Domingo 27 del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 27 del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 6 de Octubre.




Dar gracias al Señor porque nos guía; no endurecer el corazón; aprender a esperar ante el aparente silencio de Dios; perseverar en la tarea a pesar de las dificultades; reavivar los dones que Dios nos ha dado; vivir a fondo la propia vocación; dar testimonio de Jesucristo en el mundo; guardar adecuadamente el depósito de la fe… son algunos de los grandes temas que la liturgia de este domingo nos ofrece.




Señor: Auméntanos la fe. El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería.Señor: Auméntanos la fe. El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería.





Veamos las lecturas.



Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4

El justo vivirá por su fe

 

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: "Violencia", sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas? El Señor me respondió así: "Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe."

 


  • La experiencia de no sentirse escuchado por Dios. ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?

  

  • La promesa de Dios: la justicia llegará: La visión espera su momento (…) El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.





II Timoteo 1, 6-8. 13-14

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor

 

Querido hermano: Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús. Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

 

 

  • Revisar la manera como vivimos la propia vocación: Reaviva el don de Dios.

 

  • Saber dar testimonio de Jesucristo en el mundo de hoy: No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor.





Lucas 17, 5-10

¡Si tuvierais fe...!

 

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: "Auméntanos la fe." El Señor contestó: "Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: 'Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""

 

 

  • ¿Cómo fortalecer la fe?: Señor, auméntanos la fe. Ella no aumenta como podría aumentar una cuenta bancaria. Es otro tipo de experiencia.

 

  • No debe tratarse de una relación interesada: hemos hecho lo que teníamos que hacer.

 

 

Algunas reflexiones

 

EN LA PRIMERA LECTURA, el profeta Habacuc vive una experiencia dramática: Ha trabajado duro, ha hecho lo que Dios le ha sugerido, pero el pueblo continúa rebelde, insensible…no cambia. El desespero se apodera del profeta que ora angustiado, pidiendo a Dios respuestas. El objetivo: que cesen la injusticia, la violencia y el pecado.

 

Quizá sintamos algo parecido a lo que sintió en su tiempo Habacuc. Claro, primero tendríamos que preguntarnos si – como Habacuc – nosotros hemos hecho el esfuerzo de ‘hacer la tarea’.  Queremos que le mundo cambie. Hay tanta injusticia, tanta desigualdad, tantos marginados, tanta gente que sufre, tanta gente que desperdicia su vida…

 

Pero recordemos que no se trata de caer en una fe mágica, en la que se piensa que Dios va a cambiarlo todo con una varita (a lo Harry Potter). No se trata de cruzarnos de brazos esperando el ‘pase mágico’ de Dios. Dios hace su parte, pero nos pide trabajar con Él, ser sus servidores en la construcción de un mundo mejor, ser canales por donde Su Amor se transforme en servicio.

 

La transformación del mundo, de las sociedades, de las culturas son tareas de largo aliento, por eso hay que tener una mirada amplia que visualice proyectos transformadores que apunten a dar respuesta a las causas de los problemas y no sólo a los síntomas.

 

Ahora bien, desde el punto de vista de la fe, lo que debe operarse en cada persona y en las relaciones humanas es un cambio del corazón, de la mentalidad y de las prácticas.

 

Hay grandes cambios que suceden al darnos cuenta del absurdo de nuestro comportamiento o del sin sentido de nuestra manera de pensar. Hay otros cambios que requiere procesos más complejos.

 

Claro, no siempre el tiempo de Dios coincide con nuestros cálculos Allí hay un misterio profundo. Lo cierto es que el tiempo en el que transcurre nuestra vida no es solo una sucesión de momentos, de meses, de años, etc., sino la posibilidad de construir sentidos, de captar el llamado de Dios y de responderle… La vida es también, entre otras cosas, el tiempo que Dios nos da para dejar una huella positiva en nuestro paso por este mundo.

 

Ante la oración y el reclamo de Habacuc Dios no se queda callado… su respuesta es de esperanza: Dios le asegura que no es indiferente a la situación del pueblo, que no es indiferente al mal y que va a actuar, pero hay que saber esperar y mantenerse firme en la fe, fiel en la tarea y ardoroso en la alianza.

 

Saber esperar, tener paciencia y no perder el rumbo son presentadas, aquí, como actitudes claves. ¿No lo son también, hoy, para nosotros?


 

EN LA SEGUNDA LECTURA, conservando la línea temática de este domingo, el autor se preocupa por alimentar, en los cristianos de su tiempo, el compromiso por el Reino de Dios.  Si la Iglesia en su totalidad (y cada cristiano en particular) debe ser “instrumento” del Reino de Dios en el mundo, ella debe cuidar su salud espiritual para poder cumplir su misión en el mundo.

 

Nadie dijo que esta tarea sería fácil. Lo normal en un mundo tan complejo, en el que se cruzan intereses tan diversos, es que haya obstáculos, fuerzas contrarias, riesgos de perversión, momentos de desánimo, etc. Por eso la Iglesia no debe dormirse: oración, discernimiento y práctica fiel del Evangelio es lo que se le pide al cristiano.

 

La lectura viene como anillo al dedo para dar continuidad a lo planteado en la primera lectura. Para no perder el rumbo y evitar caer en la desesperación, el creyente debe:

 

1.   Reavivar el don de Dios,

 

2.   Alimentar, en lo más hondo de su espíritu, la energía, el amor y el buen juicio.

 

3.   No avergonzarse de la opción de fe que ha tomado. Al contrario, sentirse sanamente orgulloso de ella y velar por fortalecerla.

 

4.   Pasar por el mundo haciendo el bien.

 

5.   Centrarse en Cristo, en su vida y en su enseñanza.

 

6.   Dejarse guiar por el Espíritu de Dios.

 

La 2ª Carta a Timoteo aparece como un conjunto de consejos pastorales que san Pablo da a su amigo Timoteo, a quien ha nombrado responsable de algunas de las iglesias de Asia Menor.

 

Han pasado más de 2000 años y su mensaje sigue siendo válido para los líderes de la Iglesia y para todos los creyentes. ¿Por qué no leerla con atención y practicar estas orientaciones?


 

EL TEXTO DEL EVANGELIO es una invitación a un compromiso de fondo con el proyecto de Dios. Una invitación a ir a la raíz de las cosas, para comprenderlas y para nutrir lo que creemos y lo que vivimos.

 

La enseñanza de Jesús a sus discípulos les propone adherir a su persona y a su proyecto. Esa adhesión es la fe, pero recordemos que toda adhesión requiere ser acogida, bien comprendida, reflexionada y adecuadamente implementada a través de un estilo de vida.

 

El discípulo compromete su vida en el seguimiento de Jesús y por eso es importante que tenga claridad, para que su opción sea madura, profunda y sostenible en el tiempo. Esto es lo que debemos buscar: una vivencia adulta (y no simplemente tradicionalista) del seguimiento de Cristo Jesús.

 

Jesús va desarrollando su misión en compañía de sus discípulos. Además de ir realizando la misión, Jesús los va formando, los va educando en lo que debe ser una auténtica relación con Dios.

 

El núcleo de este proceso es la experiencia de fe. Queda claro, la fe no es una cosa, sino una experiencia, que le da sentido y dirección a la vida.

 

Aumentar la fe es la preocupación que aparece en los discípulos. Esta petición expresa, sin duda, la conciencia que tienen los discípulos del estado en que ellos mismos se encuentran: aman a Jesús, lo siguen, perciben la grandeza de la misión en el mundo, pero se sienten frágiles y sienten que su fe es muy pequeña.

 

¿No nos ocurre, acaso, lo mismo? ¿Cómo está nuestra fe?

 

Jesús les ha dejado claro que hay una relación indisoluble ente la fe en Dios y el amor. Además, les ha insistido en que el amor se hace concreto a través de las actitudes, de los compromisos, del servicio y que todo eso acontece en la cotidianidad. No hay que buscar mundos raros, sino sumergirse en la cotidianidad de la vida y vivir a fondo las relaciones. Allí, el servicio tomará forma.

 

Los discípulos saben que esta adhesión a Jesús no es un camino fácil, entre otras cosas, porque el mismo Jesús es exigente (no quiere mediocridad) y porque los discípulos van descubriendo el drama de su propio maestro (que está siendo incomprendido, rechazado y perseguido). De hecho, Jesús les advierte, durante el trayecto, que vendrán momentos difíciles, pues lo van a apresar y a asesinar.

 

En estas circunstancias, ¿qué será mejor? ¿Seguir con Jesús o abandonarlo? ¿Asumir a fondo ser su servidor?

 

El texto pretende llevar al discípulo (a nosotros, hoy) a formularse las anteriores preguntas.

 

La enseñanza de Jesús describe la actitud que el creyente debe tener delante de Dios: no se trata de cumplir – de manera externa – un conjunto de mandamientos para alcanzar la salvación. No se trata de hacer las cosas para ser vistos y homenajeados. Tampoco se trata de hacer de la relación con Dios un negocio: yo te sirvo pero tú me pagas con esto o aquello.

 

Si la fe se vive así, la experiencia espiritual se vuelve un negocio y el creyente puede caer en el más profundo de los orgullos: el orgullo espiritual.  La verdadera actitud debe ser de gratuidad, de generosidad, de desprendimiento, de confianza radical y de gratitud. Por eso, una vez realizada la tarea, lo que hay que decir es, simplemente: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 94

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón."

 

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

 

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque Él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía. R.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz: "No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras." R.

 

 

¿Tienes alguna pregunta, duda, inquietud, sugerencia o comentario acerca de estas reflexiones?

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