Domingo 19 del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019

Te comparto la reflexión correspondiente al Domingo 19 del Tiempo Ordinario Ciclo C 2019, sobre las lecturas de la Biblia que se proclaman durante la Eucaristía de este día.



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Nota acerca de la fecha: En el 2019, corresponde al Domingo 11 de Agosto.




Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.




Sabiduría 18, 6-9

Tu pueblo esperaba la salvación de los inocentes

 

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

 

 

El trozo del libro de la Sabiduría que es propuesto como primera lectura hace alusión al éxodo vivido por los hebreos en el siglo XIII antes de Cristo. Se trata de no perder la memoria de haber sido liberados por Dios de la esclavitud en Egipto. El libro del Éxodo, tal como lo tenemos hoy, condensa su mensaje en una formula simple pero profunda: pasar de la servidumbre impuesta por poderes humanos al servicio de Dios.

 

Sin embargo, no olvidemos que el libro de la Sabiduría es compuesto algunas décadas antes del tiempo de Jesús.  El autor del libro conoce la cultura griega y la cultura semita y, en un contexto en el que los creyentes judíos corren el peligro de abandonar su fe y su cultura, retoma las tradiciones religiosas y las actualiza, mostrando que la fe en Dios tiene la capacidad de dar al pueblo (y a cada creyente en particular) la fuerza y la sabiduría necesaria para afrontar todas las vicisitudes.

 

En efecto, la experiencia de la liberación de la esclavitud de los hebreos en Egipto tuvo para el pueblo de Israel una significación trascendental, a tal punto que se transformó para él en el acontecimiento que le dio origen.

 

Lo que nos interesa rescatar aquí es la experiencia humana (a través de la historia) de numerosas formas de esclavitud y el anhelo profundo de libertad que habita al ser humano tanto individual como colectivamente.

 

Desde el punto de vista teológico-espiritual la percepción es clara: Dios no creo al ser humano para la esclavitud, sino para la libertad, pero tal libertad debe ser bien comprendida y adecuadamente ejercida. ¿Qué significa ser libre? ¿Qué significa – en términos teológicos – ser libre para entregarse por entero al servicio de Dios? ¿Qué diferencia hay entre servidor y esclavo? ¿Por qué, desde el punto de vista cristiano afirmamos que ‘Quien no vive para servir no sirve para vivir’?  ¿Sabemos ser libres?

 

La participación de todos los creyentes en un mismo sacrificio (Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada) expresa que el pueblo de la Biblia era consciente del don de Dios, de la alianza que Dios había hecho con él y de que eran portadores de un destino común, que los invitaba a vivir solidariamente. ¿Tenemos los creyentes cristianos esta misma conciencia? ¿Cómo vivimos la Eucaristía? ¿De qué manera la Eucaristía que celebramos expresa el destino común de los cristianos y la solidaridad que debemos vivir dentro y fuera de la Iglesia?

 

Hoy no se trata de mantener discursos excluyentes y de responsabilizar a Dios de tal exclusión: Dios eligió a unos y a otros los dejó por fuera.  De lo que se trata es de reconocer a Dios que se manifiesta en la historia humana y nos invita no al ‘enconchamiento’, sino a la construcción de una humanidad más acorde con su Voluntad: una humanidad permeada por la verdad, la justicia y la solidaridad.

  

Algunas frases de la lectura que vale la pena retomar en nuestra meditación:

   

  • Se les anunció: ¿Hacemos caso a los anuncios que Dios nos hace?

 

  • Ofrecían sacrificios a escondidas: Reflexionemos sobre lo que significa, hoy, que muchas personas y comunidades (de la religión que sean) son perseguidas y se ven obligadas a vivir su fe en el anonimato.

 

  • Que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes: La ayuda mutua y la solidaridad material son experiencias claves de la humanidad. ¿Se traducen en prácticas concretas?

 

 

Hebreos 11, 1-2. 8-19

Confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

 

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: "Isaac continuará tu descendencia." Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

 

 

En la época en que se escribe la carta, los cristianos están esperando la Parusía (o segunda venida de Cristo glorioso).  Esperan, pero tal parusía aún no se da. Algunos se desorientan, se desaniman. Otros, incluso, abandonan la fe en Jesús. En este contexto, el autor de la carta a los hebreos, orienta la atención de todos a lo fundamental: mantener la fe.

 

Por eso el capítulo 11 de la carta se centra en la fe. Son los ojos de la fe los que hacen posible que los creyentes se mantengan en la ruta señalada por Jesús y sigan esperando (sin saber el día ni la hora) a Aquel que ha de venir. La fe es la que permite a la Iglesia (y a cada creyente) orar diciendo maranathá, es decir, ¡Ven Señor! (Ap 22, 7.17.20) La fe permite al creyente confiar en la promesa hecha por Dios. La fe es la que activa la esperanza, sin la cual la vida se haría tortuosa, vacía, absurda.  Por ello, para animar a los cristianos (de aquella época y de la actual) el autor de la carta hace un recorrido por los grandes personajes de la Biblia resaltando su fe y lo que la permanencia en la fe les permitió. La fe de todos estos personajes sirve de ejemplo.

 

La fe nos enseña a no darnos por satisfechos con los logros históricos. Nos enseña que cada punto de llegada es un punto de partida. Nos recuerda que somos peregrinos en este mundo y que aspiramos a algo cualitativamente mayor (algo que el autor llama ‘patria del cielo’, una ‘ciudad que Dios ha preparado’). La fe enseña a poner el mejor esfuerzo en lo que hacemos, pero sabiendo que nada de este mundo colma la necesidad y el deseo de plenitud del corazón humano.

 

Según el autor (al repasar y meditar la vida de aquellos personajes bíblicos) podemos comprender que al ser movidos por la fe obedecemos, salimos de la comodidad, obtenemos la fuerza necesaria para afrontar las situaciones difíciles, ofrecemos lo mejor de nosotros mismos para ponerlo al servicio de los demás y de Dios.

 

¿Cómo comprendemos y vivimos la fe? ¿Cómo alimentamos nuestra fe? ¿Qué peligros pueden presentarse en la experiencia de fe?

 

Algunas frases de la lectura que vale la pena retomar en nuestra meditación:   

 

  • ·         La fe es seguridad de lo que se espera.

 

  • ·         Ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.




Lucas 12, 32-48

Estad preparados

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre." Pedro le preguntó: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."

 

 

El texto del evangelio de hoy está en relación con el pasaje del evangelio propuesto el domingo anterior (la parábola del rico necio, que quería construir graneros para almacenar toda su riqueza, sin pensar en que la vida aquí es transitoria y que, misteriosamente, vamos al encuentro definitivo con el Creador).

 

Es, precisamente, ese carácter de peregrinos históricos y de responsabilidad ante el Creador lo que explica el mensaje del evangelio de este domingo: estar alerta, estar despiertos, vivir vigilantes, examinar la manera como estamos viviendo y la relación que ella tiene con la fe en el Dios amor.

  

Las palabras de Jesús nos invitan a la confianza “no temas, rebañito mío, porque tu Padre ha querido darte el Reino”. Esta exhortación a la confianza expresa la ternura y protección que Dios ofrece a la humanidad.  Las primeras comunidades cristianas así lo entendieron y así se entendieron. La Iglesia puede y debe asumirse así: como el rebañito amado por Dios en Jesús…esa porción de la humanidad llamada a ser discípula de Jesús y faro para todo el mundo.  Pero – desde esta perspectiva – debemos entender que si el Reino es EL REGALO, lo demás es superfluo (los honores, los poderes, los bienes materiales… Todo esto, por muy bonito que parezca, pasará.).

 

Es claro que san Lucas (que escribe este evangelio luego de 55 o 60 años de la muerte y resurrección de Jesús) invita a los creyentes cristianos a la vigilancia.  Lucas sabe que los cristianos esperan el regreso de su Señor, pero que este retorno no es inminente ni calculable. La historia presente es el tiempo en que la Iglesia debe vivir atenta a las orientaciones del Espíritu Santo y vigilante, para no perder el norte, para no perder el sentido de su misión, para no perder su sabor.

 

Vigilancia y confianza son los dos aspectos claves que debemos revisar, reforzar y pedir en oración.  El punto clave es la invitación a estar preparados, por tanto, importa el hoy, el momento actual, la actitud del ahora.  ¿Cómo vivimos el hoy de la fe? ¿De qué manera nos aseguramos de estar vigilantes? ¿Qué es lo que vigilamos? ¿Por qué Jesús nos hace esta advertencia?

 

Algunas frases de la lectura que vale la pena retomar en nuestra meditación:  

 

  • Vuestro Padre ha querido daros el Reino.

 

  • Haceos un tesoro inagotable en el cielo.

 

  • Donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

 

  • Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela (…) estad preparados.

 

  • El que sabe lo que Dios quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra.

 

  • Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

 

Para continuar la reflexión

 

1.      ¿Cuál es tu tesoro, lo que valoras más, lo que te mueve desde lo profundo?

 

2.      ¿Cómo está de activa tu esperanza?

 

3.      ¿Qué tan consciente soy de mi ‘paso’ por este mundo y de la brevedad de este paso?

 

 

Terminemos nuestra reflexión orando con el…

 

 

Salmo 32

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

 

Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

 

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.



 

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