Octavo Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Octavo Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 3 de Marzo.



“El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca”“El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca”




Eclesiástico 27, 4-7

No alabes a nadie antes de que razone

 

Se agita la criba y queda el desecho, así el desperdicio del hombre cuando es examinado. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en su razonar. El fruto muestra el cultivo de un árbol, la palabra, la mentalidad del hombre. No alabes a nadie antes de que razone, porque esa es la prueba del hombre.



I Corintios 15, 54-58

Nos da la victoria por Jesucristo

 

Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: "La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?" El aguijón de la muerte es el pecado y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así, pues, hermanos míos queridos, manteneos firmes y constantes. Trabajad siempre por el Señor, sin reservas, convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga.



Lucas 6, 39-45

Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: Hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca".

 

 

Algunas reflexiones:

 

No basta con formular correctamente lo que se cree (=ortodoxia). Hay mucha gente que formula correctamente la fe y que, en su manera de hablar sobre Dios, parece tener todo ‘en orden’, pero cuyo comportamiento está lejos de aquello que dice creer. En tales personas hay buena ortodoxia, pero deficiente ortopraxis. Quizá a todos los creyentes nos pasa algo de esto.

 

También puede ocurrir la situación inversa: hay personas a las que les falta cierta claridad en la formulación de su fe (deficiente o, al menos, mejorable ortodoxia), pero con un alto nivel de coherencia en su manera de vivir la fe (alta ortopraxis). Unos y otros necesitamos revisar, ajustar y mejorar. El ideal es llegar a una profunda ortopraxis integrada a una sólida ortodoxia.

 

Uno de los problemas del cristianismo occidental es que ha hecho mucho énfasis en la ortodoxia, pero descuidando la ortopraxis. Tal vez por eso nos contentamos con saber bien el catecismo, aunque no vivamos el cristianismo.  Las catequesis parecen estar más dirigidas a adoctrinar que a sentar las bases para un estilo de vida digno de la vocación a la cual Dios nos ha llamado en Jesucristo. Los esfuerzos del Papa actual se orientan al rescate de la ortopraxis sin, por ello, descuidar la ortodoxia.  La praxis es fundamental.

 

Notemos que Jesús – luego de haber instruido a su interlocutor con la parábola del Buen Samaritano – le dice: Vete y haz tú lo mismo. No es sólo cuestión de pensar el bien, sino de hacerlo.  Es en esta perspectiva que hay que comprender la liturgia: no se trata sólo de que las celebraciones (por ejemplo, la Eucaristía) salga bonitas, sino de que los creyentes (es decir, la comunidad que se congregó para celebrar) hagan vida, en su cotidianidad, lo que han celebrado. De lo contrario la liturgia se transforma en un culto vacío, carente de sentido y desprovisto de fuerza transformadora.

 

Jesús se caracterizó porque hacía la voluntad del Padre. Esto es lo que se espera del creyente cristiano.

 

Pensamiento, corazón y acción deben caminar juntos. Esa es la gran tarea de la congruencia. La primera lectura pone el acento en el pensamiento (en la manera como configuramos mentalmente la realidad). El evangelio centra la atención en el corazón (en lo que sentimos) y en los frutos (es decir, lo que hacemos). La segunda lectura nos recuerda que esta coherencia entre pensamiento, corazón y acción está en íntima relación con el proceso de resurrección al que Dios nos invita en la persona de Jesús.

  

En el evangelio, Jesús nos recuerda que el obrar sigue al ser: actuamos según lo que somos y somos lo hemos decidido en nuestro corazón y aclarado mediante el discernimiento.  Por eso: No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano.

 

En cada celebración eucarística dominical confesamos con la boca lo que creemos (pronunciamos el Credo). La idea es practicar lo que confesamos con la boca. Así, el cambio que queremos ver por fuera (en otros) deberá comenzar por nosotros mismos. Por eso Jesús nos recuerda: Quita la viga de tu ojo, y entonces podrás quitar la brizna del ojo de tu hermano”.

 

No podemos – en el amor – llegar a ser más que nuestro maestro Jesús. Jesús es la utopía de nuestra propia coherencia y de nuestra propia realización. Por eso, sabiamente, el apóstol Pablo recomendó a los cristianos de su tiempo: Tengan entre Ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Fil 2, 5) y decía de su propia experiencia: Vivo yo, pero no soy yo… Es Cristo quien vive en mí. (Gál 2, 20).

 

Varios puntos pueden ayudarnos a ahondar en nuestra meditación:

 

1.     Es necesario examinar la propia disposición interior frente a la Palabra de Dios que hemos escuchado.

 

2.     Hay que cuidar la salud interior (salud mental y salud espiritual), en función de mejores frutos (la acción adecuada).

 

3.     Es importante ahondar en el significado del ‘corazón’ con respecto a la vida espiritual.

 

4.     Las acciones deben confirmar las palabras.

 

5.     La correcta formulación de la fe viene en ayuda de una correcta praxis. No hay por qué oponer ortopraxis y ortodoxia.

 

6.     El énfasis en la acción no nos excusa de reflexionar la fe, reflexionar sobre lo que decimos creer, reflexionar la fe de la Iglesia.   

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 91

Es bueno darte gracias, Señor.

 

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad. R.

 

El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

 

En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. R.

 

¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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