Domingo 22 del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 22 del Tiempo Ordinario Ciclo B 2018, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.


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Nota acerca de la fecha: En el 2018, corresponde al Domingo 2 de Septiembre.



Los últimos domingos, Jesús ha venido insistiéndonos en aprender a alimentarnos espiritualmente.

 

También a nivel espiritual hay mucha ‘comida chatarra’. Este domingo nos insiste en aprender a darnos un encuadre normativo, unas reglas de juego, a fin de darnos un norte claro. Las reglas de juego ‘de la vida’ nos servirán de ayuda para el gran objetivo: caminar con Jesús para alcanzar con Él la vida plena: “Yo he venido para que tengan vida y a tengan abundantemente”.

   

Generalmente, no gustamos de las leyes, de las normas. Nos parecen aburridas, pesadas. Quizá esto se debe a que no las comprendemos o al hecho de no captar su sentido. Lo cierto es que dos peligros nos acechan en relación con la ley: desecharlas todas, cayendo en el caos, el desorden y la anomia o transformarnos en sujetos leguleyos, al extremo de enfermarnos por cumplir a rajatabla hasta lo más mínimo, bien sea para ganar la aprobación de otro o para sentirnos superiores a los demás. Estos dos extremos son peligrosos.

 

Las leyes deben contribuir al proyecto de realización plena del ser humano en sociedad. En consecuencia, debemos comprender la ley (y en el caso de las lecturas de hoy, la ley de Dios: sus mandamientos, su enseñanza, su instrucción.  Las leyes son necesarias, pero pueden ser usadas para lo mejor o para lo peor. Hay que estar atentos y discernir.

 

  • Podemos evitar caer en la trampa de pensar que la observancia escrupulosa de la ley es, automáticamente, garantía de salvación.

 

  • Debemos cuidarnos de creer que el cumplimiento de la ley nos da derecho de hacerle exigencias a Dios.

 

  • Necesitamos estar vigilantes para no desligar la observancia de la ley (de los mandamientos) del amor. Es el amor el que da sentido y poder transformador al cumplimiento de la ley. 

  

  • Es clave recordar que lo más importante de la ley no es la letra (con la cual hay que tener – por supuesto – mucho cuidado), sino su espíritu.

 

La lectura del libro del Deuteronomio intenta decirnos que las leyes que Dios dio al antiguo pueblo de Israel constituyen un camino seguro para encontrar la felicidad y para consolidarse como pueblo. Por eso Moisés pide al pueblo que acoja, escuche, respete y practique la ley que Dios le da.  

 

El texto de la carta del apóstol Santiago es una invitación para que los creyentes cristianos acojan la Palabra de Dios.  Si los discípulos de Jesús hacen esto experimentarán una profunda transformación en su manera de vivir.

 

El pasaje del evangelio de Marcos nos alerta frente a la inadecuada comprensión de las normas: Jesús denuncia la actitud de aquellos que permanecen encerrados en el círculo vicioso del cumplimiento riguroso de leyes, normas, ritos, prácticas de piedad, etc., pero desconectados del amor.

 

Jesús nos recuerda que el amor a Dios y al prójimo, la preocupación por el ser humano necesitado y la propia experiencia de conversión son lo fundamental de la fe cristiana y son estas experiencias las que realmente hacen del creyente un auténtico discípulo de Jesús.



“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”



Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

No añadáis nada a lo que os mando. Cumpliréis los preceptos del Señor.

 

Moisés habló al pueblo, diciendo: - "Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente." Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?"

 

 

Algunas reflexiones:

 

El libro del Deuteronomio fue descubierto en el templo de Jerusalén hacia el siglo VII a.C., durante el reinado del rey reformador Josías. En este libro, los teólogos que intervinieron en su redacción proponen algunos de los aspectos claves de la fe Yahvista:

  

1.    No hay sino un solo Dios,

 

2.    Este Dios debe ser adorado, día a día, mediante un estilo de vida justo,

 

3.    Dios nos busca para hacer alianza con nosotros y dicha alianza es eterna.

 

El libro del Deuteronomio se presenta como un texto compuesto por algunos discursos pronunciados por Moisés y dirigidos al pueblo, antes de entrar en la Tierra Prometida.

 

El texto propuesto hoy, es una parte del primer discurso de Moisés (Dt 1, 6-4, 43). En este discurso, Moisés recuerda al pueblo toda su historia y le invita a hacer memoria del camino andado. Les recuerda que Dios ha estado presente en todo el camino; ha sido fiel y espera fidelidad de aquellos a quienes ha amado. Para ayudar a la comunidad creyente a vivir esta fidelidad Dios le ofrece un conjunto de preceptos, de instrucciones que son herramientas ‘útiles para el camino’.

 

Podemos destacar, para nuestra reflexión, algunos aspectos claves:

 

  • Escuchar la Palabra de Dios: La Biblia nos dice que Dios habla, que se comunica, que se deja conocer, que se da a entender, que se revela. Y se comunica de muchas maneras: a través de otras personas, a través de la naturaleza, a través de los acontecimientos, a través de experiencias y situaciones diversas. Por todo ello es preciso estar atentos, despiertos. Pero se trata de una atención a nivel espiritual. En perspectiva cristiana, el creyente cree que Dios habló de manera plena en la persona de Jesús de Nazaret: en Él reveló su amor y lo que quiere para el ser humano.

 

  • La práctica es lo fundamental: Las leyes y preceptos que Dios propone no son simplemente para ser memorizados. De lo que se trata es de interiorizarlos y de practicarlos, de modo inteligente, según los contextos, en la cotidianidad. En perspectiva cristiana la cuestión es más exigente aún, porque no hay muchos mandamientos sino UNO (que los engloba a todos): amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma; y al prójimo como a sí mismo.

 

  • Debe haber un respeto profundo por la ley (es decir, por la instrucción de Dios): Recordemos que las mejores herramientas también pueden dañarse.  Es por ello que Moisés – según la narración – advierte que a estas leyes que Dios da, no hay que quitarles ni añadirles nada. Pues bien, a través de los siglos inventamos muchas leyes, muchas normas, muchas prácticas, etc.  Hay que revisar y estar atentos: ¿Serán todas ellas verdaderamente importantes?  ¿Tendrán todas ellas el mismo valor? ¿Al servicio de qué valores están? Es obvio que toda experiencia (incluida la experiencia religiosa) cambia a través del tiempo, pero es preciso examinar estas “mutaciones” y ver con espíritu crítico qué entra y qué sale.


Santiago 1, 17-18. 21b-22.27

Llevad a la práctica la palabra

 

Mis queridos hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los cielos, en el cual no hay fases ni períodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

 

 

Algunas reflexiones:

 

La carta que leemos este domingo ha sido atribuida al apóstol Santiago. Se trata de una carta hermosa, directa, clara, contundente, que fue leída y meditada por las comunidades cristianas desde el primer siglo de vida de la Iglesia.  

El autor de la carta fue un cristiano proveniente del judaísmo, un judío que se convirtió al cristianismo y que hizo uso de la sabiduría de que dispone para hablar a los cristianos del verdadero seguimiento de Cristo.

 

La carta aparece enviada a las Doce tribus de Israel que viven en la diáspora (Sant. 1,1). Probablemente se trata de las comunidades cristianas de origen judaico, que se encontraban dispersas por el imperio, en el mundo greco-romano.

 

En el texto propuesto el autor presenta un breve panorama de los problemas que lo preocupan y que tratará en los capítulos siguientes. Veamos los temas claves de este texto, que pueden servirnos de guía para nuestra meditación:

 

1.    La gracia de Dios y su bondad: Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los cielos. ¿Has meditado en los beneficios que has recibido de Dios, en sus dones? ¿Has examinado lo que has hecho con ellos? ¿Eres agradecida(o)?

 

2.    La importancia de la predicación para conocer a Jesucristo. Si Jesús no es predicado sería imposible llegar a conocerlo: Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. La palabra hecha predicación es clave en la vida de la Iglesia, pero dicha palabra (dicha predicación) debe ser honesta, profunda, propositiva, sugerente. ¿Cómo son las predicaciones que las comunidades escuchan los domingos? ¿Son realmente alimento para las comunidades que acuden a las celebraciones?

 

3.    Pero la palabra predicada está al servicio de Aquel que es la Palabra de Dios hecha persona (Jesucristo): El Padre de los cielos (…) con la Palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. ¿La palabra que es predicada me acerca a Jesucristo?

 

4.    No hay que olvidar que es necesario pasar de la escucha y las buenas intenciones a la acción: Llevadla (la Palabra) a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. Cada domingo la Palabra es proclamada y, supuestamente, escuchada con atención y con “hambre” espiritual. ¿Hacemos el esfuerzo de transformarla en práctica, en vida?

 


Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús "¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores"? Él contesto: "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres." Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: "Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro."

 

 

Algunas reflexiones:

 

Marcos en su evangelio quiere presentar a Jesús como el Hijo de Dios y el Mesías esperado, que proclama con obras y palabras el Reino de Dios. Toda la actividad misionera de Jesús no es otra cosa sino la buena noticia de la llegada del Reino de Dios: Dios que busca a la humanidad para salvarla.

 

La propuesta de Jesús fue profunda, amorosa, pero también fuerte con las instituciones y las lógicas de la religión judía de su época. Las enseñanzas de Jesús provocaron diversas reacciones: unos las acogieron; otros asumieron una postura escéptica; otros se opusieron radicalmente a su mensaje y lo persiguieron.

 

Cuando san Marcos escribió su evangelio, la cuestión del cumplimiento de la ley judaica aún era un problema debatido con ardor entre las comunidades cristianas.  De hecho, para muchos cristianos provenientes del Judaísmo, la fe en Jesucristo debía estar precedida de una etapa judaizante para aquellos cristianos provenientes del mundo pagano. Pero había otras posturas (entre las que se destacaba la postura de san Pablo, quien sostenía que la observancia de las leyes mosaicas no era obligante para aquellos que – desde el mundo pagano –quisieran entrar en el seguimiento de Jesucristo).

 

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que hubo necesidad de celebrar un concilio, en la ciudad de Jerusalén, hacia el año 49 d.C., para resolver este conflicto. La postura de Pablo fue aceptada como la postura razonable a seguir, pero aún después de este concilio el problema continuó por algunas décadas más (lo cual quiere decir que hay cosas que no se transforman por decreto, sino por comprensión profunda, voluntad y práctica).

 

En el texto propuesto para este domingo, la confrontación de Jesús fue con un grupo de escribas y fariseos. Los líderes judíos no se atrevían a pelear directamente con Jesús, pero lo atacaban a través de sus discípulos criticándolos: “Ellos no siguen la tradición de los antiguos y comen sin lavarse las manos”.

 

En la época de Jesús, esas tradiciones de los antiguos ya habían conformado un conjunto de 613 normas (con una casuística bastante complicada). El pueblo sencillo tenía gran dificultad en conocer la totalidad de estas normas y en vivirlas, pero los fariseos y escribas estaban empeñados en que todos debían observarlas. Ellos pensaban que esta observancia exacta de las normas era el camino para hacer de Israel un pueblo santo y para apresurar la venida del Mesías.

 

De hecho, en tiempos de Jesús muchas reglas ligadas a la pureza eran rigurosamente practicadas y exigidas por los doctores de la ley (doctores, siempre tenemos…). Se pensaba que había muchas cosas externas que manchaban al creyente piadoso, que lo hacían impuro y lo apartaban de Dios. Por tal razón, debían purificarse constantemente.

 

Uno de esos ritos (pues había muchos) consistía en el lavatorio de manos antes de las comidas. Tal rito no era, en ese contexto, una cuestión de higiene (como lo tenemos actualmente), sino de carácter religioso.  Los fariseos notaron que los discípulos de Jesús comieron sin lavarse las manos y quedaron – según su lógica- escandalizados.

 

También hoy la gente se escandaliza… claro que nos escandalizamos de algunas cosas de poca monta y dejamos pasar otras que son realmente graves y esenciales. Muy seguramente esta situación sirvió a los fariseos y escribas para sondear a Jesús, para ponerlo a prueba y averiguar qué tan ortodoxo era, esto es, si respetaba “a pie juntillas” las tradiciones de los antiguos.

 

Jesús- según nos cuenta el evangelista Marcos- respondió a los fariseos denunciando la superficialidad de su vivencia, el peligro de su orgullo espiritual, lo desenfocado de su horizonte religioso y sobre todo su desconexión con la voluntad de Dios.

 

La voluntad de Dios es que el ser humano ame, por eso afirma: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.  Jesús denunció que preferían observar los ritos, aunque no vivieran en comunión con Dios y fueran incapaces de amar al prójimo.

 

Jesús reconfiguró (con su vida y con su predicación) las cosas y dejó claro que lo importante no era esa pretendida pureza externa, sino una transformación sincera del corazón. Por tanto, el problema no está fuera sino dentro. Recordemos que, en la antropología bíblica, el corazón es el símbolo de la interioridad humana. Jesús quiere dejar claro que la verdadera religión debe pasar necesariamente por el corazón.

 

Algunos aspectos que pueden guiar nuestra meditación son:

 

1.    ¿Qué es lo decisivo en la relación con Dios?

 

2.    ¿Conozco la rica TRADICIÓN cristiana, dentro de la cual me sitúo yo?

 

3.    ¿Cuál es la diferencia entre un cristianismo mecánico, superficial y lleno de tradiciones no suficientemente reflexionadas y un cristianismo maduro y de compromiso existencial?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

Salmo 15

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

 

El que procede honradamente / y practica la justicia, / el que tiene intenciones leales / y no calumnia con su lengua. R.

 

El que no hace mal a su prójimo / ni difama al vecino, / el que considera despreciable al impío / y honra a los que temen al Señor. R.

 

El que no presta dinero a usura / ni acepta soborno contra el inocente / El que así obra nunca fallará. R



 

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