Primer Domingo de Adviento Ciclo C 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Primer Domingo de Adviento Ciclo C 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.


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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 2 de Diciembre.



Iniciamos un nuevo año litúrgico. Celebramos el primer domingo del ADVIENTO. Pero debemos tener cuidado para no caer en una vida litúrgica rutinaria, repetitiva y carente de sentido. Debemos estar vigilantes, atentos, despiertos.



“Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra”“Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra”



 Veamos las lecturas:


Jeremías 33, 14-16

Suscitaré a David un vástago legítimo

 

"Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: 'Señor-nuestra-justicia'".



I Tesalonicenses 3, 12-4, 2

Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva

 

Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre. En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.


 

Lucas 21, 25-28. 34-36

Se acerca vuestra liberación

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”.

 

 

Algunas reflexiones

 

Recordemos que estamos iniciando un nuevo año litúrgico. El año litúrgico es, en realidad una pedagogía litúrgico-espiritual, que busca posibilitar la experiencia de relación personal del creyente y de toda la Iglesia con la persona de Jesucristo, a fin de que el Proyecto del Reino de Dios continúe operando en la historia humana.

 

La calidad de esta experiencia dependerá de la seriedad y honestidad con que cada creyente cristiano y cada comunidad cristiana asuman este itinerario litúrgico, que – en definitiva – mostrará sus frutos a través de procesos de transformación y del influjo que los cristianos ejercen en sus entornos específicos.

 

El tiempo ordinario (del año litúrgico que se acaba de cerrar) terminó invitándonos a reflexionar sobre la segunda venida de Jesús y sobre los acontecimientos del fin de los tiempos. Ahora, el primer domingo del Adviento se abre con esta misma temática e insiste en la dimensión de esperanza, que permite al creyente avanzar, luchar, albergar la posibilidad de que la vida y el mundo pueden ser mejores y tener sentido.   

 

Se trata, entonces, de tomar conciencia de varios aspectos claves:

 

  • Dios no nos abandona,

 

  • La situaciones de crisis no son para bajar la guardia, sino para aprender y reorganizar (se).

 

  • El aprendizaje y la reorganización, en tiempos de crisis, están íntimamente relacionados con la esperanza.

 

  • Quien es fiel a Dios no queda defraudado, porque Dios ama y cumple sus promesas.

 

El profeta Jeremías nos sitúa en una etapa en la que el pueblo de la Biblia está desolado. Ha sido invadido por el imperio Babilónico (587 a.C.), la mitad de su población ha sido deportada y las condiciones de vida de quienes quedaron son difíciles. Para ambos grupos (los que quedaron en su tierra y los que fueron deportados) la incertidumbre es grande: ¿Qué pasará? ¿Vale la pena hacer esfuerzos para conservar la identidad? ¿Tiene sentido seguir creyendo en Dios o sería mejor bajar la guardia y dejarse llevar por la fuerza de los acontecimientos?

 

Jeremías, el profeta de Dios, entiende la complejidad de la situación y dirige al pueblo un mensaje contundente: Dios no los ha abandonado.

 

A pesar de las dificultades se abre un futuro prometedor: Dios hará regresar a los deportados, perdonará las culpas de su pueblo y el país podrá ser reconstruido.

 

Después del sufrimiento habrá una inmensa alegría: la alegría de la presencia y acción de Dios que cuida, acompaña, consuela, perdona y restaura.

 

Por eso anuncia que: Dios hará surgir un rey justo, no como los reyes corruptos que gobernaron al país ni como el cruel rey babilonio que los invadió y destruyó. Este nuevo rey será perfecto, porque será justo, por eso será llamado «Dios es nuestra justicia».

 

Para el creyente cristiano, ese rey justo es Jesús. Por eso el año litúrgico se cerraba con la celebración de Cristo como rey, pero dejando claro que su reino y su manera de ser rey no se guiaba por los criterios torcidos de los reinos de este mundo: “Mi reino no es de este mundo”.

 

En esta perspectiva, podemos entender el mensaje del Evangelio. El lenguaje es claramente apocalíptico (APOCALIPSIS significa REVELACIÓN, por tanto, este lenguaje no busca asustarnos, sino mostrarnos lo que Dios quiere y desea, y llamar nuestra atención sobre lo esencial). No olvidemos que el discurso de Jesús es adaptado a la cultura de su tiempo [cultura semita, hace más de 2000 años]. Por eso debemos distinguir entre la forma del mensaje y el mensaje mismo.

 

En este caso, el texto del Evangelio nos invita a vivir dos experiencias fundamentales: 1) conservar y alimentar la esperanza y 2) vivir vigilantes (estar preparados). Se trata, por tanto, de un tipo de esperanza activa. No se trata de cruzarnos de brazos esperando que Dios haga. Se trata de creer que Dios no nos abandona, pero asumiendo lo que nos corresponde como tarea.

 

 Y eso que nos corresponde es:

 

  •          Aprender a amar,

 

  •          Ser luz allí donde estamos,

 

  •          Servir, con una atención especial por los más necesitados y vulnerados.

 

  •          Continuar la vida y la misión de Jesús.

 

Entendemos, desde este horizonte, por qué al comenzar el Adviento se nos recuerda que Cristo Jesús vino y cumplió su misión, y, por cumplirla, fue perseguido y asesinado, pero Dios lo resucitó. Ese Resucitado volverá, al final de los tiempos, y manifestará su gloria. Por eso, en la carta de los Tesalonicenses, san Pablo anima a los cristianos a mantenerse fieles a Jesús y prepararse para esa segunda venida (llamada Parusía).

 

Las palabras de Jesús nos invitan a un esfuerzo constante. La fe no nos evita los problemas ni nos garantiza una vida sin dificultades, pero ella nos sitúa en un horizonte de comprensión diferente, desde el cual podemos enfrentar los problemas y asumir las dificultades para darles sentido.   La actitud de vigilancia a que nos invita el Adviento es clave, pero podemos preguntarnos:

 

  • Vigilar ¿Para qué?

 

  • ¿De qué me debo cuidar?

 

  • ¿Dónde está el verdadero peligro para el creyente cristiano?

 

  • ¿Qué signos de esperanza y de desesperanza aparecen en la sociedad actual?

 

  • ¿Cómo la experiencia de oración y de celebración litúrgica alimenta la esperanza en las comunidades cristianas y en cada creyente?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 25

A ti, Señor, levanto mi alma.

 

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

 

El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R.

 

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza. R.

 

¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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