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Ayuda concedida a las almas del Purgatorio - Sufragios - Obras meritorias, que obtienen favores, y reparadoras - La misericordia de Dios - Santa Gertrudis - Judas Macabeo

¿Cuáles son los sufragios con los que podemos ayudar a las almas del Purgatorio? Oraciones, limosnas, ayunos y penitencias de cualquier tipo, indulgencias y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa.







¿Cuáles son los sufragios con los que podemos ayudar a las almas del Purgatorio? Oraciones, limosnas, ayunos y penitencias de cualquier tipo, indulgencias y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa.¿Cuáles son los sufragios con los que podemos ayudar a las almas del Purgatorio? Oraciones, limosnas, ayunos y penitencias de cualquier tipo, indulgencias y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa.




Capítulo 9 – Ayuda concedida a las almas - Sufragios - Obras meritorias, que obtienen favores, y reparadoras - La misericordia de Dios - Santa Gertrudis - Judas Macabeo

Si el Señor consuela a las almas con tanta bondad, su Misericordia se revela con mucho más brillo en el poder que concede a su Iglesia para acortar sus penas.

 

Deseando ejecutar con clemencia los severos juicios de Su Justicia, concede reducciones y mitigaciones de la pena; pero lo hace de manera indirecta y mediante la intervención de los vivos. A nosotros nos concede todo el poder para ayudar a nuestros hermanos afligidos por medio del sufragio, es decir, por medio de la obtención de favores y de la reparación.

 

La palabra sufragio en el lenguaje eclesiástico es sinónimo de oración; sin embargo, cuando el Concilio de Trento define que las almas del Purgatorio son ayudadas por los sufragios de los fieles, el significado de la palabra sufragio es más amplio: incluye, en general, todo lo que podemos ofrecer a Dios en favor de los difuntos. Ahora, podemos ofrecer de esta manera no solo las oraciones, sino todas nuestras buenas obras, en la medida en que son dignas de obtención de favores y reparadoras.

 

Para entender estos términos, recordemos que cada una de nuestras buenas obras, realizadas en estado de gracia, suele tener un triple valor a los ojos de Dios.

 

1° Una obra es meritoria, es decir, se suma a nuestros méritos, nos da derecho a un nuevo grado de gloria en el cielo.

 

2. Es digna de obtención de favores; es decir, a la manera de una oración, tiene la virtud de obtener alguna gracia de parte de Dios.

 

3. Es reparadora, es decir, a la manera de un valor pecuniario, es adecuada para satisfacer la justicia divina, para pagar ante Dios nuestras deudas de pena temporal.

 

El mérito es inalienable, y sigue siendo propiedad de la persona que realiza la acción. - Por el contrario, el valor de obtención de favores y de reparación puede beneficiar a otros, en virtud de la comunión de los santos.

 

Habiendo comprendido estas nociones, planteemos esta pregunta práctica: ¿Cuáles son los sufragios con los que, según la doctrina de la Iglesia, podemos ayudar a las almas del Purgatorio?

 

La respuesta es, oraciones, limosnas, ayunos y penitencias de cualquier tipo, indulgencias y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa.

 

Todas estas obras, realizadas en estado de gracia, Jesucristo nos permite ofrecerlas a la Divina Majestad para el alivio de nuestros hermanos del Purgatorio; y Dios las aplica a estas almas según las reglas de su Justicia y su Misericordia.

 

Gracias a esta admirable disposición, no sin salvaguardar al mismo tiempo los derechos de su Justicia, nuestro Padre Celestial multiplica los efectos de su Misericordia, la cual se ejerce, tanto hacia la Iglesia sufriente como hacia la Iglesia militante.

 

La ayuda misericordiosa que Él nos permite prestar a nuestros hermanos que sufren, es de gran beneficio para nosotros. Es una obra que no solo es ventajosa para los difuntos, sino también santa y saludable para los vivos: Sancta et salubris est cogitatio pro de functis exorare.

 

Leemos en las Revelaciones de Santa Gertrudis que Dios se dignó mostrar a la santa, el estado de una humilde monja de su comunidad, la cual había coronado una vida ejemplar con una muerte muy piadosa. Gertrudis vio su alma, adornada con una belleza inefable y querida por Jesús, quien la miraba con amor.

 

Sin embargo, a causa de alguna leve negligencia que no había sido expiada, esta alma no pudo entrar de inmediato a la Gloria, sino que se vio obligada a descender a la oscura morada del sufrimiento. Apenas hubo desaparecido en estas profundidades, la Santa la vio reaparecer y subir al Cielo, gracias a los sufragios de la Iglesia: Ecclesioe precibus sursum Ferri.

 

Ya en la antigua Ley se hacían oraciones y se ofrecían sacrificios por los muertos. La Escritura relata, alabándolo, el acto piadoso de Judas Macabeo luego su victoria sobre Gorgias, el general del rey Antíoco.

 

Esta victoria costó la vida a un cierto número de soldados israelitas. Estos habían cometido un pecado al tomar, del botín del enemigo, objetos consagrados a los ídolos, lo cual estaba prohibido por la Ley. Entonces Judas, el líder del ejército de Israel, ordenó hacer oraciones y sacrificios para la remisión de tal pecado y del alivio de sus almas.

 

Aquí está el pasaje de la Escritura que registra estos hechos, II Macab. XII, 39.

 

"Después del sábado, Judas vino con los suyos a llevarse los cuerpos de los que habían muerto, para enterrarlos, con la ayuda de sus familiares, en la tumba de sus padres.

Encontraron bajo las túnicas de los que habían muerto en la batalla, objetos consagrados a los ídolos, tomados de Jabnia, lo cual era prohibido por la ley de los judíos.

Y todo el pueblo sabía claramente que esa era la causa de su muerte.

Por ello todos bendijeron el justo juicio del Señor, el cual había descubierto lo que ellos habían tratado de ocultar.

Y rogaron al Señor que olvidara el pecado cometido. Pero el valiente Judas instó al pueblo a mantenerse libre de pecado, viendo lo que había sucedido por causa de los pecados de aquellos que habían muerto.

Y después de hacer una colecta, envió doce mil dracmas de plata a Jerusalén, para que ofrecieran un sacrificio por los pecados de los difuntos.

Tenía sentimientos buenos y religiosos respecto de la Resurrección.

(Porque si no hubiera tenido la esperanza de que los que habían muerto resucitarían un día, habría considerado vano y superfluo rezar por ellos);

Porque creía que la gran misericordia está reservada para los que mueren en la piedad.

Es, pues, un pensamiento santo y saludable orar por los muertos, para que sean liberados de sus pecados".







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