Domingo 24 del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 24 del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 15 de Septiembre.




Ama y haz lo que quieras, afirmó san Agustín. Santa Teresita del Niño Jesús descubrió que existía para amar y que, cualesquiera fuera su puesto en la Iglesia, lo fundamental consistía en amar. El mismo Jesús vivió esto y dejó, como único mandamiento, el amor: “Como el Padre me amó así los he amado yo. Permanezcan en mi amor”. (Juan 15,9)  Pero hay que tener cuidado para no confundir el amor con cualquier otra cosa. Por eso la precisión, “Como el Padre me amó así yo los amé”, es la clave para comprender la “lógica” de Cristo Jesús… ¿Qué hay que evitar? Apartarse de este amor, salirse de este amor, renegar de este amor, renunciar a amar.



Se puso en camino al encuentro de su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarloSe puso en camino al encuentro de su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo





Éxodo 32, 7-11. 13-14

El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado

 

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: "Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto."" Y el Señor añadió a Moisés: "Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo." Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: "¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: "Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre."" Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

 

 

En la primera lectura lo que se quiere subrayar es la misericordia: el amor ES misericordioso, sabe perdonar, persiste, busca rescatar y cree en lo posible por venir. El relato busca ayudar al cristiano a descubrir y a interiorizar que el amor – cuando es auténtico – es capaz de vencer el deseo de venganza.  

 

El texto propuesto se encuentra en la segunda parte del libro del Éxodo. En ella el autor quiere enfatizar el tema de la Alianza: Dios hace alianza con el pueblo de Israel. Una alianza que no es entre iguales, pero que por estar basada en el amor no lleva cuentas, sino que mira la honestidad del corazón.

 

Más tarde (muchos siglos después de la época a la que hace referencia el libro del Éxodo) este pueblo comprenderá que Dios lo ha escogido no para excluir a las demás naciones y sentirse superior a ellas, sino para que sea luz de los demás pueblos y para que comparta la sabiduría que Dios le ha dado.  Por eso el libro del Éxodo quiere insistir en el compromiso de amor y de comunión que este pueblo aceptó al entrar en alianza con Dios.

 

Esto mismo, pero en clave cristiana, es lo que acontece en el bautismo.

 

El texto nos sitúa en un contexto especial: el monte Sinaí. Recordemos que la montaña es, en la Biblia, el símbolo del encuentro con Dios. Pero el Sinaí – además de esto – simboliza otra cosa: allí Dios (a través de Moisés) da la Ley (las Tablas) al pueblo y sella así su alianza.

 

Conservar en la mente y en el corazón esta Ley y no olvidar que ella es la herramienta que Dios da para que el pueblo viva fielmente la alianza. La conciencia de la alianza es la clave del camino espiritual de Israel (y del nuestro). No olvidar la Alianza que Dios ha hecho con nosotros en el Bautismo es lo fundamental en la Nueva Alianza.

  

La narración se centra en el pecado del pueblo y en la actitud de Dios ante este pecado: el perdón. En la primera parte del texto se describe el pecado del pueblo: abandonar a Dios, cambiarlo por un ídolo (un no-dios elevado a la categoría de dios) o hacerse una imagen distorsionada de Dios. ¿Cuántas imágenes deformadas de Dios podemos fabricar?

 

El pueblo se desvía del camino sea cambiando a Dios por un ídolo (primera interpretación), sea haciéndose una imagen falsa de Dios (segunda interpretación). De hecho, existía ya la advertencia de no hacerse imágenes de Dios. Con esta advertencia se pretendía salvaguardar la trascendencia divina, ya que con la imagen se corre el riesgo de instrumentalizar a Dios (hacerlo una cosa) y Dios está más allá de todo intento de cosificación e incluso de definición.  

 

En la segunda parte se describe  la intercesión de Moisés (actitud de un hombre espiritual que ora, que no piensa en sí mismo, sino en la salvación del pueblo, de la gente, de los otros). ¿Entran los otros en nuestra preocupación espiritual?

 

Moisés no hace referencia a ningún mérito por parte del pueblo (sabe que no los tiene, es un pueblo “Cabeza dura”). Moisés se apoya en el amor fiel de Dios, con lo cual se subraya la gratuidad de la salvación. ¡Me apoyo en el amor fiel de Dios o en mis supuestos méritos?

 

La salvación no se obtiene por fuerza de nuestros pretendidos méritos, sino como un regalo de Dios.  El texto se cierra con la actitud misericordiosa de Dios: el amor fiel triunfa sobre el deseo de venganza, de desquite.   ¿Somos capaces de superar nuestros deseos de retaliación? ¿Podemos entender que la punición puede calmar nuestra rabia momentáneamente, pero no resuelve el problema de fondo? ¿Logramos ver al otro con ojos de misericordia? ¿Actuamos sin buscar la aniquilación de quien nos ha ofendido? ¿Entendemos la lógica del rescate?

 

Y, si fuésemos nosotros ‘los del pecado’ ¿Qué desearíamos?

 

El texto nos invita a dejar ir las imágenes de un Dios vengativo y cruel y nos invita a ser como Él: misericordioso.

 

 

I Timoteo 1,12-17

Cristo vino para salvar a los pecadores

 

Querido hermano. Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerioEso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en Él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

En la segunda lectura san Pablo nos habla directamente de lo que para él es lo fundamental de la fe cristiana: creer que, en la persona de Jesucristo, Dios ha manifestado plenamente su amor y que ese amor se derrama incondicionalmente sobre todos (justos e injustos), buscando llevar a todos a la santidad. La santidad no es otra cosa que el desarrollo de la persona en el amor de Dios.

 

Pablo, desde su propia experiencia, descubre que el amor de Dios se derrama gratuitamente sobre los pecadores (entre los cuales él se cuenta) y los transforma en criaturas nuevas, en personas renovadas, que nacen a un nuevo estilo de vida, “a la manera de Jesús”.

 

En la parte de la carta que se nos propone aparece el testimonio de vida de Pablo: él nos cuenta su experiencia. Se descubre amado, y perdonado por Dios… Y no solo eso, sino escogido y llamado para un servicio: predicar el evangelio de Jesucristo al mundo entero.

 

Pablo es consciente de su actitud pasada (perseguidor de los cristianos) y de lo que Dios le ha mostrado en Cristo Jesús. Se sabe llamado por Dios a una vida nueva. Es esta conciencia la que explica, justifica y sostiene su nueva manera de vivir.  ¿Qué ha hecho Dios en nuestra vida? ¿He descubierto la misericordia de Dios?

 

Si hemos hecho esta experiencia ¿Qué orientación hemos dado a nuestra vida? ¿Cómo expresamos el hecho de haber sido rescatados, perdonados y renovados por Dios? ¿Qué estilo de vida se corresponde con esta experiencia?

 

En su testimonio, Pablo insiste en que:

 

1.       Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores.

 

2.      La misericordia de Dios se derrama sobre toda la humanidad.

 

3.      La conciencia de esta misericordia genera en la persona el deseo de vivir para Dios, de vivir en el amor, de hacer el bien.

 

4.      Para el cristiano, la vida espiritual se basa en la conciencia del amor de Dios.

 

5.      Meditemos sobre cada uno de estos aspectos; examinemos cada uno de ellos pero no como algo teórico (externo a nosotros), sino en el ámbito de nuestra propia vida.

 


Lucas 15, 1-32

Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta

 

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ese acoge a los pecadores y come con ellos." Jesús les dijo esta parábola: "Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido." Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido." Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta." También les dijo: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comerRecapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras que yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino al encuentro de su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.""

 

 

El texto del evangelio insiste en que el amor de Dios es incluyente, es para todos, pero busca – de manera especial – a los pecadores y a los excluidos de este mundo.  El texto insiste nuevamente en la misericordia de Dios, en el poder del perdón, en la capacidad de alegrarnos con el bien del otro, con su transformación, con su conversión. Y lo más importante, la parábola del Hijo Pródigo nos enseña que Dios no quiere esclavos, sino hijos. Todos estamos llamados a vivir esta experiencia: salir de la esclavitud y vivir como hijos de Dios.

 

En el camino hacia Jerusalén Jesús continúa educando a sus discípulos. Esta nueva lección se centra en la misericordia, en el perdón y en la lógica de Dios: rescatar al ser humano pecador (distinta de la lógica que frecuentemente inunda el mundo y que consiste en condenar, rechazar, excluir, suprimir, castigar).

 

Todo el capítulo 15 del Evangelio de Lucas sostiene una tesis fundamental: Dios es amor, el amor es misericordia y la misericordia se ejerce saliendo a buscar al otro para rescatarlo, para levantarlo, para ayudarlo.  Esto es lo que Dios hace y esto es lo que se espera de aquel que dice creer en Él.

 

Las tres parábolas tienen elementos comunes:

 

1.       Algo que se pierde.

 

2.      Hay un esfuerzo sin medida para buscar lo perdido.

 

3.      El encuentro aparece como experiencia fundamental.

 

4.      Hay una inmensa alegría de encontrar lo perdido.

 

5.      Hay un deseo profundo de compartir esta alegría con otros (de asociar a otros a esta alegría).

 

6.      La conversión aparece como el signo de un verdadero proceso espiritual.

 

Notemos que el capítulo se abre con una precisión: Jesús acoge a los pecadores y los adversarios de Jesús (fariseos y escribas) murmuran, porque esta actitud de Jesús se les hace insoportable: ‘No te metas con ellos’ ‘Ellos no merecen salvación’ ‘Son indeseables’ ‘Lo mejor que nos puede pasar es que no existan’, etc. Aún hoy seguimos funcionando con estos criterios de exclusión y con este complejo de superioridad de unos sobre otros. La fraternidad predicada por Cristo es otra cosa… el amor de Dios es otra cosa.

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 50

Me pondré en camino adonde esta mi padre.

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.

 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R.

 

Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R.




 

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