Solemnidad de Pentecostés Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente a la Solemnidad de Pentecostés Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 20 de Mayo.



“Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo. Recibid el Espíritu Santo“Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo. Recibid el Espíritu Santo"


Hechos de los Apóstoles 2,1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

 

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: "¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua."



Gálatas 5,16-25

El fruto del Espíritu

 

Hermanos: Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, compresión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marcharemos tras el Espíritu.



Juan 20,19-23

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

 

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

 

 

Algunas reflexiones

 

La solemnidad de Pentecostés nos invita a tomar conciencia de la dimensión espiritual de la vida. No somos solo organismos hiper-organizados a nivel material. Somos seres espirituales, nos comunicamos, nos habita una dimensión y un deseo de trascendencia y caminamos buscando sentido a las cosas que hacemos, a las experiencias que vivimos, a la totalidad de la vida. Pero esta dimensión espiritual no acontece como una negación de nuestra dimensión material. Somos una unidad; somos ‘espíritus encarnados’ y ‘cuerpos espiritualizados’. No se trata de oponer o separar estas dimensiones, sino de integrarlas y de unificarlas.

 

La solemnidad de Pentecostés nos recuerda que Dios nos propone adentrarnos en un camino espiritual, en una experiencia espiritual que permee toda nuestra vida y le dé sentido y orientación.  Por eso, en la primera lectura, san Pablo pide a los cristianos que vivan no solo de manera carnal sino espiritualmente. Lo que san Pablo entiende por persona carnal es el ser humano que vive contando apenas con sus propias y limitadas fuerzas y capacidades y que, además, vive centrado en sí mismo, buscando satisfacer sus deseos inmediatos, sin trascender.

 

Por el contrario, la persona que se sitúa en un horizonte de vida espiritual vive unida a Dios, cuenta en sus proyectos con la fuerza que Dios y se esfuerza por situar toda su vida en el horizonte del amor. Por tal razón, la vida en el Espíritu produce unos frutos: “el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, compresión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí.” Entonces, lo que se le pide al cristiano es que abra su espíritu al encuentro con el Espíritu de Dios, para que viva un proceso de transformación existencial en y desde el amor.

 

Teniendo en cuenta lo que fue dicho arriba podemos entender por qué es tan importante para la Iglesia la celebración de esta solemnidad de Pentecostés. En ella celebramos la unión íntima del creyente con Dios. Esa unión solo es posible porque el espíritu humano entra en comunión con el Espíritu divino, esto es, con el Espíritu Santo. No olvidemos que – en la perspectiva bíblica –Dios busca a la humanidad y es Él quien envía su Espíritu para que el ser humano pueda vivir espiritualmente.

 

Ahora bien, los textos leídos (especialmente la primera lectura y el evangelio) conectan la experiencia del Espíritu  con la misión. Jesús nos comunica su Espíritu y al mismo tiempo nos envía al mundo (a la sociedad en la que estamos) para ser, en él, presencia y prolongación de su amor, de misericordia, de su justicia, de sus valores y sentimientos.

 

En el contexto del Nuevo Testamento la experiencia de Pentecostés es la experiencia del envío (y de la llegada) del Espíritu Santo a la comunidad creyente, para que ella dé testimonio de Jesucristo y sea ‘servidora’ allí donde está. Por eso al celebrar la solemnidad de Pentecostés estamos llamados a tomar conciencia de la misión que la Iglesia tiene en sus manos.

 

San Lucas comprendió esto y quiso plasmar, en el libro de Hechos de los Apóstoles, esta experiencia fundamental.  El libro de los Hechos no es otra cosa sino el testimonio de la constitución progresiva de la Iglesia y el desarrollo de la misión gracias a la acción del Espíritu, que es quien permite a los apóstoles y a las comunidades cristianas vivir la experiencia de unión con Jesús resucitado, construir la comunidad fraterna, comprender la enseñanza dada por Jesús y aportar a la humanidad ese amor, a través del servicio. El relato de Pentecostés es una catequesis que busca resaltar aspectos claves de esta experiencia espiritual.

 

Con este relato Lucas sugiere que por la acción del Espíritu Santo se genera un proceso inverso de aquel que encontramos en la narración de la Torre de Babel narrado en el libro del Génesis (Cfr. Gn 11, 1-9). Recordemos que en el relato de Babel los seres humanos quieren construir una torre, pero en sus planes no está Dios, no cuentan con Él.  En este relato, el proyecto fracasa y las personas terminan divididas por causa de una ausencia total de comprensión.  En el relato de Pentecostés el Espíritu de Dios llega, reposa sobre la comunidad apostólica, establece una relación específica con cada persona y las transforma, haciéndolas capaces de hablar de las maravillas que Dios realiza en su propia lengua. En realidad, el relato de Pentecostés es el proceso inverso del relato de Babel.

 

El Espíritu de Dios es quien crea la nueva comunidad; quien hace posible la superación del encerramiento, del aislamiento y del miedo; quien recuerda cuáles son los valores de Cristo; quien permite discernir lo que debe hacerse en cada situación; quien suscita en los discípulos de Jesús una mirada amorosa para comprender mejor; quien anima a los creyentes a construir la fraternidad humana.  El Espíritu Santo nos hace capaces de disponernos para la comprensión mutua y de ir más allá de las diferencias, a fin de aprender a convivir y hacer posible una humanidad nueva.

 

Recordemos que el libro de los Hechos de los Apóstoles pretende servir de ayuda para los cristianos que están pasando por una dura crisis, pues muchos creyentes tienden a caer en la rutina, en un cristianismo superficial y carente de energía. El libro recuerda a todos los elementos fundamentales de la vida cristiana:

 

1.    La fe en Cristo resucitado,

2.    La experiencia del Espíritu.

3.    Un estilo de vida según el Espíritu.  

4.    El apoyo en  la Palabra de Dios.

5.    La construcción de la comunidad fraterna,

6.    El desarrollo de la misión.

7.    La experiencia del perdón.

8.    Los valores de Cristo Jesús.

 

Notemos que Pentecostés (es decir, la experiencia del Espíritu Santo) está centrado en la comunicación, la comprensión, el entendimiento. Estar habitados por el Espíritu Santo tiene que ver con la comunicación de Dios a los creyentes y con la comunicación de los creyentes con el mundo, por eso aparece la lista de pueblos (simbolizando el mundo conocido en la época). No olvidemos que lo fundamental en la comunicación es la capacidad de salir al encuentro de los otros, de superar las barreras y de construir puentes y lazos de amistad y fraternidad.

 

En el relato del evangelio según san Juan encontramos a la comunidad apostólica reunida en torno a Jesús. Jesús es el CENTRO. Esto es lo fundamental y lo que debe preocupar a la Iglesia y a cada comunidad cristiana en particular. El relato vuelve a insistir en la experiencia de la comunicación del Espíritu Santo por parte de Jesús a sus discípulos. Lo importante es lo que opera este Espíritu en los creyentes: los capacita para superar el miedo, para perdonar los pecados y para dar testimonio de Jesús en el mundo. El relato nos sitúa en el lugar donde se encuentra la comunidad apostólica atemorizada y aún estremecida por la muerte trágica de su maestro.

 

Notemos que con la presencia de Jesús y la comunicación del Espíritu la comunidad pasa del miedo y el encierro a la valentía, la fortaleza y la apertura que le permite comunicar al mundo el amor de Cristo.

 

Por otra parte, notemos que, en el relato de Juan, Jesús hace un gesto: sopla sobre sus discípulos. El gesto que hace Jesús de soplar sobre los apóstoles nos traslada al relato del libro del Génesis (Gn 2, 7), cuando Dios estaba creando al ser humano (sopló sobre la figura de barro y surgió el ser humano, la criatura responsable de la creación).  Lo que Juan quiere decir con su relato es que con Jesús resucitado y el Espíritu Santo Dios está operando una nueva creación. Dejémonos re-crear por Dios.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 104

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

 

Bendice, alma mía, al Señor: / ¡Dios mío, qué grande eres! / Cuántas son tus obras, Señor; / la tierra está llena de tus criaturas. R.

 

Les retiras el aliento, y expiran / y vuelven a ser polvo; / envías tu aliento, y los creas, / y repueblas la faz de la tierra. R.

 

Gloria a Dios para siempre, / goce el Señor con sus obras. / Que le sea agradable mi poema, / y yo me alegraré con el Señor. R.



 

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