Solemnidad de la Santísima Trinidad Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 27 de Mayo.



Tenemos necesidades, muchas. Hay muchos necesitados en nuestro planeta. Necesitados desde lo más básico a nivel material (la comida, el techo, el trabajo) hasta lo más profundo (el reconocimiento, el respeto, la protección, la ternura).

 

En esta solemnidad de la Santísima Trinidad podemos identificar – a través de las lecturas – un conjunto de necesidades, que tienen que ver con la calidad de nuestra vida cristiana.

 

La solemnidad de hoy nos recuerda que tenemos una vocación fundamental: construir comunidad, ser comunidad, vivir con alegría y plenitud la comunidad. No existimos como sujetos individuales. Existimos vinculados, haciendo parte de un hipersistema de relaciones. Somos interdependientes. Pero la experiencia de comunidad tiene – desde el punto de vista cristiano – un fundamento teológico: Dios también es comunidad.



“Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”“Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”



Veamos las lecturas.



Deuteronomio 4,32-34.39-40

El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro
 

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

 

 

Tenemos:

 

  • Necesidad de memoria histórica: “pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido”

 

  • Necesidad de escucha, meditación y puesta en práctica del mensaje de Dios: “¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo?”

 

  • Necesidad de superar las diversas formas de idolatría: “Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios”

 

  • Necesidad de llevar un estilo de vida en unión con Dios para alcanzar la felicidad: “Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz”



Romanos 8,14-17

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abba!" (Padre)

 

Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abba!" (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con Él para ser también con Él glorificados.

 

 

Tenemos:

 

  • Necesidad de docilidad a la orientación del Espíritu de Dios: “Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.”

 

  • Necesidad de tomar conciencia de que para Dios somos hijos: “Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios

 

  • Necesidad de morir con Jesús para resucitar con Él: “sufrimos con Él para ser también con Él glorificados”

 


Mateo 28,16-20

Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

 

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo."

 

 

Tenemos:

 

  • Necesidad de continuar la misión de Jesús: “los once discípulos se fueron a Galilea”

 

  • Necesidad de reconocer la grandeza del amor de Dios revelado en Jesús: “Al verlo, ellos se postraron”

 

  • Necesidad de comprender qué es estar bautizado en la Trinidad: “bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.”

 

Algunas reflexiones:

 

Uno de los fenómenos que más afecta a la humanidad es la división, la fragmentación, la falta de unidad. Esto disminuye, de manera sensible, las posibilidades de construir comunidad. Sin embargo, la utopía de la comunidad estuvo siempre presente en la historia espiritual del pueblo de Israel. Toda la Biblia está atravesada por este proyecto: ser comunidad, ser el pueblo de Dios.

 

En el Antiguo Testamento la insistencia fue, inicialmente, construir un pueblo en torno a Dios. Más adelante, la idea fue hacer de ese pueblo “Luz de las naciones”, luz para todos los pueblos, buscando con ello que toda la humanidad encontrara en Dios su unidad.

 

En el Nuevo Testamento Jesús planteó nuevamente el reto de la unidad (“Que sean uno como tú, Padre, en mí y yo en ti” (Evangelio de Juan).

 

Posteriormente, san Pablo planteó el mismo reto para la Iglesia (pues – desde el comienzo apareció  la tentación de dividirse en bandos y seguir cada uno a un líder (1ª Corintios 1,10-14). Pero Pablo recordó, en su momento, que una Iglesia dividida en bandos no es el proyecto de Dios. El verdadero proyecto es que la Iglesia forme un solo cuerpo (1ª Corintios 12) y esto sólo se consigue en el amor (1ª Corintios 13).

 

Pero el amor no se agota en la Iglesia; el amor es posible dentro y fuera de ella. Por eso la utopía de alcanzar la unidad de toda la humanidad sigue siendo válida. La Utopía sigue abierta, actual, exigente.

 

Para el creyente cristiano, el fundamento de esta unidad y de esta comunión está en Dios mismo. No es sólo el resultado del esfuerzo humano y de intenciones altruistas. Dios es Uno y Trino, Él es Trinidad, Él es comunidad, Él es comunión viva y dinámica.

 

No hay disociación, no hay división y mucho menos ausencia de solidaridad en la Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu están unidos en el amor y, desde el amor, trabajan incansablemente por la salvación de la humanidad y de toda la creación. En teología cristiana, la revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento.

 

El misterio de la Santísima Trinidad antes de ser formulado como doctrina y dogma (hacia el siglo IV), fue evento salvador y experiencia de vida. Primero se vive y después se elaboran las doctrinas con base en la experiencia vital.  Aquello que vivieron los cristianos de los primeros siglos y que fue formulado en perspectiva teológica trinitaria pasó a las generaciones cristianas posteriores (de las cuáles nosotros hacemos  parte).

 

El peligro es que nos hayamos quedado con la formulación teológica y doctrinal y se nos haya olvidado lo más importante: la experiencia del amor, de la comunión, de la solidaridad, de la construcción de la comunidad.

 

Hablar de comunidad es una cosa…hacer comunidad es otra. Con frecuencia, terminamos quedándonos con muchas doctrinas pero con poca vida, con poca experiencia y sin saber exactamente a qué corresponden estas doctrinas.

 

La percepción fundamental de toda la teología bíblica es que Dios no es un ser aislado y desentendido de la historia humana, sino un Dios comunitario y permanentemente preocupado por su creación. La dinámica trinitaria se constituye en modelo inspirador desde el cual se puede construir familia, grupo, sociedad, fraternidad, etc.

 

Dios es amor y el amor nunca es soledad ni aislamiento, sino encuentro, diálogo y alianza. Quien dice creer en Dios encuentra en Él- en su misma naturaleza - un proyecto de vida y un reto: ser actor de comunión, constructor de comunidad, agente de fraternidad. En esto se debería concretizar la experiencia de fe trinitaria en la historia.  

 

Para ahondar la reflexión:

 

  1. ¿Me dejo inundar por la vida de Dios?

  2. ¿Soy dócil a la acción del Espíritu?

  3. ¿Estoy atento a la "vida comunitaria" para que mi comunidad se parezca a «la Comunidad Trinitaria»?

  4. Dios estableció una Alianza con el pueblo judío basada en la Ley; pero, luego, renovó esa Alianza, con toda la humanidad, basándola en el amor y sellándola no en unas tablas de piedra sino en una persona: su Hijo Jesús de Nazaret. ¿Mi fe se basa en el cumplimiento de la ley o en la relación de amistad y amor con Dios?

  5. ¿Me esfuerzo por crear comunidad allí donde estoy y por vivir los valores de una auténtica comunidad, es decir, reconocimiento, respeto, solidaridad, apoyo?

  6. ¿Pongo mi grano de arena para que la Iglesia sea, verdaderamente, un modelo de comunidad, es decir, una comunidad creyente en la que reinan el reconocimiento de la diversidad carismática y ministerial, la fraternidad, la participación y la comunión?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 33

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

 

 

La palabra del Señor es sincera, / y todas sus acciones son leales; / Él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra. R.

 

La palabra del Señor hizo el cielo; / el aliento de su boca, sus ejércitos, / porque Él lo dijo, y existió, / Él lo mandó, y surgió. R.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, / en los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte / y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

 

Nosotros aguardamos al Señor: / Él es nuestro auxilio y escudo; / que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti. R.

 


¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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