Quinto Domingo de Cuaresma Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Quinto Domingo de Cuaresma Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 2 de Abril.



La liturgia de este quinto domingo del tiempo de Cuaresma se centra en el paso de la muerte a la vida. Pero podemos vivir este proceso aún antes de llegar a la muerte biológica. La parábola del ‘Padre misericordioso’ (también llamada del ‘Hijo pródigo’) nos habla de la separación del hijo respecto de su familia como un proceso de muerte, y califica su retorno al padre como un proceso de re-vivificación: traed el becerro engordado, matadlo, y comamos y alegrémonos; porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado. Y comenzaron a regocijarse.  (Lucas 15, 23-24). 

 

Lo mismo sucede, en el Antiguo Testamento, con el pueblo de Israel de aquel entonces: por causa de su pecado y por su infidelidad a Dios, pierde la Tierra Prometida y es llevado al exilio (en Babilonia). Esta experiencia es vivida por el pueblo como un proceso de muerte. El exilio en Babilonia es interpretado como un sepulcro (Israel está muerto en vida).

 

Pero aparece el profeta Ezequiel (enviado por Dios), que le dice que aún hay esperanza, que Dios no los ha olvidado y que un día podrán volver a su país, porque Dios así lo quiere. Y será el mismo Dios quien favorezca las condiciones de este retorno.

 

Ante el anunció del profeta, el pueblo entiende que puede salir del exilio (del sepulcro) y que podrá llegar a la Tierra Prometida (símbolo de una vida nueva). Esto es lo que encontramos en la primera lectura: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel.



Jesús le dice: Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?



Ezequiel 37,12-14

Os infundiré, mi espíritu, y viviréis

 

Así dice el Señor: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago." Oráculo del Señor.

 

 

Para una persona o una comunidad que han sido desplazadas no hay peor desgracia que morir lejos su tierra y de su familia.  La primera lectura nos habla del pueblo en el exilio. El profeta Ezequiel, tiene que ver cómo el pueblo de Israel, exiliado en Babilonia, vive con angustia esta lejanía. Los ancianos comienzan a morir lejos de Jerusalén.  ¿Se habrá olvidado Dios de nosotros? ¿Esta lejanía de la propia tierra y este silencio de Dios no son, acaso, como un sepulcro?

 

Pero el profeta consuela al pueblo exiliado diciendo que Dios los hará volver a su tierra, y el pueblo como nación ‘re-vivirá’, pasará ‘de la muerte a la vida’.  Es claro, hoy, desde el punto de vista teológico que este texto del libro del profeta Ezequiel no está hablando propiamente de la resurrección (tal como se planteará más tarde y como aparece explícitamente en el Nuevo Testamento a propósito de Jesús de Nazaret). De lo que se trata aquí es del retorno del pueblo a su tierra (luego del exilio) y de la reconstrucción del país.

 

En aquella época (en la que actúa Ezequiel) no se ha desarrollado la reflexión sobre la resurrección en términos del paso de esta vida terrena a una vida radicalmente diferente. Los israelitas de aquel tiempo esperaban las bendiciones divinas, pero dentro de esta vida terrena, es decir, para este tiempo y en este mundo. No se había llegado a la noción de vida eterna. Aspiraban sí (como retribución por su fidelidad a Dios) una larga vida, numerosa descendencia, habitar en la tierra que Dios donó a su pueblo, y los bienes necesarios para vivir cómodamente. Pensaban que, con la muerte, la persona iría a parar a un lugar de letargo, a una especie de estado de degradación al que iban todos los muertos (es lo que la Biblia entiende como sheol). Allá ni se goza ni se sufre.

 

Será en los siglos posteriores cuando (en los últimos libros del Antiguo Testamento, especialmente en los libros de los Macabeos) se comenzará a reflexionar seriamente sobre la resurrección. La idea del sheol ya no es clara, no es suficiente y surge la pregunta ¿qué ocurre con aquellos creyentes, que han sido fieles a Dios y que han derramado su sangre por Él y por su fe? Surge así la esperanza en una vida más allá de la muerte.

 

Algunas ideas claves para motivar la reflexión:

 

1.      Salir de la muerte y entrar en la vida: salir de vuestros sepulcros.

 

  •         ¿Qué experiencias, en tu vida, han significado procesos de muerte?

 

  •         ¿Qué experiencias, en tu vida, han significado procesos de re-vivificación?

 

2.      Descubrir a Dios como Aquel que nos abre la posibilidad de la vida plena: Yo mismo abriré vuestros sepulcros.

 

  •         Al revisar tu vida, ¿dónde identificas – de manera profunda – la presencia de Dios que te conduce, que te ama y que te lleva de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida?

 

3.      Entender que lo que nos hace vivir verdaderamente es la unión espiritual con Dios: Os infundiré mi espíritu, y viviréis.

 

  •         Hablamos de espíritu, de espiritualidad, de unión espiritual. ¿Qué puedes decir de tu experiencia de unión espiritual con Cristo Jesús?



 

Juan 11,1-45

Yo soy la resurrección y la vida

 

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.] Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea." [Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él."] Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo." [Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano."] Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Dónde lo habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." Tenía las manos y los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar." Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él.

 

 

El pasaje evangélico que leemos este quinto domingo del tiempo de Cuaresma es el de la «revivificación» de Lázaro.

 

El autor del 4º evangelio nos ha venido ofreciendo un conjunto de catequesis. Estas catequesis están estructuradas en relatos que ofrecen signos. Recordemos que el primer signo (Juan prefiere hablar de signos y no de milagros) fue la transformación del agua en vino en las bodas de Caná.

 

Por favor, tengamos cuidado al leer e interpretar estos textos y tratemos de comprender bien su contenido, a fin de no reducir a Jesús al papel de un mago o de un ilusionista. No es eso lo que hay que buscar en los textos.

 

Con la narración de hoy (la revivificación de Lázaro) llegamos al séptimo signo. Recordemos que el número 7 (en la Biblia) indica plenitud y perfección.  Con este signo, san Juan (que escribe el evangelio hacia el año 95 d.C.), busca transmitir una enseñanza:   Jesús es el Señor de la vida y es capaz de vencer la muerte, por eso el creyente puede confiar en que – unido a Él – puede llegar a la vida eterna.

 

Recordemos que – en la lógica de la época - la muerte se revela como el mayor obstáculo y el mayor drama de todo ser humano. La muerte irrumpe y corta nuestro camino, poniendo en crisis el camino andado y el esfuerzo hecho. Surgen preguntas: ¿Quedaremos sumidos en el sin-sentido? ¿Estaremos irremediablemente avocados a la nada, al acabamiento, a la aniquilación? Y, si es así ¿Qué sentido tiene tanto esfuerzo y la búsqueda de coherencia existencial en la fe?

 

Con el relato, Juan quiere decirnos que no estamos condenados al sin-sentido ni a la aniquilación total. Juan nos dice que Jesús nos ofrece algo mejor, pues Él es la resurrección y la vida y, que quien crea en Él, aunque muera, por la fe en Él, vivirá.

 

“En la muy sofisticada elaboración del evangelio de Juan, éste es el «signo» culminante de Jesús, no sólo por ser mucho más llamativo que los otros (nada menos que una reviviscencia) sino porque está presentado como el que derrama la gota que rompe la paciencia de los enemigos de Jesús, que por este milagro decidirán matar a Jesús. Quizá por eso ha sido elegido para este último domingo antes de la Semana santa. Estamos acercándonos al clímax del drama de la vida de Jesús, y este hecho de su vida es presentado por Juan como el que provoca el desenlace final.” (Cfr. Servicio Bíblico Latinoamericano)

 

Es muy importante no quedarnos presos en el texto (y en su lenguaje); hay que ir al mensaje, lograr entender el sentido catequético y captar la diferencia entre revivificación (otros hablan de reviviscencia) y resurrección.   Esto es clave, precisamente porque, la de Lázaro no fue una resurrección sino una revivificación. Al volverlo a traer a la vida (en las condiciones propias de la vida en este mundo) lo que se le da a Lázaro es una prórroga, un poco más de tiempo para algo…

 

(Aquí hay una parte del sentido del signo: ¡cristiano, no esperes a morir, estás vivo, estás a tiempo, aún puedes dejar el egoísmo y crecer en el amor!).  Pero la resurrección no es simplemente una prórroga de tiempo; no es un revivir para tener que morir, sino el paso de la muerte a una vida ‘otra’ que no se extingue, pero cuyo contenido existencial es radicalmente diferente.

   

Esta lectura nos pone ya en la ruta de la Semana santa, que nos volverá a sumergir en el camino del sufrimiento y de la pasión de Jesús, pero que despuntará en su resurrección. Eso es lo más grande que celebra el creyente cristiano: la resurrección de Jesús y la posibilidad de resucitar también (en Él y con Él).

 

Algunas ideas claves para motivar la reflexión:

 

  • 1.      Si el amigo está enfermo, hay que ir a verlo: "Señor, tu amigo está enfermo. (…) "Vamos otra vez a Judea."

 

  • 2.      El amor asume riesgos: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?"

 

  • 3.      La consigna fundamental es ‘caminar en la luz’; asegurarse de ‘tener luz’: Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Para el creyente cristiano Cristo es la luz, el Espíritu Santo es la luz, la Palabra de Dios es la Luz: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, ella es luz en mi sendero.” (Salmo 118, 105).

 

  • 4.      La esperanza del creyente cristiano está puesta en la resurrección: Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará."

 

  • 5.      La propuesta que se nos ha hecho es que unidos a Jesús y por la fe en Él podemos llegar también nosotros a la resurrección: Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.”

 

  • 6.      Entonces lo que hay que hacer es escuchar el llamado de Jesús y salir al encuentro de Jesús, buscarlo: Apenas María oyó decir a su hermana Marta ("El Maestro está ahí y te llama."), se levantó y salió adonde estaba Él.

 

  • 7.      Pero no basta con buscarlo y encontrarlo. Hay que creer en Él; creer que Dios actúa plenamente en Él y que Dios da la vida plena: Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?"

 

  • 8.      Por eso hay que distinguir entre resurrección y re-vivificación de un cadáver: "Lázaro, ven afuera." Tenía las manos y los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar." Podemos aspirar a algo más.




Romanos 8,8-11

El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros

 

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

 

 

La segunda lectura es tomada de la carta de Pablo a los romanos (a los cristianos de Roma). El texto nos sitúa ante el lenguaje y la teología de san Pablo. Un lenguaje denso y distanciado del lenguaje de nuestra cultura actual. Hay que tener en cuenta esto para no dejarnos confundir por sus conceptos. San Pablo afirma que los cristianos hemos recibido el Espíritu que Dios prometió desde tiempos lejanos.

 

Pero Pablo habla de carne y de espíritu (que no corresponde a la división platónica de cuerpo y alma). Lo que san Pablo quiere decirnos es que no estamos ya en el pecado, en el egoísmo, en una vida estéril que transcurre fuera del amor, en una vida sin Dios (todo esto es lo que quiere decir con el término ‘carne’).   Ahora, dice el apóstol, por la comunión con Cristo Jesús y gracias a su entrega amorosa y a su resurrección, entramos a un nuevo modo de vivir caracterizado por el amor, el perdón, la verdad, la justicia, la solidaridad, el respeto, el servicio. Todo esto es condensado por san Pablo con la expresión ‘vivimos en el espíritu’.  Es manteniéndonos en este espíritu que Dios opera la salvación.

 

Algunas ideas claves para motivar la reflexión:

 

1.      Cuidado con entender mal la palabra ‘carne’: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios.

 

  •         ¿Qué aspectos de lo que Pablo entiende por carne persisten en tu vida?

 

  •         ¿Has trazado un plan para pasar de la carne al espíritu?

 

2.      Comprende que a lo que se te está invitando es a vivir una experiencia espiritual que abarca y transforma la totalidad de nuestro ser, de nuestra vida: el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

 

  •         Puede suceder que – aunque nos decimos cristianos – haya espacios, zonas, dimensiones de nuestra vida en las que no hemos dejado entrar a Dios, no dejamos que Jesucristo sea el Señor, no permitimos que el Espíritu Santo ‘trabaje’ en ellas. ¿Podrías identificarlas?

 

3.      Reconoces que es Dios quien, amándote te da la vida: el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 130

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

 

Desde lo hondo a ti grito, Señor; / Señor, escucha mi voz; / estén tus oídos atentos / a la voz de mi súplica. R.

 

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, / ¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / así infundes respeto. R


Mi alma espera en el Señor, / espera en su palabra; / mi alma guarda al Señor, / más que el centinela la aurora. / Aguarde Israel al Señor, / como el centinela la aurora. R.

 

Porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa; / y Él redimirá a Israel / de todos sus delitos. R.




 

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