En Defensa de la Fe


Quinto Domingo de Pascua Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Quinto Domingo de Pascua Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 14 de Mayo.



  •         ¿Cuántos caminos de Dios hay?

 

  •         ¿Cuántos caminos Dios ha dispuesto para que la humanidad llegue a Él y viva con Él una relación de amor?

 

  •         ¿Qué ocurre cuando un grupo se considera el ‘único dueño’ del ‘único camino’ para llegar a Dios?

 

  •         ¿Cuál debe ser el rol de los creyentes hoy en la Iglesia y en su misión?

 

  •         ¿Colaboramos para que la Iglesia encuentre soluciones nuevas a los nuevos problemas que el mundo actual confronta?

 

  •         ¿Es la Iglesia capaz de innovar o debemos quedarnos repitiendo las mismas fórmulas, las mismas actividades y las mismas respuestas pastorales que se han ensayado en el pasado?

 

  •         ¿Por qué se nos invita – desde hace décadas – a la Nueva Evangelización?

 

Estas y otras muchas preguntas surgen de las lecturas que la liturgia nos propone para este quinto domingo de Pascua. Veamos:




"Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre.""Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre."



Hechos de los Apóstoles 6,1-7

Eligieron a siete hombres llenos de Espíritu

 

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: "No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra." La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos, incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

 

El autor de la carta quiere, pues, subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción de la Iglesia. ¿Qué significa esto hoy? ¿Cómo activar el rol de todos los laicos en la Iglesia? ¿Cómo entender que en la comunidad, que se construye alrededor de Cristo, todos son iguales como personas, e hijos de Dios y testigos-misioneros de la fe? Lo que nos diferencia en la diversidad, son los carismas y los servicios que se realizan.  Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la verdadera Iglesia.  Por lo tanto, los laicos (miembros del pueblo de Dios) no deben ser solo espectadores de la construcción, sino constructores del ‘edificio’. El sacerdocio (tanto el sacerdocio común de todos los cristianos como el ministerial específico [los presbíteros]) no es un honor, ni un privilegio, ni una casta. Es un dinamismo generado por el Espíritu Santo para el servicio de la Iglesia y para el desarrollo de la misión de la Iglesia en el mundo.

 

La lectura nos enseña que:

 

  • 1.     Vivir el cristianismo y construir la comunidad cristiana no es fácil. Es normal que se presenten tensiones, problemas, desacuerdos, intereses diversos. Una comunidad cristiana está expuesta a los mismos fenómenos a que está expuesta cualquier comunidad, pero lo que debe distinguirla es su talante espiritual, su calidad humana y la capacidad de discernir y resolver estas situaciones sin romper la fraternidad.

 

  • 2.     Se habla de las viudas de dos grupos: las viudas de origen helenista y las viudas de origen griego-helenista. Esto nos ayuda a entender que ya, desde el primer siglo del cristianismo, gracias al crecimiento de la Iglesia y de la expansión del cristianismo por el trabajo evangelizador de los primeros cristianos (pensemos en Pablo, Bernabé, Aquila, Priscila, Damaris, etc.), se fueron constituyendo comunidades cristianas diversas: algunas con mayoría de personas provenientes del judaísmo. Otras con mayoría proveniente de las comunidades helénicas del imperio romano.

 

La diversidad se presenta como una consecuencia natural del crecimiento, de la apertura a otras culturas y contextos. Esta diversidad debe ser adecuadamente gestionada, de lo contrario, lo que es riqueza puede transformarse en obstáculo. La diversidad es una gran riqueza: la vida es diversidad, los ecosistemas están compuestos por muchas especies, que interactúan y se relacionan conservando equilibrios dinámicos que favorecen al ecosistema como un todo y a cada una de las especies que hay en él. Pero, si se alteran estos equilibrios dinámicos, si unas especies quieren dominar a otras; si unas especies desaparecen completamente; si unas especies son marginalizadas por otras, entonces esta diversidad y el ecosistema que ella constituye se verán seriamente afectados. Lo mismo ocurre en toda sociedad y, obviamente, en la Iglesia.  Hay que velar por:

 

  •         Favorecer y cuidar la diversidad (no todos son presbíteros en la comunidad cristiana; no todos los laicos son iguales ni hacen las mismas cosas; no todos tienen el mismo carisma).

 

  •         Cuidar la gestión interna de esta diversidad (puede haber grupos marginados en una parroquia, puede haber carismas desperdiciados, puede haber discordias entre grupos). Hay que resolver todo esto desde la lógica del evangelio, desde los valores espirituales.

 

  • 3.        Dos premisas aparecen claras: ‘zapatero a tus zapatos’ y ‘cuidado con quererlo concentrar todo’. El discernimiento que hacen los apóstoles es claro: “No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración” No está bien concentrar todas las actividades (el que mucho abarca poco aprieta). Ellos dicen: No está bien descuidar lo que es propio de nuestro servicio, es decir, la predicación (la Palabra de Dios) y la animación y conducción espiritual de la comunidad (la oración). Seguramente habrá otras personas que puedan hacer otras funciones, otros servicios (la administración). Lo que importa es que esas personas (todos los servidores y servidoras en la Iglesia) sean íntegras, que vivan una seria experiencia de fe, que deseen servir, que tengan las capacidades para el servicio que se les pidió, que estén dispuestas a dar cuenta de su servicio y que sean capaces de trabajar en equipo, en un clima de fraternidad. Es lo que se quiere decir en el texto con la frase:  “de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría”

 

  • 4.     Nótese que hay un proceso interesante: 1) se hace un discernimiento de la situación; 2) todos se ponen de acuerdo en una propuesta; 3) la comunidad elige a unos (es la comunidad, no es ‘a dedo’); 4) la comunidad los presenta a los apóstoles y estos dan su aval y les imponen las manos (la imposición de manos funciona aquí como un signo (rito) de consagración, de oficialización, de encargo y de envío. ¿Cómo vivimos estos procesos en las comunidades cristianas actuales? ¿Cómo se hacen estos procesos en las parroquias?

 

  • 5.     Nótese que es un encargo, un envío, una tarea de la que hay que dar cuenta. Las personas nombradas no son ni dueñas del cargo ni dueñas de la gente (la comunidad). Son servidoras, son administradoras… Y lo que se pide al administrador es que sea responsable y fiel. 



 

I Pedro 2,4-9

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real

 

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: "Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado." Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la "piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular", en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa.

 

  • 1.     La carta insiste en que la Iglesia es como una construcción. Una sola persona no hace Iglesia. La iglesia es una comunidad, y una comunidad se construye con varios, con muchos, con diversidad de personas, que se va uniendo movidas por la fe y animadas por el Espíritu Santo. Porque es una como una construcción, se habla de piedras.

 

  • 2.     Pero las construcciones tienen siempre una primera piedra. Y hay un fundamento que hace como de piedra base, que sostiene. En la metáfora usada, esa piedra primera, esa piedra fundamental es la persona de Cristo. El autor de la carta recuerda que es alrededor de Cristo Jesús que la comunidad (todos los creyentes) deben juntarse, articularse y complementarse para hacer verdaderamente sólida la construcción. Si no nos juntamos alrededor de Cristo y si no es Cristo quien anima y da vida y sentido a la comunidad, ella no será verdaderamente una comunidad cristiana y, además, será frágil. Fácilmente se destruirá.

 

  • 3.     Pedro resalta la dimensión sacerdotal de toda la Iglesia, de todos los cristianos. Lo propio del sacerdote es ofrecer culto a Dios, pero – como lo dijo san Pablo – el mejor culto a Dios que podemos hacer es llevar una vida digna, íntegra, amorosa, que no sea un simple ‘dejarnos llevar por el ambiente’: Les ruego, pues, hermanos, por la gran ternura de Dios, que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle; este culto conviene a criaturas que tienen juicio.  No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto”.

 

  • 4.     Ese pueblo nuevo (la Iglesia) tiene una razón de ser, una misión para realizar en la historia: “un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa.”  Notemos que esto concuerda perfectamente con el relato de Pentecostés, que aparece en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “… les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios.Pero estas maravillas de Dios que la Iglesia anuncia no son sólo las de pasado, sino las que Dios continua realizando hoy. ¿Qué tan conscientes somos de estas maravillas de Dios?

 


Juan 14,1-12

Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida

En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino." Tomás le dice: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le responde: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, Él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también Él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre."

 

 

El evangelio según san Juan revela la situación crítica que vive la comunidad cristiana naciente, que tiene que desarrollarse en un ambiente hostil y peligroso.  La comunidad creyente podía desviarse, desanimarse, perder su norte. Había que recordarle QUIÉN es ese norte: Jesús. Por eso, el evangelista le recuerda que Cristo Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.

 

Es fácil, teóricamente, decir que hay que ser fieles a Cristo Jesús, que hay que mantener la fe, pero cuando la comunidad creyente está inmersa en un ambiente hostil, cuando hay persecución por causa de la fe, cuando asumir ser cristiano es ponerse en riesgo, las cosas ya no son tan fáciles.   En el contexto en que se escribe el evangelio de Juan (finales del siglo I d. C.), los discípulos tienen gran dificultad para entender y vivir el camino de Jesús (la cruz, la donación, el aguante en el sufrimiento, la fuerza de voluntad para llevar a cabo la misión, la inteligencia para ser luz en medio de una sociedad difícil, etc.). Las palabras que – en el texto - Jesús pronuncia, pretenden alentar a la comunidad (y a cada cristiano en particular) en la esperanza y fortalecerlos en medio de la angustia.

 

  • 1.     Al decir que Jesús es Camino, lo que se quiere afirmar es que Él nos revela, en sí mismo, el sendero que nos conduce a la realización verdadera de nuestra humanidad y nos abre la vía adecuada para vivir una profunda y auténtica experiencia de Dios.

 

  • 2.     Al decir que Jesús es Verdad, lo que se quiere afirmar es que Jesús es Aquel en quien no hay engaño, que lo que Jesús reveló de Dios es auténtico y que, sólo en la verdad, el ser humano puede hallar su liberación.

 

  • 3.     Al decir que Jesús es la Vida, lo que se quiere afirmar es que la vida es el valor fundamental, que ella halla su sentido profundo en Dios y que es por la donación total de la vida de Cristo Jesús que se nos abre la posibilidad de acceder a la vida plena, la que Dios da. La misión del cristiano es ponerse del lado de la vida, de su defensa, de su dignificación, de su cuidado.

 

Finalmente, desde una perspectiva pluralista y sanamente abierta, no hay que perder de vista que existen muchos caminos desde los cuales se puede vivir una profunda experiencia de Dios y desde los cuales se puede ser plenamente humano. Para el creyente cristiano (y esto ya es una postura confesional) ese camino es la persona de Jesús. Esto no pretende negar la experiencia de otros, sino afirmar la opción que el cristiano ha hecho.  Lo que Dios quiere es que amemos nuestro camino, el que Él ha puesto a nuestra disposición, y que lo sigamos con convicción, inteligencia espiritual y compromiso.  

 

 

Terminemos esta reflexión orando con el…

 


Salmo 33

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

Aclamad, justos, al Señor, / que merece la alabanza de los buenos. / Dad gracias al Señor con la cítara, / tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

 

Que la palabra del Señor es sincera, / y todas sus acciones son leales; / Él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra. R.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, / en los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte / y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

 


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