Quinto Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Quinto Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 4 de Febrero.



Las lecturas de la liturgia de este domingo giran alrededor de algunas palabras claves: Evangelización, predicación, acción, oración, sanación, sufrimiento, desesperanza.




"Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido"


Veamos las lecturas:  



Job 7,1-4.6-7

Mis días se consumen sin esperanza

 

Habló Job diciendo: "El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.

 

 

ALGUNAS REFLEXIONES

 

El libro de Job es una reflexión sapiencial sobre el misterioso problema del mal y del sufrimiento humano. Problema en el que todos parecen estar implicados (Dios que parece permitir el mal; el Maligno que opera el mal; el ser humano que consiente el mal e, incluso, se pone a su servicio).

 

Pero, en realidad, lo importante del libro de Job no son las respuestas de carácter racional-explicativo que se quisieran fabricar en torno al misterio del dolor humano, sino la sabiduría que encierra en sus reflexiones. Veamos algunos puntos claves:

 

  •         En este punto de la narración, Job se encuentra sufriendo mucho. Lo ha perdido todo y está muy enfermo. Su enfermedad se hace cada vez más aguda y parece no haber esperanza de encontrar el remedio. La narración nos sitúa delante del ser humano sufriente, enfermo. ¿Prestamos atención a tantos sufrientes que hay en el mundo? ¿No está, acaso, nuestra sociedad muy enferma? ¿Qué podemos decir de nuestro propio sufrimiento? ¿Cuál es la enfermedad que me aqueja? ¿Busco en Jesús mi profunda y verdadera sanación?

   

  •         En el clímax de su sufrimiento Job, desde lo profundo de su corazón, deja oír su queja. Qué importante es poder expresarse, poder quejarse, expresar lo que se está sintiendo. Cuán importante es ser escuchado, acompañado, ayudado… aunque la ayuda no signifique, necesariamente, la solución del problema. Pero ¿hay quien escuche? ¿Hay quien acompañe?

 

  •         Los amigos de Job intentan una explicación exacta (quizá racional y fría) del sufrimiento de Job. Pero ¿podemos, acaso, encerrar el sufrimiento en una explicación racional? Quizá, más importante que la explicación racional es la cercanía, la compañía, la ayuda... estar ahí.

 

  •         ¿Cuántos Job hay en el mundo? El personaje Job es el símbolo de todo sufriente y, en especial, del inocente que sufre. Hay Job en nosotros y Job en los otros. ¿Sabemos reconocer, respetar y ayudar a estos Jobs?  




I Corintios 9,16-19.22-23

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

 

Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles, me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

 

 

ALGUNAS REFLEXIONES

 

San Pablo se encuentra en una situación difícil cuando escribe esta primera carta a los corintios. Sufre porque algunos grupos – en medio de la comunidad cristiana, que él ha fundado en la ciudad de Corinto- cuestionan su autoridad de apóstol y, lo que es peor, llegan a afirmar que el evangelio de Jesucristo que él anuncia es una falacia.  Pablo responde defendiendo su misión y declara que actúa en completa libertad. Pablo no se declara miembro de un movimiento o representante de alguna institución, sino como un hombre impelido por el mismo Dios a cumplir una misión, de la cual la predicación es un aspecto esencial: ‘hay que hablar de Jesucristo’.

 

Además, Pablo quiere dejar claro que no está movido por ningún interés egoísta. Lo que busca es que otros (ojalá todos) conozcan a Jesucristo y en Él reconozcan el insondable amor de Dios y su designio de salvación. Para lograr esto, a Pablo no le importa asumir los riesgos que haya que asumir. Es capaz de ir a todos, aunque sean diversos.  Es capaz de adaptarse a toda circunstancia con tal de poder anunciar y llevar a muchos al encuentro con Jesús.  Él es capaz de ‘hacerse todo con todos, para ganar a algunos para Cristo’.

 

El ejemplo de san Pablo nos invita a meditar en la calidad de nuestra vida cristiana. Evangelizar debería ser lo propio de todo creyente cristiano: Evangelizar no es sólo para un tipo específico de cristiano (religiosos, presbíteros, monjas), sino para todo bautizado.  El cristiano debe ser – en virtud de su propio encuentro con Jesucristo – un evangelizador: un anunciador de las buenas noticias de Dios, un anunciador de Jesús, que es la GRAN NOTICIA de Dios para la humanidad. En la lógica de san Pablo, no anunciar, no evangelizar, no dar testimonio sería traicionar el amor de Dios.




Marcos 1,29-39

Curó a muchos enfermos de diversos males

 

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron. "Todo el mundo te busca." Él les respondió: "Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido." Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 

 

ALGUNAS REFLEXIONES

 

La narración del evangelio de Marcos, en la cual Jesús es el protagonista, nos permite ahondar en esta lógica de la predicación, del testimonio, del anuncio, de la salvación.  Varias cosas podemos aprender de Jesús:

 

1.     Evangelizar no es posible si no hay acercamiento a las personas. Por eso Jesús sale de la sinagoga y va a la casa de Simón (Pedro) y Andrés.

 

2.     Evangelizar no es posible si no se atiende a las necesidades de la gente: por eso Jesús está atento tanto a lo que le dicen de la situación de la suegra de Simón (Pedro) como a la situación de la gente que se agolpa a la puerta de la casa.

 

3.     Evangelizar no nos pide fabricar condiciones artificiales (como si se tratara de un laboratorio), sino tener la osadía de acompañar amorosamente la cotidianidad de las personas: la cotidianidad familiar (por eso se habla de la casa de Simón y Andrés y de una señora enferma) y la cotidianidad de la vida social (lo que vive y trae la gente del pueblo).

 

4.     Evangelizar es inseparable de procesos de sanación y liberación. No se trata de ‘echar carreta’, sino de generar procesos de sanación (por eso se habla de enfermos) y de procesos liberación del mal (por eso se habla de endemoniados expulsados). Evangelizar es, al mismo tiempo, esforzarse por hacer el bien y permanecer en él, y, también luchar contra el mal.

 

5.     Evangelizar exige que el creyente sea capaz de pasar de la escucha de la Palabra de Dios a la práctica de la Palabra de Dios (notemos que Jesús sale de la sinagoga [que es el lugar de la predicación, escucha y meditación de la Palabra] a la casa y fuera de la casa [que son los lugares de la vida privada y social]). ¿No salimos del templo y volvemos a la cotidianidad de nuestra vida? ¿Qué hacemos en dicha cotidianidad?

 

6.     Evangelizar es imposible si no se cuenta con Dios. Nuestra propia fuerza es poca para hacer esta exigente tarea: sanar la condición humana enferma y liberar a la humanidad del mal (por eso Jesús abandona el terreno de la acción y entra en el ámbito de la oración).  Orar es entrar en comunión con Dios, es recargar las fuerzas en la gran fuente (hoy se nos hace normal cargar la batería del celular que se ha descargado). ¿No es, acaso, normal que nos ‘re-carguemos’ en Dios que es la fuente de la vida plena y del amor auténtico? ).

 

7.     La verdadera evangelización no sólo sana, sino que transforma al antiguo enfermo en un servidor (a la suegra de Pedro “Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.”).

 

En conclusión: Anunciar, hoy, el Reino de Dios no es cuestión de sólo palabras, sino de compromiso y acción: ‘Obras son amores y no (simplemente) buenas razones’.  Nuestra evangelización debe ser como la de Jesús.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 147

Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

 

Alabad al Señor, que la música es buena; / nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. / El Señor reconstruye Jerusalén, / reúne a los deportados de Israel. R. // Él sana los corazones destrozados, / venda sus heridas. / Cuenta el número de las estrellas, / a cada una la llama por su nombre. R. // Nuestro Señor es grande y poderoso, / su sabiduría no tiene medida. / El Señor sostiene a los humildes, / humilla hasta el polvo a los malvados. R.




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