En Defensa de la Fe


Alivio de las almas del Purgatorio – El Santo Rosario - Padre Nieremberg – La Madre Francisca del Santísimo Sacramento y el Santo Rosario

Sabemos que el Santo Rosario ocupa el primer lugar entre las oraciones que la Iglesia recomienda a los fieles; esta excelente oración, fuente de tantas gracias para los vivos, es también singularmente eficaz para el alivio de los difuntos.






El Santo Rosario ocupa el primer lugar entre las oraciones que la Iglesia recomienda a los fieles. Esta oración,fuente de tantas gracias para los vivos,es también eficaz para el alivio de los difuntosSabemos que el Santo Rosario ocupa el primer lugar entre las oraciones que la Iglesia recomienda a los fieles; esta excelente oración, fuente de tantas gracias para los vivos, es también singularmente eficaz para el alivio de los difuntos.




SEGUNDA PARTE



Capítulo 22 - Alivio de las almas – El Santo Rosario - Padre Nieremberg – La Madre Francisca del Santísimo Sacramento y el Santo Rosario

Sabemos que el Santo Rosario ocupa el primer lugar entre las oraciones que la Iglesia recomienda a los fieles; esta excelente oración, fuente de tantas gracias para los vivos, es también singularmente eficaz para el alivio de los difuntos.

 

Tenemos una prueba conmovedora de ello en la Vida del Padre Nieremberg, de quien hemos hecho mención anteriormente. Para aliviar las almas del Purgatorio, este caritativo siervo de Dios, se imponía frecuentes mortificaciones acompañadas de oraciones y rezos. No dejó de rezar por ellas el Santo Rosario, todos los días, y de ganar para ellas todas las indulgencias que le fuese posible. Esta fue la devoción a la que invitó a los fieles en una obra especial que publicó sobre el tema.

 

El rosario que utilizaba estaba decorado con medallas piadosas, y enriquecido con numerosas indulgencias. Un día lo perdió, y se lamentó mucho: no porque este santo religioso - cuyo corazón ya no tenía ataduras en la Tierra - tuviese algún apego material a este rosario, sino porque se veía impedido de proporcionar a sus queridas almas la ayuda habitual.

 

Buscó por todas partes, hizo memoria para ver si podía encontrar su piadoso tesoro; todo fue inútil, y cuando llegó la noche, se vio obligado a sustituir su oración con indulgencias por oraciones comunes.

 

Mientras rezaba a solas en su celda, oyó en el techo un ruido parecido al de su rosario, ruido que le era muy familiar; y levantando los ojos, vio que su rosario, sostenido por manos invisibles, descendía hacia él y caía a sus pies con todas las medallas adheridas. - No dudó de que las manos invisibles que se lo habían traído eran las de las almas aliviadas por este medio.

 

Imaginémonos con qué renovado fervor recitaba las cinco decenas acostumbradas, y cuánto le animaba este hecho sobrenatural a perseverar en una práctica tan visiblemente favorecida por el Cielo.

 

La venerable madre Francisca del Santísimo Sacramento tenía también la piadosa costumbre de rezar frecuentemente el Santo Rosario para aliviar a las almas; y Dios se dignó mostrar a su sierva, por medio de sensibles favores, lo agradable que le resultaba esta oración.

  

Francisca del Santísimo Sacramento (su vida por el Padre Joachim. Ver Rossignoli) tuvo desde su infancia la mayor devoción por las almas purgantes, y perseveró en ella mientras vivió sobre la Tierra. Era todo corazón, toda devoción hacia estas pobres y santas almas: para ayudarlas, rezaba todos los días el Santo Rosario e invitaba a su capellán, terminando cada decena con el Requiescant in pace. En los días de fiesta, cuando tenía más tiempo libre, agregaba a su oración el Oficio de Difuntos.

 

A la oración añadía las penitencias. La mayor parte del año ayunaba a pan y agua, hacía vigilias y otras prácticas de mortificación; tenía que soportar mucho trabajo y fatiga, dolores y persecuciones: pero todos estos trabajos fueron en beneficio de las almas; Francisca ofreció todo a Dios para el alivio de las almas.

 

No contenta con asistirlas ella misma, instaba a los demás a hacerlo en la medida de sus posibilidades: si venían sacerdotes al monasterio, les instaba a celebrar la Misa; si eran laicos, los conminaba a repartir muchas limosnas por los fieles difuntos.

 

Como premio a su caridad, Dios permitió que las almas la visitaran con frecuencia, tanto para pedirle sus sufragios como para agradecérselos. Los testigos aseguraron que en varias ocasiones ellas se hacían visibles y la esperaban en su puerta cuando se dirigía al servicio de maitines, buscando poder encomendarse a ella; en otras ocasiones entraron en su habitación para presentarle sus peticiones; se alineaban alrededor de su cama hasta que ella despertaba.

 

Tales apariciones, a las que estaba acostumbrada, no le causaban ningún temor; y para que ella no llegase a pensar que se trataba de un sueño o de una ilusión del diablo, ellas le decían al entrar: "¡Salve, esclava de Dios, esposa del Señor! ¡Que Jesús esté siempre contigo!” – Enseguida mostraban su veneración por una gran cruz y por las reliquias de los santos, que su benefactora guardaba en su celda. - Si la encontraban rezando con el rosario, añaden los mismos testigos, ellas se lo quitaban de las manos y lo besaban con amor, como reconocimiento de que era instrumento de su liberación.






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