de tu Nombre.

 

 

Evangelio según San Mateo 3,1-12

En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: 'Tenemos por padre a Abraham'. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible".

 

Te comparto mis comentarios acerca de esta lectura del evangelio según San Mateo a la luz del Segundo Domingo de Adviento:

  • El mundo necesita personas como Juan Bautista; que llamen, que exhorten, que marque el rumbo, pero sobre todo, que vivan la propuesta que anuncia con su boca, pues el testimonio convence más que le discurso.

  • Juan Bautista (como el mismo Jesús, que nacerá poco tiempo después de él) anuncian el Reino de Dios: la presencia activa y amorosa de Dios que transforma al ser humano desde el interior. Sin duda, el lenguaje puede cambiar y hoy hablaríamos de un modo diferente (con otras categorías), pero la idea fundamental y la propuesta original es la misma: Dios es amor y se hace presente en la historia humana proponiendo a todos una utopía de realización.

 


  • El tema de la conversión es clave: la conversión nos conecta con procesos complejos de mutación, transformación, cambio, reorganización, discernimiento, reorientación de la vida. Es una búsqueda, un itinerario que acontece a la manera de una respuesta que se da por sucesivas tomas de conciencia.

  • El Reino de Dios ya está en medio de nosotros, pero acontecerá en nuestras vidas sólo si decidimos cambiar; y con nuestra propia trasformación, contribuiremos a la transformación de la sociedad, del mundo.

 

  • Aparece el tema del camino (de los caminos) de Dios. Puede haber muchos caminos pero todos ellos convergen y se alimentan de una sola realidad: el amor de Dios. El amor es EL CAMINO. Por eso san Agustín se atrevió a afirmar: “Ama y haz lo que quieras”.

 


  • Se nos propone no contentarnos con conceptos doctrinales o con una fe ambiental (Las doctrinas son necesarias y pueden ayudar, pero lo fundamental es la experiencia de vida). Los interlocutores de Jesús repetían la “sana doctrina” de su tiempo: “Tenemos por padre a Abraham”, pero su manera de vivir no correspondía a esto, eran meros conceptos. No había frutos. El cristiano de hoy puede también quedarse repitiendo doctrinas: “somos hijos de Dios”, “somos bautizados”, “El Espíritu Santo habita en nosotros”, etc., pero ¿qué hay de la experiencia? ¿Qué hay de la verdadera conversión?

  • Y vuelve el tema del juicio expresado de manera figurativa: “El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles”. No olvidemos que este juicio tendrá como criterio fundamental el amor… Amar debe ser nuestra preocupación fundamental. Para vivir ese Amor es que se nos concede entrar en comunión con el Espíritu de Dios. Es por el Espíritu que podemos permanecer en Dios y con Dios.

 

 

Comentario del Evangelio por Papa Francisco Encíclica “Lumen fidei”, §20-21

“Él os bautizará con el Espíritu Santo”

 

La nueva lógica de la fe está centrada en Cristo. La fe en Cristo nos salva porque en él la vida se abre radicalmente a un Amor que nos precede y nos transforma desde dentro, que obra en nosotros y con nosotros… Cristo ha bajado a la tierra y ha resucitado de entre los muertos; con su encarnación y resurrección, el Hijo de Dios ha abrazado todo el camino del hombre y habita en nuestros corazones mediante el Espíritu santo. La fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma interiormente, que habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida, el arco completo del camino humano.


Así podemos entender la novedad que aporta la fe. El creyente es transformado por el Amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este Amor que se le ofrece, su existencia se dilata más allá de sí mismo. Por eso, san Pablo puede afirmar: “No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20), y exhortar: “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones” (Ef 3,17). En la fe, el “yo” del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y así su vida se hace más grande en el Amor. En esto consiste la acción propia del Espíritu Santo. El cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, su condición filial, porque se le hace partícipe de su Amor, que es el Espíritu. Y en este Amor se recibe en cierto modo la visión propia de Jesús. Sin esta conformación en el Amor, sin la presencia del Espíritu que lo infunde en nuestros corazones (cf. Rm 5,5), es imposible confesar a Jesús como Señor (cf. 1 Co 12,3).

 



Para tu reflexión, te planteo las siguientes preguntas a la luz del Segundo Domingo de Adviento:



1) ¿He comprendido bien lo que significa utopía? ¿He captado la originalidad de la Utopía cristiana?



2) ¿Puedo decir que los caminos por los que estoy transitando están en armonía con el gran camino del Amor que Dios me propone?



3) ¿Qué puedo decir de mi relación con los otros y con la naturaleza? ¿Cómo entra mi experiencia de fe en ello?

 


Oración Final a la luz de las Lecturas para el Segundo Domingo de Adviento

Oh Dios, tú nos entregas todo tu amor; haz que nuestras palabras y obras muestren siempre nuestra disposición al amor y a la reconciliación; aleja de nosotros toda actitud de discordia, egoísmo y violencia y haz que trabajemos con ahínco en la construcción de la Utopía del “otro mundo posible” que tú nos propones. Amén. 

 

 

¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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