En el Domingo de Septuagésima, una reflexión fundamental es acerca del hecho de que los seres humanos nos esforzamos, y a veces muchísimo, con duros sacrificios, para alcanzar metas mundanas, metas de este mundo; y poco o ningún esfuerzo hacemos por lograr la Salvación Eterna.
Aunque somos ignorantes del destino particular de cada alma en la otra vida, muchos santos han afirmado que la dramática realidad es que el mayor número de los católicos adultos se condena.
Somos ignorantes del destino final de las almas en la otra vida. Por cuenta de tal incertidumbre debemos rezar en general por todos los difuntos, como lo hace la Iglesia, sin perjuicio de aquellas almas a las que queremos ayudar más particularmente.Efectivamente, nos pasamos la vida en un permanente autoengaño:
¿De verdad ponemos esfuerzo en alcanzar la Salvación Eterna?
¿Tengo garantizada la Salvación Eterna?
¿Qué dicen la Sagrada Escritura y Nuestro Señor mismo al respecto?
Aprovechemos las enseñanzas que, al respecto, Monseñor Fernando Altamira nos brinda en el Domingo de Septuagésima, y que hemos condensado en la siguiente página: “¿Creo que ya tengo garantizada la Salvación Eterna?”
Para referencia adicional, te compartimos el video de dicha prédica:
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