Domingo de Pascua Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo de Pascua Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 21 de Abril.




Celebramos la Resurrección ya acontecida – de una vez para siempre- de Jesús, el Cristo de Dios.

 

Celebramos la resurrección que Dios sigue operando, desde Jesús, en la humanidad, cada vez que el corazón humano se deja tocar por ‘el dedo de Dios’.

 

Celebramos el misterioso proceso de reconciliación total de toda la creación…Hasta que Él sea todo en todos.

 

No es algo que pasó y quedó en el olvido. Es algo que sigue sucediendo y que reclama nuestra atención, nuestra decisión y nuestra voluntad.



Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertosEntonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos




Hechos de los Apóstoles 10, 34a. 37-43

Hemos comido y bebido con Él después de su resurrección

 

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de su Resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en Él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados."

 

 

Celebramos el paso (Pascua) de Jesús por este mundo: El pequeño trozo del discurso de Pedro (que se nos propone en este día) es posible porque el apóstol está lleno del Espíritu Santo. Movido por el Espíritu, Pedro quiere dejar claro no solo el error de las autoridades judías al haber condenado a Jesús a muerte, sino la verdadera identidad y misión de Jesús. Él es el Ungido de Dios, el Mesías esperado, el Hijo amado rechazado por el mundo, pero rehabilitado por Dios. “Ustedes lo condenaron, pero Dios lo resucitó.”  Ustedes – dice Pedro a las autoridades judías y al pueblo – negaron que fuera el Hijo de Dios, pero ‘Dios estaba con Él’ y porque Dios estaba con Él su paso por este mudo fue liberador y sanador: pasó “curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.”

 

La cosa empezó en Galilea, pero lo que Dios quiso y quiere es que ‘la cosa’ llegue a todo el mundo, porque lo que está en juego es la salvación de la creación por el Amor. Nosotros hacemos parte de este gran movimiento expansivo, estamos en Él y somos invitados a ser obreros en este proyecto. Es necesario que nos descubramos como discípulos-misioneros.

 

Me refiero a Jesús de Nazaret: ‘la cosa’ de la que san Lucas habla en su libro es, en realidad, el amor de toda la Trinidad desplegado históricamente en la persona de Jesús. No es, pues, cualquier cosa. ¿Hemos notado que en este texto, propuesto por san Lucas, toda la Trinidad está trabajando?

 

Pasó haciendo el bien: estas cuatro palabras no sólo sintetizan la vida y obra de Jesús, sino que nos señalan el proyecto fundamental de nuestro paso por la historia: pasar haciendo el bien. No es un problema de pertenencias a religiones, ni a movimientos políticos, ni a razas…ni… Se trata de conectar con Dios, de dejarse conducir por su Espíritu y de hacer el bien.

 

Nosotros somos testigos: El Papa sigue insistiendo en esto: no se trata simplemente de sacar unos días para participar en un conjunto de actos de piedad o en las celebraciones litúrgicas. Claro, esto tiene su sentido, pero ‘la cosa’ va más allá: se trata de transformarnos en testigos del Amor de Dios allí donde estemos, en los múltiples ambientes que frecuentemos, a través de las incontables tareas que realizamos. En los días de Pascua volverá a resonar esta invitación una y otra vez. Jesús nos seguirá recordando: “Ustedes son la luz del mundo” “Ustedes son la sal de la tierra”. Hay que ir más allá de la Semana Santa, a Dios le interesa la totalidad de la vida. Él no ama por semanas.

 

   

Colosenses 3, 1-4

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

 

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en gloria.

 

 

Ya que habéis resucitado con Cristo: notemos que san Pablo da por hecho que una vez que la persona ha aceptado a Cristo resucitado en su vida ella misma comienza a resucitar, es una nueva criatura. La Resurrección no es algo para después: es algo que comienza ya (por la unión con Cristo) y que se irá desplegando hasta consumarse plenamente.

 

Buscad los bienes de allá arriba: si estamos, realmente, unidos a Cristo Jesús y si somos conscientes de esta relación, la vida adquiere un nuevo color; la persona vive desde un horizonte nuevo, por eso está concentrada no en las cosas superficiales y pasajeras en las que solemos enredarnos, sino en los valores fundamentales, en el proyecto de Dios, en el plan de Dios, en su Voluntad…se encuentra centrada buscando “los bienes de arriba”.



Juan 20, 1-9

Él había de resucitar de entre los muertos

 

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto." Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

 

 

Todavía estaba oscuro: No es sólo un dato relacionado con el tiempo, con el paso de la noche al día. Al evangelista Juan le gusta jugar con símbolos en contraste: luz-tinieblas, mundo-espíritu, verdad-falsedad, etc. Todo está oscuro, en la fe mientras no nos encontremos con el resucitado. Todo está oscuro mientras vayamos al sepulcro a buscar a un muerto. Todo está oscuro mientras la presencia del resucitado no nos mueva a continuar su obra. El gran peligro es caer en un cristianismo oscuro, que no transforma; en una iglesia que no irradia el poder amoroso del resucitado.

  

El relato insiste en la figura de Pedro: María Magdalena no entra (solo ve la piedra corrida y va en busca de Pedro y del discípulo amado); el discípulo amado ‘corre más rápido’, llega primero, pero tampoco entra, espera la llegada de Pedro. Ya hay aquí una fuerte intencionalidad en subrayar la figura y el papel de Pedro. El Pedro de ayer y el Pedro de hoy. Una figura y un papel que tiene sentido desde el amor, expresado en la humildad, el servicio y la preocupación por la fidelidad de todos los creyentes a Jesucristo y por la unidad de la iglesia como signo interno de la experiencia de la resurrección ¿Hemos pensado en ello?

 

No habían entendido: Con frecuencia, en los evangelios (incluido el evangelio de Juan que estamos leyendo) Jesús hace este reproche a sus discípulos: no entienden, tienen el corazón embotado, discuten cosas superficiales, malinterpretan algunas cosas, hasta se enredan en ver ‘quién es el más importante’.  Seguramente a nosotros nos sucede lo mismo: no logramos entender, no logramos comprender, no alcanzamos a captar la altura, anchura y profundidad del Amor de Dios revelado en el crucificado-resucitado. Hay que hacer un largo camino para ello…un camino en el que la docilidad al Espíritu sea la clave.

 

La experiencia de la crucifixión de su maestro había sumido a los discípulos en el miedo, en la duda (¿sería realmente Él el Mesías?), en la crisis.  La superación de la crisis solo podría venir como don de Dios: ese don es la experiencia de encuentro con el resucitado; esta es la experiencia pascual. Por tanto, es la experiencia pascual la que los levanta de su postración (los hace resucitar) y los transforma en comunidad de testigos (que es lo que subraya Lucas en la primera lectura).

 

Este es el gran reto de la Pascua: construir comunidades creyentes realmente fraternas, con deseo de amar y de dejarse transformar por Jesús. Estas comunidades con capacidad de dar testimonio de Jesús y de ser fermento del Reino de Dios en el mundo son el signo de que sí se ha comprendido, de que sí se ha entrado en la dimensión de la Resurrección.

 

Del anuncio del Reino de Dios al anuncio de Jesucristo: Por la experiencia pascual, los discípulos redescubrieron a Jesús; captaron el verdadero rostro de Dios en Él y comprendieron que el Reino de Dios se había revelado y abierto para ellos totalmente. De esta experiencia pascual hacia delante todo se concentra en Jesús; se desarrolla la predicación, nace la Iglesia y el mensaje de Jesús se esparce por toda la tierra: la cosa comenzó en Galilea y sigue extendiéndose. Esta experiencia de focalización en Cristo es lo que se nos propone: San Pablo nos dará su testimonio diciendo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

 

 

Terminemos nuestra meditación orando con el…

 

 

Salmo 118

Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

 

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R.

 

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R.

 

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R.



 

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