En Defensa de la Fe


Domingo 29 del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 29 del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 21 de Octubre.



Las lecturas de este domingo nos enseñan que la lógica de Dios es diferente de la lógica del mundo. Estamos invitados a examinar y evaluar nuestros proyectos, pero a la luz de los criterios de Dios, confrontándolos con los valores del Reino. Las lecturas de este domingo nos recuerdan que es en el amor y en el servicio a los demás que el seguidor de Jesús encuentra su realización y salvación.



El que quiera ser grande,sea su servidor y el que quiera ser primero,sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan,sino para servir y dar su vida en rescate por todosEl que quiera ser grande,sea su servidor y el que quiera ser primero,sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan,sino para servir y dar su vida en rescate por todos





Isaías 53, 10-11

Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años.

 

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años. Lo que el Señor quiere, prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.

 

 

Algunas reflexiones:

 

La primera lectura insiste en la figura del Siervo de Dios, persona que puede aparecer de poco valor a los ojos humanos influenciados por la lógica del poder, de la dominación y del éxito material, pero valioso a los ojos de Dios, cuya lógica es el amor y la solidaridad.

 

 El texto que se nos propone pertenece al segundo bloque del extenso libro de Isaías, que es conocido por los especialistas en Biblia como el Deutero-Isaías (corresponde a los capítulos 40 a 55). Deutero-Isaías (= Segundo Isaías) es un nombre convencional con que los biblistas designan a un profeta anónimo de la escuela de Isaías, que desarrolló su misión profética en Babilonia, durante el exilio, por los años 550 a 539 a.C.

 

La misión de este profeta consistió en consolar a los exiliados judíos en Babilonia. Para eso, este profeta anunció la inminencia del retorno del pueblo a la tierra (Prometida) que les fue quitada por Nabucodonosor.  El profeta compara esta nueva intervención de Dios con la liberación de que fue objeto el pueblo, en la época de Moisés, cuando estaba “esclavizado” en Egipto.

 

Pero el Deutero-Isaías da un paso más: no solo anuncia el regreso a la tierra, sino que anuncia que el pueblo podrá reconstruir Jerusalén, es decir, que reconstruirá el país. Reconstruir el país es una tarea inmensa para el pueblo, pero solo podrá ser realizada con la ayuda de Dios y para ello deberá permanecer unido a Él. Por eso, en el proceso de reconstrucción (de que nos hablan los libros de Esdras y Nehemías) lo primero que se construye es el templo (signo de la presencia de Dios). Es la manera de expresar la convicción según la cual con Dios todo es posible. Sin Dios la reconstrucción solo será un deseo. Esta reconstrucción será, entonces, al mismo tiempo, un don de Dios y una tarea del pueblo. Estos dos polos no se deben separar. Unidos en una misma obra, el pueblo experimentará una gran alegría (Isaías 49 – 55).

 

Pero la tarea de reconstruir no será fácil: habrá luchas, dificultades, problemas, obstáculos a vencer… SUFRIMIENTO. Por eso, en medio de esta propuesta consoladora del profeta, aparecen en el libro unos textos, difíciles de asimilar, que hablan de un misterioso Siervo de Dios, que permaneciendo fiel a Dios sufre al extremo para cumplir su misión. Estos 4 cánticos del siervo los encontramos entre los capítulos 42 y 52 del libro de Isaías).  Con todo, Dios aprecia el sacrificio de este Siervo y recompensa su fidelidad haciéndolo triunfar delante de sus enemigos.

 

No sabemos quién fue este Siervo. Varias hipótesis son lanzadas:  1) El profeta Jeremías, quien por su entrega al pueblo pasó a ser el símbolo del profeta fiel, capaz de sufrir por el pueblo y por obedecer al mandato de Dios, 2) El mismo Deutero-Isaías, que sufrió dando testimonio del amor de Dios por el pueblo, en la época del exilio, en medio de un ambiente hostil, 3)   El pueblo de Israel exiliado y humillado, que debe continuar dando testimonio de Dios en medio del mundo: un pueblo sin tierra, pero con la misión de ser “luz de las naciones”. No sabemos quién fue este Siervo de Dios, pero estos cantos marcaron profundamente la mentalidad del pueblo de Israel y también de los primeros cristianos. De hecho, los autores del Nuevo Testamento identificaron a Jesús de Nazaret con el verdadero Siervo de Dios.

 

Propongo algunos aspectos que pueden ayudarnos a meditar a partir de este texto:

 

  • 1. ¿Qué significa servir?

 

  • 2. ¿Es nuestra Iglesia una Iglesia servidora? ¿A quién sirve? ¿Cómo sirve? ¿Cuál es la calidad de sus “servicios”?

 

  • 3. ¿Son los pobres, sufrientes y necesitados los primeros destinatarios del servicio de la Iglesia?

 

  • 4. La figura del Siervo de Dios nos invita a examinar el (los) modelo(s) de realización que son propuestos por la sociedad actual. ¿Qué modelo de realización nos propone la sociedad materialista y consumista?

 

  • 5. El siervo de Dios nos ayuda a comprender la relación que existe entre misión y sufrimiento; entre existencia humana y sufrimiento. ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? ¿Qué tipo de sufrimiento es aceptable y cuál no? ¿Por qué?

 

  • 6. El autor de este texto está convencido que una vida vivida en la sencillez, la humildad, el sacrificio y la entrega de sí mismo no es una vida perdida ni fracasada, sino una vida fecunda, realizada y llena de sentido. ¿Qué pienso de esto?

 


Hebreos 4, 14-16

Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia

 

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar la gracia que nos auxilie oportunamente.

 

 

Algunas reflexiones:

 

Esta Segunda lectura – que es una parte de la carta a los hebreos – nos habla de Dios que ama sin límites al ser humano. Por ese amor está dispuesto a entregar lo mejor de sí; por ese amor envía a su propio Hijo al mundo para ser posibilidad y mediación de Salvación; por ese amor se esfuerza para abrazar a la humanidad y llevarla a su plena realización.

 

Sabemos que la carta a los hebreos es un sermón que fue dirigido a algunas comunidades cristianas en situación difícil, expuestas a muchos problemas y tribulaciones y que, por ello, estaban fragilizadas y desalentadas en su camino de fe. En este contexto, el autor busca reavivar en ellas el entusiasmo del primer amor y revitalizar su compromiso con Cristo Jesús. Para hacer esto, el autor les presenta a Jesucristo desde una perspectiva sacerdotal. Afirma que Jesús es el sacerdote por excelencia y que su sacerdocio supera el sacerdocio de la Antigua Alianza (es decir el sacerdocio tal como era entendido en el Antiguo Testamento).

 

El autor de este sermón insiste en que si los cristianos están verdaderamente comprometidos con Jesucristo deberán ser continuadores de la vida de su Salvador, de su Maestro, de su Sumo Sacerdote, es decir, encarnar en sí mismos los sentimientos, valores, preocupaciones y proyecto de Jesús.

 

El texto propuesto para este domingo hace parte de la segunda parte de la Carta. Allí el autor:

 

  • Presenta a Jesús como el sacerdote fiel y misericordioso que el Padre Dios envió al mundo para transformar el corazón de los hombres y para acercarlos a Dios.

 

  • Pide a los creyentes creer en Jesús, escuchar atentamente su Palabra y que la transformen en acciones concretas.

 

Algunos puntos que pueden ayudarnos a meditar a partir de este texto son:

 

1.     La expresión “atravesó los cielos” se refiere a la realidad de la encarnación (el Hijo pasa del ámbito de Dios al ámbito humano: la historia), pero también se refiere a la glorificación de Jesús (el Hijo volvió al ámbito de Dios). Notemos el doble movimiento: el primero consiste en asumir la condición humana y la historia con lo que ella tiene, para transformarlas (sin dejarse untar por el pecado). El segundo consiste en volver a Dios luego de haber cumplido la misión encomendada. ¿Estamos articulando adecuadamente estos dos movimientos?

 

2.    La insistencia en el plan (proyecto) de Dios, quien – a través de su Hijo – busca restaurar la comunión con la humanidad. Este esfuerzo supone que hubo una ruptura, una separación y que es necesario unir, integrar, establecer puentes, reconciliar. ¿Cuál es mi respuesta a este amor incondicional de Dios? ¿Vivo en clave de reconciliación, unidad e integración o en clave de división, de separación y de desintegración?

 

3.     Jesús, el Sumo Sacerdote de Dios, asumió en todo la condición humana, menos en el pecado. ¿Cómo entendemos esto? ¿Hemos reflexionado suficientemente sobre la categoría teológica “pecado”? ¿Cómo entendemos la palabra pecado?  Recordemos que la fuente de todo pecado es el egoísmo y que el pecado se traduce siempre en negación del amor, en negación del otro, del prójimo.

 

4.     Los seguidores de Jesús, a pesar de estar afectados por problemas, no están sumergidos en la desesperación, pues tienen un Salvador que vino a su encuentro y que – por asumir la condición humana – los comprende plenamente. ¿Cómo vivo esta experiencia de comunión con Jesús? ¿Asumo la complejidad de mi condición humana? 

 

 

Marcos 10, 35-45

El hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos.

 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: "Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir." Les preguntó:- "¿Qué queréis que haga por vosotros?" Contestaron: "Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda." Jesús replicó: "No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?" Contestaron: "Lo somos" "Jesús les dijo: "El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado." Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: "Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos".

 

 

Algunas reflexiones:

 

En el evangelio, Jesús invita a sus discípulos a no dejarse dominar por los deseos de grandeza, de poder y de dominación. Para que puedan lograr esto, los ha llamado a su seguimiento y los forma (educa), mientras van de camino a Jerusalén.  El maestro Jesús les va enseñando la asignatura más importante de la vida: el descubrimiento y la práctica del amor, hasta el extremo. Hoy que está de moda lo “extremo” deberíamos contemplar el amor “extremo” de Jesús.

 

Jesús y sus discípulos continúan su itinerario hacia Jerusalén. El evangelista Marcos observa que los discípulos están llenos de miedo. Sin duda, todos ellos perciben que Jesús se aproxima a su destino final. Él les ha anunciado ya lo que va a acontecer en Jerusalén. Se aproxima un tiempo difícil, desgarrador, de sufrimiento, de prueba (persecución) y de muerte. ¿Podrán los discípulos enfrentar todo esto? ¿Quién no siente temor delante de un panorama como este?

 

Sin duda los discípulos hablaban entre sí de estas cosas. Las reacciones y las respuestas de los discípulos a las preguntas de Jesús revelan que aún ellos no han comprendido bien la lógica de Jesús (que es la lógica del Reino de Dios). Los discípulos continúan aún muy apegados a los “criterios de este mundo”: desean poder, puestos altos, tener autoridad y ser muy reconocidos por los demás, tienen delirios de grandeza: “Queremos sentarnos a tu izquierda y a tu derecha”.

 

La petición de los dos hermanos revela que ellos imaginan el Reino de Dios como un poder (a la manera de los reinos de este mundo….Ah, las monarquías, son un fenómeno especial) y quieren asegurarse un “puesto importante” en este reino. Aún hoy se piensa de manera semejante.   Delante de estas pretensiones Jesús se ve obligado a aclarar algunas cosas:

 

1.     Para estar conmigo – dice Jesús – los que me sigan deberán transitar el camino que yo estoy recorriendo: el de la entrega, el del servicio, el de la donación, el de la humildad.

 

2.    Yo no les puedo garantizar – dice Jesús- ningún “puesto importante”. El lugar que Ustedes tengan en este Reino depende de Dios Padre. Además Ustedes ya están en el corazón de Dios ¿qué otro puesto quieren? Notemos que Jesús evita asociar el cumplimiento de la misión a una recompensa preestablecida. El seguimiento de Jesús debe realizarse en la total gratuidad, no debe ser interesado.  

 

Además de lo anterior, la reacción indignada de los otros compañeros indica que todos ellos tienen las mismas pretensiones. El problema es que los hermanos Zebedeos se les adelantaron, fueron más “vivos”. En realidad, todos necesitan de una profunda transformación de la mente y del corazón.

 

Jesús aprovecha esta circunstancia para denunciar, de manera clara, lo que sucede en este mundo (tal vez lo que sigue sucediendo):

 

1.     Los líderes de este mundo (gobernantes y líderes religiosos) se aprovechan de sus cargos y ejercen su autoridad y poder de una forma errónea, dominando, ultrajando, explotando, marginando.

 

2.     Los líderes de este mundo (gobernantes y líderes religiosos) exigen honores, privilegios y títulos y, además, les gusta vivir a costa de las comunidades.

 

La conclusión es clara: este no es el modelo que Jesús quiere para su comunidad del Reino. El modelo que Jesús busca es totalmente diferente; por eso Él mismo se propone como modelo:   “Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.” 

 

Delante de esta catequesis de Jesús ¿Cuál es mi reacción?  ¿Qué podemos decir de los líderes de este mundo (el nuestro)? ¿Cómo son nuestras iglesias? ¿Son nuestras comunidades cristianas verdaderas escuelas de sencillez, de humildad, de servicio y de solidaridad?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 33

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. La palabra del Señor es sincera, / y todas sus acciones son leales; / Él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra. R.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, / en los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte / y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

 

Nosotros aguardamos al Señor: / Él es nuestro auxilio y escudo. / Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti. R.

 


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