Domingo 28 del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 28 del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.


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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 14 de Octubre.



La temática de la liturgia de este domingo gira alrededor de algunos aspectos que deben ser integrados y practicados: la búsqueda de la sabiduría, la escucha de la palabra de Dios, la búsqueda de la santidad, el deseo de vida eterna, la adecuada relación con los bienes materiales.



“¡Qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”“¡Qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”



Veamos las lecturas.


Sabiduría 7, 7-11

En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza

 

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.



Hebreos 4, 12-13

La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón

 

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.



Marcos 10, 17 - 30

Vende lo que tienes y sígueme.

 

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" Jesús le contestó: "¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre. "Él replico: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño." Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: "Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme." A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!" Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: "Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios." Ellos se espantaron y comentaban: "Entonces, ¿quién puede salvarse?" Jesús se les quedo mirando y les dijo: "Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo." Pedro se puso a decirle: "Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido." Jesús dijo: "Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más- casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna".

 

 

Algunas reflexiones

 

El libro de la Sabiduría fue redactado durante el siglo I a.C. Se sabe que su autor fue un judío de lengua griega, nacido en la diáspora (o dispersión) judía, en Alejandría o cerca de ella.

 

El texto de la liturgia se centra en elogiar la sabiduría. ¿Quién no necesita sabiduría para orientar y realizar adecuadamente su vida? En la Biblia, la sabiduría es entendida como la capacidad de permanecer unido a Dios en una profunda actitud de respeto y amor (a la que se da el nombre de ‘temor de Dios’), y de saber convivir con los demás bajo las premisas del respeto, la acogida y el servicio. Según estos criterios, ¿qué tan sabios somos?

 

En la época en que se escribe el libro, las comunidades judías de la diáspora corren el peligro de abandonar su fe y de ser absorbidos por la cultura del entorno. En medio de un ambiente helénico, estas comunidades judías están hostilizadas bajo el régimen de los Ptolomeos. Por ello, los sabios de Israel intentan defender su fe religiosa y sus tradiciones culturales. Además, buscan motivar a los creyentes judíos a redescubrir y reavivar su experiencia religiosa. Por ello habla de los ancestros: Abraham, Isaac, Jacob…

 

¿Cuáles son los acentos del mensaje de estos sabios? Ellos insisten en que:

 

1.   Dios es la fuente de la verdadera sabiduría y sólo Él la puede conceder. Por tanto, es necesario fortalecer la relación con Dios y permanecer en su amor.

 

2.   El ser humano puede optar (concepto de libertad) por la sabiduría o por la necedad. Muchos escogen el segundo camino. Lo cierto es que no se puede vivir sin optar.

 

3.   Pero – puesto que la sabiduría es, ante todo, una experiencia - ella debe transformarse en práctica cotidiana, en un estilo de vida. No es un discurso sino una manera de vivir.

 

4.   De nada sirven las riquezas materiales si no se alcanza sabiduría, es decir, si no se logra la comunión con Dios y con los demás.

 

5.   La sabiduría que Dios da permite al creyente hacer elecciones correctas apoyándose en los verdaderos valores.

 

6.   Si la fuente de la sabiduría es Dios, entonces, para adquirirla es necesario prestar oídos para escuchar su voz y un corazón dispuesto para obedecer con inteligencia espiritual lo que Él propone. La oración aparece, entonces, como uno de los caminos privilegiados para adquirir sabiduría.

 

7.   Las cosas materiales son pasajeras y la realización del ser humano no puede depender de ellas. Una cosa es que sean necesarias y, otra, que de ellas dependa la realización y el sentido de la existencia. Por tanto hay que saber poseer y saber desprenderse.

 

Generalmente se atribuye a Salomón este libro, pero hoy sabemos que esta atribución es un recurso de tipo literario (llamado pseudonimia) usado en la antigüedad, con el que se busca darle autoridad a un escrito. Con todo, si el libro fue escrito en el siglo I a.C., y Salomón vivió en el siglo X a.C., es claramente imposible que él haya sido su autor. Es una atribución posterior.  

 

Algunos aspectos que pueden contribuir a la meditación de este texto son:

 

1.   Hacer un autoexamen para revisar los valores que orientan la propia vida,

 

2.   Educarnos para desear, valorar y pedir a Dios la sabiduría,

 

3.   Diferenciar sabiduría de conocimiento,

 

4.   Ejercitarnos en la práctica del discernimiento,

 

5.   Dar a los bienes materiales el justo valor y aprender a administrarlos, sin olvidar nuestra solidaridad con los necesitados.

 

La lectura de la ‘Carta a los hebreos’ viene a reforzar esta temática al poner el acento en el poder de la Palabra de Dios y la necesidad que tiene el creyente de ella. Esta carta es, en realidad, un largo sermón destinado a algunas comunidades cristianas que pasaban por una etapa de crisis en su fe (notemos que hay similitud con la situación de las comunidades judías de la diáspora, de que se habló en relación con la primera lectura).

 

Al final del primer siglo del cristianismo, algunas comunidades cristianas están pasando por una etapa de desánimo, superficialidad y seducción de otras doctrinas. El autor procura – con su escrito – estimular la vivencia de la fe cristiana y la búsqueda de mayor coherencia.

 

Para animar a estas comunidades, el autor les presenta la persona de Jesucristo, bajo la perspectiva del sacerdocio: Él -afirma el autor- es el Verdadero, Sumo y Eterno Sacerdote de Dios que es capaz de hacer entrar a los creyentes a una relación viva con Dios (Padre), dar sentido a la vida y conducir al creyente a la salvación plena. Por su unión con Cristo sacerdote, los seguidores de Cristo Jesús constituyen un pueblo sacerdotal: todos son portadores y comunicadores de Dios; todos pueden ser prolongación de la misericordia divina; todos han sido consagrados en Cristo a llevar una vida santa. ¿Tenemos conciencia de esta dimensión sacerdotal del proyecto cristiano?

 

Entendemos por qué, en el texto propuesto para este domingo, el autor presenta a Jesús como el sacerdote fiel, misericordioso y poderoso que Dios envió al mundo para transformar los corazones humanos y para conducir a la humanidad allí donde nadie ha entrado (los dominios de Dios, el cielo). El creyente está así llamado a dejarse conducir por Cristo sacerdote y llevar una vida que sea prolongación de la de su Maestro.  Para ello, cada creyente debe escuchar la PALABRA de Dios, interiorizarla, dejarse moldear por esa palabra y vivir el contenido de la misma en su cotidianidad.

 

En perspectiva cristiana la PALABRA viva de Dios es la persona y la vida de Jesucristo. Lo que debemos hacer es permanecer con Él y parecernos a Él.

  

En síntesis, la lectura de la carta a los hebreos:

 

  • Articula la sabiduría con la experiencia de escucha, de interiorización y práctica de la Palabra de Dios.

 

  • Nos invita a comprender la Palabra de Dios como una experiencia viva que nos permite vivir en plenitud.

 

  • Insiste en el corazón, entendido como el lugar donde se define la propuesta de sabiduría y de salvación. 

 

Algunos puntos claves que pueden ayudarnos a meditar con provecho este texto son:

 

1.   ¿Cuál es el valor que damos a la Palabra de Dios y a nuestra propia palabra?

 

2.   ¿Cuál es el impacto que ha provocado en mí la escucha diaria (y/o dominical) de la Palabra de Dios?

 

3.   Si la Palabra de Dios modela los corazones, ¿qué puedo decir del ‘estado’ de mi corazón?

 

Nuestro proceso de reflexión para este domingo se cierra con un texto del evangelio de Marcos. Encontramos a Jesús que – de camino a Jerusalén – debe pasar por la ciudad de Jericó.  Recordemos que no se trata simplemente de un itinerario geográfico, sino de una experiencia de transformación existencial/espiritual que Jesús está haciendo con sus discípulos. El lector de hoy debe entender, entonces, dos cosas:

 

1.   No se trata de un desplazamiento geográfico, sino espiritual. El mensaje es teológico no es simplemente la narración de un viaje.

 

2.   Él mismo, deberá unirse al grupo de discípulos y hacer la experiencia de estar con Jesús, aprender de Él y dejarse transformar por Él.  

 

En este contexto de ‘viaje con Jesús’ un hombre se aproxima y le formula una pregunta fundamental (también podemos asumir el lugar de este hombre. Seguramente nosotros nos hemos preguntado lo mismo): ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? No olvidemos que la expresión VIDA ETERNA es un concepto de carácter teológico.

 

Jesús aprovecha esta oportunidad no sólo para responder al hombre que lo interpela, sino también para formar a sus discípulos. Al responder, deja claros algunos aspectos:

 

1.   Existe una clara incompatibilidad entre el Reino de Dios y el apego a las riquezas.  Claro, el problema no está en las riquezas en sí mismas, en los bienes materiales, sino en el apego a ellos, en los excesos y en la incapacidad de compartir con quien lo necesita.

 

2.   La relación con los bienes materiales termina revelando si la persona confía más en ellas que en Dios o, en otras palabras, si Dios ocupa, en la vida de la persona, el primer lugar.

 

El narrador nos dice que este hombre se acerca y se arrodilla delante de Jesús. En la Biblia, arrodillarse o postrarse son actos de respeto, de reverencia, de reconocimiento.  A diferencia de algunos fariseos y escribas (que buscan ponerle trampas a Jesús), el hombre de este relato no tiene segunda intención. Es un hombre limpio, honesto. Pregunta porque quiere saber, porque desea vida eterna. ¿Deseo yo la vida eterna? ¿En qué consiste la vida eterna?  Al decirnos que el hombre se arrodilla, el evangelista Marcos tiene una intención: afirmar que Jesús es el Maestro, el Señor, el Mesías, el Salvador y, por eso, ante Él vale la pena arrodillarse ¿Qué he descubierto en la persona de Jesús?

 

 Al responder, Jesús invita a su interlocutor (y a través de él a todos nosotros) a descubrir un nuevo horizonte: el horizonte del desprendimiento de las cosas materiales, de la confianza plena en Dios, de la sensibilidad hacia el otro, de la solidaridad hacia el necesitado.  Por eso los pobres aparecen con toda nitidez. Sin embargo, este hombre no está todavía preparado para dar este nuevo paso (quizá nosotros tampoco).  Es un hombre piadoso, íntegro, honesto, pero aún le falta algo… está incompleto.

 

Todos nosotros lo estamos. Somos y estamos en un permanente proceso de crecimiento, de maduración, de descubrimiento, de aprendizaje. Somos seres inacabados, inconclusos. Siempre hay algo por aprender, algo por cambiar, algo por soltar, algo por madurar.

 

Algunos aspectos que pueden orientar nuestra meditación:

 

1.   La cuestión de la vida eterna está ligada a la manera de vivir esta vida en la tierra. Por eso es importante asumir los valores del Reino de Dios y construir la vida basados en ellos.

 

2.   Desde el punto de vista teológico cristiano, la vida eterna pide esfuerzo por parte del creyente, pero esto no significa que ella sea algo que el ser humano pueda conquistar por sí mismo. La vida eterna es, ante todo, un don de Dios.

 

3.   Cuando hablamos de la vida eterna no estamos hablando solo de una vida después de la muerte, sino de una vida (ya aquí) llena de amor y guiada por la solidaridad, el servicio y la honestidad. No es algo para después, sino algo que ya podemos vivir.

 

4.   Cada día estamos llamados a renovar nuestra fe y a ser coherentes con ella a través de nuestras opciones cotidianas. El proyecto de santidad que Jesús nos propone se teje con opciones pequeñas, cotidianas.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 90

Sácianos de tu misericordia, Señor. Y toda nuestra vida será alegría.

 

Enséñanos a calcular nuestros años, / para que adquiramos un corazón sensato. / Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? / Ten compasión de tus siervos. R.

 

Por la mañana sácianos de tu misericordia, / y toda nuestra vida será alegría y júbilo. / Danos alegría, por los días en que nos afligiste, / por los años en que sufrimos desdichas. R.

 

Que tus siervos vean tu acción, / y sus hijos tu gloria. / Baje a nosotros la bondad del Señor / y haga prosperas las obras de nuestras manos. R.

 

 

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