Domingo de Pascua Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo de Pascua Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 1° de Abril.



El evangelio nos cuenta que el sepulcro está vacío, que no reina la muerte sino la vida. El libro de Hechos nos dice que es el momento de anunciar a Jesús y de construir una humanidad nueva, fundada en el amor y en la vivencia de la fraternidad.  La carta a los colosenses nos invita a aspirar y buscar los bienes de arriba…



“Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos”“Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos”


Veamos las lecturas:


Hechos de los Apóstoles 10, 34a.37-43

Hemos comido y bebido con Él después de su resurrección

 

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en Él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados."



Colosenses 3,1-4

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

 

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en la gloria.

 

Juan 20,1-9

Él había de resucitar de entre los muertos.

 

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto." Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

 

 

Algunas reflexiones

 

Para los creyentes hoy es un día de alegría y esperanza. Al celebrar la resurrección de Jesús celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte.

 

Sí, celebramos la resurrección de Jesús y, con ella, la posibilidad de nuestra propia resurrección y de alcanzar la plenitud de la vida en Dios. No se trata simplemente de celebrar un acontecimiento del pasado, sino de entrar en comunión con Dios, a través de Jesús, y permitir que Él nos transforme desde ya. ¿Cómo vivir esto? Permitiendo que Dios dé a nuestra vida una nueva orientación.

 

La semana santa comenzó recordando la entrada de Jesús a Jerusalén (Domingo de Ramos). Jesús llegó allí movido por el deseo de cumplir su misión: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).

 

Esa fidelidad lo llevó a arriesgar su vida, a darse totalmente. Con ello, cumplió su propia enseñanza: “Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero el que la pierda por el evangelio, la salvará” (Mc 8, 45) “Vine para servir y dar la vida” (Mc 10, 45). Celebramos esto para no olvidar que lo mismo que sucedió con Jesús debe suceder con cada uno de sus discípulos de todos los tiempos.

 

Los relatos de los evangelios nos han recordado que Jesús tuvo que vivir la traición (jueves santo) y que, mediante una trampa, es condenado a una muerte cruel y humillante (viernes santo). Con ello entramos en el drama del justo perseguido, el drama de la muerte del justo.  ¿Cuántos justos perseguidos hay en nuestro mundo? ¿Cuántos justos son asesinados diariamente?

 

Con la crucifixión de Jesús llega, para los seguidores de Jesús, el tiempo de la crisis, de la tristeza y la desolación. Todo parece perdido; el proyecto del Reino de Dios del que hablaba el maestro parece haberse desmoronado; sentimos que el mal ha triunfado. Y luego de la muerte del Nazareno… un silencio (sábado santo). Todo queda en suspenso. Con la muerte en cruz, parece que la identidad de Jesús queda en entredicho.

 

Quienes llegaron a pensar que era el Hijo de Dios y el Cristo comenzaron a dudar: “Nosotros esperábamos que Él sería…, pero…” (Lc 24,21). La multitud llegó, incluso, a pensar que las acusaciones de que había sido objeto eran ciertas: es un mentiroso, un blasfemo, un embaucador.

 

¿Qué hacer, ahora? Esconderse, volver para la vida que se tenía antes, permanecer callado rumiando una gran decepción. Con todo, será Dios mismo quien rompa el silencio. Dios sale en defensa del Hijo rechazado, maltratado, calumniado y asesinado. Es Dios mismo quien lo rehabilita liberándolo de la muerte y confirmando la legitimidad de su misión.

 

En el momento del bautismo fue Él quien dijo: “Este es mi hijo amado en quien me complazco” (Mc 1, 11) y, ahora, cuando ha sido rechazado y negado, vuelve a confirmar su amor resucitándolo. No son ni la muerte ni el mal ni el odio los que tienen la última palabra. La última palabra es del AMOR confirmando al AMOR.

 

Resucitando a Jesús, Dios Padre dejó claro que los ‘sabios de este mundo’ se habían equivocado, que los ‘especialistas de Dios’ se habían enceguecido y que el odio había perturbado los corazones.  Es en este sentido que san Pablo escribió: “… porque la sabiduría de este mundo es necedad ante dios, pues escrito está: Él es el que prende a los sabios en su propia astucia. (1ª Carta a los corintios 3, 19).

  

El libro de los Hechos nos cuenta que la resurrección provocó un giro radical en la situación: los seguidores de Jesús (que estaban desesperanzados y llenos de miedo) vivieron el encuentro con el resucitado y quedaron habitados por una fuerza misteriosa que los impulsaba a dar testimonio, a vivir la fraternidad, a continuar la misión de su maestro.

 

Los discípulos comprendieron que Jesús de Nazaret era la Buena Noticia de Dios para el mundo y, por eso, dedicaron el resto de sus vidas a anunciarlo. Y de este anuncio nació la Iglesia. El Nuevo Testamento habla de algunas de las primeras comunidades creyentes: Corinto, Éfeso, Filipos, Tesalónica, Patmos, Roma… en todas ellas brotó el evangelio. A ellas se suman las comunidades de hoy (la tuya y la mía).

 

¿Tendrán ellas la misma docilidad al Espíritu Santo? ¿Estarán habitadas por el mismo deseo de servir? ¿Serán ellas espacios de madurez humana y espiritual?   

 

El evangelio nos cuenta que el sepulcro está vacío, que no reina la muerte sino la vida. El libro de Hechos nos dice que es el momento de anunciar a Jesús y de construir una humanidad nueva, fundada en el amor y en la vivencia de la fraternidad.  La carta a los colosenses nos invita a aspirar y buscar los bienes de arriba… los dones de Dios.  En fin, lo que la liturgia nos está diciendo es que cada comunidad cristiana y cada creyente deben esforzarse por continuar en su vida la vida de Cristo, que pasó por el mundo haciendo el bien, guiado por el Espíritu de Dios.  ¿Estamos celebrando con esta intención?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 118

Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

 

Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / Diga la casa de Israel: / eterna es su misericordia. R. La diestra del Señor es poderosa, / la diestra del Señor es excelsa. / No he de morir, viviré / para contar las hazañas del Señor. R. La piedra que desecharon los arquitectos / es ahora la piedra angular. / Es el Señor quien lo ha hecho, / ha sido un milagro patente.

 


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