Octavo Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A 2017

Te comparto la reflexión correspondiente al Octavo Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A 2017, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2017, corresponde al Domingo 26 de Febrero.



¿Cuáles son nuestras prioridades? No todo da igual, no todo está al mismo nivel, no tener prioridades puede ser la mejor fórmula para lograr una vida in-significante y sin norte.

 

A través de estas lecturas Dios nos da dos orientaciones importantes:

 

  • 1) Poner nuestra atención entre lo que es verdaderamente importante, distinguiéndolo de lo superficial.

 

  • 2) Aprender a liberar nuestro corazón (lo más profundo de nuestro ser) de la tiranía de los bienes materiales y de los apegos nefastos. Esto no significa negar su justo valor a los bienes materiales, sino ponerlos en su puesto y darles el sentido que deben tener dentro de una visión más integral de la vida.


“Cuando sobrevengan las situaciones duras y dramáticas, continúa adelante, no desistas, no te desanimes, porque Dios te ama y no te olvida”“Cuando sobrevengan las situaciones duras y dramáticas, continúa adelante, no desistas, no te desanimes, porque Dios te ama y no te olvida”




Isaías 49,14-15

Yo no te olvidaré

 

Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

 

 

La primera lectura subraya la solicitud de Dios por sus criaturas y, muy particularmente, por el ser humano. El autor se vale de una imagen profundamente antropológica y significativa: la mamá.  Él es no sólo como una mamá…es más que una mamá. El amor de Dios tiene las características del amor incondicional y entrañable de una mamá, pero elevadas a la enésima potencia…no tiene límite y por eso tenemos la seguridad de su total fidelidad: Dios no nos abandona… Tal vez somos nosotros los que lo abandonamos a Él.

 

Esta lectura hace parte de la segunda parte del libro del profeta Isaías  (el segundo Isaías: capítulos 40 a 55). Este profeta ejerció su servicio entre los israelitas exiliados en babilonia, hacia el 555-540 a.C. Ante la dura situación de un pueblo que sufre, su mensaje es de esperanza: busca consolar al pueblo, que piensa que Dios lo ha olvidado… un pueblo que se siente abandonado. Isaías le asegura que no es así, que el amor de Dios no tiene límite y que, por tanto, hay que conservar la esperanza, mantener la fe.

 

Entendemos por qué al hablar del DeuteroIsaías se habla de ‘libro de la consolación’.  El profeta anuncia dos cosas claves: 1) el fin del exilio, 2) la posibilidad de retorno a la Tierra Prometida, 3) la tarea de reconstrucción que hay que emprender.  Las palabras claves son, entonces, liberar, volver y reconstruir.  ¿De qué debemos liberarnos? ¿De qué debemos dejarnos liberar por Dios? ¿Necesitamos volver a Dios? ¿Necesitamos volver a reconciliarnos con la vida, con los otros, con la naturaleza? ¿Qué necesitamos reconstruir? El país, los lazos familiares, un proyecto de vida, etc.

 

Sin duda, el exilio del pueblo de Israel en Babilonia representó una de las experiencias más duras de su historia. Esta experiencia puso en crisis su fe, su identidad, sus convicciones más profundas. Pero esta crisis fue también saludable (las crisis tiene su lado positivo): condujo al pueblo a una mayor reflexión, a una mayor introspección, a la toma de conciencia de lo que había dejado perder y de la necesidad de recuperarlo. No pocas veces necesitamos pasar por estas crisis para crecer, para madurar, para darnos cuenta. ¿Cómo asumimos y gestionamos las crisis?

 

El texto – además de revelarnos el infinito amor de Dios – cuestiona nuestra propia fidelidad, nuestra capacidad de permanecer firmes, al lado de aquellos que amamos, especialmente en los momentos difíciles. Es interesante la relación que hay entre amor y memoria: el amor no puede olvidar; la madre (que ama) no puede olvidarse de su hijo. Hay una conexión profunda entre amor y memoria que no debemos descuidar.

 

Cuando sobrevengan las situaciones duras y dramáticas, recordemos esta predicación de Isaías: continúa adelante, no desistas, no te desanimes, porque Dios te ama y no te olvida.



Mateo 6,24-34

No os agobiéis por el mañana

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos."

 

 

El texto del evangelio es muy claro: busca primero el Reino de Dios, lo demás vendrá con él y tendrá su verdadero sentido en él. Escoger lo que es esencial no es tratar con desdén las demás cosas, sino darles su justo valor.

 

Recordemos que, en el largo discurso del Sermón de la Montaña, Jesús continua presentando la Nueva Ley, la manera como Él comprende el Reino de Dios y lo que se espera del creyente. Es la Nueva Ley (la nueva orientación e instrucción) por la cual la comunidad debe regirse.

  

El discurso deja en claro que:

 

  • 1)      El amor a Dios, la comunión con Él y la permanencia en Él son lo fundamental. Todo lo demás debe estar situado dentro de este horizonte.  Nada debe ser colocado en el lugar de Dios (por eso “servir a dos señores” es una mala idea.)

 

  • 2)      El apego a los bienes materiales es incompatible con el amor a Dios, porque termina pervirtiendo el corazón humano, haciendo de la persona un sujeto oscuro, egoísta, insensible y temeroso. ¿Acaso no vemos las desigualdades, injusticias y crímenes que hay en el mundo? No es esto lo que Dios quiere para nosotros.

 

  • 3)      Siempre que la lógica del TENER domina el corazón humano y las relaciones humanas, terminamos haciendo daño y haciéndonos daño. 

 

Sin duda, el evangelista Mateo busca responder algunas preguntas que él se ha formulado o que se ha formulado la comunidad de la cual él hace parte:

 

  • 1.    ¿Cuál ha de ser la escala de valores de un cristiano y de una comunidad cristiana? Lo primero debe ser una amorosa y madura relación con Dios.

 

  • 2.     ¿Debemos preocuparnos por nuestras necesidades básicas? Sí, pero no hay que confundir necesidades con otras cosas.

 

  • 3.     ¿Cuál es la prioridad del Reino? El amor a Dios y al prójimo.

 

Quien ha descubierto el Reino de Dios (es decir, la presencia amorosa y transformadora de Dios) percibe que Dios cuida de sus fieles y vela por ellos. Este cuidado no debe, por tanto, llevarnos a una actitud de pasividad, de negligencia o de pereza. En la conjugación entre confianza en Dios y esfuerzo personal, el creyente pasa a vivir una serena tranquilidad, que le permite llevar una vida centrada éticamente, y afectivamente rica.

 

En consecuencia, Jesús nos pide:

 

  • 1.      Revisar nuestras prioridades.

 

  • 2.      Revisar nuestras actitudes.

 

  • 3.      Configurar una escala de valores coherente con la propuesta de Jesús.

 

  • 4.     No dejarnos enredar por tantas cosas. Ir a lo esencial y quedarnos con lo esencial.

 

  • 5.      Evitar el apego enfermizo a los bienes materiales.

 

  • 6.      Mantener el corazón libre para amar, para ser misericordiosos, para compartir.

 

  • 7.      Revisar nuestro concepto de felicidad.


     

I Corintios 4,1-5

El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón

 

Hermanos: Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

 

 

En la segunda lectura, el apóstol Pablo invita a los cristianos de Corinto a fijarse en lo esencial: la propuesta de libertad y de salvación que Dios ha hecho a toda la humanidad, en Cristo Jesús.

 

El texto que nos es propuesto en esta lectura  es la parte final de la argumentación que el apóstol Pablo hace en su carta en relación con las divisiones que hay en la comunidad cristiana de Corinto. Pablo insiste en que la comunidad no debe transformarse en grupos opuestos, siguiendo cada uno a un jefe, sino que debe permanecer unida y tener claridad de que a quien hay que seguir es a Jesucristo. De igual manera, Pablo enfatiza que él no busca honores, ni títulos, ni su propio bienestar, sino conducirlos a todos a la salvación plena, a la comunión total con Dios. Con esta postura Pablo quiere dejar en claro que:

 

  • 1.      El centro de toda comunidad, realmente cristiana, es Cristo Jesús.

 

  • 2.      Los mensajeros del evangelio (los evangelizadores, de ayer y de hoy) son simplemente servidores de Cristo (administradores de su gracia) y de las comunidades (guías, animadores, formadores).

 

  • 3.      Hay siempre el riesgo de que  los servidores se dañen y, en lugar de servir, se dediquen a buscarse a sí mismos y a asegurar su bienestar.

 

  • 4.      La experiencia cristiana no debe reducirse a una filosofía o a un sistema de ideas. Es una experiencia personal de relación amorosa con la persona de Jesús.

 

 

Terminemos nuestra reflexión, orando con el…


 

Salmo 62

Sólo en Dios descansa mi alma

 

Sólo en Dios descansa mi alma, / porque de Él viene mi salvación; / sólo Él es mi roca y mi salvación; / mi alcázar: no vacilaré. R.

 

Descansa sólo en Dios, alma mía, / porque Él es mi esperanza; / sólo Él es mi roca y mi salvación, / mi alcázar: no vacilaré. R.

 

De Dios viene mi salvación y mi gloria, / Él es mi roca firme, / Dios es mi refugio. / Pueblo suyo, confiad en Él, / desahogad ante Él vuestro corazón. R.

 

 

¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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