Quinto Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Te comparto la reflexión correspondiente al Quinto Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2016, corresponde al Domingo 7 de Febrero.



La palabra latina vocare, de la cual se deriva nuestra palabra española vocación, significa llamar. De allí viene también convocar.  Dios nos llama, nos convoca para algo. Es ese “llamado” y ese “algo” al que somos llamados lo que debe ocupar nuestra atención. Ese algo tiene que ver con nuestra salvación, pero también tiene que ver con la salvación de toda la creación y con el devenir de la historia y del mundo. Salvación, historia, mundo son realidades que no debemos separar.



Isaías 6,1-2a.3-8

Aquí estoy, mándame

 

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a Él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: "¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!" Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: "¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos." Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: "Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado." Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: "¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?" Contesté: "Aquí estoy, mándame."



Te comparto algunas reflexiones

 

La primera lectura nos pone en contacto con la experiencia de llamado (vocación) del profeta Isaías. Dios lo llama, para confiarle una tarea, una misión. Vale la pena preguntar: ¿Qué tan sensible soy yo a los llamados que Dios me dirige? ¿Qué tan abierto estoy a la tarea (misión) que Dios me propone?

 

Estamos en Jerusalén, en el siglo VIII. A.C. Isaías tiene algo más de 20 años. Como todo israelita adulto, acude al templo. Muy seguramente está en oración y allí acontece lo inesperado: la experiencia de Dios que se hace presente y llama. Dios nos sorprende, es imprevisible. Se deja sentir cuando menos lo esperamos.

 

Claro, hay una distancia entre la experiencia personal de Isaías y la elaboración de este relato, que hace referencia a esta experiencia. El texto no pretende ser un reportaje minucioso de lo que pasó, sino un testimonio de lo vivido por el profeta: es la presentación narrativa de la experiencia interior de Isaías. En este relato (que es ya una elaboración teológica) los detalles (el trono alto, el manto que cubre el templo, los serafines que aclaman, el humo que invade el templo, etc.), son elementos simbólicos con los cuales el narrador intenta expresar lo inexpresable: la experiencia fascinante de Dios que irrumpe en la vida de Isaías, lo llama, lo purifica y lo envía.

 

La lectura subraya varios aspectos que – sin duda – pueden ayudarnos a ver nuestra propia experiencia del llamado divino:

 

1.   La persona experimenta que el mundo, la historia, la creación están en las manos de Dios. Eso es expresado aplicándole a Dios una categoría real: “…vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso.” Dios está “por encima de todo”.

 

2.   La persona es invadida por la experiencia de la grandeza de Dios. Dios no puede ser contenido en nada. Pretender abarcarlo, agotarlo, controlarlo no sólo es irrespeto sino insensatez:  “La orla de su manto llenaba el templo”

 

3.   La persona toma conciencia de la distancia que hay entre ella y Dios. Esa distancia se expresa en términos de santidad: “…vi serafines en pie junto a Él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: "Santo, santo, santo, el Señor...”

 

4.   El profeta, al tomar conciencia de su pecado, reconoce su pequeñez y su indignidad: “Yo soy un hombre de labios impuros…”

 

5.   Un proceso de purificación (que Dios provoca) restaura a la persona llamada y la sitúa en capacidad de hacer la misión: “…esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.”

 

6.   Dios hace sentir el PARA QUE del llamado: "¿A quién mandaré?”. Es el momento del descentramiento, del compromiso, de la disponibilidad.

 

7.   La persona asume una actitud de disponibilidad en libertad para la misión y se compromete (no se esconde): "Aquí estoy, mándame."

 

Todo esto, en el relato, parece muy bonito y muy romántico, pero en la vida concreta de la persona es complejo, profundo, procesual, conflictivo, crítico (en el sentido de provocar crisis).

 

A partir de esta reflexión sobre la vocación (de Isaías) podemos meditar otros aspectos:

 

  • 1.   Cada persona tiene su propia historia. No hay dos vocaciones iguales. Dios se hace presente en la vida de cada persona usando los caminos por ella transitados. Y lo hace de modos diversos.

 

  • 2.   Dios quiere de cada uno una respuesta positiva, pero respeta la libertad de cada persona.  

 

  • 3.   Hay personas que toman conciencia del llamado que Dios les dirige, pero no siempre es así. Hay personas que no logran captar este llamado por múltiples razones (cerrazón, distracción, exceso de comodidad, escepticismo, etc.).  

 

  • 4.   La misión que Dios propone está asociada a los otros (el pueblo, el país, la humanidad, la familia, los que viven cerca…) y pide descentramiento: salir de sí para ir al encuentro de…

 

  • 5.   La conciencia de la propia limitación permite a la persona un mayor abandono y una real y sincera comprensión de las limitaciones de los demás.

 

  • 6.   Las limitaciones propias no pueden transformarse en excusa o justificación para no hacer nada.

 

  • 7.   El texto resalta la total disponibilidad de Isaías, que dice “Aquí estoy, envíame”, incluso sin saber a qué puede ser enviado. Es la confianza radical a la que estamos invitados.




I Corintios 15, 1-11

Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído

 

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles. Finalmente se me apareció también a mí, y eso que fui como un aborto. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.



Te comparto algunas reflexiones

 

La segunda lectura nos conecta con la resurrección de Jesús. Sin este acontecimiento no habría – en el contexto cristiano – ni fe pascual, ni Iglesia, ni misión, ni comunidades. La experiencia de encuentro con el Resucitado es lo que da fuerza, vida, vigor, sentido a la vida de aquel que sigue a Jesús.  




Lucas 5, 1-11

Dejándolo todo, lo siguieron

 

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando Él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.



Te comparto algunas reflexiones

 

En el texto del evangelio, san Lucas, nos sumerge en la relación de Jesús (que llama) con los discípulos (que han escuchado su llamado y lo siguen). Suben en la barca (la barca simboliza el proyecto de Jesús, el Reino de Dios) y se desplazan en ella realizando un trabajo extraordinario “pescar hombres para Dios”.

 

Los evangelios nos relatan episodios en los que Jesús llama. Se destacan en ellos varios elementos:

 

1.   La fuerza de la llamada y el impacto que produce esa llamada al interior de la persona. ¿He sentido, en lo profundo de mi ser la llamada de Dios?

 

2.   El desplazamiento que se produce en la vida de la persona (ese desplazamiento se describe de manera simbólica a través de elementos claves: dejaron las redes; dejó la mesa de los impuestos; bajo del árbol, etc.) Todas estas son formas narrativas de dar cuenta de este desplazamiento. ¿Cuál ha sido mi desplazamiento?

 

3.   El comienzo de un proceso de relación y vinculación existencial con aquel que llamó. Este proceso de vinculación se expresa con el verbo “seguir” (siguieron a Jesús). ¿Cómo estoy viviendo este seguimiento de Jesús?

 

4.   El envío y la participación en la misión: Jesús no llama a los discípulos para hacer un club de amigos dedicados a pasarla bien. Se trata de un llamado, para enviarlos y ese envío tiene que ver con la gente, con su situación, con su sufrimiento, con sus necesidades (Vayan, anuncien, curen, expulsen espíritus malignos, etc.) ¿Soy capaz de articular mi experiencia vital con Jesús con la gente y sus necesidades?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…



Salmo 137

Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R.

 

Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.

 

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.

 

Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.




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