Domingo de Ramos Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo de Ramos Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 14 de Abril.



Llegamos a la etapa final del camino histórico de Jesús. Es, igualmente, la etapa final de su misión y el momento decisivo en el que opta por entregarse totalmente. Al celebrar la Semana Santa estamos invitados a examinar varias cosas:

 

  • ¿He escuchado el llamado de Jesús que me ha dicho: ¡Sígueme!?

 

  • ¿Me he atrevido a caminar con Él, a convivir con Él y a aprender de Él?

 

  • ¿Qué he aprendido realmente?

 

  • ¿Quisiera acompañarlo, incluso en su pasión?

 

  • ¿Podría decir quién es Jesús para mí?




Nosotros nos lo hemos merecido; en cambio, este nada malo ha hecho. Decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino. Jesús le dijo: Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el ParaísoNosotros nos lo hemos merecido; en cambio, este nada malo ha hecho. Decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino. Jesús le dijo: Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso




ENTRADA DE JESUS EN JERUSALÉN (LOS RAMOS)

Lucas 19, 29-44

¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor!

 

Y aconteció que cuando se acercó a Betfagé y a Betania, cerca del monte que se llama de los Olivos, envió a dos de los discípulos, diciendo: Id a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontraréis un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", de esta manera hablaréis: "Porque el Señor lo necesita." Entonces los enviados fueron y lo encontraron como Él les había dicho. Mientras desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Y ellos respondieron: Porque el Señor lo necesita. Y lo trajeron a Jesús, y echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él. Y mientras Él iba avanzando, tendían sus mantos por el camino. Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡BENDITO EL REY QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Respondiendo Él, dijo: Os digo que, si estos callan, las piedras clamarán. Cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Porque sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán terraplén delante de ti, te sitiarán y te acosarán por todas partes. Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación.

 

 

Jesús llega a Jerusalén, allí está el Templo (centro religioso alrededor del cual gira la vida de piedad de todo el antiguo pueblo judío). Allí también se alojan las instituciones del imperio romano, que – en aquella época – ejercía su dominio sobre Israel.  

 

La entrada de Jesús en Jerusalén fue un acontecimiento que pudo haber tenido diversas interpretaciones:

 

1)   Para unos, fue la entrada del Mesías a la capital. De hecho, muchos de los seguidores de Jesús albergaban seriamente la posibilidad de que Él fuera el Mesías anunciado en el Antiguo Testamento. En este Mesías, Dios se revelaría plenamente y dejaría ver cómo el pueblo elegido sería luz para todo el mundo. Por eso, ante la llegada del Mesías esperado, todos gritan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna!

 

2)   Para otros, Jesús pasó simplemente inadvertido. Seguramente se trataba (pensarían) de uno de tantos maestros espirituales, que pasaba por la ciudad. Otro maestro más que pasa con su mensaje…pero la vida sigue igual, la gente se ha vuelto impermeable y muchos no se percatan de lo que puede significar la presencia de este Maestro galileo en Jerusalén.  Quizá esto se repite, hoy. Lo triste es que así sea para muchos bautizados que han perdido el sabor de su consagración.

  

3)   Para otros, esta entrada pudo haber sido el signo de una amenaza mayor, pues algunos pensaban en un Mesías de corte político-revolucionario, que sería el liberador del yugo de la potencia romana. Obviamente, para los romanos y para los judíos “colaboracionistas” esto no era una Buena Noticia. La situación empeoraría, la rebelión provocaría unas medidas de represión aún más duras por parte del imperio.

    

Notemos que la entrada –en primer momento- es motivo de fiesta: la gente se alegra por la llegada del Mesías y, para expresar el triunfo que esto puede significar, baten palmas al Mesías esperado.  Desde el horizonte que nos interesa podemos meditar:

 

  • ¿He permitido la entrada de Jesús en mi vida?

 

  • ¿Qué tipo de Mesías (enviado de Dios) es Jesús para mí?

 

  • ¿Qué tipo de triunfo estoy celebrando?

 

  • ¿La entrada de Jesús en mi vida me ha ayudado a triunfar sobre el egoísmo, la indiferencia, la falta de ardor espiritual?

 

Pero aquello que comenzó en tono festivo y triunfal se transformó en tragedia: el Mesías es apresado, ultrajado, desconocido y condenado a muerte. Es aquí donde aparece la cruz, que también puede significar varias cosas, según sea el horizonte desde donde se la interprete:

 

1)   Para las autoridades judías opuestas a Jesús, la cruz era, el modo de deshacerse de Jesús. Recordemos que – por estar bajo el dominio romano – los judíos no podían aplicar la pena de muerte. Por tanto, si querían deshacerse de Jesús debían presionar para que fuese el imperio romano el que lo condenara. Ahí entra en escena Pilatos. La crucifixión era el método cruel e infame que el imperio aplicaba a personajes indeseables y peligrosos.  Uno de los mecanismos para ‘no cambiar’ es deshacernos de aquello que nos incomoda.

 

2)   Para los seguidores de Jesús de aquel momento (el grupo de los Doce y los seguidores de la primera etapa) la crucifixión fue un “balde de agua helada”. Ellos albergaban la posibilidad de que este Jesús de Nazaret fuese realmente el Mesías y, al ser crucificado por los romanos [pero por complot de las autoridades religiosas judías] este Jesús quedaba descalificado. Eso nos permite comprender la crisis y la desesperanza de los discípulos que van huyendo rumbo a Emaús (Lucas 24). Uno de los grandes desafíos de la experiencia cristiana es la adecuada comprensión de la pasión, de la cruz y de la muerte de Jesús.

  

3)   Para quienes – después de la resurrección – se transformaron en seguidores de Jesús-Mesías e Hijo de Dios, la crucifixión fue un doloroso acto de rechazo de la salvación por parte del pueblo de Israel y, al mismo tiempo, el acto supremo de entrega por amor de parte de Jesús. Expresa también el amor total de Dios Padre que no duda en enviar a su Hijo al mundo para revelar su salvación. Pero recordemos que a esta comprensión solo pudieron llegar los discípulos después de la resurrección, después de la experiencia de Pascua.  Solo la experiencia de Pascua puede ayudarnos a comprender la misión de Jesús y lo que Dios nos ha revelado en Él. Debemos, pues, atravesar la pasión y llegar a la Resurrección.




Isaías 50, 4-7

No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado

 

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

 

 

La primera lectura nos presenta un profeta anónimo, a quien Dios envía para comunicar el mensaje de salvación y que - por realizar esta misión – debe pasar por la incomprensión, el rechazo y la persecución. A pesar de estas situaciones adversas, el profeta insiste en ir hasta el final en el cumplimiento de su misión, poniendo toda su confianza en Dios.

 

Notamos claramente la relación de esta lectura con Jesús. Él vivió una experiencia similar. Lo podemos ver en su oración: “Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Lo vivido por este profeta sirvió a los primeros cristianos para captar la profundidad de la vida de Jesús. Ellos comprenden que, en Jesús, se cumplen las Escrituras del Antiguo Testamento. Por tanto, Jesús es el PROFETA y el SIERVO DE DIOS por excelencia.




Filipenses 2, 6-11

Se rebajó, por eso Dios lo levantó, sobre todo

 

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

 

La segunda lectura, es un hermoso himno cristológico en el que se enfatizan los elementos claves que deben caracterizar la vida cristiana. San Pablo, al escribir a los cristianos de Filipos, introduce en su carta este himno, que revela la comprensión que él tiene de Jesucristo.   Veamos los elementos que resalta el apóstol en este himno:   

 

1.   La actitud humilde de Cristo: A pesar de su condición divina se despoja, se abaja, se acerca al ser humano, se hace servidor.

 

2.   La apropiación de la condición humana: Jesús no juega a ser humano (no está haciendo un papel), sino que asume conscientemente su condición humana. Todos estamos llamados a asumir, acoger y realizar la condición humana.

 

3.   La obediencia de Jesús: San Pablo recoge este rasgo fundamental: la obediencia de Jesús a la Voluntad de Dios. Recordemos que se trata no de cualquier tipo de voluntad, sino de una voluntad de amor. Ahora bien, la obediencia de Jesús es una obediencia activa, madura, consciente, lo cual supone un ejercicio permanente del discernimiento (recordemos que en el camino Jesús fue tentado y tuvo que discernir, analizar, clarificar, decidir, actuar). Este es el tipo de obediencia que se propone a todo cristiano. No se trata de una obediencia ciega o servil. Se puede obedecer amorosa e inteligentemente.

  

4.   El reconocimiento que Dios hace de la vida y obra de su Hijo: Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre, que está sobre todo nombre. Si la muerte en cruz expresa el rechazo de la humanidad, la Resurrección expresa el reconocimiento que Dios Padre hace de la vida y obra de su Hijo Jesús. Al resucitarlo desenmascara la injusticia cometida contra Él y el error de quienes orquestaron su muerte.

 

5.   La invitación a toda la humanidad a reconocer a Jesucristo y lo que Él ha revelado de Dios (Padre): Si Jesús ha sido reconocido por Dios y presentado como su Mesías, entonces nosotros estamos llamados a reconocerlo y adorarlo. Por eso el himno cierra con estas palabras: “Que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo. Y que toda lengua confiese que Jesucristo es SEÑOR, para gloria de Dios (Padre)”

 

No olvidemos que este himno (del cual hemos resaltados algunos elementos claves) es introducido por una frase extraordinaria de San Pablo: “Tengan entre Ustedes los mismos sentimientos de Cristo, el cual…”. (Sigue el himno). Entonces, lo que se nos quiere decir es que estos elementos del himno que resaltan características, actitudes y modos de actuar de Jesús deben verificarse en todos los cristianos.

 

Parece ser que este himno ya existía en las comunidades cristianas y era recitado o cantado en las celebraciones. Pablo lo retoma y lo utiliza en función del mensaje que quiere dar a los filipenses en su carta.

 

El centro del himno es la persona de Cristo. Pablo quiere indicar que no hay otro centro y que todo cristiano debe configurar su vida según el modelo fuente (JESÚS).

 

El himno resalta la kénosis de Cristo (palabra griega que quiere decir despojo-desprendimiento-vaciamiento).

 

Todo esto nos ayuda a comprender lo que celebramos en la Semana Santa.  El abajamiento de Cristo, quien llegó a asumir dimensiones extremas y escandalosas: la muerte en cruz (que era considerada una muerte ignominiosa).

 

Es claro, en el himno (y en la lógica de Pablo) el llamado a la humildad, al desprendimiento, a la donación, a la sencillez, a la confianza absoluta en Dios. Sin duda, será un buen ejercicio meditar sobre la propia vivencia de estas actitudes, sobre esta forma de vida que nos propone Jesús.

 



Lucas 22, 14-23. 56

He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.

 

(Por la extensión del pasaje de la Pasión no lo transcribimos aquí).

 

 

El texto del Evangelio nos invita a contemplar la pasión y muerte de Jesús de Nazaret. Pensemos en una vida dedicada al amor, al servicio, al cuidado de la vida, al rescate de la humanidad, pero que es truncada por los juegos de poder, por el egoísmo, por la envidia y la miopía espiritual y ética.

 

Para Jesús se trata del momento decisivo de su testimonio. Seguramente la tentación vino: Salva tu vida, huye, reniega de tu misión, retráctate de todo lo que has dicho sobre Dios y sobre su salvación; niega las críticas que has hecho a las estructuras religiosas de tu pueblo, etc. El momento es difícil, vuelven a resonar las palabras de Jesús pronunciadas en su oración en el huerto: “Padre, aparta de mí este cáliz”. Pero vuelven a resonar en nuestro corazón las palabras que revelan el acto de confianza de Jesús: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Persecución, drama, sufrimiento, traición, confianza, arrepentimiento… Todo esto se mezcla en la narración de la Pasión.  ¿No es una pequeña síntesis de la historia humana de todos los tiempos? ¿No es un espejo de nuestra propia vida?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 


Salmo 22

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 

 

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere." R.

 

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

 

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

 

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel. R.

 


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