Segundo Domingo de Adviento Ciclo B 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Segundo Domingo de Adviento Ciclo B 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 10 de Diciembre.



La liturgia de este segundo domingo de Adviento está jalonada por varias ideas: el retorno, la posibilidad de recomenzar, darnos una nueva oportunidad, asumir seriamente el proyecto de reconstruir la vida entrando en comunión con Dios. Las lecturas nos invitan a entrar en un clima de esperanza, a creer que aún en medio de las dificultades es posible un futuro mejor, porque Dios está presente y es fiel.




“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."



Isaías 40,1-5.9-11

Preparadle un camino al Señor

 

"Consolad, consolad a mi pueblo, -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por su pecados." Una voz grita: "En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos -ha hablado la boca del Señor-." Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: "Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres".

 

 

Cuando el profeta Isaías escribe, el pueblo de Israel exiliado en Babilonia abraza la esperanza de volver a su país y reconstruirlo.  El profeta anima al pueblo diciéndoles que Dios nunca los ha olvidado, que los ha perdonado y que suscita las posibilidades de retornar a la ‘tierra perdida’ para vivir una nueva etapa de ‘reavivamiento de la alianza’.

 

Además, Isaías anuncia que ahora vendrá un mensajero (nunca dice quién es este mensajero), que invita a preparar el camino para que Dios pueda entrar nuevamente en el corazón del pueblo, de cada persona. Sólo así la nación podrá ser reconstruida.  El escritor se vale de una imagen común de la época: cuando un rey ganaba una guerra y retornaba a su palacio se hacía un camino ceremonial, festivo, por el cual el rey pasaba, celebrando con el triunfo obtenido. La imagen es utilizada para presentar a Dios, que retorna glorioso, guiando nuevamente a su pueblo.  El mensajero anuncia esta gran noticia (este ‘evangelio’) y con ella alimenta la esperanza de un pueblo que vivía marginación y explotación. Los autores del Nuevo Testamento han identificado este mensajero con Juan, el Bautista. Juan es aquel que anuncia el retorno de Dios en la persona de Jesús.

 

Al meditar el contenido de esta primera lectura no debemos quedarnos en el pasado. La leemos, hoy, con fe y creemos que su mensaje es actual, que lo que allí se anuncia nos concierne y podemos vivirlo ahora. Leída no como un simple recuerdo del pasado, sino como una exhortación dirigida a nosotros, podemos percibir que Dios nos propone – a través de un conjunto de imágenes sugestivas - un proyecto de vida: “… que los valles se levanten, que los montes y las colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos”.

 

Es obvio que las imágenes que nos presenta el profeta deben ser interpretadas. Dios – a través del profeta Isaías- nos está invitando a vivir una auténtica transformación, para que podamos ver ‘su gloria’, pero esta visión pide de nosotros un esfuerzo, un plan de trabajo. Veamos:

 

  •         Levantar lo que está caído: nuestra fe, nuestra autoestima, nuestra voluntad, nuestra dimensión ética,  nuestra esperanza.

 

  •         Aplanar lo que está muy levantado: nuestra ambición, nuestro orgullo, nuestro resentimiento, nuestra falsa seguridad.

 

  •         Enderezar lo que está torcido: nuestra manera de ver, nuestras relaciones interpersonales, nuestros proyectos e intereses, nuestras opciones, nuestros prejuicios.

 

  •         Pulir lo que hay escabroso en nosotros: quitar los obstáculos que podemos estar poniendo a la acción del Espíritu Santo, al poder transformador del amor, a los procesos de reconciliación, a la sana convivencia.  

 

Ahora bien, este texto, introducido en la liturgia del segundo domingo de Adviento, se dirige a nosotros, y nos recuerda que esa gloria de Dios ha sido revelada (manifestada) a toda la humanidad en la persona de Jesucristo. Pocos lo entienden, pero en el niño nacido en Belén se ha manifestado plenamente la gloria de Dios, es decir, su presencia y el poder de su amor. Caminamos ‘espiritualmente’ hacia la memoria de la navidad del niño Jesús (navidad = natividad, nacimiento), y lo hacemos porque creemos que en esta humanidad llamada Jesús encontramos a Dios. Por eso el evangelista Juan afirma, en el primer capítulo de su evangelio: “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad.”



 

II Pedro 3,8-14

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva

 

Queridos hermanos: No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables.

 

 

Cuando se escribe la 2ª Carta de Pedro, los cristianos se plantean el problema de la segunda venida del Señor. Tienen claro que el Señor es Jesús de Nazaret, que vino a su pueblo y reveló con su vida el amor desbordante de Dios. Saben que, por causa del compromiso con Dios, el Señor Jesús fue perseguido y asesinado (mediante el suplicio de la cruz). Han vivido la experiencia pascual: saben que el Señor Jesús ha resucitado y, ahora, esperan su ‘venida gloriosa’. Pero ¿cuándo será esta venida? ¿Cuándo ocurrirá este nuevo ‘adviento’? Nadie lo sabe. Por eso los líderes de las comunidades (tanto en sus predicaciones como en sus escritos insisten en algo: ‘permanezcan en vela, haciendo el bien, para que el Señor – al llegar – los encuentre dignos, inmaculados y preparados’.  

 

Las comunidades se preguntaban cuándo sería ese día en que Jesucristo resucitado volvería. Inicialmente se les había dicho que pronto, pero el tiempo pasaba y esta visita (ligada a la idea del fin del mundo) no acontecía. El apóstol Pedro busca mantener vivo el ardor en la fe de estas comunidades diciéndoles que el Señor no se retrasa en el cumplimiento de la promesa como ellos suponen, sino que acude a la paciencia de todos, dando el tiempo y las oportunidades para que todos lleguen a la salvación.

 

Mientras llega ese día esperado nos corresponde, entonces, esforzarnos por permanecer en el amor, por ser íntegros, por ‘pasar por el mundo haciendo el bien’.  Con esta exhortación, el apóstol Pedro no busca negar que en las comunidades haya problemas, pero insiste en mantener la mirada fija en la meta; permanecer en el esfuerzo sostenido y confiar en que – en Jesús – vendrá un futuro mejor. Por eso, el apóstol insiste en algo que debe caracterizar a todo creyente cristiano:

 

  •         Su fe en las promesas de Dios

 

  •         La esperanza como dinamismo orientador de su existencia

 

Insiste, además, en la paciencia de Dios con nosotros. Una paciencia inspirada en el amor. Pero nos advierte que se trata de una paciencia de la que no debemos abusar.

 


Marcos 1,1-8

Allanad los senderos del Señor

 

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: "Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."" Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaba sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: "Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo."

 

 

El texto del evangelio de Marcos propuesto para este segundo domingo de Adviento se centra en la predicación de Juan el Bautista. Notemos que, según el evangelista Marcos, en la persona de Juan (El Bautista) se cumple lo que anunciaron el profeta Isaías y el profeta Malaquías: la visita de un mensajero, que precedería al Mesías y que anunciaría la necesidad de un proceso de conversión (asumido como preparación para acoger a Dios). Entendemos, desde esta perspectiva, por qué Juan proclamaba un bautismo de conversión (que expresaba un cambio de vida por parte del creyente). Dicho bautismo y dicho proceso de conversión tenían como punto de llegada una bautismo en el Espíritu Santo (que es un bautismo de comunión e incorporación al Mesías).  

 

Claro, Juan Bautista se inscribe en una corriente espiritual rigorista y muy exigente. Desde esa lógica predicaba un castigo inminente de Dios, a menos que hubiese un serio arrepentimiento. En este sentido, el bautismo de Juan no debe entenderse como un simple rito, sino como la aceptación de la propia condición pecadora y la entrada en un auténtico cambio de vida.  Esta nueva actitud queda muy bien expresada en algunas de las frases del salmo 85:

 

  •         Voy a escuchar lo que dice el Señor. ¿Realmente quiero escucharlo?

 

  •         La salvación está ya cerca. ¿Me preparo para acogerla?

 

Es importante que, hoy, los cristianos asumamos el papel (la misión) de Juan Bautista:

 

1.     Vida sobria, sencilla, esencial, íntegra.

 

2.     Profunda atención a la presencia de Dios.

 

3.     Sensibilidad aguda ante la injusticia.

 

4.     Mensaje claro que convoque a otros a la búsqueda de Dios.

 

5.     Humildad a toda prueba, para entendernos como servidores de Dios y del Mesías y no como ‘dueños’ de la salvación.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…




Salmo 85

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor: / "Dios anuncia la paz / a su pueblo y a sus amigos." / La salvación está ya cerca de sus fieles, / y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

 

La misericordia y la fidelidad se encuentran, / la justicia y la paz se besan; / la fidelidad brota de la tierra, / y la justicia mira desde el cielo. R.

 

El Señor nos dará la lluvia, / y nuestra tierra dará su fruto. / La justicia marchará ante Él, / la salvación seguirá sus pasos. R.



 

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